 |
El Vaticano llama a no leer el “Código Da Vinci”,allí se
dice que Jesús tuvo un hijo con María Magdalena, ex
prostituta
Natalia Sagredo |
 |
El nuevo Papa y la vieja Censura
Carlos Montero |
 |
“Nadie se hubiera atrevido a hacer una novela en la que
el Jesucristo de El Código Da Vinci hubiera sido Mahoma”
Óscar Gutiérrez, José
Antonio Ullate |
|
|
El nuevo Papa y la vieja Censura
por Carlos Montero
Al que no quiera Código Da
Vinci dos platos. Su autor, Dan Brown,anunció en
estas Pascuas la aparición en 2006 de la segunda parte de
dicha multivendida novela, luego que fuera condenada su lectura
por el
cardenal de
Génova, Tarcisio Bertone,
considerado según la agencia AP- como posible sucesor de Juan
Pablo II.
El viernes santo
del año pasado les escribíamos nuestro especial pascual
(La Pasión de Fallaci), combinando el estreno del film.
La Pasión de
Cristo
de Mel Gibson con el lanzamiento en italiano del segundo libro
de
Oriana Fallaci El Poder de la Razón contra la
inmigración musulmana a
Occidente.
Allí ella condenaba las políticas
de admisión de refugiados de la Unión
Europea (a la que llamaba Eurabia) y de la Iglesia
Católica acusándola
de promover una nueva Inquisición contra los intelectuales
políticamente incorrectos, que interpretan esta corriente
migratoria como invasión.
Coincidente pero no casual
resulta que el cardenal Bertone, aspirante al sillón que nunca
ocupó San Pedro por más que lleve su nombre, sea un prominente
funcionario de la congregación vaticana para la Doctrina de la
Fe, eufemismo que esconde su antigua denominación: la
Inquisición, a la que fray Tomás de Torquemada ayudara a dejar
comprobada mala fama.
Este viernes santo de 2005 no fue
más distendido para el Vaticano y sus mil millones de acólitos
en el mundo. No sólo por la preocupación sobre la salud de Juan
Pablo II, que debió ver por televisión el tradicional Vía
Crucis, tras oficiarlo 25 años seguidos- sino porque las Pascuas
han servido para que la editorial Doubleday anunciara la
extensión de su best seller.
Doubleday respeta ciertamente al
cardenal Bertone, al Vaticano y su deseo de aclarar cualquier
error de hecho que piensen (se) cometió en el Código Da Vinci
señala el comunicado de los editores, que en dos años vendieron
25 millones de ejemplares en 44 idiomas.
La primicia refiere a la segunda parte de dicha
novela, léase bien, una
novela -y no un libro de investigación- pese a que tenga
referencia a
protagonistas históricos,
aunque el dicho asegure que segundas partes
nunca fueron buenas. Seguramente la máxima sea comprobable para
el lector de libros o espectador de cine o televisión, pero para
la industria cultural (editorial o fílmica) generalmente ha
dejado suculentos dividendos.
'El Código Da Vinci', extenso
libro de ficción basado en otras dos obras publicadas dos
décadas antes (ahora refritadas o recicladas con mejor cadencia
narrativa y marketing), también fue condenada por el arzobispo
de Barcelona, Lluís Martínez, por desorientar a los lectores y,
en Moscú por el padre Vsévolod Chaplin, vicecanciller del
Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa Rusa, por tergiversar la
historia cristiana.
Pero la anticampaña partió del
alto prelado genovés, quien declaró a Radio Vaticano que la
novela le recuerda: unos desmesurados panfletos anticlericales
del siglo XIX, por lo que condena airadamente su compra,
sin que el mismo desmentido le haya motivado otra reciente obra
histórica (no novela). Debería apelar a otro Chaplin: Charles,
el de El Gran Dictador queparodiaba
a Hitler, para refrescarle la memoria.
Esa monumental investigación
demuestra cómo el Vaticano enviaba con papeles falsos, para
refugiarse en Sudamérica, a ex jerarcas nazis tras la II Guerra
Mundial, con la implicación del cardenal Giovanni Battista
Montini -que luego llegaría a ser el Papa Paulo VI- y la
bendición de Pío XII.
Pero la aludida no se trata de la
famosa novela Odessa (1972), con la que Frederick
Forsyth utilizando información proveniente de entrevistas
reales con ex agentes SS- ficticiamente bautizó (disculpen la
metáfora) la logia que reubicó a nazis en Argentina, Chile,
Paraguay, Brasil y Uruguay.
Me refiero, sin embargo, a La
real Odessa (2002) presentada en Londres por el corresponsal
Uki Goñi (del Time y The Guardian) quien accedió a informes de
inteligencia del Departamento de Estado desclasificados por el
gobierrno de EEUU e hizo 200 entrevistas para un reporte de 400
hojas.
No puedo olvidar cuando estaba
sentado en el muelle del Porto Antico de Génova en 2003, frente
a la futurista borla gigante blanca erigida para la reunión del
G-8, con el amarillento Banco de San Giorgio a mis
espaldas que solventó la conquista de América- y el acuario a mi
derecha.
Pensaba entonces allí que a
metros míos habían embarcado algunos de los más reprobables
sujetos del siglo XX: el ángel de la muerte Joseph
Mengele zarpó de allí en el barco North King el 25 de mayo de
1949; Erich Priebke en octubre de 1948 en el San Giorgio y
también Adolf Eichmann. Todos con papeles tramitados con
intervención pontificia, según Goñi.
Reflexionaba sobre lo
incomparable de la gravedad entre lo que se desmiente (una
novela histórica que como toda media verdad, es por definición
una mentira entera) y lo que se elude enfrentar (una
investigación periodística basada en pruebas oficiales
irrefutables).
El Código Da Vinci -un
texto de ficción que no oculta su pretensión de tal- ofende más
que un texto factual, que como tal expone hechos repletos de
comprobantes. Más vale desmentir lo que jamás reclamó ser verdad
y restarle trascendencia -para que muera sin difusión- a lo que
sí lo es.
Hace 12 años, en un artículo en
el que yo planteaba la contradicción entre la censura en EEUU a
vídeos musicales de Madonna y la falta de reacción ante
revelaciones sobre experimentos que exponían soldados de su país
a armas radiactivas, terminaba concluyendo en la doble moral
para medir las obscenidades? desde el poder y desde el llano.
Y no sólo importa comparar qué es
más obsceno, sino el proceso decensura en el que nos
introduce, recordando al argentino Pacho O Onnell secretario de
Cultura al retorno de la democracia a su país-, quien decía que
se comienza por censurar tetas y se termina por censurar ideas.
Es así que las presentes Pascuas
nos volvieron este viernes al Vía Crucis de las verdades que se
ocultan o no se enfrentan, mientras nos dejan irredentos ante el
temor que se venga la resurrección de la vieja Censura, en una
semana donde la Pasión de quienes pretenden llegar a las máximas
jerarquías- está puesta en preocuparse en lo lateral y no en lo
nodal.
Efectivamente sería Santa esta
Semana, si diéramos pasos para alcanzar una sociedad global en
la que se diga y se sepa claro qué es mentira y qué es cierto.
Una novela dice en alta voz desde
su tapa que es ficción. Por el contrario, no toda la información
de los medios y declaraciones de los protagonistas nos
garantizan, aunque lo griten, que sean verdad. Allí está nuestra
cruz.
*
Periodista uruguayo editor de “LA SINTESIS “
LA
ONDA®
DIGITAL |