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Como es el compromiso brasileño para fortalecer la democracia, en lo nacional e internacional
Canciller Celso Amorim
Leer artículo Brasil: de la no intervención
a la no indiferencia
Gilberto M. A. Rodríguez

Como es el compromiso brasileño para
fortalecer la democracia, en lo nacional e
internacional

por Canciller Celso Amorim

En Santiago de Chile, entre los días 28 al 30 de abril se reunió la Comunidad de Democracias, coalición internacional de naciones, cuyo objetivo es promover los principios democráticos y consolidar sus instituciones en el mundo. Su evento más importante es un encuentro a nivel de Ministros de Relaciones Exteriores, la Conferencia Ministerial de la Comunidad de Democracias, que se celebra cada dos años. 

La C.D. posee un núcleo ejecutivo y coordinador denominado Grupo de Países Convocantes (GC) integrado por diez naciones (Chile, República Checa, India, Malí, Portugal, Polonia, Corea, Estados Unidos, México y Sudáfrica). Su misión es, entre otras, definir la agenda de las Conferencias Ministeriales, decidir los criterios de invitación de un participante en la CdD, acordar iniciativas de promoción y consolidación de la democracia, así como resolver sobre materias de procedimiento y administrativas. La presidencia del GC es ejercida por el representante del país organizador de la respectiva Conferencia Ministerial. 

El GC se reúne trimestralmente, a nivel de embajadores y/o representantes especiales, en la sede de la Embajada en EE.UU. del país organizador de la Conferencia Ministerial. Con Chile en la presidencia (desde marzo de 2003), se acordó que estas reuniones se realizarían alternativamente en Santiago y Washington D.C. 

Por ello, por la trascendencia que toda convocatoria de esta índole despierta en el mundo entero pero y especialmente en nuestra América, es que presentamos a ustedes una de sus intervenciones más destacadas, la proferida por el Ministro de Relaciones Exteriores de la República Federativa del Brasil, Embajador Celso Amorim, así como también el análisis de tal disertación a cargo del Profesor Gilberto Marcos Antonio
Rodríguez, catedrático del Programa de la Maestría en Derecho Internacional de la Universidade Católica de Santos (UniSantos), en Brasil, quien además, nos honra como columnista especializado de
La Onda digital.

Análisis.Celso Amorim
Vengo a renovar en nombre del Presidente Luiz Inácio Luila da Silva el compromiso brasileño de contribuir para fortalecer la democracia, en las esferas nacional e internacional. 

En marzo pasado, se completaron 20 años del fin del régimen militar en Brasil.  Las libertades fundamentales y el Estado de Derecho se encuentran plenamente enraizados. Las instituciones absorbieron el impacto de la transición democrática y se encuentran fortalecidas y consolidadas. Los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial conviven hoy en Brasil de forma armónica e independiente.  Vivimos la rica experiencia del multipartidismo. 

La prensa es libre, vibrante y saludablemente crítica. El reconocimiento de la primacía de los derechos humanos está más allá de toda duda. Hemos hecho avances notables en el combate a la impunidad. 

Estamos ahora embarcados en un fuerte esfuerzo de profundización de la democracia.  Luchamos por el ejercicio de la ciudadanía de millones de excluidos de nuestra población:  buscamos garantizar su real incorporación a la vida nacional, con efectiva igualdad de oportunidades. 

 El Gobierno del Presidente Lula implementa una política económica y social decididamente volcada en la atención de las necesidades de los estratos más pobres de la población.  Millones de nuevos empleos han sido generados por

el sector productivo. El Programa Hambre Cero ha sido reconocido internacionalmente como una iniciativa abarcativa y profunda de inclusión social, que tiende a atacar las raíces de la miseria. 

El Gobierno del Presidente Lula está empeñado en poner fin a todas las formas de discriminación.  Además de la Secretaría Especial de Políticas para las Mujeres, creamos la Secretaría Especial de Política de Promoción de Igualdad Racial.  Estamos implementando programas incisivos de acción afirmativa, con vistas a eliminar las formas sutiles de discriminación, basadas en el preconcepto ostensivo y disfrazado.  En Brasil, vive la segunda mayor población negra del planeta.  Aún hace pocas semanas, en la Isla de Goré, el Presidente Lula tomó la iniciativa inédita y necesaria de pedir perdón por el sufrimiento impuesto a los afro-descendientes por los siglos de sumisión al trabajo esclavo.  Estamos trabajando para mejorar la situación de la población indígena brasileña, que aún no goza de plena ciudadanía. 

Enfrentamos desafíos, con todo, que exceden la dimensión nacional. El Presidente Lula ha destacado en innumerables ocasiones que “la cuestión social es la gran frontera a ser defendida y ampliada en el mundo globalizado”.  La más mortífera arma de destrucción masiva es la miseria. Derrotarla sólo será posible con el empeño de líderes comprometidos con el progreso social:  los mecanismos del mercado son útiles para incentivar la productividad, pero la experiencia demostró que no eran capaces, por sí solos, de asegurar el fin de las brutales desigualdades e injusticias que caracterizan al mundo de hoy. 

El hambre, la miseria y la enfermedad, en medio de la abundancia, la sofisticación del consumo y del progreso tecnológico, son el verdadero escándalo de nuestro tiempo. 

Recordar el consenso de Monterrey, como lo hace la Declaración que aprobaremos, es extremadamente oportuno.Todos tenemos – países desarrollados y en desarrollo – compromisos importantes para poner fin al hambre y a la pobreza.  Es con gran satisfacción que registro en el proyecto de documento final de esta Conferencia una mención expresa a la Acción contra el Hambre y la Pobreza.  Más de 110 países se juntaron al llamado que lanzaron  los Presidentes Lula, Lagos, Chirac y Zapatero en la Reunión de Líderes Mundiales realizada en las Naciones Unidas el pasado setiembre a favor de mecanismos innovadores de financiamiento. 

La consolidación de la democracia en escala global depende en mucho de la creación de un ambiente internacional más favorable al desarrollo.  Fortalecer la gobernabilidad democrática en el mundo en desarrollo supone la integración de los excluidos.  Para esto, ninguna solución es más urgente que la eliminación de las ayudas billonarias a los productores ineficientes de los países ricos, sobretodo en agricultura.  Debemos aprovechar la Agenda para el Desarrollo de Doha para eliminar de una vez por todas estas distorsiones históricas del sistema multilateral de comercio, de forma de garantizar a los productos de los países pobres el acceso irrestricto a los mercados de los países desarrollados.  Debemos también eliminar las restricciones a la promoción, en los países pobres, de políticas de desarrollo económico, social, industrial y tecnológico.  La conclusión exitosa de la Ronda de Doha tiene el potencial de rescatar de la miseria a centenas de millones de personas en todo el globo, lo que constituiría una contribución de suma importancia para el fortalecimiento de nuestros valores democráticos.  Pero la Ronda sólo podrá concluir con éxito si los países ricos encararan las negociaciones no como una simple máquina de extraer concesiones de los países pobres, sino como una verdadera oportunidad para reequilibrar las condiciones del comercio. 

La democracia se desarrolla con mayor intensidad en un ambiente internacional de paz y seguridad.  El Presidente Lula ha resaltado, en diversas oportunidades, que el multilateralismo representa, en el plan de las relaciones internacionales, la contrapartida a la democracia en términos nacionales.  Las acciones surgidas del proceso democrático son duraderas porque se asientan sobre una base legítima.  De la misma manera, decisiones emanadas de foros multilaterales son más efectivas a largo plazo por gozar de credibilidad, comprometiendo genuinamente a los Gobiernos en su implementación. 

Precisamos democratizar las instancias decisorias internacionales. Debemos ampliar la composición del G-8, de modo que las posiciones del mundo en desarrollo sean tomadas en cuenta en sus deliberaciones. No podemos desperdiciar el momento actual para reformar el sistema de las Naciones Unidas, tornando más representativos sus órganos y más eficaz su trabajo.

La incorporación al Consejo de Seguridad de países en desarrollo como miembros permanentes es condición fundamental para el éxito de esta tarea. 

El sentido mayor de la Comunidad de las Democracias tal vez esté en contribuir al fortalecimiento de las instituciones multilaterales. Consideramos positivas las menciones realizadas a la Comunidad de las Democracias en el relatorio “In Larger Freedom”, recientemente publicado por el Secretario General de las Naciones Unidas.  La propuesta del Secretario General de creación, en el ámbito de las Naciones Unidas, de un “Fondo para Democracia” (Democracy Fund) para la asistencia a países que estén en proceso de restauración, establecimiento o consolidación de su régimen democrático, merece una atenta consideración en el proceso de discusión de la reforma de la Organización. 

En el continente sudamericano, alcanzamos grandes progresos. Hace mucho terminamos con los regímenes de excepción. Pero algunos de nuestros países continúan sujetos a crisis político-institucionales. Desde el año 2000, cinco presidentes democráticamente electos, sólo en América del Sur, dejaron de concluir sus mandatos, 4 de ellos en medio de profundas crisis sociales. 

Hemos probado en nuestra región como la cooperación y el compromiso pueden dar resultados.  En el ámbito de las Naciones Unidas, los países sudamericanos y latinoamericanos han contribuido en el mantenimiento del orden y la refundación económica de Haití, lo que permitió el inicio de un diálogo nacional con miras a la reconstrucción del país.  Hemos dialogado intensamente con los países de la CARICOM, que tiene un papel crucial en la reconciliación interna de Haití.  El Grupo de Amigos de Venezuela contribuye en el encaminamiento institucional de lo que parecía ser una grave crisis política en nuestro continente.  En el interior del MERCOSUR, contamos con el Protocolo de Ushuaia, que condiciona el uso de las prerrogativas y derechos de Estado Parte del bloque al mantenimiento del orden institucional y democracia. 

Hemos trabajado por el desarrollo económico equitativo de la región. 

Re-dinamizamos el MERCOSUR y reconocimos las asimetrías entre sus economías. Creamos un área de libre comercio de proporciones continentales con la firma del acuerdo MERCOSUR-CAN, respetando los ritmos y las dificultades de los sectores productivos de cada país. Estamos en negociaciones con América Central, el Caribe y Méjico. Establecimos la Comunidad Sudamericana de Naciones. Estamos emprendiendo importantes obras de infraestructura que ligarán las dos costas del continente. 

La integración de América del Sur no es excluyente de otros procesos de liberalización comercial en los niveles regional o global. Al contrario, prepara mejor a nuestro continente para tales desafíos y refuerza nuevas democracias.  La Comunidad Sudamericana de Naciones (CASA) se compromete por la retomada de la normalidad y de la institucionalidad en Ecuador. Los Cancilleres de la troica de la CASA iremos, mañana, en misión a Quito para dialogar con las fuerzas políticas ecuatorianas y colaborar en la construcción de un clima de entendimiento para que el pueblo de Ecuador encuentre su propio camino.

El momento es de mirar para delante. Queremos apoyar el diálogo entre los ecuatorianos en la búsqueda de soluciones que apunten hacia instituciones democráticas fuertes, en conformidad con la Carta Democrática Interamericana. La democracia no se impone.  Nace del diálogo. 

Brasil siempre se caracterizó por la no-intervención en los asuntos internos de otros Estados.  Este es un precepto básico de nuestra diplomacia. Pero la no-intervención no puede significar descaso o falta de interés. O dicho de otra forma: el principio de la no-intervención debe ser visto a la luz de otro precepto, basado en la solidaridad: o de la no-indiferencia.  Brasil espera que esta III Conferencia de las Democracias refuerce esta visión.  

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

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