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Homenaje al
maestro Enrique Brayer Blanco
Una generación que se formó,
se autoformó y se interformó
Dr. Luis Yarzabal pre- del CODICEN |
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Una vanguardia que sirvió al país
con una enorme fe en la educación, como factor dinamizador
del cambio social
Palabras del maestro
Miguel Soler Roca |
Homenaje
al maestro Enrique Brayer Blanco
Una generación que se formó,
se autoformó y se interformó
El
pasado 24 de junio en la localidad de
Mangrullo,
departamento de Cerro Largo, se realizo en la
Escuela Rural Nº
32
un homenaje al maestro
Enrique Brayer
Blanco
y se designó a esa escuela con su nombre. ¿Pero
quién fue el maestro Brayer y su gran aporte a la escuela
uruguaya y latinoamericana?. Su compañero de profesión y amigo
personal, el también maestro Miguel Soler a dicho:
“Fue
una generación que se formó, sé autoformó y sé interformó,
recogiendo y adaptando lo mejor del pensamiento educativo
nacional, latinoamericano e internacional.
Una vanguardia
que sirvió al país con una enorme fe
(tal vez hoy podría hablarse de una excesiva fe) en la educación
como factor dinamizador del cambio social. Y que actuó en un
período en que se produjeron manifestaciones de un simbiótico
entendimiento
entre los maestros de base, su sindicato, las autoridades de la
enseñanza y
el gobierno todo”.
Por su parte la profesora María
Hortencia Coronel, en una semblanza sobre Enrique Brayer, dice
que su trayectoria “ está fuertemente ligada a la Historia de la
Educación del Uruguay y de Cerro Largo en particular. No es
excesivo decir que fue uno de los padres de la Educación Rural
de Uruguay porque en toda instancia en que se trabajó,
reflexionó, reclamó y defendió la escuela
rural estuvo el nombre de Enrique Brayer asociado desde la
presencia o desde la memoria y aún entre las generaciones más
jóvenes que no tuvieron la suerte de vivir su magisterio se ha
oído citar su nombre asociado a las más fecundas realizaciones
educativas. Nacido el 3 de abril de 1910 en la localidad de
Cerro Chato – lugar de confluencia de tres departamentos:
Durazno, Florida y Treinta y Tres. En 1930 se graduó de maestro
y viajó con su íntimo amigo Luis O. Jorge – también estudiante
del interior del país – a la casa de éste en Mangrullo,
departamento de Cerro Largo. Allí conoció a Liria Jorge, hermana
de su amigo, con la que se casó en 1932, el mismo día en que
concursaba para el cargo de director. Con Liria se instalaron en
la escuela Nº 32 de Mangrullo y allí nacieron sus tres hijas
Miriam, Dolly y Sonia”.
Lo que La ONDA
digital publica a continuación son los discursos que en este
acto realizaran el Dr. Luis
Yarzabal
presidente del CODICEN
y el maestro Miguel Soler Roca.
Reflexiones del Dr.
Luis Yarzabal presidente del
CODICEN en el ato de homenaje al maestro Enrique Brayer
-
Deseo expresar ante todo mi
profunda emoción por participar esta mañana en este acto. Ésta
fue también mi escuela, la escuela en que aprendí de mi propio
padre, el Maestro Rural Héctor Yarzábal, con el apoyo de mi
madre, Magdalena Terra, no sólo lo que llamamos habitualmente
las primeras letras,
sino también los primeros y definitivos valores
que me han orientado a lo largo de mi vida personal y
profesional. De modo que esta Escuela, en la que inició su
carrera el Maestro Enrique Brayer, que con los años fue para mí
un extraordinario ejemplo y un excelente amigo y a quien hoy
tributamos este merecido homenaje, fue y sigue siendo una
institución fundamental en mi historia personal. Asisto, pues, a
este acto con emoción y gratitud a quienes me educaron y con un
sentimiento muy sincero de camaradería hacia quienes fueron mis
condiscípulos de aquellos años.
No es el mío un caso aislado, todo lo contrario. La escuela
primaria, principalmente la escuela primaria rural, tiene una
enorme importancia en la vida y en el desarrollo de todo niño y
de toda niña. Es en el medio escolar donde completamos la gran
obra formadora propia de toda familia, donde nos abrimos al
mundo, donde, gracias al saber que nos es ofrecido y a las
experiencias vividas, construimos nuestra persona. La etapa
escolar no se esfuma de nuestra vida, al contrario, queda
allí para siempre.
Por eso es tan importante que las escuelas primarias sean buenas
y si es posible excelentes. Y esto no depende de sus
dimensiones, del número de alumnos, ni de su ubicación en el
mapa. Bien orientada y a cargo de maestros y maestras
competentes, la escuela rural puede brindar, y casi siempre lo
logra, una educación básica de tan buena calidad como la que se
imparte en las mejores escuelas primarias de las grandes
ciudades.
Las Autoridades Nacionales que tenemos a nuestro cargo la
educación en el Uruguay pensamos que es fundamental para el
presente y el futuro del campo uruguayo que allí donde haya
niños y jóvenes existan centros docentes que ofrezcan una
educación de muy buena calidad. En todas partes, porque el
derecho a la educación rige para todos. De manera que estamos
programando todas aquellas acciones que puedan contribuir a
fortalecer las escuelas rurales hoy existentes, que son
aproximadamente mil en el país1. Al mismo tiempo estamos
pensando que, según cada zona, según las características de los
muy diversos asentamientos humanos que hay en el país, tendremos
que poner en práctica variados tipos de servicios educativos. Y
también pensamos que esta educación rural no ha de ser sólo para
los niños en edad escolar, que hoy son unos 20.000 en todo el
país, sino que debe beneficiar también, como ya se viene
haciendo, a los niños menores de seis años, a los adolescentes
que egresaron de la escuela primaria y a los adultos que se
interesen por mejorar su nivel educativo o cultural.
Ustedes han oído hablar del éxodo rural, de esa larga caravana
de familias que desertan del campo y que, por distintas razones,
se encaminan hacia pueblos y ciudades. Nuestra campaña se
despuebla. Cuando nuestra Patria nació a la vida independiente,
la mayoría de la población vivía en el campo. Hoy, apenas uno de
cada diez habitantes forma parte de la población rural. Esto
ocurre en todos los países, porque el avance de las tecnologías
agrarias permite producir lo necesario con menos mano de obra.
Pero no es bueno para nadie que esto ocurra en tan gran escala
como viene sucediendo en Uruguay, ya que muchas familias que se
trasladan a las ciudades no encuentran en ellas oportunidades de
trabajo que garanticen el bienestar de sus familias. El país
necesita que hagamos los mayores esfuerzos por estimular a los
pobladores del campo, en especial a las familias jóvenes, a que
permanezcan en él. Y esto lo tenemos que hacer entre todos: las
autoridades de todos los niveles, los técnicos que conocen la
realidad del agro, los productores rurales, los trabajadores del
campo, los hombres y las mujeres que aman la tierra, que son
muchos y que no deben darse por vencidos. En este gran esfuerzo
hay un lugar importante reservado para los servicios educativos,
que han de ser diversos, que han de ser, todos ellos, de la
mejor calidad posible.
En el Consejo que dirige el conjunto de la educación no
universitaria y en los Consejos especializados que atienden la
educación primaria, la secundaria, la técnico-profesional así
como la formación de los docentes, estamos convencidos de que en
un país de firme vocación agropecuaria, como es el Uruguay, la
población del campo ha de poder apoyarse en la educación para
mejorar sus condiciones de vida, si es posible quedándose en el
campo. Desearíamos hacer muchas cosas y quiero referirme a
algunas de ellas.
En primer lugar, seguir incorporando a los
centros docentes a la
población de
4 y 5 años, como ya se hace en muchas escuelas
rurales, de manera que, si ello es posible, todos los niños y
niñas de esas edades desarrollen desde temprano sus aptitudes,
aprendan a convivir con sus iguales también en temprana edad (a
esto llamamos proceso de socialización) y reciban, silos
necesitan, los apoyos necesarios para crecer sanos, bien
alimentados y felices. La experiencia demuestra que la
iniciación de los procesos educativos en esas edades, e incluso
antes, garantiza no sólo un mejor aprovechamiento de la
posterior educación primaria sino también una infancia más plena
y feliz.
Desearíamos atender lo mejor posible a los
escolares de primaria y esto
significa: dotar
a las escuelas rurales del material de enseñanza necesario,
entregar a los alumnos útiles y libros, ampliar sus bibliotecas,
mantener los locales escolares en buen estado, acercar a las
escuelas servicios médicos y odontológicos periódicos, dar
estímulos y medios para que cada escuela cuente con un bello
jardín y con una huerta bien cultivada, lograr que el comedor
escolar funcione adecuadamente habilitándolo también, en las
zonas más carenciadas, los días sábados y domingos. Estudiaremos
también los programas de estudio y en todo lo que sea pertinente
los adecuaremos a las exigencias de este Siglo XXI. Ya ven que
lo que desearíamos ofrecerles no es mucho, sino el mínimo
indispensable para que un centro educativo funcione
adecuadamente, pero, como les he dicho, las escuelas rurales son
mil y el presupuesto de que disponemos es modesto.
Nos agradaría también atender con mayor amplitud
a los adolescentes rurales. Algunos de ellos asisten a
liceos rurales, que son pocos; otros siguen cursos en escuelas
agrarias, también de capacidad limitada. De estas instituciones
se ocupan los Consejos de Educación Secundaria y de Educación
Técnico-Profesional. En el ámbito de Primaria existen escuelas
rurales donde se puede cursar el Ciclo Básico Rural, es decir,
los grados 7º, 8º y 9º,
en cuyo funcionamiento participan también los
Consejos de Educación Secundaria y de Educación
Técnico-Profesional. Y este último es un buen ejemplo de los
beneficios que pueden aportar a la educación los esfuerzos
coordinados. Nos gustaría fortalecer todos esos centros,
proporcionarles lo que necesiten para que cumplan cabalmente sus
funciones. Pero deberíamos lograr más. En primer lugar que los
ex alumnos de toda escuela rural estén organizados, que se
sientan cerca de la escuela más allá del sexto año primario, que
reciban de ella más enseñanzas y apoyo, y que ellos puedan, a su
vez, apoyar el trabajo de la escuela que los formó. Están en
capacidad de hacerlo y la experiencia nos demuestra que la
escuela es el mejor lugar donde adolescentes y jóvenes pueden
reunirse, formular proyectos comunes, mantenerse en una relación
rica y sana en un medio tan disperso como es el del campo
uruguayo. Deseamos que los tres Consejos que he mencionado
examinen conjuntamente todas las posibilidades que, dentro de
presupuestos modestos, puedan existir para ampliar los actuales
servicios educativos para estas edades. La Constitución dice que
la enseñanza media es obligatoria. Quisiéramos que esa
obligación, allí donde no existen centros de enseñanza formal,
pudiera cumplirse poniendo a ensayo instituciones más abiertas,
más polivalentes, adecuadas a cada medio, que preparen a los
jóvenes para enfrentar mejor su propio futuro y para incidir
positivamente en la vida de su comunidad. Tal vez con mayor edad
podrían ingresar a una escuela agraria, a un centro que extienda
su formación general o a instituciones de formación politécnica
más elevada, donde puedan seguir carreras cortas directamente
vinculadas con el desarrollo tecnológico del agro.
Aproximadamente 18.000
Adolescentes (2) que viven en el campo no están hoy estudiando
en ninguna institución. Si pudiéramos capacitarlos, muchos de
ellos no considerarían necesario trasladarse a la ciudad para
abrirse camino. Es una gran tarea un desafío prácticamente
nuevo, que estamos dispuestos a encarar con voluntad y firmeza.
La escuela rural puede hacer mucho también por los habitantes
adultos, por la comunidad en general, como se ha hecho tantas
veces y en tantos lugares de la República. Los adultos, todos
nosotros, aprendemos algo todos los días, algo que tiene que ver
con nuestra persona o con nuestro entorno. Los maestros y las
maestras rurales pueden contribuir a resolver algunos de los
problemas del campo. No porque ellos dispongan de medios que les
permitan resolver todos los problemas, ya que la solución de
estos problemas depende generalmente de otros servicios del
Estado. La escuela puede actuar de puente, tratando de poner en
contacto esos servicios con las comunidades, cuando éstas han
estudiado bien sus problemas y se han organizado para
abordarlos. Esto debe ser hecho a nivel local y a nivel
departamental. Y nosotros, en el nivel nacional, persistiremos
en nuestra idea de ponernos de acuerdo con las autoridades del
sector agropecuario, del sector sanitario y de otros sectores,
procurando que el Estado actúe de manera integral en el medio
rural. La escuela ha sido en muchos casos y puede seguir siendo
un punto focal de esta labor comunitaria, con la participación
activa de las Comisiones Pro Fomento, de los ex alumnos, dé las
organizaciones de productores y de trabajadores, de las
organizaciones que agrupan a las mujeres que hoy,
afortunadamente, contribuyen con sus actividades a retener a las
familias rurales en el campo.
Todos ustedes deben estar pensando que para
llevar adelante cualquiera de estos proyectos -algunos de ellos
todavía en estado de sueños- hace falta un personaje clave, el
maestro o la maestra rural.
Así es, así ha
sido siempre. Por esto muchas escuelas, como esta en la que hoy
estamos reunidos, llevan el nombre de educadores ilustres, que
supieron interpretar con abnegación y elevada profesionalidad el
imperativo de servir a su pueblo. Hoy trabajan en el campo unos
2.000 maestros y maestras de primaria y a todos nos consta cuán
grande es casi siempre su sacrificio, su resistencia a todo tipo
de dificultades, su empeño en ser útiles a todos los vecinos.
Más que un empleo, trabajar en la escuela rural es para ellos
una opción de vida. Para que esa generosa actitud no se extinga,
tenemos que tomar algunas medidas, la primera lograr que sus
sueldos correspondan a la importancia de sus tareas y a su
derecho a que sus familias gocen de un digno bienestar. Lo
estamos negociando, en el marco de la política salarial para los
funcionarios de todos los servicios del sector público. También
tenemos que mejorar los procesos de su formación, para que
cuando estén en ejercicio puedan cumplir mejor tantas tareas
como las que acabamos de exponer. Tendremos que asistirlos con
mayor frecuencia e intensidad: más visitas de los inspectores y
de los maestros coordinadores, envío de publicaciones y
materiales varios de estudio, páginas en informática con
noticias y propuestas, encuentros periódicos de alcance
zonal, departamental y nacional y también cursos más prolongados
y sistemáticos de especialización. El trabajo de los educadores
que actúan en el medio rural es arduo y complejo y requiere una
variedad de oportunidades de perfeccionamiento. Para eso
contamos en la Enseñanza Primaria con el Departamento de
Educación Rural y con el Centro Agustín Ferreiro, cuyas
funciones y medios convendría vigorizar. Y en Secundaria y en
Técnico-profesional contamos con entidades que pueden contribuir
al propósito de lograr que los educadores del campo se sientan
orgullosos de serlo.
¿Podremos hacer todo esto, por lo que tanto luchó Don Enrique
Brayer? Todo junto, no. Todo a corto plazo, no. Todo
contando con un presupuesto similar al de estos últimos años,
no. Todo apelando sólo a los servicios educativos, tampoco. Pero
aunque no podamos hacerlo todo de una vez como deseamos, tenemos
que seguir avanzando, con optimismo, visión de futuro y una gran
fuerza de voluntad. Como se hacen todas las cosas importantes en
este mundo, trabajando, sin resignarnos a la pobreza y el
fracaso, aceptando el reto de este indispensable esfuerzo
colectivo. Por nuestra parte, seguiremos de cerca este gran
tema, consultando a todos los sectores interesados,
estableciendo alianzas con otros servicios, principalmente
en la perspectiva del gran debate nacional que estamos previendo
para la elaboración de la futura Ley de Educación. Y, mientras
tanto, adoptando todas las medidas que estén a nuestro alcance.
En este sentido les puedo anunciar que ANEP acaba de suscribir
un convenio con ANCAP gracias al cual esta empresa del Estado
aportará los fondos necesarios para transferir a cada una de las
19 comisiones departamentales un crédito anual de tres mil
litros de combustible a fin de facilitar el traslado de niños,
adolescentes y personal a los centros educativos.
Permítanme terminar recordándoles que aunque tuviéramos mucho
dinero (que no lo tenemos) y aunque todos estos objetivos se
pudieran ir cumpliendo (que no nos resultará nada fácil) la
fuerza mayor al servicio de la escuela a la que hoy ponemos un
nombre tan querido y al servicio de todas las escuelas del campo
no es la nuestra, sino la de ustedes. La de las autoridades de
Cerro Largo, la de las instituciones públicas y privadas de Melo
y de la zona. Y, sobre todo, la fuerza de la población misma de
Mangrullo, de sus jóvenes, de sus trabajadores, de sus familias.
Esta escuela no es nuestra, es de ustedes, porque es la casa de
los hijos de ustedes, como decía el recordado maestro Julio
Castro. Yo les pido que nunca dejen de estimularía, de ponerle
el hombro, de contribuir a hacer más fácil la vida y el trabajo
de los maestros. Y lo pido, en nombre del Gobierno y en el de la
Educación Pública, a todos: a los alumnos, a los ex alumnos, a
los padres y madres, a los vecinos y vecinas, como un deber para
con sus hijos y también para con el suelo de Cerro Largo y del
País.
Nosotros no les hacemos promesas. Les hemos explicado lo que nos
gustaría poder hacer, con el acuerdo de todos y con la
participación de todos. Haremos lo posible por hacernos
presentes en esta escuela y en todas las escuelas con algunas de
las medidas que les he expuesto. Pondremos en ello los recursos
financieros y materiales con que podamos contar. Y también el
gran recurso de nuestra voluntad de servirles, el recurso del
gran ejemplo de Don Enrique y, en mi caso, además, el recurso de
mis recuerdos, la memoria de mis padres y mi afecto por todos
ustedes.
1)Escuelas
rurales: 1.092. Matricula: 20.35 niños. (Información a
abril/2005). Cargos: 1.857. Maestros: 1.458. Directores: 399.
(Información ajulio/2004)
2) BID (2004) Informe situación, pág. 24.
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