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Facilitar y propiciar un debate sobre el “Museo de Artes
Visuales de Kalemberg”
Pintor Freddy Sorribas |
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51 Bienal
Mientras Uruguay se enorgulleció
de su ruralismo, Venezuela
optó por el urbanismo |
51 Bienal
Mientras Uruguay se enorgulleció de su ruralismo, Venezuela optó
por el urbanismo
Para Jocelyn a. G. Junco del
Nuevo Herald en una reciente nota para su publicación el arte
latinoamericano inundo la 51 Bienal de Venecia, además de
comentar específicamente la participación de Uruguay, dice: “Con
medida y buena mano, este año La Biennale di Venezia recuperó en
organización y coherencia lo que dos años atrás había perdido
entre caos y calores.
Para esta, su 51a edición, la
operación curatorial estuvo bajo la batuta de un implacable dúo:
María de Corral y Rosa Martínez; dos comisarias españolas de
autoridad institucional internacional, que sirvieron de
embajadoras del arte contemporáneo no sólo español, sino también
latinoamericano, éste último habiendo inundado aún más la ciudad
flotante con muestras en diferentes sedes dentro y fuera de los
espacios de la Bienal. Agregando mas adelante “El uso de
materiales ''pobres'' o naturales como la madera
--reinterpretado o tradicionalmente utilizado-- fue extenso en
muchas obras de diversas naciones, como en los pabellones
Australia, Austria, y Egipto.
También el Pabellón Uruguay
quiso ostentar su folklore, y defender lo nacional, lo aborigen
y la tradición de la tierra. Como bien dijo la artista Lacy
Duarte, que representa a su país en este pabellón de
Uruguay, el suyo ''no es arte pobre, sino desde lo pobre''. Inspirada
en las traperas, campesinas, materiales del contorno inmediato:
panecillos hechos en moldes de muñecas de trapo, trampas
primitivas utilizadas en el campo, pinturas a la nave, y
mucho más. Lacy Duarte y la curadora Alicia Haber se han
atrevido a desafiar, evocando la pregunta, ¿hay necesidad de
seguir las tendencias euro céntricas de apatía y cinismo primer
mundista para ser considerados como artistas en la escena
internacional?
Mientras Uruguay se
enorgulleció de su ruralismo, Venezuela optó por urbanismo.
Pero no todo es siempre positivo, esta vez el pabellón
venezolano tampoco pudo competir en los Jardines, dejó mucho que
desear por su simplismo, más que por culpa de las piezas en
exhibición y se mostró algo genérico con un homenaje a la
trayectoria profesional no de un artista, sino más bien de un
diseñador y ''gran comunicador'' que deja la política a un lado
bajo el título Color, amor y calor de la pequeña Venecia
(apodando Venezuela como diminutivo de Venecia.
La amplia carrera creativa de
Santiago Pol es sin duda importante en la memoria visual y
cultural venezolana, el diseñador de carteles, hoy con 59 años,
es conocido tanto en las Américas como en Europa por sus afiches
coloridos y puros, que recuerdan las primeras décadas de diseño
modernista y se mezcla con un toque propagandista muy utilizado
en los países del bloque socialista a partir de 1950 y hasta
nuestros días. No siendo una amenaza para el estado venezolano,
el lenguaje de Pol es claro, explícito y se comunica
directamente con las masas de forma alegre y gozosa. La
decisión oficial de escoger precisamente a un artista gráfico
este año (sin duda para borrar las huellas del episodio de
censura de la pasada edición, entiéndase el veto a la propuesta
del artista Pedro Morales, aparentemente demasiado democrática y
crítica para el gobierno de Chávez) podría tal vez leerse como
la subliminal intención propagandística de los mismos organismos
oficiales venezolanos; diseño es propaganda, en este caso
nacionalista, manipulación y simplificación de conceptos que
podría conllevar a --o tener como objetivo-- la reducción
intelectual del público.”
LA
ONDA®
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