Breve manual para ser un Eleve sus antiguas metáforas al nivel indudablemente más sutil de sarcasmo. La metáfora es la herramienta más pura de la poesía, el árbol que sospecha quien percibe un olor de su infancia; un escritor del régimen no tiene nada que representar mediante oblicuas estrategias del lenguaje, pues el régimen requiere que sus dictámenes sean entendidos por el menos avezado de sus regidos. Ahora que usted es un escritor del régimen, sustituya las metáforas por algo más propio de la politología: es ahí donde el sarcasmo las gana todas, y tiene la gracia adicional de ser un primo bohemio de la metáfora, ya que hace uso de una desviada forma de la sutileza para decir. La realidad es maleable, usted puede moldearla a la medida del régimen. Si desea ser, como escritor, un garante competente de la realidad última a la que el régimen aspira para sus regidos, deberá ejercitar sus destrezas en el arte de la argumentación. Un buen argumento requiere de un buen escritor que lo construya; un buen régimen requiere de buenos argumentos que bloqueen toda posibilidad de una interpretación ajena a sus fines. Esto no implica que usted está falseando la realidad: usted la está construyendo. El régimen, y eventualmente los regidos, le brindan seguridad y protección para esta tarea. Evite llamarse “escritor del régimen”. Borges decía que un buen poema sobre el ajedrez evita nombrar la palabra ajedrez; ergo, el mejor régimen es el que elude conscientemente la palabra régimen para definirse. Usted tiene ahora la potestad de considerarse un escritor social, definición con linaje que satisface la esperanza del régimen de no parecer un régimen. Cuide su apariencia. Un escritor tiene dos grandes aspectos que lustrar de sí: como los textos que escribe, estos aspectos son la forma y el fondo. Respecto a la forma, nadie sabe con certeza cómo es la vestimenta de los escritores, pues los hay quienes gustan de cubrirse de harapos y también quienes lucen como verdaderos gentlemen de intachable indumentaria; en cualquier caso, siempre deberá hacer valer su poder para construir extravagancias alrededor de sí mismo. Respecto al fondo, compre un buen diccionario, pues es sabido que el contingente intelectual de todo régimen debe expresarse con propiedad. Aprenda a aplaudir las metáforas de sus colegas. Los escritores del régimen son en conjunto un ejército con armas de papel y estrategias de ideas. Constantemente usted deberá mantenerse al tanto de las buenas metáforas, o los buenos sarcasmos, de quienes comparten con usted esta importante labor social. En algunos casos, alguien emite una metáfora no muy feliz: usted deberá aplaudirla y, nuevamente, hacer uso de su poder argumentativo para apuntalar al que se encuentra en apuros. Haga de sí un apologista de la totalidad. El buen régimen aspira a regir sobre todos los miembros de la sociedad; es por ello que necesita excluir a quienes no comparten sus dictámenes. Así como en el pasado usted defendió con vigor la tesis de que la cultura lo es todo, alce ahora en ristre un nuevo axioma: “La política lo es todo”. Si la palabra política ofende a sus oídos, siempre tiene la posibilidad de sustituirla por cualquier cosa que favorezca al régimen: “El régimen lo es todo”, “La sociedad lo es todo” o, en casos extremos, “el líder lo es todo”. Decida a qué régimen pertenece. No siempre el régimen detenta el poder. Bajo la hégira de un régimen se construyen regímenes en espera, que luchan entre sí para constituirse en el régimen de relevo, pues todo régimen será relevado tarde o temprano como consecuencia de las fuerzas de la historia. Así, usted puede ser un escritor del régimen aun cuando se oponga al régimen vigente, y como tal usted está en el derecho, quizás en la obligación, de sustituir sus antiguas metáforas con sarcasmos, moldear la realidad a la medida del régimen que espera, eludir formas expresivas que definan la proximidad de su régimen, ser extravagante y apoyarse en buenos diccionarios, apuntalar las fallas de sus colegas y convertirse en un apologista de la totalidad, sabido como es que quienes adversan al régimen están convencidos de que todos lo adversan.
Jorge Gómez Jiménez Escritor venezolano (Cagua, Aragua, 1971). Dirigió entre 1989 y 1990 la Peña Literaria Cahuakao, en Cagua y, entre 1990 y 1993, el semanario El Tabloide, de la misma ciudad. Desde 1996 edita en Internet la revista literaria Letralia.com, la primera publicación cultural venezolana en la red. Ha publicado el ensayo La educación secundaria venezolana: un muerto sin dolientes (Editorial El Tabloide, 1985), el libro de cuentos Dios y otros mitos (Senderos Literarios, 1993) y la novela corta Los títeres (Baile del Sol, Tenerife, 1999). Además, textos suyos han aparecido en las antologías Narrativa de Aragua (1970-1996) (Secretaría de Cultura del estado Aragua, 1997) y Mini-cuentos de Aragua (Secretaría de Cultura del estado Aragua, 2001), así como en la antología permanente de la editorial electrónica española Badosa.com. Ha obtenido el primer lugar en los concursos de narrativa Semana de la Juventud (Ateneo de La Victoria, 1996), Poeta Pedro Buznego (Casa de la Cultura de El Consejo, 1997) y en el X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Maracay, 2002). Además, obtuvo el segundo lugar en el 3r Concurso de Mini-Cuentos Los Desiertos del Ángel (Secretaría de Cultura del estado Aragua, 1998), así como una mención honorífica en el XXIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza (España, 2005). LA ONDA® DIGITAL |
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