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¿Cuándo la verdad puede ser ambigua?
Un hombre de 55 años que siembra el miedo y el terror.
Retrato de Hitler como persona
60 años después
Oribe Irigoyen
Leer artículo Entrevista a Joachim Fest, autor de la biografía que da lugar a la película La Caída

¿Cuando la verdad puede ser ambigua?
Un hombre de 55 años
que siembra el miedo y el terror.
Retrato de Hitler como persona 60 años después

por Oribe Irigoyen

“Mi pesadilla era pensar que algún día llegara
una película de Hollywood que nos mostrara de
 forma importada qué es lo que pasó” Eichinger.

Se trata de un film alemán “Der Untergang”,  subtitulado en español como “La caída” o “El hundimiento”, que se estrenó comercialmente en Montevideo el viernes 5 y merece la atención especial porque ha provocado la polémica, creado dos bandos, el de los que lo consideran una joya cinematográfica y el de aquellos que abominan de su contenido. Está dedicado a ilustrar a los últimos días de Adolfo Hitler, su suicidio y al derrumbe inmediato del régimen nazi, aunque las imágenes se extienden luego por más tiempo y en mayor espacio. La película se centra en lo ocurrido en el interior e inmediaciones del refugio en el cual el Fuhrer  permaneció entre el 20 de abril y el 1 de mayo de 1945, mientras el ejército soviético tomaba la capital de Alemania. 

Una lucha encarnizada ocurre en las calles de Berlín, a 2.80 metros bajo el suelo, en un bunker de hormigón de 250 metros cuadrados con 20 estancias, bajo los jardines traseros de la antigua cancillería del Reich, Hitler y su equipo de confianza permanece atrincherado. El  cerco soviético se estrecha en torno al bunker, la ciudad parece no resistir más, el Fuhrer se niega a abandonar la ciudad, prepara su despedida final. Horas antes de suicidarse, Hitler y Eva Braun contraen matrimonio, sus cadáveres deben ser incinerados para que no caigan en manos del enemigo. Muchos de los habitantes del bunker se suicidan. Cuando la situación se hace insostenible, Magda Goebels envenena a sus 6 hijos y acto seguido ella y su esposo se quitan la vida. Poco después, Traudl Junge, secretaria personal de Hitler y otros sobrevivientes consiguen escapar del bunker. 

La decantacion del tiempo
– Ese material argumental está basado en dos libros: “El hundimiento: Hitler y del Tercer Reich” de Joachim Fest, un investigador que ha pasado gran parte de su vida reconstruyendo los hechos, y “Hasta el último momento: la secretaria de Hitler cuenta su vida” de Traudl Junge y Melissa Muller, en que la primera relata su experiencia de trabajo, en buena medida un retrato de Hitler íntimo. Ambos libros fueron considerados por Bernd Eichinger, productor de reconocida trayectoria con su empresa Constantin Film, promotora de películas de toda una generación de nuevos cineastas alemanes de prestigio internacional ( Wim Wenders, Edgar Reitz, Wolgang Petersen) y autor del guión de “La caída”. La realización del film fue encomendada a Oliver Hirschbiegel de larga trayectoria en la televisión alemana, famoso por sus dramas policiales desde la década de 1980 y la serie de “Rex, un policía diferente” de enorme éxito en Alemania y en más de 40 países. “La caída” es su tercer largometraje en el cine, luego de debutar con “El experimento” que tuvo un gran suceso de público y crítica.m 

Lo primero que sugieren las imágenes después de vista la madurez dramática y expresiva de las mismas, es que sólo después de 60 años de ocurridos los hechos, la decantación del tiempo, y sólo los propios alemanes podían encarar esta propuesta fílmica en los términos en que ella ha sido hecha. Porque Hitler es presentado como una persona y esa es la madre del borrego de la polvareda polémica que la película ha provocado. Las declaraciones del propio director Hirstchbiegel ilustran ese sentido: “El público alemán es un público inteligente y sabe de un poco de su historia. Es imposible que al ver esta película alguien sienta cierta simpatía o atracción por el personaje. Nunca he entendido el rechazo tan rotundo que existía para presentar a Hitler como una persona en una película…Hitler es el criminal más grande de toda la historia, no ha habido uno peor que él. ¿ Por qué no presentarle tal y como es? Yo pensaba que era una obligación mostrar ante todas las víctimas que no es monstruo, que no es un loco. El responsable de la muerte de 6 millones de judíos, de 7 millones de polacos y de 20 millones de rusos era una persona normal, no un loco.” 

Hitler humano
– En un ambiente claustrofóbico cada vez más denso y desesperado, Adolfo Hitler es mostrado con su mal de Parkinson a cuestas, una mano izquierda en constante movimiento que esconde a sus espaldas, amando a su perro, siendo cariñoso con los hijos de Goebels, tratando con amabilidad a su personal de servicio -  hecho históricamente comprobado -, elogia una comida poco antes de suicidarse. Alterna esa bonhomía con cambios bruscos de humor, arrebatos de furia exaltada contra sus generales, da órdenes desatinadas, tiene alucinaciones, se cree traicionado de continuo cuando las noticias no son buenas, dice cosas terribles contra los judíos, la compasión por los débiles, etc. -  cuando es el Fuhrer y no Adolfo Hitler, aclara Eva Braun en algún momento del film -. Son ingredientes personales de un loco, si se quiere. Pero también de un ser desesperado por la derrota final, como muestra el film. Al que acompaña un ámbito humano de fanáticos de diversa densidad en la obediencia ciega de todos, en los absurdos suicidios por promesa hecha al Fuhrer, en la fascinación que el líder provoca en ellos. Ese mundo fanatizado es expresado por el film con un sobrio verismo, que es verdad que no provoca la adhesión o simpatía del espectador. Pero también es cierto que, en alguna medida, el espectador enfrentado a ese fanatismo y desquiciamiento nazi lo percibe con respeto y con una inevitable cuota de comprensión. 

Entonces, salvo los terribles arrebatos y dichos de Adolfo Hitler ya mencionados y de monstruosa impavidez de Magda Goebels asesinando a sus hijos, las imágenes no registran el lado atroz del Holocausto, los campos de concentración y sus hornos, los vesánicos experimentos científicos. Es en esa ausencia de buena parte de la verdad política nazi, que la verdad humana de Hitler y los suyos en su derrumbe final, queda a medias e introduce ingredientes ambiguos y acaso justifican la diatriba contra el film. Verdad es que el público alemán conoce su historia y todos los veteranos del mundo de un modo u otro, también. 

Pero existe la incógnita de lo que puede ocurrir con las más jóvenes generaciones para quienes Hitler y los nazis es historia de abuelos y poco saben de ella, aunque hay fanatismos o fundamentalismos presentes como para hacerlos reflexionar. Incluso, la escena final del reportaje a la propia Traudl Junge, la secretaria que oficia de hilo conductor de la película, en la que expresa no haber estado enterada de los horrores ordenados por Hitler, agrega sustancia a la ambigüedad ideológica de las imágenes. Por más que el director haya declarado: “La secretaria representa al alemán medio, que no necesariamente tenía que ser nazi, pero sí culpable. La excusa que muchos alemanes han puesto de que no sabían de las barbaridades cometidas por el régimen es totalmente rechazable porque es mentira. Todos estaban informados. Quizás no tenían datos concretos sobre cuántos millones de personas se estaban aniquilando en los campos de concentración o lo que pasaba en los distintos frentes, pero había comentarios, se hablaba de experimentos y de utilización de gases y los soldados que llegaban del frente necesariamente tenían que contar lo que estaba pasando”. 

Un tono clave
– La enorme elocuencia y poder de persuasión que hacen de “La caída” un gran film, tienen un elemento expresivo clave: la tonalidad sobria, precisa y realista que Hirschbiegel imprime al drama. Su larga experiencia en el género policial le proporciona un gran dominio a las secuencias de combate y bombardeo en torno al bunker de Hitler. En ellas y sobre todo en las abundantes secuencias en el interior del mismo, el lenguaje cinematográfico propuesto por el director alcanza una singular maestría, producto de una selección de encuadres, movimientos de cámara y ritmo de montaje marcados por un punto de mira oscilante. 

Las tomas alcanzan ya sea un elevado grado de intimidad con lo que muestran, convierten al espectador en cómplice del drama, ya sea se mantienen distantes, distanciadas, y el espectador actúa  como testigo reflexivo de lo ocurre. Lo mismo sucede con las escenas exteriores de lucha y bombardeo, en los que la cámara muestra hasta cierto punto, luego se procesa el corte, abre paso a la sugerencia. Ese estilo proporciona al film un rotundo poder de persuasión. Se suma y adquiere el máximo nivel de expresión la labor de un amplísimo y excelente elenco, en el cual se distancia de forma notoria la formidable creación actoral de Bruno Ganz  personificando a Hitler. Su labor es increíble, con un físico opuesto en estatura y complexión al de su personaje, Ganz se las ingenia hasta la minucia de gestos, iones dramáticas para convencer al espectador de que él es Adolfo Hitler.

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