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¿Cuándo la
verdad puede ser ambigua?
Un hombre de 55 años que siembra el miedo y el terror.
Retrato de Hitler como persona
60 años después
Oribe Irigoyen |
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Entrevista a Joachim Fest, autor de la biografía que da
lugar a la película La Caída |
Entrevista a Joachim Fest, autor de la
biografía que da lugar a la película La Caída
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¿Qué piensa de la desaprobación que
expresó Wim Wenders cuando la película salió? ¿Por qué no enseña
la película la muerte de Hitler?
- Esta película recibió el apoyo entusiasta de todos los que la
vieron. Me marcó especialmente la reacción de tres espectadoras
de Hamburgo que, depués de la película, fueron incapaces de
levantarse de su butaca durante mucho rato. De hecho, no estoy
en absoluto de acuerdo con Wim Wenders cuando dice que la
película no conlleva nada nuevo. ¿No sería mejor preguntarse por
qué los historiadores han olvidado tanto tiempo de contarnos una
fase de la Historia de tanta importancia? Nosotros hemos querido
representar lo que sucedió de verdad; por eso no hemos enseñado
el momento del suicidio, porque ese acontecimiento no se ha
averiguado y que cada hipótesis habría podido alejarnos de la
verdad y de la Historia.
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Lo que representa la figura de Hitler,
¿tiene valor universal o sólo es el caso de un hombre que supo
subyugar a las masas?
- Lo que el siglo veinte nos ha enseñado, es que el hombre no
sólo es capaz de hacer lo malo, sino que también puede hacerlo
voluntariamente. Hacer lo malo no se resume a cuestiones
puramente económicas o políticas. Es lo que dice la Biblia con
la histoira de Abel y Cain, y aunque la Luces han revelado cosas
maravillosas sobre la naturaleza humana, se las observa rara vez
en la práctica porque lo malo es tan inherente al hombre como lo
bueno. En ese sentido, Hitler es la negación encarnada de la
filosofía de las Luces.
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¿No se podría comparar el personaje de
Hitler a las figuras tradicionales de la tragedia griega, como
lo intentó Brecht con su versión de Antígona, justo después de
la guerra?
- Las referencias a la tragedia clásica han sido numerosas, como
es lógico. Estoy de acuerdo para decir que la tragedia griega es
una referencia totalmente moderna, inevitable para quien desea
contar una historia con alto contenido dramático. Al mismo
tiempo, y de un punto de vista puramente histórico, hay momentos
en que la realidad no se corresponde con la poesía antigua.
Hitler es un buen ejemplo de ello: es un personaje que, a la
diferencia de los héroes trágicos, no evoluciona en ningún
momento. Entre 1919 y su muerte, sigue siendo perfectamente el
mismo. Semejante personaje no existe en la tragedia.
-
La película no se limita al relato de los
últimos días del Führer, también retrata a otras figuras mayores
del régimen nazi, y varias veces muestra las reacciones del
pueblo y su situación, a través del ejemplo de los ciudadanos de
Berlin. ¿Intenta subrayar una responsabilidad colectiva?
- Me parece poco probable que las personas cercanas a Hitler no
hayan sido al tanto de los horrores del nazismo. Por supuesto,
no se puede estar absolutamente seguro, pero es más probable que
una persona como Albert Speer supiera. En cuanto al pueblo, el
problema es más complejo. Hay que decir que, paradójicamente, la
distancia con respeto a los acontecimientos permite delimitar
mejor la verdad; hay que decir también que las cifras de la
desgracia son tan aberrantes que se las podía interpretar
fácilmente como invenciones flagrantes de la propaganda de los
aliados.
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Se ha acusado la película de no insistir
en el sentimiento alemán de culpabilidad.
- Se podría hablar mucho de ese sentimiento de culpabilidad,
demasiado, incluso, en mi opinión. Soy alemán y estoy cansado de
ese debate eterno. Sigo oyendo que los alemanes deberían de
sentirse más culpables por lo que sucedió durante el régimen
nazi. Sin embargo, afirmo que, si el fenómeno nazi es alemán, el
problema se extiende a toda Europa, ya que en 1933 y en los años
que siguieron, y por diversas razones, nadie ha podido poner
freno a esa locura en movimiento. La falta de atención a los
problemas de culpabilidad que afectan a los alemanes es un
falso problema que sirve para que intelectuales europeos
escondan la responsabilidad de las demás naciones. Es el reflejo
de un modo de pensar simplista y reductor.
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