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Educación publica
Los desafíos detrás del 4.5%
Profesor Edgardo Rubianes*
Leer artículo ¿A la investigación
científica le toca el 4.5%?
Merthil Manginni

Educación publica
Los desafíos detrás del 4.5%
por el profesor Edgardo Rubianes*

Dentro de unos años la “crisis política” asociada a las instancias de cómo alcanzar el 4.5 % será vista como lo anecdótico. Lo central lo constituirán los resultados y elsigno de los mismos que la instrumentación de la decisión haya provocado.

Un logro
Los entretelones gubernamentales sobre la inclusión del “4.5% del PBI para la Educación Pública” en la propuesta presupuestal y el modo de concretarlo no deberían impedirnos visualizar la importancia que tiene la definición adoptada y las implicancias de ella derivadas. El destinar un 4.5% del PBI para la educación no es una reivindicación nueva, tiene larga data, es recomendado por la propia UNESCO y ha rondado los escenarios electorales en más de una oportunidad. 

En su momento, los sindicatos de trabajadores y gremios estudiantiles impulsaron un plebiscito para que una disposición de ese tipo alcanzara rango constitucional. Como se recordará, si bien la iniciativa tuvo apoyos políticos algo más amplios que los de la izquierda, el porcentaje de votantes que incluyó la papeleta por el SI en Noviembre de 1994 estuvo lejos del requerido. Sanguinetti -electo presidente en dicha instancia electoral y que no acompaño la iniciativa plebiscitada sosteniendo que introducía una rigidez indeseable al manejo presupuestal- se había no obstante comprometido en la campaña a incrementar la inversión educativa en las sucesivas rendiciones de cuenta en dirección a ese porcentaje. 

El tema volvió a estar presente en las elecciones de 1999. El 4.5% para la Educación formó parte de los “compromisos programáticos” que el Directorio del Partido Nacional “exigió y acordó” con Jorge Batlle en la recta final hacia el balotaje de Noviembre en el que este enfrentó y derrotó a Vázquez. Pero al igual que lo ocurrido con otros compromisos, ni Sanguinetti a fines de los 90 ni la coalición blanqui-colorada que gobernara a comienzo del nuevo siglo, lo cumplieron. 

El actual mensaje del Poder Ejecutivo concreta, por tanto, no solo un compromiso electoral sino también una justa y vieja reivindicación. La resolución conllevó resignar en mayor o menor medida, apoyos a otras áreas  carenciadas y todos los actores vinculados al sistema educativo deberíamos tenerlo muy presente y ponderar la responsabilidad agregada que implica. 

¿Tiempo de reformas?
El incremento presupuestal aprobado, abre un abanico de desafíos que sería bueno analizar. El primero se refiere a la capacidad de asociar estos apoyos presupuestales a las imprescindibles reformas que globalmente el Sistema Educativo Público reclama a gritos. No es cosa solo de “poner más dinero en el sistema”, hay que también transformarlo. El desafío convoca en primer lugar a las autoridades de la enseñanza. Pero también debe ser asumido por el resto de los actores. La confluencia de nuevas autoridades dispuestas a conducir un proceso incluyente de elaboración de reformas, el apoyo a las mismas desde el Ejecutivo y el parlamento y el incremento de los recursos presupuestales indica que el subsistema ANEP esta frente a una oportunidad histórica para impulsar y concretar cambios sustanciales. 

Que una asamblea de ADES haya definido, simultáneamente a la crisis política, que la reivindicación gremial debía ser no la histórica del 4.5% sino del 6%, muestra que una reforma educativa incluyente podría encontrar obstáculos incluso en sectores que la han reivindicado. De la capacidad de las nuevas autoridades de liderar y articular este proceso, involucrando participativamente a actores clásicos -asambleas técnico-docentes, gremios de docentes y funcionarios, asociación de padres y alumnos- como a otros representativos de la sociedad civil y de la producción, dependerá el éxito. Confiemos que los involucrados puedan estar a la altura del momento que la sociedad les encomienda. 

¿Aceptaremos que la sociedad nos atraviese?
En el subsistema universitario la situación no se vislumbra tan optimista. A un mes de las elecciones que definirá nuevo Rector y nuevos consejeros de todos los ordenes en las Facultades, y nuevos decanos en muchas de ellas, no se observa demasiada dinámica reformista. Ante el mínimo movimiento o planteo desde otros ámbitos de la sociedad, la Universidad se pone a la defensiva. Algunas resoluciones de este año, como la del Claustro General de febrero, ratifican desgraciadamente esa conducta. En estos días, un par de Ministros han lanzado provocativamente sendas reflexiones sobre la realidad universitaria. Coincidiendo o discrepando con los planteos, nadie con seriedad puede decir que Astori o Mujica son la expresión de proyectos políticos “de derecha o antiuniversitarios”. Son además, y nada menos, que las cabezas de los grupos mayoritarios del gobierno electo por la gente hace pocos meses. El mismo gobierno que prioriza presupuestalmente a la Educación Pública. No es cosa de hacer oídos sordos a los planteos, mirar para el costado como ha ocurrido reiteradamente o apretar el play del cassetero. Hay un desafío de la hora pues, que nos compete específicamente a los universitarios. No debería ocurrir que los incrementados apoyos económicos se repartieran con los mismos parámetros históricos del toma y daca. La Universidad tiene zonas enfermas, tiene dinámicas perversas. Sano es, en primer lugar, reconocerlo y luego actuar en consecuencia.  De lo que se trata -y repito, más allá del acuerdo o no con las propuestas- es definir si se acepta o no que el debate sobre la Universidad y sobre su futuro involucra a toda la sociedad y no solo al “demos” universitario. Significa definir si la Universidad se abroquelará sobre si misma o si como esa sociedad le esta demandando ya desde hace tiempo, se transforma ella misma en co-protagonista de inexcusables cambios e impulsa desde su propio interior y sin preconceptos, una segunda Reforma Universitaria. Si acepta que la sociedad la atraviese y la ayude a procesar su propia transformación. 

¿El 1% como parte del 4.5%?
Un tercer desafío, pero vinculado con el anterior, esta planteado en relación a la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). La izquierda incluyó en su programa una “meta fija” como porcentaje del PBI respecto a la Educación pero, contrariamente a lo que se ha difundido últimamente, no es la única meta fija comprometida en la campaña electoral. Alcanzar a mediano plazo una inversión nacional -en este caso se incluye la pública y la privada- del 1% del PBI en CTI fue también un compromiso explicitado enmarcado en uno de los cinco ejes estratégicos del cambio, el del Uruguay Innovador. En ese sentido, con la creación de la Agencia de la Innovación, nueva figura publica estatal incluida en el articulado presupuestal, se busca optimizar la capacidad del Estado para diseñar y ejecutar planes y programas de CTI articulando actores públicos y privados, oferta y demanda científico-tecnológica; y recursos financieros hoy dispersos. Se aspira además que sea una palanca para la Innovación en el marco del Plan Estratégico a elaborarse y que tiene prioridades en algunas áreas esbozadas en líneas generales cuando se instalara el Gabinete Ministerial de la Innovación en el pasado mes de Abril. 

Así como en otros sectores, el fortalecimiento de los recursos destinados a la “Educación” implicó recortes importantes a fondos o programas que actualmente, si bien dispersos, se destinaban a ciencia y tecnología (p.e. Fondos Clemente Estable y Nacional de Investigadores y el PEDECIBA) y que en el marco de la nueva institucionalidad podrían ser incorporados, articulados y/o potenciados en y por los programas de la Agencia. La opción por la “Educación” quitó objetivamente fondos que taxativamente estaban destinados a CTI. Con la nueva situación algunas incógnitas surgen: ¿de los recursos incrementales, cuánto destinará la Universidad a financiar Investigación? ¿qué sucederá con programas como el PEDECIBA que vio recortado dramáticamente sus recursos? ¿se hará cargo la Universidad, como codirectora de dicho programa, de aportarlos? En relación a los proyectos de investigación, ¿se seguirá sin establecer prioridades como ha venido sucediendo en estos 20 años o se definirán áreas y sectores concordantes con las que se definan en el Plan Estratégico Nacional de CTI? ¿cómo se incorporara la demanda social y productiva al respecto? 

Estas y otras cuestiones relacionadas están desafiantemente ubicadas en la actual agenda. Resolverlas acertadamente determinará el balance que hagamos a fin del período respecto “al 4.5%”. Apoyo presupuestal incremental y transformaciones educativas son andariveles de un mismo proceso. Participativo si, societario también y que englobe a toda la Educación. Es hora de cambios.

* Docente e investigador universitario

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