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Una vez más “Solo con
garra no alcanza”
Jorge García Alberti |
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El fútbol del gobierno
Joselo González |
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Ser campeones en fútbol,
algo que solo se puede leer
en los libros de Historia
Carlos Zapiola |
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Una vez más “Solo con
garra no alcanza”
por Jorge García Alberti
Si
el “Chengue” Morales convertía el gol, faltando un minuto para
terminar el partido contra Australia, o Zalayeta no erraba el
penal, otra habría sido la historia, la alegría sería inmensa
pero , a la hora de la reflexión, para ser sincero, escribiría
lo mismo.
Hoy los uruguayos están
buscando culpables tras haber quedado eliminados del Mundial
de Alemania, unos quieren crucificar a los jugadores, otros a
los dirigentes, la mayoría se olvida que hace algunas semanas el
propio Zalayeta era un héroe cuando le hizo tres goles a
Colombia o el “Chino” Recoba era comparado con Dios cuando, con
su gol, permitió que le ganáramos a los argentinos.
Ninguno parece detenerse a
reflexionar sobre el fondo de la cuestión: por qué nos pasa lo
que nos pasa. Y eso que nos pasa, va más allá del tema
futbolístico, nos incumbe como sociedad y abarca asuntos tan
distantes como la política, la educación, la propuesta de
viabilidad del país como tal.
Siguiendo con el ejemplo del
fútbol, Uruguay tiene excelentes jugadores que son estrellas en
importantes instituciones del exterior. Sin embargo, cuando se
encuentran para jugar con el seleccionado, pasan a ser
individualidades y brillan de acuerdo al momento que están
pasando.
Si a esas individualidades que
hoy tenemos, y los uruguayos vamos a seguir generando en
cualquiera de las actividades de la vida, las hiciéramos
trabajar en equipo, pensando en el conjunto y en los objetivos
comunes que se planteen, seríamos invencibles.
Alguien escribió en estos días
que un equipo europeo, con estos jugadores, se clasificaba, con
luz, en forma directa. ¿Qué tienen ellos que nos falta a
nosotros?. El método, los objetivos claros, un plan que se
cumple. Por eso, cuando llega un uruguayo y se integra a esa
forma de trabajo, pensada, planificada, se convierte en una
estrella porque suma a ello sus condiciones naturales.
Pero aquí, por razones que forman
parte de nuestra idiosincrasia, creemos que con el nombre
alcanza, con la mística es suficiente y todavía nos cuestionamos
por qué no salen las cosas, si antes salían bien.
Traslademos ese razonamiento a
la política y veremos que es igual. Todas individualidades,
donde cada una cree que tiene la varita mágica por sí misma y
cuesta pensar en el conjunto. Vale recordar que esa forma de
pensar podía servir cuando los adelantos tecnológicos no se
habían incorporado a la sociedad y sólo con condiciones
naturales y genialidades estábamos en condiciones de ganarle a
cualquiera. Hoy, ese cualquiera, entrenado y jugando en equipo,
nos pinta las cara.
Lo más curioso, que no
aceptamos como sociedad y/o tenemos una capacidad de
autocrítica muy limitada, es que eso viene pasando desde hace
por lo menos ciento setenta y cinco años, desde el momento que
nacimos como nación independiente y seguimos sin darnos cuenta
que es necesario cambiar y “ aggionarse”, adaptándose a cada
época en forma permanente.
Somos un país relativamente joven
y las cosas, en términos históricos, salieron, aunque vemos que
cada vez salen menos, quizá por eso nos cuesta cambiar.
Las sociedades evolucionan,
aprenden de sus errores, la nuestra parece que no. También es
cierto que padecemos otras taras sociales como la envidia, el
“serrucho” permanente a quien piensa distinto, el
descalificativo a flor de labios, el empecinamiento en querer
tener razón sin escuchar al otro, la incapacidad de razonar en
qué es mejor, solo nos detenemos para pensar quien lo planteó.
En una sociedad tan atomizada,
tan dividida, donde seguimos creyendo que somos tres millones de
técnicos de fútbol y hay tres millones de partidos políticos, se
hace muy difícil lograr objetivos comunes. Por eso, con tan
poquito, la mayoría de las veces nos ganan. Estos días leí una
entrevista al español Rafael Nadal, número dos en el ranking
mundial de tenis, deporte individual por excelencia. Nadal
reconocía que con su forma de jugar, donde la furia española
aparecía dentro de la cancha, es probable que haya avanzado en
el ranking. Agregaba que le faltaba aprender mucho y mejorar su
técnica para llegar a ser el mejor jugador del mundo y que hoy
estaba muy lejos de ese objetivo. Sentenciaba la entrevista
señalando que hoy en día, “ sólo con garra no alcanza”.
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