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Leer artículo Es hora de reparar una injusticia
Ariel Ferrari
Jodete, Juan Copete
Raúl Legnani

Jodete, Juan Copete
por Raúl Legnani

Con extrema lentitud, con marchas y contra marchas, se sigue discutiendo, no se sabe donde, la posibilidad de que se vote una ley que permita a muchos uruguayos, ex presos y ex exiliados, acogerse a una jubilación.

Muy pocas cosas se saben sobre esta vieja reivindicación, de la cual los grandes y tradicionales medios de comunicación no hablan. Aunque seguramente lo hagan el día, que todos esperamos que no llegue, en que surja algún tipo de discrepancia entre los perjudicados por la dictadura y el gobierno nacional. Ahí si, apuesto lo que quieran, en que dirán que hay un nueva “crisis” en el campo de la izquierda y el progresismo.

Hay proyectos de ley elaborados por dos organizaciones que nuclean a los ex presos y a los ex exiliados, hay voluntad del presidente Tabaré Vázquez de atender este problema, pero en algún rincón del poder del Estado el tema se tranca y se complica.

Mientras tanto hay mujeres y hombres que defendieron la democracia que están perdiendo sus trabajos o que los están por perder y que ven cada vez más lejos la posibilidad de acceder a una jubilación. En relación a esta materia que es parte de la brega por hacer justicia y defender los derechos humanos, el sistema político ha sabido corregir situaciones de injusticia pero en muchos casos para aquellos que ya disfrutan de sus jubilaciones. Se olvidan que en este caso hablamos de gente que no tiene nada, cuando no tiene enfermedades, falta de vivienda o de capacidad para darle una mano a sus hijos.

Si alguien cree que no atender este problema es un asunto menor, se equivoca y feo porque está ante gente que tiene afectos y compromisos con todo el proceso de cambio que está viviendo el país. Ignorar esta situación o posponerla en el tiempo sería una actitud de mal gusto, de falta de sensibilidad, carente de un talante de justicia mínima.

Hasta ahora los perjudicados por la dictadura en su carrera laboral, han demostrado paciencia. Seguramente lo seguirán haciendo porque es gente que entiende de los procesos políticos, en tanto fueron modestos gestores de una nueva realidad que vive el Uruguay.

Pero si esto sigue como está, la herida – seguramente silenciosa – se profundizará y se volverá irreversible. Para que eso no ocurra hay que exhibir ante la sociedad disposición para resolver una situación que es crecientemente angustiante, porque a la vejez no se la calma con discursos y con actitudes nada buenas.

Eliminemos el “Jodete, Juan Copete” y atendamos, de una buena vez por todas a mujeres y hombres que solo quieren transitar el camino a la muerte con un mínimo de protección, una protección que no es una dádiva, sino que por ella aportaron – y lo siguen haciendo – todos los días.

Es de esperar que en las próximas horas, a la vez que se atienden los grandes problemas de esta sociedad, se asuma una actitud de respeto para los involucrados en ésta problemática, que no puede ser aplazada para un mejor momento, que hasta ahora nunca nadie ha sabido decir como sería.
Confiados que con las reservas éticas y morales del progresismo uruguayo, que están absolutamente intactas, se encuentre el camino para llegar a buen puerto, para que haya un poquito más de esperanza.

Si fuimos capaces de tirar la dictadura, de soportar el “encierro, el entierro y el destierro”, como decía Carlos Quijano, también seremos capaces de lograr fórmulas para que los ex presos y ex exiliados se puedan jubilar en condiciones dignas. Para que la democracia les diga que no fueron olvidados, por siempre.

* Periodista, ex exiliado.

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