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Ha muerto Julián Marías,
pensador y hombre digno
Héctor Valle |
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Premio Nobel
de
Literatura 2005
Harold
Pinter,
conciencia y dignidad |
Ha muerto Julián Marías,
pensador y hombre digno
por Héctor Valle
El Tiempo
tiene color de noche.
De una noche quieta.
Sobre unas lunas enormes,
la Eternidad
está fija en las doce.
Y el Tiempo se ha dormido
para siempre en su torre.
Nos engañan
todos los relojes.
El tiempo tiene ya
horizontes.
Federico García Lorca
Vivirá
mientras mundo haya, en el recuerdo que es su ejemplo de vida,
un hombre que pensó desde la dignidad humana ejercida en su
propio accionar a lo largo de 91 años de vida biográfica como
gustaba de decir este español sin par.
Sin grandes son las distancias filosóficas que separan a quien
esto escribe del maestro hoy recordado, grandes son también el
respeto, la gratitud y el trabajo que deja para todos nosotros
un hombre que supo ser veraz, valiente, noble y profundo en
todas las fases –y vaya que las tuvo difíciles- de su
existencia.
Este pensador que tuvo por maestros a los grandes filósofos de
la España contemporánea: Xavier Zubirí, Manuel García Morente,
pero especialmente con José Ortega y Gasset con quien fundó, en
el año 1948, el Instituto de Humanidades en Madrid, deja tras de
sí una vasta obra y una vida ejemplar dedicada a mostrar cómo la
persona humana puede ser proyectiva, cómo las gentes tienen en
sí mismas las herramientas para modelar un mundo más justo y
humano y cómo es posible ser grande sin recurrir a acciones
innobles.
Tomando a la filosofía, a ejemplo de su maestro Ortega, como un
saber radical, a la vez que sistemático y circunstancial, su
magisterio estuvo dedicado a enseñar que es explicar esta
aparente incompatibilidad. Esta aparente incompatibilidad se
explica desde la vida misma por cuanto esta engloba las tres
características apuntadas.
Él, como Ortega, bregó por una vida como razón. Razón vital como
realidad, en tanto necesitamos saber a qué atenernos y razón
vital como método, por cuanto nos permite orientarnos en nuestro
proceso de vida. Así entonces la expresión orteguiana “razón
vital” dice de una razón constitutiva de la vida; vida, pues,
que no puede entenderse, en tanto vida racional, pensada,
proyectada, sino la razón en sí misma actuando.
Marcó un sendero en pos de la comprensión mayor del otro, ese
otro que me excede, que me rebasa, que presenta ideas e
incoherencias tan iguales como diferentes a las mías y que por
ello para ir por su esencia, para entenderle, que es
aprehenderle interiormente, en su mismidad, debo considerarlo
sin dogmas ni preconceptos. Tal la huella que este honorable
filósofo español ha dejado nítidamente marcada en un Occidente
que precisa cada día más de un pensar reflexivo y meditativo.
Como todos sabemos, el problema no es la muerte sino el morir. Y
Julián Marías murió en paz con su conciencia, con sus afectos,
con sus responsabilidades desde el atreverse a ser, desde una
razón vital aleccionadora y proyectiva, como le gustaba decir al
miembro de la Real Academia Española, que lo fue pese a Franco,
su enemigo.
Fue un señor de su propio y personal espíritu como de nuestro
tiempo; de todos los tiempos.
La vida humana es inseguridad, pero nunca debe serlo en su
totalidad, decía Marías. Decía, por ejemplo, en una conferencia
proferida en la ciudad de Madrid, en el año 1999, que “El hombre
necesita no tener una total inseguridad; que sea radical es una
cosa, que afecte a su raíz es inevitable. Que la inseguridad sea
total, es otra cosa. El hombre piensa, el hombre necesita
pensar, el hombre necesita razonar, porque necesita saber a qué
atenerse. Porque en esa inseguridad que lo rodea, y que lo
constituye, insisto yo, tiene que proyectar, tiene que elegir,
tiene que hacer algo en cada momento, y para eso necesita saber
a qué atenerse. Por consiguiente, necesita certidumbres.”
Certidumbres que se obtienen desde el proyectar, desde el
atreverse a ser, a pensar, a “pasar adelante”, a ser auténticos.
Y a no escondernos en lo gris de la mediocridad.
Para Julián Marías el hombre es además persona. Y la persona es
la vida humana que futuriza, repito, que proyecta, es alguien
orientado, decía el maestro, hacia el futuro. A la persona no le
basta la observación, tampoco el análisis, le hace falta
imaginar.
La realidad humana, enseñaba Marías, la realidad personal, es
algo que es menester imaginarla puesto que la persona es algo
que va más allá. Es poder ser más. Se trata de no cosificarse.
Él que tanto gustó de la obra de García Lorca, supo también, en
la prosa, poetizar al hablar de la luz y la oscuridad, del día y
de la noche, del anochecer y del amanecer. Como momentos
personales, claves y cotidianos en el proyecto de vida de cada
uno de nosotros.
La expectativa de cada mañana, decía Marías, argumentando y con
esto cierro este saludo a su esencia, que el proyecto cotidiano
es el más importante, la clave de todos los demás. Del mismo
consiste la riqueza de la vida, porque la vida para Julián
Marías, es una continuidad articulada. Se vive por pasos
contados, decía quien ahora camina la senda de los inmortales.
1) García Lorca, Federico, Obras
completas, Editorial Aguilar, Tomo I, Meditación
primera y última, Pág. 675.
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