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Segundo
Paso
Bertolt Brecht y la verdad
La inteligencia necesaria
para descubrir la verdad
por Héctor Valle
La reforma de la conciencia sólo
consiste en hacer que el mundo cobre conciencia de sí mismo, en
despertarlo de la ensoñación que de sí mismo tiene, de
explicarle sus propias acciones. Y la finalidad por nosotros perseguida no puede
ser, lo mismo que la crítica de la religión por Feuerbach, otra
que presentar las cuestiones políticas y religiosas bajo una
forma humana consciente de sí misma.
Karl Marx[i]
El
dramaturgo alemán nos dice, al intentar dar este segundo paso, que
tampoco es fácil la verdad, por lo menos la que es fecunda. Porque,
agrega Brecht, el haber resuelto nuestra primera dificultad, que
nosotros enumeramos como los pasos necesarios para presentarnos ante lo
verdadero, da cierta dificultad de conciencia. Con esto se refiere a la
tentación de escudarnos en “antiguas supersticiones” como en “axiomas
célebres a veces muy bellos” pero que en definitiva, unas como otros,
nos separan de una búsqueda honesta y valiente que las más de las veces
tiene como precondición el valor de atrevernos a mirar más allá de lo
obvio, de lo permitido, de lo que “el sentido común” indica como
“oportuno” o “transitable”.
Oigamos al propio Bertolt Brecht: “Me permito decir a todos los
escritores de esta época confusa y rica en transformaciones que hay que
conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia. Tales
conocimientos se adquieren en los libros y en la práctica si no falta la
necesaria aplicación. Es muy sencillo descubrir fragmentos de verdad, e
incluso verdades enteras. El que busca necesita un método, pero se puede
encontrar sin método, e incluso sin objeto que buscar. Sin embargo,
ciertos procedimientos pueden dificultar la explicación de la verdad:
los que la lean serán incapaces de transformar esa verdad en acción. Los
escritores que se contentan con acumular pequeños hechos no sirven para
hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene
otra ambición. Por consiguiente esos escritores no están a la altura de
su misión.”
Tan simple como eso y sin embargo, tan difícil para muchos.
Por eso el epígrafe que acompaña este segundo paso, la cita de esta
importantísima misiva que escribiera en su momento Karl Marx. Más allá
de su contenido, lleno de sentido, quise colocar el propio nombre de
Marx por cuanto debemos empezar por reconocer que demonizando personas y
términos como muchas veces sucede, y con Marx tenemos un ejemplo
acabado, nada haremos por proseguir la senda y mucho sí lograremos en
angostar nuestro espíritu, nuestro entendimiento y nuestra propia
relación con los otros si, habida cuenta de lo que muchas veces ni
siquiera fue razonado por nosotros, la emprendemos demonizando personas
y expresiones, abroquelándonos en supuestas verdades de puño, rechazando
así el empleo de la razón sensible, instrumento idóneo para la obtención
de sentido humano en la vida del hombre.
Este paso que en apariencia, quizá por su contenido específico, resulte
breve en realidad es enorme y solamente gigantes de espíritu pueden
animarse a darlo. La grandeza de saber ver en los otros, quizá en el
propio Marx, no a un demonio, sino a un gran pensador filosófico que
atendió, en lo social, con sus luces como con sus sombras, una búsqueda
honesta y profunda de sentido y proyección vital.
Podemos decir lo mismo de otros pensadores, pero hoy lo digo de este tan
vilipendiado y a la vez tan ignorado por los clérigos ignorantes de un
dogma que colapsa.
No colapsemos nosotros, que para leer a Marx no hay que ser marxista.
Tan sólo hay que ser humano. Luego veremos. Discutamos, dialécticamente,
dialógicamente, si me permiten, pero siempre en diálogo no en monólogo.
Sí al diálogo pues y un no rotundo al soliloquio de mentes sin
conciencia.
A su vez, Brecht nos habla de la importancia del método en la obtención
de resultados ciertos cuando vamos en procura de lo verdadero, más allá
que lo realmente vital es la voluntad de encontrar, es decir de estar
abiertos a las diferentes realidades que se vayan presentando, pero
desde la incorporación como sistema de búsqueda de un método todo lo
riguroso que nos permita prevenirnos de falsos hallazgos como de vanas
ocultaciones y, desde luego, del peor enemigo cuando uno procura lo
cierto: nosotros mismos.
El paso a dar es profundo si bien aun nos esperan los tres restantes.
Atrevámonos. Es posible.
Para conocer la 1º Parte ingrese aquí:
http://www.uruguay2030.com/LaOnda/LaOnda/282/A5.htm
[i] Marx, Karl
– Carta a Arnold
Ruge, septiembre de 1843
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