|
Brasil con capacidad de enriquecer uranio;
No dispongo del conocimiento técnico necesario, como diplomático, para discurrir sobre las dificultades científico-tecnológicas que enfrentamos. Soy testigo, con todo, de innúmeros casos en que programas estratégicos de Brasil – como el programa espacial o de propulsión naval – tuvieron su acceso a materiales y equipamientos externos denegados por gobiernos extranjeros.
Explorando las ambigüedades de las reglas de no-proliferación de armas, las grandes potencias actúan, también en nombre de sus intereses, tanto estratégicos como comerciales, para mantener un oligopolio internacional en sectores de punta. Es desde esta óptica que, creo, es preciso considerar la reciente propuesta de miembros del secretariado de la Agencia Internacional de Energía Atómica de colocar bajo control multinacional las actividades de enriquecimiento de uranio. ¿Será entonces que las grandes potencias cederán a la comunidad internacional el control de sus fábricas de uranio enriquecido?
Puestos a prueba, con todo, la ciencia y los cuentistas brasileños dieron muestra de su ingenio, al desarrollar una tecnología propia y extremadamente avanzada.
Gracias a su inteligencia y persistencia, Brasil dejará en pocos años de ser importador dependiente, pasando a ser uno de los más competitivos proveedores de uranio enriquecido en el millonario mercado internacional. Para enriquecer uranio a 4% (un porcentaje necesario para abastecer una usina, pero muy por debajo del necesario para hacer una bomba), EE.UU. y Francia, que detentan la mitad del mercado mundial, consumen cerca de 13.250 kWh/kg, mientras que nuestro proceso exige apenas 530 kWh/kg. Nuestros cuentistas crearon una nueva ventaja comparativa y un nuevo sector dinámico en la economía brasileña.
La política internacional planteó desafíos tan grandes, e incluso mayores, que los técnicos. Es clásica la presión que ejercen las grandes potencias a favor del desarme de la periferia – no solo militar, sino también científico-tecnológico, tarifario, etc, con vistas a preservar su diferencial de poder, riqueza e influencia. En 2004, una serie de sospechas con respecto al programa nuclear brasileño fue estimulada por la prensa internacional, alimentada por desinformaciones, a veces endógenas. Al revés de preguntarse “quo bono?”, algunos sectores de la prensa brasileña se hicieron eco de aquellas sospechas. Era precisamente lo que esperaban los anónimos autores de la campaña: poner a la sociedad brasileña en contra del proyecto de su gobierno y forzar el cambio de posición de Brasil en las negociaciones con el secretariado de la Aiea.
La campaña se frustró por la competencia de nuestra diplomacia y por la visión de los intereses nacionales de diversos liderazgos políticos. Itamaraty y el Ministerio de Ciencia y Tecnología concluyeron con habilidad y firmeza la dificilísima negociación con la Aiea. Como una democracia madura y transparente, al día con sus obligaciones internacionales, Brasil no comprometió su derecho de desarrollar todo tipo de actividad nuclear para fines exclusivamente pacíficos, en los términos del artículo 4º del Tratado de No-Proliferación.
La actuación de nuestra diplomacia fue también un instrumento para desenmascarar la actitud maliciosa contra Brasil y reiterar nuestras credenciales de actor responsable. Nos movilizamos para recordar al resto del mundo que el compromiso de Brasil con la no-proliferación nuclear data del Tratado de Tlatelolco (1967), que creó el “área libre de armas nucleares” en América Latina; que la Constitución de 1988 formalizó la decisión de nación brasileña de prohibir las armas nucleares; que Brasil es uno de los más activos defensores del desarme nuclear. Obtuvimos de dos secretarios de Estado consecutivos de los EE.UU., Colin Powell y Condoleezza Rice, claras declaraciones de confianza en los fines pacíficos del programa nuclear brasileño.
Nuestra mayor vulnerabilidad habrá sido en la interna. Aliándose a los intereses extranjeros, tal vez por puro descreimiento en la capacidad y en el futuro de Brasil, algunos sectores defendieron que el gobierno cediera a las exigencias. No correspondería aquí citar nombre, pero tal vez valga la pena recordarles los argumentos: pequeño y débil, según ellos, Brasil no debería comprar una pelea con el secretariado de la AIEA y, supuestamente, las grandes potencias, aunque esto significase sacrificar el proyecto nuclear; quedaríamos aislados internacionalmente y podríamos sufrir sanciones; deberíamos temer a nuestros propios sectores militares; la energía nuclear sería antiética y antieconómica; deberíamos, en síntesis, aceptar que nuestro lugar es en la periferia. Hoy, estas mismas voces, defienden que Brasil ponga su fábrica de combustible nuclear bajo control multinacional. Cuánta falacia!
Es preciso extraer una importante lección para el futuro. Como enseñó el presidente de la República durante la reciente graduación de diplomáticos en Itamaraty, Brasil debe tener un proyecto de desarrollo y, sobre todo, perseguirlo manteniendo la cabeza erguida. Brindo mi homenaje a todos aquellos que, de alguna forma, contribuyeron en la concreción del proyecto nacional de enriquecimiento de uranio en Brasil. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte
Mas sobre el autor: LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |