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La captura del “gil” fortaleció al
gobierno, que no daba pie en bola
Raúl
Legnani |
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El honor de la palabra
Raúl
Legnani |
El honor de la palabra
por Raúl Legnani
El
general Carlos Díaz se lamentó desde las páginas de LA REPUBLICA
de que las Fuerzas Armadas hayan sufrido "tres o cuatro días de
vergüenza" por la fuga del coronel Gilberto Vázquez, capturado
el pasado viernes.
A
la vez contrastó la actitud de los otros militares detenidos y
prontos para ser extraditados, con la de Vázquez. "Los hechos
demostraron que es gente que cumple (con su palabra) y le es
claro al Ejército eso", comentó, para agregar que "para nosotros
(los militares) es fundamental que los oficiales tengan palabra
de honor".
Todo esto vino a cuento porque el general Díaz intentó explicar
por qué estaban detenidos en unidades militares, propuesta que
había sido sugerida por él. Dijo, en este sentido, que "no tenía
por qué dudar en lo más mínimo de que ellos no fueran a cumplir"
con la palabra empeñada. Luego de lo ocurrido y con el diario
del lunes en la mano, es claro que al no cumplir con su palabra
de que no iba a fugarse, a Vázquez le quitó posibilidades de
encontrar algún interlocutor válido dentro del Ejército,
institución que se desmoronó anímicamente.
A
la vez todo este incidente deja un mar de dudas sobre el alcance
de los códigos de honor de los militares, quienes se indignan
cuando entre ellos se viola la palabra empeñada, pero algunos no
parecen indignarse cuando un militar viola la Constitución de la
República, participa de torturas, de secuestros y de crímenes.
Es que en todos estos días no hemos dado cuenta del mal que ha
hecho la teoría de los dos demonios, que se sustenta en que
todos fuimos responsables de la tragedia uruguaya de las décadas
del 70 y de comienzos del 80. Con esa concepción es explicable,
aunque no compartible, que un general pida que sus camaradas de
armas sean detenidos en una unidad militar y no en una cárcel;
eso explica, aunque sea rechazable, que el comandante en jefe
del Ejército vaya a conversar con los prisioneros vips sobre su
posible futuro. Por delante las Fuerzas Armadas tienen el
desafío de volver a comprometer su palabra con la Constitución,
con la paz, con la vida y, a la vez, tienen que dejar de mentir
sobre la suerte de los desaparecidos. Es de esperar que el
código de honor militar los lleve a decir la verdad, que es la
única forma de hacer respetar la palabra de la institución, para
así "evitar la vergüenza al Ejército".
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