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Exportar capitales e invertir
en el exterior, no significa
ser imperialista
Luiz Alberto Moniz
Bandeira
Premio Juca Pato 2005 |
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Premio “Juca Pato” 2005
Honor a un gran sudamericano
Héctor Valle |
Premio
“Juca Pato” 2005
Honor a un gran sudamericano
por Héctor Valle
La Unión Brasileña
de Escritores acaba de otorgar el premio “Juca Pato” al
intelectual del año 2005 al pensador Luiz Alberto Moniz
Bandeira.
La disertación que
profiriera el Profesor Moniz Bandeira en tal ocasión, es la que
sigue a continuación de esta breve nota introductoria.
Disertación ésta que
si bien es una pieza digna del mejor análisis, consideramos que
más importante vuestra propia lectura y reflexión y por ello,
hoy, nos abstenemos de realizarlo.
Valga apenas el
manifestar, como sudamericanos, como periodistas y, si se nos
permite, como hombres y mujeres a quienes - como a usted lector,
lectora- nos ocupa la cultura, la cultura teórica, como
recordara tan bien Carlos Vaz Ferreira, en Moral para
Intelectuales.
Así, Moniz Bandeira,
representante de la alta cultura, de la estirpe de los seres
humanos a quienes la vida más que visitar se instaló para
quedarse en la plena conciencia crítica, un modo de la
autoconciencia -recordando a Hegel-, hoy como ayer, celebra la
vida y en ella, este galardón que su nación le otorga pero que
todos los sudamericanos, hermanados en la causa superior de la
construcción de un espacio de vida digna, también saludamos con
especial sentimiento de gratitud, de fraternidad y de esperanza.
Hace pocas semanas
tuve el privilegio de estar con el hoy laureado escritor, en la
histórica y no menos bella ciudad de Río de Janeiro, habida
cuenta de estar preparando, con atrevimiento sólo comparable a
la determinación que me anima, su biografía analítica.
Nos encontramos en
un sitio memorable y a una hora serena de una tarde carioca. La
intención, como dije, era entrevistarle para conocer de sus
labios, ese aspecto tan central como básico cual es el saber de
sus antepasados como de su propia circunstancia de vida.
Incluso en tal
ocasión, el Profesor Moniz Bandeira, a quien, como hijo de esta
tierra oriental, llamo de Maestro -en mérito a que para un
uruguayo que tiene por faena el pensar no hay título superior al
de Maestro-, supo dar una lección más al definir, en un
determinado momento, aquello que lo animó a crear esa obra
monumental que tiene por nombre “La Formación del Imperio
Americano”.
El Maestro
manifestó: “Yo estudio procesos”. Con lo cual advertía sobre la
vastedad y profundidad de la tarea emprendida y culminada con
especial suceso, en tanto fue la que propició el otorgamiento
del citado premio.
Obra que, conviene
acotar, no tiene ni fue animada por sentimientos menores, hablo
de una prédica dogmática o contestataria, por ideología o por
etnocentrismo, bien como tampoco por voluntarismos nacidos de
espasmos reflexivos.
Por el contrario,
fue la construcción de un arquitecto que se tomó cincuenta años
para obtener información, cruzarla, abundar en fuentes,
reflexiones y así, poco a poco, dar forma acabada a esta pieza
que, sin duda alguna, resulta ser una de las más memorables
creaciones del pensamiento sudamericano de los últimos 75 años.
La vida misma del Maestro Moniz Bandeira es merecedora de ser
estudiada como un proceso, sea por su producción académica,
literaria y poética, bien como por su acción vital, cotidiana,
en todos los órdenes y ámbitos del acontecer humano.
Porque Moniz
Bandeira ha sido y es, compréndase bien: un hombre coherente.
Coherente entre lo que piensa y hace, entre lo que pensó e hizo.
Más aun: en el acierto como en el error, él supo ser y sigue
siendo, un hombre de honor y también un hombre de conciliación.
Un hombre que aceptó, sin mencionarlo, dejar en el pasado el
dolor que pudiera haber vivido –y que vivió, sin duda, en
aquellos difíciles años de las décadas del sesenta y setenta- en
aras de aproximar su aporte a la causa superior de un pueblo
indisolublemente ligado a la suerte de los restantes pueblos de
la región.
Cuando por estas
horas, cada quien en su lugar, sea en el Uruguay, en el Brasil,
en la Argentina como en el Paraguay y más allá aun, mira y
suspira hacia un horizonte que presagia tormentas, quizá valga
la pena volver la vista hacia el interior de nuestro espacio
sudamericano y aprender, por ejemplo de este hombre, cómo se
conjuga la esperanza, asociada al trabajo, a la reflexión y, por
sobre todo, a la solidaridad desde el llano y para el porvenir.
Ahí, tal vez, cuando
volvamos la mirada al horizonte, veamos que entre las nubes hay
rayos de luz. Irradiaciones de un mañana venturoso que sólo
tendrá lugar si en este hoy tan crítico, nos ponemos de pie y
vamos en pos de nuestra responsabilidad. Hablo de la
responsabilidad social.
En este sentido,
amigas y amigos, el Maestro Moniz Bandeira nos aportará, para un
tránsito tan difícil, una herramienta fundamental: la histórica,
pero la que nos acerca el estudio de procesos sin cuyo
conocimiento jamás podremos construir el porvenir tan anhelado
por todos.
A ustedes, buena
lectura, y al Maestro Moniz Bandeira, el saludo a la manera que
gustaba llamar José Artigas a los habitantes de la hoy América
del Sur.
Maestro, ¡los
Americanos del Sur le saludan!
LA
ONDA®
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