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Que Gardel es Maradona,
no tenga dudas

por Joselo González

Estimado Zapiola,

 

Primero que nada debo agradecerle sus orientadores trabajos sobre nuestra realidad. Cada nota suya en La ONDA digital es un cable a tierra para todos nosotros. Después reconocer mi error al situar México en el llano y Guadalajara en la altura. Imperdonable porque viví en el D.F. –en la Villa Olímpica– y todavía tengo familia allí (uso el demostrativo cercano porque a México lo siento así). Debí decir que Uruguay bajó a Guadalajara cuando le tocaba a Brasil, por calendario prefijado, subir al Azteca. Pero estamos de acuerdo en que el Brasil de Pelé nos “robó” ese mundial en la FIFA.

 

Y antes de entrar en materia, un par de puntualizaciones:

1) Aunque no hace a la polémica, le cuento, don Guillermo, que soy de los que no puede escuchar el programa 13 a 0, porque cuando oigo en su cortina de apertura que “los admiran a Maradona por lo que hizo adentro de la cancha y no afuera, tienen el decodificador para escuchar este programa” yo tengo que correr el dial, porque no tengo el decodificador. Y no solo ni tanto por las opciones explícitamente políticas que hizo Diego (que tampoco le salieron gratis), sino porque (aunque tiene una enorme deuda con su hijo que espero algún día rectifique y la salde) formó un sindicato internacional de futbolistas, denunció a Havelange por tráfico de armas, pleiteó por la superexplotación económica de los jugadores por la televisión que los hacía jugar al mediodía con cuarenta grados y ganó. Y fue el único famoso que cuando cayó preso por drogas junto a dos desconocidos, declaró que la había cortado él y a la postre, ha salido constantemente en los medios de comunicación hablando contra las drogas, contando el perjuicio que le causaron.

 

Si sigue habiendo derecho a soñar con un mundo donde ni siquiera en el fútbol las cosas valgan más que los seres humanos que las producen, se lo debemos también, en parte, a Maradona y a Zidane. Pero no es por eso que los considero los mejores futbolistas. Para mí, los mejores técnicos de los mundiales filmados son Rinus Mitchels y Carlos Salvador Bilardo y no coincido, en casi nada, con ninguno de los dos afuera de la cancha.

 

2) Usted argumenta que Pelé era completo y Maradona no.

Zidane es más completo que Pelé. No solo es ambidiestro, hábil, técnico, cabeceador, pasador, elegante, excelente lector del partido, sino que además marca y lo hace con una técnica de marca casi tan depurada como la de Thuran o Makelele o Cannavaro. Pero yo creo que Maradona es mejor que Zidane porque Maradona es un genio. Y si el fútbol es, como lo definió Dante Panzeri, “la dinámica de lo imprevisto”, el mejor futbolista que quedó filmado es el Pelusa. Sin duda alguna.

 

Y ahora al grano. Los mundiales están filmados íntegros desde 1958 hasta hoy. De antes solo pude ver algunas secuencias del 54 y la película del mundial del 50 que exhiben en el Museo del Fútbol, que alcanza a recopilar unos treinta minutos de filmación. A mí también me juraron por todos los dioses que el mejor futbolista de cualquier época fue Scarone (don Osvaldo Heber Lorenzo me lo aseguró de un modo tan categórico, que no me animé a pedirle que lo argumentara). Pero, como usted, yo tampoco vi jugar a Scarone y sobre si fue mejor el fútbol de antes o el de ahora, opino lo mismo que Obdulio Jacinto Varela. “Era mucho mejor el fútbol de antes”, dijo Obdulio. “¿Por qué?”, le preguntaron. “Porque yo era más joven”, contestó.

 

El que me dijeron Óscar Omar Míguez y Julio Pérez que fue el mejor jugador del equipo de Obdulio, Juan Alberto Schiaffino, una tarde de invierno de 1994 me explicó que cuando él llegó a Italia, cuarenta años antes, el técnico del Milan medía lo que corría cada jugador por partido, que esas mediciones se siguieron haciendo y daban que, promedialmente, un jugador del 94 corría cinco veces más que el del 54. Hoy debe correr, por lo menos, seis veces más (por su mejor preparación física, pero sobre todo porque se lo requieren las actuales tácticas). Es decir que las canchas son seis veces más chicas. Es decir que el jugador tiene seis veces menos espacio para lucir sus habilidades. Esas jugadas de bordadora que le vemos a Maradona en sus mundiales no tienen comparación entre las que están filmadas. Lo más parecido son los sucesivos regates de Garrincha, siempre en su punta. Pero Maradona las hizo en espacios mucho más reducidos. Si la distancia entre lo que le veo a Maradona y a Zidane no fuera tanta, diría que Zidane lo superó. 

 

El formalismo truculento que queda es que Pelé ganó más mundiales. Pero mal.

En el 90 sí que lo robaron a Maradona. Ya en la Liga italiana, donde Diego, como no hay nada comparable, sacó con diez más, tres veces campeón (y campeón de Europa), a un cuadro chico del Sur, que nunca más figuró, lo estaban matando a patadas para sacarlo del Mundial. Entonces se escapó del campeonato y se escondió en Corrientes hasta que empezara el Campeonato. Igual lo machacaron y tuvo que jugar casi todo el torneo con el pie izquierdo más grande que el zapato, porque no había con qué deshincharlo. Calzó un número más y desatado y aún así fue el decisivo para llegar a la final, con el apile y el pase de gol contra Brasil y la definición (sobrando, porteño, pero los napolitanos deliraban y Garibaldi se revolvía en su tumba), comiéndole el hígado a Havelange y a la televisión italiana (Pelé jugaba en el cuadro de Havelange; ganar con el caballo del comisario es fácil; el tema es cuando te echan hasta al kinesiólogo como a Argentina en aquel Mundial y Codesal tiene que inventar un penal, porque si no, deshecho, con diez suplentes y Maradona rengo, Argentina lo ganaba por penales). 

 

Y llegó el Gran Mundial de Maradona, el de la efedrina. El jugador decisivo fue Romario, el crack brasileño que se animó a decirle a la BBC que Maradona fue mejor que Pelé. Y el propio Romario sabe que alcanza con mirar los dos partidos que jugó Diego y hacer la proyección lógica para comprender que estábamos ante el mejor mundial del Pelusa. Y todos los que están en el juego saben que la orwellliana conferencia de prensa con que la FIFA escenificó la expulsión de Maradona como si fuese la Asamblea de las Naciones Unidas anunciando la paz definitiva en el mundo, fue una terrible farsa. No porque Maradona no se haya dopado para mejorar su rendimiento. No se sabe, no se puede asegurar, ni de él ni de ningún deportista, ninguna persona, en ninguna circunstancia, en ninguna competencia de este mundo. Ya que es lógico pensar (pongámoslo así) que la droga está diez años por delante del antidoping (el doping paga mucho más). Sino porque sí se sabe, y se puede asegurar, que para mejorar su rendimiento deportivo no se drogó con efedrina.

 

Pero el show de ese mundial, lo que le hizo ganar la televisión norteamericana (negocio supremo del mismo, en un país donde el fútbol ni fu ni fa), fue precisamente la sustancia hallada en la orina de Diego. Por la misma sustancia, en el Mundial del 86 al español Calderé lo suspendieron un partido. A Diego lo retiraron del Mundial, del fútbol y casi de la vida. En la orina del brasileño Zetti y del boliviano Rimba en las eliminatorias de ese mismo Mundial, encontraron trazas de cocaína. La FIFA aceptó que fue producto de un té de coca (algo así como que te tomes un Zolben y salga anabólicos esteroides) y apenas los multaron. Pero ni Zetti ni Rimba ni Calderé ni Maradona tomaron nada para doparse. Schumacher, el golero de una selección alemana campeona del mundo, declaró que a todo el equipo lo “pinchaban” (no salía en el control). Lo mismo declaró Julio Jiménez de todos los clubes con que jugó la Libertadores. Tampoco salía el esteroide anabolizante que se daba Ben Johnson, según confesó, desde diez años antes que el antidoping lo detectara en Seúl. Y le habían hecho controles en Estados Unidos y en todo el mundo. Al contrario: Si alguien resistió “que me sigan tratando como a las máquinas de Fórmula Uno que son los futbolistas en Europa” se llama Diego Armando Maradona. No le cortaron las piernas porque no lo alcanzaron –Maradona vivió siempre en otro cielo y en otro infierno–. Pero si le hubieran impedido a Hemingway seguir escribiendo después del desarrollo de París era una fiesta, todos hubiésemos sabido, con leer los primeros capítulos, que nos habían robado el final de su mejor novela.

 

En comparación con Pelé, un par de definiciones bellas dentro del área, nada más. El mejor jugador de los mundiales 58 y 62 fue Garrincha. Que en el segundo Pelé no haya podido jugar no incidió en el resultado. Sí incidió que en el 58 no jugaran los mejores futbolistas de aquel año, Sívori, Angelillo, Schiaffino y Abaddie. En el 66 nos robaron a todos, es verdad, a Brasil también. Pero yo dirimo por las competencias entre nosotros. Uruguay fue campeón sudamericano de ese bienio y Peñarol de América (y del mundo) de ese año. A Pelé en el Centenario lo borramos como siempre. Ese año Santos no llegó a definir la Copa. Dicen que el mejor equipo era el River Plate de Ermindo Onega, pero el mejor fue el Peñarol de Rocha porque le ganó bien la final. El año anterior, el 65, sí llegó Santos a definir en semifinal con Peñarol y el partido decisivo fue en el monumental de Núñez. Ganó Peñarol y la tapa de El Gráfico fue con Pelé de espaldas y Sasía de frente: “Fuimos a ver un a 10 y terminamos viendo a otro”. En el 70, en mi opinión, en la de Maradona y también en la de Rivelinho, el mejor jugador brasileño era éste y el decisivo fue Jair. En cambio cuando Maradona ganó, ninguno de sus compañeros puso en duda que el equipo era Diego y diez más. A menos que tomemos en serio lo que dijo el Negro Enríquez cuando fue a festejar con Maradona el gol que les hizo a los ingleses con la mano (el segundo; el primero fue con el puño), “¡qué pase que te di, Pelu!”.

 

Se la había dado en la mitad de la cancha y de toque corto.

Sinceramente, esa de “Pelé o Maradona” ya es una polémica vieja. Como aquella que muchos planteaban en los años cuarenta y cincuenta, “¿Gardel o Magaldi?”. Dentro de sesenta años, a lo sumo se seguirá discutiendo si Maradona nació en Toulousse o en Tacuarembó.

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