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Las Madres de la Plaza:
una iniciativa de interés
Fernando Rama |
Las
Madres de la Plaza
Una iniciativa de interés
por Dr. Fernando Rama
Hace algunas semanas un grupo de madres comenzó a reunirse en
una de las plazas de la capital con el objetivo de denunciar las
“bocas” de distribución de “pasta base”. Por esos días un
estudio realizado por un grupo de investigadores de la Facultad
de Química dio a conocer resultados según los cuales dicho
producto, de amplia distribución en nuestro medio, contiene
substancias neurotóxicas específicas, diferentes a otros
componentes de la “pasta base” cuya capacidad de dañar el
sistema nervioso es conocido desde hace tiempo.
Algunas repercusiones de esta iniciativa de las madres llaman la
atención. Por un lado los medios de comunicación se han limitado
a darle difusión al hecho, presentando incluso testimonios de
las protagonistas. Pero se ha registrado, a mi juicio,
reticencia en cuanto a analizar el fenómeno social generado por
una parte de la ciudadanía y escasa opinión relativa al asunto.
Las autoridades y los sectores políticos tampoco han sido
demasiado locuaces al respecto.
En mi opinión se trata de una manifestación altamente positiva,
que debe valorarse no sólo como un acto de desesperación – en
gran medida lo es –, sino como un aporte a la maduración de la
conciencia ciudadana. No obstante creo que es tan interesante la
acción conjunta emprendida por las madres como la reacción
demasiado cautelosa de quienes tendrían algo que decir, y hacer,
al respecto. No se trata de un acto opositor y tampoco es una
actividad oficialista. Es un serio llamado de atención ante una
situación que presenta una gravedad extrema, de la cual la
sociedad es plenamente consciente y que requiere soluciones
institucionales serias y de fondo.
Para algunos de quienes estamos habitualmente en contacto con
los consecuencias del problema la reacción que ha recibido la
iniciativa de las madres se parece un poco al hábito de
estigmatizar a la locura y a todo lo que la rodea, tiene algo de
aquel “no te metás” que en una época fuera el estribillo de los
buscadores de una supuesta identidad uruguaya acompañada, tal
vez, de oraciones destinadas a “que a mi no me toque”.
Es cierto que las madres, como grupo desamparado, cargado de
culpabilidades, colocan el acento en el aspecto represivo del
narcotráfico, que es sin duda un componente clave de lo que
alguna vez tendrá que ser una política seria y coherente. Señalo
esto porque lo cierto es que en el gran tema de combate a las
adicciones – mayormente las politoxicomanías encabezadas por el
alcoholismo se ha operado, desde hace años, con una gran
puntería para el error. La primera cuestión que llama la
atención es que la institución que en apariencia de ocupa del
asunto depende de la presidencia de la República, que es una
idea bastante original, pero que hasta el momento no ha servido
siquiera para medir la alcoholemia a los conductores de
vehículos. El M.S.P., por su parte, sigue empeñado en crear
programas específicos para atender los problemas emergentes, en
este caso la rehabilitación. Se trata de programas diseñados
para cumplir con el objetivo de lograr llenar el ojo, que
seleccionan a los pacientes más favorables para después poder
mostrar indicadores positivos. Mientras tanto han proliferado
diversas iniciativas privadas, en su mayor parte guiadas por
criterios técnicos hechos a medida de objetivos mercantilistas y
ONGs que operan con mucha buena voluntad pero sin poder contar
con el contexto institucional complejo y necesariamente
gratuito, al menos para el usuario, que permite hacer algo que
tenga sentido.
Es imposible erradicar el narcotráfico, pero el combate debe ser
permanente, real, operativo. Sería bueno que, además, ya que no
podemos ahorrarnos los comentarios sobre el fútbol que a diario
nos propinan los conocidos periodistas, pudiéramos al menos
ahorrarnos la publicidad que periódicamente da cuenta de las
incautaciones de drogas. Es imposible rehabilitar a todos los
adictos – se trata, en realidad, de una tarea muy difícil -,
pero al menos las autoridades de Salud Pública debieran diseñar
los indicadores de rehabilitación capaces de medir la eficiencia
de las instituciones públicas, semipúblicas y privadas que se
dedican al asunto. Por supuesto que los indicadores deben ser
medidos por un sistema transparente y que informe a la
población. De lo contrario cada padre que vive este problema
seguirá dando palos de ciego y sufriendo lo indecible.
Ojalá la desesperación de las madres permita, como dicen los
expertos, colocar este tema en la agenda.
LA
ONDA®
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