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170 años del nacimiento del
Rivera hizo entrega de su cargo al presidente del Senado, don Carlos Anaya. Cinco días después fue designado por éste Comandante General de la Campaña, regresando a su querida Villa de San Pedro del Durazno. Volvía así al mismo cargo que desempeñara hasta su ascensión a la Presidencia de la República, el cual carecía de objeto en plena paz, en virtud de las nuevas instituciones político-administrativas del país.
El 1º de marzo de 1835, el Gral. Manuel Oribe fue elegido segundo Presidente Constitucional por el voto unánime de la Asamblea General. A la fecha de su elección gozaba de general prestigio por sus dotes morales, cívicas y militares. Ellas habían sido puestas una vez más de manifiesto en el decisivo apoyo prestado a Rivera contra su antiguo jefe de la Cruzada, Gral. Lavalleja, cuando éste se levantó en armas contra el Presidente legal (1832).
Hombres de distintos bandos políticos, o sin actuación política alguna hasta entonces, rodearon al nuevo Presidente, quien en realidad no había militado en ningún bando y que en la opinión general era considerado como el amigo del orden. En este sentido, y por obra de las circunstancias, se vinculará a Juan Manuel de Rosas, quien también en marzo de 1835 iniciaba su segunda gobernación de la Provincia de Buenos Aires con la suma del poder público.
Por otra parte, había en Montevideo un calificado grupo de unitarios argentinos, emigrados de su país en 1832, durante el primer gobierno de Rosas. Entre ellos, el coronel Juan Lavalle, responsable del fusilamiento del federal Manuel Dorrego a quien Rivera acogió e incorporó a las filas de nuestro Ejército Nacional.
Como es bien sabido, los unitarios y los federales eran enemigos acérrimos. Fue a raíz de las elecciones para alcaldes ordinarios en enero de 1836, que se produjo el primer enfrentamiento entre el Ejecutivo (Oribe) y el Comandante General de la Campaña (Rivera). Después de ello, nuevas desinteligencias entre esas autoridades dieron como resultado la suspensión de la Comandancia General de la Campaña por decreto del Poder Ejecutivo del 9 de enero de 1836.
Se llega a julio de 1836. No quedaron dudas del enfrentamiento que se avecinaba cuando se corrigió la medida con la designación de un nuevo Comandante, Ignacio Oribe, hermano de Manuel. Fructuoso Rivera se alzó en armas contra el Gobierno. Dos bandos se enfrentaban con tendencias bien definidas. El de los amigos del orden, sostenedores de la legalidad, defensores de las leyes, como rezaba la divisa de los partidarios del Gobierno, y el de los liberales, opuesto a éste y vinculado a tendencias análogas en los países limítrofes: los farrapos riograndenses, los unitarios argentinos.
Por decreto de Gobierno de agosto 10 de 1836, toda la población, tanto militares como civiles, debía usar una divisa o un distintivo de color blanco en el sombrero o en el vestido, con el lema "Defensores de las leyes", cuyo color había sido el de las vinchas de los patriotas de 1811.
Por su parte, los revolucionarios adoptaron una divisa color celeste, tomada de la escarapela nacional, que a poco cambiaron por el colorado, según explica don Andrés Lamas del siguiente modo: "El celeste pronto se desteñía por acción del sol o de las lluvias, convirtiéndose en blanco, por lo cual aquella divisa fue confeccionada con la bayeta del forro de los ponchos patrios y chiripaes de color colorado, más firme y resistente a la acción de los agentes atmosféricos. Blancos, y en tono peyorativo "blanquillos", fueron designados los partidarios del Gobierno; colorados y en igual tono peyorativo "anarquistas" o "tiznados", fueron denominados los revolucionarios, quienes a sí mismos se titulaban constitucionales".
Al mes y nueve días del decreto, vale de decir el 19 de setiembre de 1836, los blancos y colorados se enfrentaron en acción de guerra a orillas del arroyo Carpintería, departamento de Durazno, detentando las divisas en sus sombreros. Los adeptos al Gral. Manuel Oribe fueron acaudillados por su hermano Ignacio Oribe, a la sazón Comandante de las fuerzas del Gobierno. Triunfaron las fuerzas legales, quedando sofocada la intentona revolucionaria.
A partir de esta acción, los encuentros guerreros se sucedieron en forma vertiginosa hasta abril de 1872, cuando finalizó la Revolución de las Lanzas, acaudillada por el lancero Timoteo Aparicio, blanco.
En forma sintética digamos que luego de Carpintería sobrevino la Guerra Grande -de 1839 a 1851- que dejó una secuela de desventura para nuestra patria; la Revolución de Venancio Flores, colorado, contra el presidente Bernardo Prudencio Berro, blanco (1863-1865) y la ya citada Revolución de las Lanzas de Timoteo Aparicio, contra el presidente Lorenzo Batlle, (1870-1872).
El 6 de abril de 1872 se firmó la paz con los revolucionarios. En el mes de mayo de 1872, bajo el interinato presidencial del titular del Senado don Tomás Gomensoro, se formó el Club Nacional, con los jóvenes cultos del Partido Blanco, Agustín de Vedia y Francisco Labandeira. De ahí provino el cambio de nombre del viejo Partido Blanco por el remozado Partido Nacional.
Resumiendo: del nacimiento de la denominación de Partido Blanco, han transcurrido 170 años; y de la denominación de Partido Nacional, han pasado 134 años.
El Partido en Carpintería lo que hizo fue lucir sus divisas. Ya existía el Partido Blanco, usó sus divisas un mes después. Fue el 10 de agosto que el decreto de Oribe donde decía que todos los habitantes debían usar la divisa cuyo color había sido el de las vinchas de los patriotas de 1811.
El lucimiento de esas divisas se dio en el primer enfrentamiento a orillas del arroyo Carpintería.
Lo que surge de todo esto es que el Partido Blanco nació por decreto del Gobierno. Por decreto del 10 de agosto de 1836 tanto civiles como militares debían usar una divisa de color blanco.
El Partido Colorado nace por oposición. El Partido Nacional nace como parte de la institucionalidad del país, cuando ya el país estaba institucionalizado, tranquilizado. A pesar de todos los enfrentamientos que hubo antes.
El Partido Nacional es un partido de sacrificio permanente, en pos del afianzamiento de la libertad y el cumplimiento de las leyes. Bien lo decía Oribe y lo tomó como lema en su divisa, un partido que siempre luchó por la defensa de las leyes y la libertad.
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