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sobre cómo y quién fue Artigas
Homenaje del la Facultad de
Humanidades a la historiadora Lucía Sala

Homenaje del la Facultad de
Humanidades a la historiadora Lucía Sala

Durante la reunión del miércoles 18/10, del Consejo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, precedido por su decano el  Profesor Dr. José Seoane se homenajeo a la profesora e historiadora Lucía Sala, recientemente fallecida. Sala fue durante varios años integrante de su cuerpo docente y directora del Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos (CEIL) de la FHCE.

Decano Dr. José Seoane:

El 29 de setiembre pasado falleció Lucía Sala. Como en el caso de otros destacados docentes fallecidos este año, el Consejo desea brindar hoy homenaje a esta distinguida profesora.

 

Como todos saben, Lucía desarrolló una dilatada y fecunda carrera académica. Ingresó a la Facultad en 1970. Ya entonces había publicado un conjunto importante de obras. Entre 1967 y 1969, junto a Julio Rodríguez y Nelson De la Torre, publicó aquellos tres volúmenes ya legendarios: "Evolución económica de la Banda Oriental", "Estructura económico-social de la colonia" y "La revolución agraria artiguista". Luego siguieron sus estudios sobre la formación del latifundio colonial, el programa agrario de la revolución, una larga serie de trabajos en que Lucía siguió reflexionando, pensando creando.

 

Sufrió la dictadura y el exilio mexicano y siguió produciendo y aportando. Y enseñando. El próximo año se editarán dos volúmenes con los últimos trabajos de Lucía sobre lo que ella llamó "la democracia esquiva en América Latina".

 

Seguramente de su trayectoria como  historiadora pueden hablar con más propiedad y exactitud que yo sus colegas historiadores. Pero también quiero decir que todos nosotros reconocimos en la producción de Lucía la calidad, el rigor, la solidez de una reflexión profunda y poderosa. Su aporte está en sus libros, en sus artículos, pero está también en una prolongada y rica labor docente. Toda su labor se encuentra indisolublemente ligada a su compromiso con la construcción de una sociedad más justa, a su infatigable preocupación por el destino de nuestros pueblos.

 

Permítanme agregar un breve comentario personal. No conocí profundamente a Lucía, pero las veces que conversamos advertí una cualidad excepcionalmente valiosa. Lucía tenía la finísima capacidad de saber escuchar. Siempre que dialogamos, a veces concordando, a veces discrepando, Lucía solía dejar siempre abierta la posibilidad de la continuación del diálogo. Seguramente, a través de la lectura de sus obras podré, parcialmente, podremos todos, continuar el diálogo con Lucía.

 

Sus obras, su docencia, su compromiso, son un extraordinario legado que hoy la Facultad homenajea.

 

Profesor Dante Turcati

-Yo voy a transmitir más que nada un poco de sentimiento y un poco de recuerdo. Ya el Decano ha señalado la vasta labor académica de la profesora Lucía Sala que todos conocemos.

 

No mantuve con la profesora Lucía Sala una estrecha relación de amistad. Mis vínculos no tuvieron ese carácter. De todas formas, desde antes de 1973, y en los tiempos que corrieron a partir de los años 85 y 86, el ámbito de esta facultad dio lugar a múltiples encuentros, cambios de palabras, comentarios; participación en instancias de la vida universitaria respecto del orden docente, de la licenciatura en Ciencias Históricas, etc.

 

Recuerdo, -porque al fin y al cabo eso es lo que cuenta, la memoria-, mi entusiasmo de joven estudiante ante la edición de aquellos libros. Yo recuerdo sobre todo los tres que inspiraron precisamente ella y el profesor Julio Rodríguez, recientemente fallecido, junto a Rosita Alonso y Nelson De la Torre. Esa nueva interpretación de nuestro pasado colonial y la perspectiva de la economía de la Banda Oriental que conlleva esa primera interpretación profunda del Reglamento de Tierras de 1815, abrieron para mi generación un campo de estudio, de trabajo; fue la apertura de nuevas perspectivas antes insospechadas. Los historiadores de la historiografía uruguaya -y esto prueba la vigencia de la profesora que recordamos-, siguen debatiendo acerca de la influencia de tales enfoques.

 

Sobre las perspectivas de su obra intelectual y su participación en diversas universidades, como hoy nos consta en la comunicación que nos envía el CEIL, queda claro que durante el exilio realizó una vasta labor en México y en otros países hasta nuestros días.

 

Desde mi curso de Historia de la Historiografía, que se refiere al ámbito de la producción universal, pude apreciar el interés de diversas generaciones de estudiantes por tomar como tema de análisis la obra de Lucía Sala. Aunque en rigor escapaba al programa del curso, a algunos alumnos se les da la oportunidad de seleccionar autores latinoamericanos o nacionales. En varias oportunidades su obra fue objeto de interés y estudio, especialmente en relación con la obra a que he hecho referencia. En alguna ocasión, comenté a Lucía sobre el interés de las jóvenes generaciones por su pensamiento historiográfico. Con su carácter, un poco incrédula y al mismo tiempo y con rasgos de modestia, eludió en parte el motivo de la conversación, pero me consta, por sus expresiones y palabras posteriores, que se sentía contenta.

 

Porque Lucía Sala fue una docente vocacional, y practicó esa cualidad en la investigación aunque el aula siguió siendo un lugar importante en su vida. Por eso apreciaba a sus estudiantes, los apreciaba de verdad. Precisamente pocos días antes del comienzo de su enfermedad, hace unos meses, tuve ocasión de hablar con ella de forma como no lo hacía  desde hacía varios años. Aunque el encuentro fue casual intercambiamos palabras, y por qué no decirlo, sentimientos vinculados con el conocimiento mutuo en el tiempo, acontecimientos que nos había tocado vivir y nuestras diferentes perspectivas de la vida y el hombre. El diálogo, aunque no prolongado, fue algo más que conversación de circunstancias. Pude sentir al ser humano que había en ella, en un ángulo más profundo como ya me había ocurrido en otros momentos, pero esto queda, debe quedar, en mi fuero íntimo.

 

Me consta también su respeto por las ideas de los demás. Aludía muchas veces a nuestras diferentes concepciones de la vida y del hombre como he dicho, con aprecio y comprensión.

 

Mi homenaje pues, muy sentido, desde la Licenciatura de Ciencias Históricas de este Consejo, a la historiadora, a la luchadora incansable, pero sobre todo al ser humano sensible, respetuoso de los demás, que pude otra vez aquel día vislumbrar en ella.

 

Mi solidaridad con su familia, especialmente su hermana, su hijo, sus nietos a quienes tanto quería y lo hacía explícito. A los integrantes del CEIL, en particular al profesor Alcides Beretta, en fin, a la Facultad toda ante la pérdida de uno de sus miembros más ilustres.

 

Representante de AFUR

- El colectivo de funcionarios administrativos y de servicio de esta Facultad, hace llegar a este Consejo y por su intermedio a los compañeros docentes, estudiantes, egresados y especialmente a familiares y amigos, su solidaridad ante el fallecimiento de la profesora Lucía Sala.

 

Valoramos especialmente en ella a la militante social y política, sus inquietudes sobre todo humanas. Siempre sensible y receptiva a todos los problemas de su ambiente. Nos incentivó a rescatar la memoria de la Facultad en las épocas de la dictadura y nos comprometió a darle continuidad al trabajo por nuestros luchadores y su vigencia.

 

En nuestro contacto con ella, siempre nos transmitió sus profundos conocimientos de la historia de nuestro continente, de una manera viva y sencilla.

 

Queremos que nuestro mensaje no concluya en un pésame sino en un abrazo fraterno y nuestra promesa de continuar, desde nuestros lugares, su lucha por una mejor sociedad.

 

 Profesor Roger Mirza

- En primer lugar quisiera recordar, respecto de nuestra colega la profesora Lucía Sala, no solamente sus investigaciones como docente de esta Facultad, sus clases, su relación con los alumnos, su relación con los demás colegas, sobre lo cual ya han hablado los que me han precedido y que suscribo totalmente. También sus cualidades humanas algunas de las cuales ya fueron esbozadas anteriormente pero que yo quisiera subrayar.

 

Su presencia, siempre, tanto en las reuniones informales como en las reuniones de cogobierno o en todas las instancias de la vida de la Facultad, inmediatamente generaba una articulación entre todos los docentes, cualesquiera fuesen sus posiciones políticas, ideológicas o gremiales. No solamente tenía una capacidad de escucha, -y me alegro que haya sido mencionado varias veces porque pensaba decirlo-, sino que también lograba dialogar y no imponía su punto de vista sobre el de los otros.

 

Guiada siempre no solamente por sus ideas y convicciones, que las tenía, sino también por un respeto enorme hacia la posición del otro. Y ese respeto, esa conducta ética, le merecía justamente el aprecio y el afecto, incluso de quienes pensaban distinto o discutían con ella.

 

Me tocó ser suplente en este mismo Consejo en el período en que ella fue titular y pudimos intercambiar muchísimas veces opiniones, ideas sobre cómo llevar adelante nuestras tareas. Y me trataba de igual a igual, a pesar de toda la experiencia que ella tenía y a pesar de que yo no tenía ninguna. Eso se notaba en cada gesto, en cada actitud, en cada palabra. De modo que Lucía nos deja también una enseñanza, que quizás sea una de las más importantes que deja un docente, y es el ejemplo. El ejemplo de una vida, de una actividad y una conducta que impregna más allá de las palabras.

 

Tengo aquí además una carta que nos hace llegar el Director del Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos (CEIL), el Prof. Alcides Beretta Curi, que propone darle a ese centro -uno de los centros interdisciplinarios de la Facultad-, el nombre Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos "Lucía Sala". Y colocar una placa con ese texto, en la puerta del Centro.

 

Quiero adelantar mi posición no solamente favorable a esta propuesta, sino entusiasta, porque me parece que la memoria es uno de los aspectos en el que justamente trabaja un historiador, y con más razón entonces debemos conservar esa memoria en el caso de ella que era una historiadora tan destacada.

 

Dice  la carta del Prof. Beretta: “Entendemos que los homenajes deben hacerse en vida. La Prof. Lucía Sala había terminado un complejo trámite jubilatorio y este centro tenía previsto proponer al Consejo de esta Facultad que se le concediera el título de Profesora Emérita en el marco de unas jornadas a las que serían invitados varios latinoamericanistas extranjeros, particularmente de la UNAM. Su fallecimiento repentino introduce algunos cambios. Iniciaremos a fines del 2007 las Jornadas Latinoamericanas "Lucía Sala", que se convocarán cada tres años.

 

No presentaremos una relación de algunos de sus méritos, menos aún su curriculum. Lucía Sala cuenta en Uruguay con una obra suficientemente sólida, valiosa y extensa como para justificar este planteo. Es igualmente extenso su trabajo en el exterior, en revistas y libros de universidades de Argentina, Brasil, Chile, México, Venezuela, España o Italia, por citar algunos ejemplos. Igualmente relevante es su labor docente en la Universidad de la República y en el IPA, en la UNAM durante su exilio. Fue Profesora Visitante en numerosas universidades hasta el 2005 y en los veinte años que tomó en sus manos la dirección del CEIL, impulsó su crecimiento en la investigación rigurosa, la edición de una revista compartida con el Centro de Estudios Interdisciplinarios uruguayos; la creación de una Maestría en estudios latinoamericanos, la organización de algunos eventos internacionales, entre otras iniciativas.

 

Recientemente, el Consejo Directivo Central decidió un homenaje y la edición de su obra inédita. La propuesta que hoy presentamos ha encontrado la adhesión de colegas del Centro de Estudios Interdisciplinarios uruguayos y de otras reparticiones de esta Facultad, así como de varios estudiantes que se nos han acercado, expresando la necesidad de un homenaje.

Cordialmente, Alcides Beretta Curi (Director del CEIL)

 

Profesora Sara López

- En primer lugar adelantar mi más enfático apoyo a la propuesta realizada por el director del CEIL, Prof. Alcides Beretta. Pero yo también quiero transmitir una sensación personal y es mi primer recuerdo de Lucía, hace muchos años, cuando tuve mi primer encuentro con ella como docente, en aquellas memorables clases de la lucha de puertos, que en alguna forma nos abrió a muchos la cabeza para entender cosas que nos están pasando ahora justamente.

 

Mi segundo encuentro fue como vecina de los centros, cuando iniciaron la actividad los dos centros de  investigación, el CEI y el CEIL. Quiero destacar en ella algo que no es fácil encontrar: esa conjugación, esa articulación tan perfecta entre una mujer firme, fuerte, y podríamos decir hasta dura en la defensa de sus principios, y la dulzura, la fraternidad en el acercamiento personal. En problemas personales la encontramos a ella junto a nosotros, más allá de lo académico, orientándonos y dándonos apoyo. Es una experiencia personal, no voy a entrar en más detalles, pero creo que esto también hace al perfil de Lucía.

 

Insisto: esa conjunción, a veces no tan frecuente, entre la firmeza, la dureza. Porque tuvo que ser dura para soportar lo que soportó y mantener firmes sus principios, como tantos otros luchadores. Y a su vez, esa otra cara de la moneda: ese humanismo, esa comprensión por el problema del otro, por más mínimo que éste fuera.

 

Pido disculpas por haber acercado este tema que es una experiencia personal, pero no podía dejar pasar de lado esas dos imágenes que tengo de Lucía. Lucía hablando y aclarándonos las mentes sobre la lucha de puertos, y la Lucía amiga, que se acercó cuando teníamos problemas.

 

Delegado Estudiantil

- Yo quería traer las palabras de algunos compañeros, estudiantes de Historia y no sólo, que la conocieron personalmente a diferencia de quien habla.

 

Hace apenas unos días la Prof. Lucía Sala dejó de acompañarnos físicamente. Es en estos momentos que comenzarán a sucederse una serie de evocaciones, que tratarán de recordarla, homenajearla y de alguna forma reconocer todo lo que esta persona nos brindó en vida.

 

Nos preguntamos cómo recordarla, cuál es la forma más justa de hacerlo.

Tal vez, como miembros de la comunidad universitaria, lo mejor es que la recordemos por su papel dentro de la historiografía uruguaya, a la cual  esta historiadora revolucionó en la década de los 60 al poner en discusión la dimensión social y económica de la revolución artiguista, ubicando a los excluidos de siempre en el sitial que la historia nacional le había negado.

 

Posteriormente, sus líneas de trabajo estuvieron vinculadas a la influencia jacobina en el pensamiento independentista americano, o comparaciones de las dictaduras conosureñas. Su último interés intelectual giraba en torno a la democracia, a su concepto, a las distintas formas de la misma y sobre todo a su desarrollo en América Latina.

 

Pero quizás no sólo debemos recordarla por eso, y como estudiantes tendríamos que resaltar sus características docentes. Qué decir de una docente que debe haber formado cientos de estudiantes de distintas generaciones, de distintos subsistemas de la enseñanza pública. Los que han tenido el placer de tenerla en estos últimos años de su carrera docente, han conocido su dedicación por los alumnos, demostrando en el seguimiento, en la crítica punzante, en la prédica de una metodología de trabajo y una concepción de hacer la historia, que no estaba centrada en el mero hecho de saber, sino que tenía como centro el saber para cambiar, para transformar y revolucionar una sociedad que aún sigue siendo injusta.

 

Y teniendo en cuenta su búsqueda constante de respuestas que permitieran forjar una sociedad más justa e igualitaria, será justo recordarla como una luchadora social; nadie podría negar esta faceta. Quizás éste sea el momento de contar que alguna vez en la ciudad de Florida fue apedreada por el mero hecho de ser oradora en un acto político; habrá que recordar su defensa de la democracia, la persecución, el asilo en la embajada de México, el exilio mexicano, las campañas de solidaridad, las campañas por los derechos humanos de sus compatriotas encarcelados.

 

Y todo esto siempre ligado, menos en el proceso de la intervención, a la tarea de la defensa y construcción de una mejor enseñanza universitaria. Pero su defensa no sólo fue desde la tribuna, la biblioteca o el laboratorio, sino que nunca eludió la tarea desgastante de conducir estos procesos desde los ámbitos de cogobierno, generando desde allí propuestas como el CEIL o todos los seminarios y charlas que en este último tiempo fue llevando adelante. Cogobernante más joven que muchos jóvenes en sus ideas, cuyas posiciones más allá de si existía o no coincidencia, eran una referencia ineludible. Y por eso, para muchos de nosotros, se convirtió en una compañera más en la tarea de transformar nuestra casa de estudios. Es por eso que quizás para algunos estudiantes lo mejor será recordarla como compañera que jamás interponía la experiencia ni su edad como certificado de calidad en sus opiniones.

Gracias.

 

Delegado estudiantil   

- No tuve el gusto de conocer a la profesora Lucía Sala. Sí tuve el placer de leer algunos de sus libros, principalmente aquellos referidos al tema de la colonia, la tierra, el latifundio, la revolución agraria artiguista. Libros que resultaron de un peso académico muy importante e inclusive un aporte, una herramienta para la intelectualidad y los jóvenes de ese momento al servicio de la revolución y un cambio profundo en este país. Fueron utilizados en ese sentido.

 

Tengo una pequeña discrepancia. No creo que esa línea la haya mantenido a lo largo de su carrera. Es una discrepancia que tengo como estudiante, y por lo tanto quiero destacar principalmente su labor en esos años. Creo que dejó una obra que mantiene plena validez y es una herramienta fundamental para los estudiantes de esta Facultad y los que nos interesamos en la Historia en general.

 

(Voto unánime a la propuesta formulada por el Prof. Beretta)

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