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La nueva realidad que emerge
de las urnas en Brasil

por embajador Rubens Barbosa

La forma como se desarrolló la campaña de la elección presidencial mostró que estamos viviendo una experiencia que puede ser considerada un verdadero divisor de aguas en términos de relación entre los partidos políticos y los electores.

 

La elección de 2006 explicitó transformaciones sensibles – algunas ya ocurridas y otras que se están procesando – en la estructura de la sociedad brasileña y para las cuales los partidos políticos y los políticos en general, perplejos, demostraron no estar sintonizados.  En cuanto a los partidos políticos continuaron inmovilizados, algo muy profundo y significativo cambió la manera de cómo estas organizaciones deberán, de aquí en adelante, organizarse para buscar apoyo popular en las próximas elecciones mayoritarias, especialmente la de presidente de la República.

 

La sociedad brasileña de hoy es muy diferente a la del período de los militares, la de 1989, cuando Collor fue electo, y la de los años 90, con FHC y el Plan Real; el País se modernizó, la economía se estabilizó, la sociedad se sofisticó y se tornó más compleja.

 

“El surgimiento de nuevas redes de entes intermediarios, civilmente organizados, distintos del sindicalismo tradicional en cuanto a su modo interno de organización, de que son ejemplos los sindicatos de los hurgadores de papeles, una revisión del modelo tradicional, de las ONGs al condominio: estos organismos están cambiando la naturaleza de las relaciones políticas, invirtiendo por primera vez los procesos tradicionales de formación de opinión.  La opinión dominante al final no nació en la cima de la pirámide social, ni en las clases medias ilustradas o no, sino en la base de ellas”, observa apropiadamente Walter de Góes, en un análisis reciente del Instituto Brasileño de Estudios Políticos (Ibep).

 

Con la emergencia silenciosa del pueblo como actor principal, sin que la clase política comprendiese la extensión de las transformaciones en curso, los factores que pasan a influir en la formación de la opinión pública están alternándose rápidamente, forzando, en consecuencia, una modificación de la relación de la clase política con los electores.

 

Los liderazgos partidarios perdieron sus canales de comunicación con el electorado y las formas tradicionales de hacer política están quedando rápidamente superadas.   Los llamados formadores de opinión están perdiendo espacio y emerge con todo el vigor la “fuerza del pueblo”.

 

Hay una despolitización general, en el sentido de que los electores no se preocupan o no prestan atención a no ser en temas de su interés específico, pasando al margen de la agenda de los partidos políticos y de sus líderes.  Los partidos políticos quedaron sin discurso, como se vio en la elección presidencial.  Los debates tuvieron de todo, menos una discusión programática partidaria.

 

Ningún partido político, ni aún el PT, entendió y está acompañando este cambio ni procurando reciclarse a partir de la nueva realidad y de las nuevas demandas.  Los liderazgos partidarios están distantes de las aspiraciones y de los anhelos de la sociedad.  Todos los partidos, sin excepción, tendrán que ajustarse y buscar su propia identidad, en especial la principal leyenda de la oposición, el PSDB.  Sin entender lo que está sucediendo, y sin encontrar una nueva base social de apoyo (redes, sindicatos, estudiantes, ONGs), difícilmente podrán enfrentar el utilitarismo o el mesianismo encima de los partidos.  Estamos entrando en una nueva etapa de la vida política brasileña, caracterizada, entre otros aspectos, por el cambio de la agenda y de los medios (internet, blogs) y por la necesidad de una campaña política permanente, lo que exigirá una nueva actitud de los partidos, ya sea en el gobierno, como en la oposición.

 

Lula, en el gobierno, responsable por este cambio de agenda, tal vez haya sido el primer político en haber intuido este cambio en la sociedad brasileña.  La ampliación de la red de seguridad social y la transformación de los programas sociales – heredados del gobierno anterior – en los programas asistencialistas, la política de salario mínimo y otras medidas de transferencia de renta, efectivizadas en los últimos cuatro años, hicieron que Lula – no el PT – se identificara con los anhelos de estos nuevos actores.  No pueden dejar de ser evaluados actos de gran fuerza simbólica, como el almuerzo ofrecido a los hurgadores de papel en el Palacio de la Alvorada y el reconocimiento explícito por Lula de este gran cambio al decir, de manera directa, en la noche de la reelección: ‘El resultado es la victoria de los de abajo contra los de arriba’, ‘es el piso de abajo que le ganó del piso de arriba’, ‘continuaremos gobernando para todos, pero continuaremos dando más atención a los más necesitados’ y’los pobres tendrán preferencia en nuestro gobierno’.

 

Más que una afirmación demagógica y populista, estas declaraciones del presidente reelecto muestras que el relacionamiento con los electores en la campaña va a continuar en las acciones del gobierno por cuatro años más.

 

Lula está muy por delante de sus pares en términos de percepción de las nuevas realidades políticas y sociales del País.  No se trata sólo de afirmarse como el gran comunicador de la política brasileña, sino, sobre todo, de estar en la delantera en términos de sintonía fina con los anhelos de la mayoría de la población.

 

La gran interrogante que queda es la identificación de las consecuencias de estas profundas transformaciones.  Como reaccionará el Congreso a las reformas políticas anunciadas como prioridad para el nuevo mandato?  Cuál será su contenido?  Cómo se posicionarán los partidos políticos frente a un liderazgo basado en la comprensión de que el pueblo, los electores más pobres, son la base de su sustentación?

 

Estamos en el umbral de un gran avance democrático con el pueblo, representado por sus sectores organizados, como actor principal, o en la etapa inicial de un neopresidencialismo, con poderes presidenciales ampliados por nuevas reglas, inclusive en lo que concierne al fin de la reelección, abriendo la puerta para un tercer mandato?
Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte 

Rubens Barbosa, consultor, presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la Fiesp, fue embajador de Brasil en los EE.UU. y en Gran Bretaña. 

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