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La piedra en el charco (1)
El
machismo de Arana
olascuaga@adinet.com.uy
Estoy leyendo la obra
autobiográfica ¡Tierra, tierra! de Sandor
Marai, el genial novelista húngaro de El último
encuentro, que se exilió en Estados Unidos en
1948, donde murió en 1989. Escrita 20 años después
de los acontecimientos que evoca, nos sitúa al final
de la segunda guerra mundial perdida por Hungría,
aliada de Alemania y en la ocupación rusa de Hungría
durante los tres primeros años de dirección
estalinista en el país magyar.
Es notable el
distanciamiento que consigue el autor para analizar
fríamente una situación política que lo escarnece,
pero como en todas sus novelas, siempre un toque de
machismo deja su huella. En la pagina 350 el toque
llega nada menos que con la descripción del invasor
de Hungría. En el momento en que una enorme
potencia enemiga la fuerza eslava, femenina y
tenaz agarró del cuello a un país mutilado, tuvimos
que entender de repente, iluminados por un
relámpago, que no había nadie, ni lejos ni cerca,
con quien pudiéramos contar. Este párrafo me
hizo reflexionar sobre ciertas similitudes de
Hungría con el País Vasco, otra nación pequeña, de
raza y lengua isla en medio de potencias enormes (la
lengua magyar solo está emparentada con la
finlandesa; el euskera con ninguna), en ese no
había nadie, ni lejos ni cerca, con quien pudiéramos
contar, en la soledad como atributo quizás
masculino y en que Sabino Arana, el fundador del
Partido Nacionalista Vasco, también decía de su
potencia enemiga (en este caso los españoles) que
eran afeminados y lo decía desde un desprecio
misógino.
Por fortuna nuestro
ministro Arana no tomó esa fobia de su lejanísimo
pariente. Al menos públicamente.
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