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La piedra en el charco (2)
Autohomenaje con Onetti
olascuaga@adinet.com.uy
Cuando me dieron a
elegir el nombre de esta columna, pensé en dos.
Apuntes del natural, que es el de la mejor columna
diaria escrita en castellano que conozco, la de
Javier Ortiz y pensé en Onetti, casi sin pensarlo,
así como se piensa en el vino cuando hay olor a
asado. Mi veleidad optó entonces por auhomenajearse
con el nombre de la columna semanal sobre cultura
que Onetti escribía en Marcha. Yo tengo una
coartada. Puedo aducir que es el más poéticamente
hermoso, falsamente humilde y soterradamente
provocativo nombre de columna que jamás haya
existido.
En Requiem por
Faulkner, Onetti recopiló algunas de aquellas
columnas. Todas cumplen con la asordinada amenaza
que el nombre contiene. A diferencia de Javier
Ortiz, el columnista Onetti nunca se dejaba marcar
la agenda por los medios. Aunque su columna no era
diaria, tampoco era él de los que se dejan
atemorizar por la página en blanco. Hay tantas
cosas para decir dice Javier Ortiz y las dice
cada día. En La piedra en el charco fue que
el joven Juan Carlos Onetti dio su escandalosa
definición de la identidad nacional: Atrás
nuestro no hay nada, un gaucho, dos gauchos, treinta
y tres gauchos. Es que esa generación era
categórica, rebelde, terrible y crítica.
Le llamaron la generación del 45,
pero ellos se autodenominaban la generación
crítica. Aunque Onetti era tan crítico que ni
siquiera aceptaba pertenecer a esa generación. Decía
que él era de la generación del 44.
Viviendo en España, llegó a hacerse decir, en
Cuando entonces, los que tenían razón eran
sus charrúas, que hicieron a Solís a las brasas.
Se esté allá o se esté aquí y así no se crea en nada
o solo en muy esenciales cosas, la cuestión es que
la crítica es la de uno mismo
siempre, como la libertad es siempre la libertad del
otro.
LA
ONDA®
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