Nunca más aquella tragedia de
los años 40, cuando se crearon la
F. Humanidades y el IPA por separado

Doctor Rodrigo Arocena
 

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UDELAR y ANEP : dando
pasos juntos para transitar
caminos que no están trazados
de antemano

Prof. Elsa Gatti

Nunca más aquella tragedia de
los años 40, cuando se crearon la
F. Humanidades y el IPA por separado

por Dr. Rodrigo Arocena
Rector de la Universidad de la República

Esa herida en la educación nacional todavía está abierta.

Nos corresponde a quienes estamos en el presente,

 trabajando en el mundo de la enseñanza pública

uruguaya, superar eso y avanzar decididamente 

hacia otra cosa

 

Durante los días 25 y 26 de Abril se realizó el Segundo Foro de Innovaciones Educativas y Primer Encuentro Regional sobre Tecnologías de la información y Comunicación, organizados por la Comisión Sectorial de Enseñanza,  Universidad de la Republica. En la apertura de este evento hablaron la profesora  Elsa Gatti subdirectora del Área de Perfeccionamiento Docente y Estudios Superiores de ANEP, y el Rector de la Universidad Dr. Rodrigo Arocena. Lo que sigue es la exposición de ambos, tomada de la versión grabada por La ONDA digital.

 

Compañeras y compañeros. Vengo a hablar de algunas viejas convicciones, de ciertas noticias que me gustaría compartir con ustedes y de algunos comentarios sobre lo que he venido escuchando. 

Noticias conocidas quizás pero que me importa subrayar.

 

La Universidad de la República se considera en pleno clima de reforma universitaria e intenta hacerlo no hacia adentro sino hacia afuera, como colaboración a un proceso de transformación general en curso de la enseñanza pública, al cual quiere aportar y en el cual quiere dialogar con todo el mundo de la educación y con la sociedad civil en su conjunto.

 

Hemos realizado dos jornadas extraordinarias del organismo de conducción, del Consejo Directivo Central de la Universidad, precedidas de un nivel de debate que consideramos insuficiente por cierto pero que marca un relativo avance en el intercambio de ideas en los órdenes y en las distintas facultades y escuelas.

En estas jornadas hemos adoptado algunos lineamientos de trabajo, con toda modestia lo decimos, en primer lugar, sin ninguna vocación fundacional en el sentido de creer que la historia empieza cuando uno llega. No, se trata como en todo y  particularmente en el mundo de la educación, de construir sobre lo mejor de nuestra tradición ¡y vaya si hay mucho de bueno en nuestra tradición! Pero al mismo tiempo sabiendo que el siglo XXI y nuestras propias carencias nos demandan cambios profundos en los cuales recién estamos subiendo los primeros escalones.

 

Queremos enfatizar en una idea sencilla, conocida, pero que nos parece que si uno le saca jugo, le saca punta a ese lápiz, podemos encarar una serie de problemas que tenemos habitualmente sobre la mesa en el mundo de la educación y en sus conexiones con otros aspectos de la sociedad.

El Uruguay tiene que plantearse, con modestia pero con tozudez, el proyecto de a mediano y largo plazo de abrir realmente posibilidades a la mayoría de su población para seguir estudiando siempre, a nivel avanzado, en conexión con el trabajo, a lo largo de la vida entera.

 

No hay mayor novedad en esto, pero con todo vale la pena remarcar un par de cosas de la manera en que la Universidad está formulando esta noción conocida desde hace décadas.

 

En primer lugar, no hablamos sólo de la educación a lo largo de la vida entera; hablamos de la educación avanzada. Hablamos de la posibilidad de acceder a distintas modalidades -algunas ya existentes, muchas por inventar-, de la educación de nivel terciario. Queremos enfatizar en eso. Esta es la gran transformación, -estamos convencidos-, que el Uruguay tiene por delante si quiere abordar su futuro como puede y debe hacerlo. Es una transformación que deliberada o más o menos espontáneamente está teniendo lugar en todos aquellos países en los que la expresión “sociedad del conocimiento” es algo más que un eslogan vacío. Donde realmente tiene algún contenido, la mejor manera de comprobarlo, el mejor indicador si fuéramos a hablar en esos términos, es el nivel de acceso a la enseñanza avanzada y la posibilidad de desempeñarse  laboralmente utilizando los conocimientos conseguidos en la enseñanza avanzada.

 

Y la segunda cuestión que queremos enfatizar, de nuevo sin pretensión de novedad, pero que nos parece que ayuda a ir mirando las tareas que tenemos por delante es la necesaria profunda conexión entre el mundo de la educación y el mundo del desempeño laboral que lleva consigo esta idea, este proyecto en general de la enseñanza avanzada. Nadie puede pensarlo de otra manera.

 

Si realmente queremos hacer del Uruguay un país de aprendizaje, un país donde todos o la mayoría podamos seguir aprendiendo siempre, está claro que eso debe estar conectado con todas las facetas de la vida y en particular con el desempeño en el mundo del trabajo. Tiene que estar conectado  -y esto es algo que quizás valga la pena volver a subrayar- al extremo de que no sea sólo en las aulas tradicionales donde enseñemos sino en el conjunto del país, en el conjunto de aquellos ámbitos sociales donde las cosas que valen la pena se hacen bien.

 

En torno a esa idea de país de aprendizaje queremos colaborar a la discusión sobre la transformación de la enseñanza nacional, que viene cobrando fuerza pero que tiene que profundizarse.

 

Tenemos sí la pretensión de detallar las resoluciones que tomamos en esas jornadas extraordinarias, señalar algunos aspectos. Y para introducirme en ello quiero destacar la vocación de la Universidad de no impulsar los cambios que cree necesarios de manera monopólica, de manera que pueda traducir una aspiración de ser el primer jugador o digamos el dueño del escenario. Nada más alejado de lo que queremos hacer.

 

Queremos construir o reforzar una serie de lazos con el conjunto de la sociedad civil y con todo el mundo de la educación para llevar adelante cambios profundos. Así por ejemplo, en las resoluciones del 31 de marzo hemos fijado como propósito a desarrollar en colaboración la construcción de una red de instituciones de enseñanza terciaria, públicas, autónomas, cogobernadas, vinculadas entre sí, algunas ya existentes, otras a crear como parte de un verdadero sistema de enseñanza pública. La Universidad de la República quiere colaborar con las instituciones que ya existen y también para construir, modestamente pero sin desentenderse de ellas, las nuevas instituciones que el país pueda considerar necesarias.

 

Queremos pensar en términos de un sistema. En particular creemos que ha llegado el momento de que ciertos esfuerzos conjuntos con la ANEP vayan más allá, específicamente los que tienen que ver con la creación de carreras tecnológicas terciarias. Y que juntos, la Universidad de la República y la ANEP, aproxime la creación de instituciones tecnológicas terciarias a las que -vale la pena también subrayarlo- queremos profundamente integradas a un sistema. No queremos, -nada más alejado de nuestra voluntad- reiterar la nefasta y hoy por hoy anacrónica separación entre enseñanza “intelectual o bachilleresca” y enseñanza manual o de oficios que está en el pasado y todavía en alguna medida gravitando en la educación. Queremos sí, impulsar la enseñanza tecnológica terciaria como manera de robustecer algo que es débil en el país como posibilidad de ingresar al mundo de la educación. Pero queremos que los que tengan esas oportunidades tengan también la oportunidad de seguir estudiando siempre a nivel avanzado, entrando a la Universidad o a otras instituciones de similar cometido y poder realmente hacer en la práctica lo que queremos, seguir estudiando siempre.

 

En las resoluciones de la Segunda Jornada Extraordinaria del Consejo Directivo Central del 15 de abril, junto a muchas otras cosas, subrayamos, señalamos una serie de tareas que particularmente le incumbe llevarlas a cabo a la Comisión Sectorial Nacional de Enseñanza, que tienen que ver con modificar, flexibilizar nuestra propia enseñanza.

 

Nos angustia el nivel de deserción, de desvinculación de nuestros estudiantes. Sabemos, no somos ingenuos, que eso se debe en medida preponderante a causalidades que están más allá de nuestras posibilidades. Pero al mismo tiempo creemos que no poca responsabilidad tenemos en el asunto. Creemos que una diversificación mayor, una flexibilización, una imaginación puesta al servicio de diversificar y flexibilizar la enseñanza universitaria podría hacer mucho para evitar grandes frustraciones que suele experimentar la muchachada que ingresa a la Universidad.

 

No voy a comentar todas las resoluciones que se tomaron, pero quiero señalar una a título de ejemplo sobre hacia dónde apuntamos. ¿Qué pasa en nuestra Universidad todavía hoy si una muchacha o un muchacho entra a la Facultad de Derecho y después de un par de años se da cuenta de que le gustaría estudiar Biología? Lo mandamos de nuevo a la enseñanza media contra todos los criterios, no sólo sociológicos o educativos, sino de buen criterio simplemente. Es al mismo tiempo una frustración, un envío a donde no corresponde por su formación y por su edad, una pérdida lamentable de tiempo y una fuente de descorazonamiento inmensa. ¿Por qué no podemos estructurar, dentro de la Universidad, ciclos iniciales por área, de carácter optativo, que permitan en el hipotético ejemplo, que la muchacha o el muchacho a quien le gusta Derecho pero que descubre a los 20 o 22 años que  le atrae la biología -a lo largo de toda la vida se pueden descubrir nuevas vocaciones- pueda hacer un ciclo inicial -llamémosle- a las ciencias básicas y las tecnologías, que le permita introducirse en la biología sin dejar la Universidad, en un ambiente universitario y con compañeros de su edad y de su formación? Y de pronto, quién sabe, podrá combinar la formación de jurista y de biólogo y ser eso que se va a necesitar tanto en el siglo XXI: especialista en cuestiones jurídicas vinculadas con las nuevas tecnologías, los nuevos desafíos jurídicos y éticos.

 

Muchas otras de estas tareas tenemos planteadas  por delante y son innovaciones en el sentido estricto de la palabra, que tenemos que abordar.

 

Dentro de las resoluciones que hemos tomado -vale la pena decir que lo fue por unanimidad- recogiendo la opinión de todos los órdenes y de todas las facultades, incluso las que todavía hoy no votan por defecto de nuestra estructura normativa, se destaca la vocación de colaborar con ANEP en la formación de docentes. Si pensamos en un país de aprendizaje, la capacitación de los docentes, la dignificación de la tarea docente, la permanente recalificación y “aggiornamiento” de nosotros los docentes es imprescindible. Lo tienen que saber los docentes jóvenes de 20 años y lo tenemos que saber los docentes veteranos de 60.

 

Pero si ese es un objetivo imprescindible, significa muchas cosas. Una de las que significa sin ninguna duda, al menos para mí, y por suerte y mucho más importante, para la conducción universitaria de acuerdo con sus resoluciones correspondientes, colaboración entre la Universidad de la República y la ANEP. No nos podemos dar el lujo de que no colaboremos en estructurar una variedad amplia de trayectoria de formación docente que junten los esfuerzos, lo que saben hacer y lo que no sabemos por lo menos....

 

...No podemos formar docentes, obvio es, alejados de las ciencias de la educación y de las prácticas educativas.

 

Lo más importante que los docentes podemos hacer es colaborar a mostrar nuestras disciplinas como algo vivo, algo en plena construcción, con problemas abiertos, como algo que puede enamorar a la muchachada. ¿Qué otra cosa es la tarea del docente sino ayudar a suscitar el interés, el gusto por lo que están estudiando? Para eso los docentes tenemos que formarnos permanentemente, actualizándonos en ámbitos donde se esté creando en las disciplinas en las que trabajamos.

 

Queremos entrar decididamente en una etapa, abierta ya en el 2005, de colaboración decidida entre la Universidad de la República y la ANEP en la formación de docentes. Que nunca más se repita en el país aquella tragedia de fines de los años 40 cuando se crearon, opuestos, los que debieron haber sido hermanos y colaboradores: la Facultad de Humanidades y Ciencias en la Universidad de la República y el Instituto de Profesores Artigas en el mundo de lo que hoy es la ANEP. Esa herida en la educación nacional todavía está abierta. Nos corresponde a quienes estamos en el presente trabajando en el mundo de la enseñanza pública uruguaya superar eso y avanzar decididamente  hacia otra cosa.

 

En este esfuerzo que la Universidad se plantea hacer en colaboración con la ANEP, la enseñanza en el interior juega un papel central. Entre las diversas inequidades que padece nuestro mundo educativo, la geográfica juega un papel importante. Pues bien, de nuevo la Universidad quiere, debe y puede hacer mucho para superar esta inequidad. No puede, no quiere y no debe hacerlo sola.

 

Entre las resoluciones que tomamos en el Consejo Directivo Central está la de impulsar en distintas regiones del país programas regionales de enseñanza terciaria en colaboración con ANEP, con las intendencias, con los actores sociales de la zona. Programas que atiendan a las posibilidades, las necesidades, las dinámicas de cada región. Esto nos parece fundamental para ir avanzando a superar la inequidad geográfica en el acceso a la enseñanza terciaria, en el camino de la generalización de la enseñanza avanzada.

 

En esta perspectiva, y sin sesgos tecnologistas, es que el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, la enseñanza semipresencial debe adquirir un papel mucho más importante del que hemos sabido darle. Nos planteamos esta cuestión desde la perspectiva de la enseñanza semipresencial, no de la sustitución de las tareas del docente por la tecnología dura de la información y de la comunicación.

 

Para decirlo de una manera quizás un poco surrealista pero que creo da cuenta al menos de lo que yo pienso, la combinación de la enseñanza a distancia con la enseñanza presencial, con todo lo que tiene de intransferible de los diálogos, del mirarse cara a cara, de las relaciones informales, la enseñanza semipresencial no está reservada a los que están lejos ni a los que están cerca. La enseñanza semipresencial debe ser para los que viven a la vuelta del instituto educativo  y para quienes viven a 500 kilómetros. Porque esa forma de enseñanza combina dos tareas imprescindibles: el trabajo propio, personal, al ritmo de cada uno, en lo que ayuda la base tecnológica hoy disponible, con las tareas colectivas, de interacción informal. Ambas son imprescindibles, se viva a la vuelta del  instituto o a 500 kilómetros.

 

Es desde esa perspectiva que nos parece sumamente importante hoy por hoy hacer un esfuerzo más grande en la idea del avance hacia programas regionales de enseñanza terciaria, para aprovechar mejor nuestros recursos, acudir a las tecnologías de la información y la comunicación. Sabemos que desde la Comisión Sectorial de Enseñanza se viene haciendo un esfuerzo importante que apunta en esta dirección, y que lo será más en el futuro.

 

Como bien decía Luis Calegari esto significa que tenemos que empezar a darle en la Universidad de la República, una importancia superior a la que hasta ahora le hemos asignado, a la investigación, a la formación en la enseñanza, experimentando. También en la enseñanza se experimenta, en las ciencias sociales se experimenta. Experimentando y evaluando permanentemente.

Y al decir esto es bueno subrayar que cuando hablamos de formación de docentes no estamos hablando de la formación de los otros, sino de la formación de nosotros. La formación de los docentes, en una perspectiva tradicional, podría discutirse si era necesaria en la enseñanza universitaria. Yo creo que sí, pero en todo caso es un tema del pasado. Si en la época en la cual la Universidad enseñaba a relativa poca gente con buena formación previa y le daba educación entre los 18 y los 24 años, los docentes universitarios debían tener formación para la enseñanza, fue siempre un tema muy discutido. Yo creo que era un error considerar que no. Pero ese es un tema del pasado. Hoy no cabe duda, si tenemos, y debemos, que enseñar a gente de muy distintas edades, inserciones laborales, experiencias anteriores, cultura e incluso -qué duda cabe- los problemas de la enseñanza son grandes problemas también a nivel universitario.

 

Por consiguiente cuando decimos que hace falta formación en la enseñanza estamos hablando de nosotros también. Cuando decimos que queremos colaborar con la ANEP en la formación de los docentes estamos hablando de todos los docentes de todos los niveles de la enseñanza. Hacer esto, para la Universidad implica cambios no menores. Quiero mencionar algunos de ellos.

 

A nosotros, institución grande, compleja, en muchos sentidos compartimentada, nos cuesta mucho vincular las cosas que hacemos. Nos cuesta demasiado y así por ejemplo, aunque tenemos claramente establecido en nuestros documentos que queremos vincular enseñanza, investigación y extensión, lo hacemos poco.  Naturalmente, esto es fácil de decir pero difícil de contrarrestar en la práctica porque la cantidad de tareas que todos tenemos planteadas es muy grande. Pero salir de los espacios restringidos, conectar ampliamente las funciones de la Universidad, es cuestión imprescindible para generalizar la enseñanza avanzada.     

Y sobre eso quiero decir un par de cosas. Yo diría -porque he venido a pedirle a la Comisión Sectorial de Enseñanza cosas nuevas- que dicha Comisión en esta nueva etapa de la Universidad tiene la inmensa responsabilidad no sólo de consolidar lo mucho de bueno que ha hecho sino de ir a un escalón superior conectando con el conjunto de la Universidad de manera mucho más estrecha e impulsando en el conjunto de la Universidad la convicción de que formarse en la enseñanza, vincularse en la investigación, preparar mejor  a los docentes, son parte de la reforma universitaria.

 

Tenemos que hacer realidad algunas ideas muy sencillas. Yo creo, quizás por ignorancia, pero en fin, a esta altura de la vida es una ignorancia con convicción, que en educación las principales ideas sobre las cuales se puede y debe construir y elaborar teorías, son esencialmente sencillas. Pasa lo mismo en otros ámbitos del conocimiento por cierto. Una de ellas es enseñar con espíritu de investigación.

 

Cuando escuché eso por primera vez no lo entendí. Es de las cosas más claras que una Universidad tiene que ofrecer. Y para enseñar con espíritu de investigación hay que vincular a quienes enseñan con quienes investigan.

En una perspectiva de generalización de una enseñanza avanzada y de vocación por colaborar a resolver los problemas del país, nuestro mandato y nuestra vocación, hay que enseñar, por supuesto por disciplinas, pero hay que enseñar por problemas.

 

Permítanme una pequeña anécdota para ubicar lo que quiero decir cuando subrayo enseñar por problemas. En aquellos años 60, cuando se planteaban las cosas con extremo vigor y muy a menudo con no poco maniqueísmo, una Universidad fue creada en Dinamarca con el propósito drástico de liquidar la enseñanza por disciplinas y enseñar por problemas. Naturalmente, se metieron en unos líos enormes. Quienes impulsaban eso venían de las ciencias sociales. Tuvieron en las ciencias básicas y las tecnologías sus principales adversarios.

 

Pasó el tiempo y esa Universidad fue transformándose y hoy combina la enseñanza por disciplinas con la enseñanza por problemas Y si bien los cientistas sociales que impulsaron aquella transformación han moderado sus pasiones de los años 60 y saben que deben combinar ambas modalidades, entre científicos y tecnólogos es donde se encuentra hoy la mayor cuota de apoyo a la enseñanza por problemas. Porque han visto la riqueza que eso tiene, la riqueza que tiene suspender cierto tipo de enseñanza a mitad del semestre, organizar grupos de estudiantes para trabajar en torno a problemas y sacarlos del mundo de los claustros a encarar los problemas del mundo que está allí afuera. Eso, en nuestra visión latinoamericana quiere decir enseñar conectando con la extensión, no es más ni menos que eso; pero no hemos sabido hacerlo todavía sino en casos muy valiosos, muy instructivos aunque en conjunto minoritarios. La curricularización de la extensión es una de las líneas de trabajo definidas por el Consejo Directivo Central en sus Jornadas Extraordinarias.

 

En definitiva y a riesgo de exagerar pero creo que no demasiado, los docentes universitarios tenemos que reaprender nuestra tarea. Hemos sabido enseñar en ciertos contextos, que están cambiando rápidamente y tenemos que ser capaces de enseñar a mucha más gente, en espacios mucho más amplios, durante períodos mucho más largos, con muchos más socios. Y entendiendo que enseñar, como tantas otras tareas sociales, es mucho más una tarea interactiva que una tarea unidireccional.

 

Queremos una Universidad para el desarrollo integral. Mi amiga Elsa Gatti recordaba cuál fue la base de mi participación en el Primer Foro de Innovaciones Educativas. Sigo con las mismas preocupaciones, el desarrollo del Uruguay. Estoy convencido de que un actor fundamental para el desarrollo integral del Uruguay es la Universidad y un actor más importante todavía es el mundo de la educación. Y tengo una sospecha fuerte y angustiada a la vez, de que ésta es la hora del Uruguay, de que hace muchas décadas que el Uruguay no tiene una oportunidad, económica, social y política (en el sentido amplio de la palabra) como ésta. Para los veteranos hay que remontarse hasta los años 50 para encontrar una coyuntura de relativa bonanza económica con preocupación social y vocación de cambios institucionales. ¿La desaprovecharemos?.

 

Hay al menos dos grandes obstáculos que tenemos, cuando miramos estas cuestiones en el mundo de la emulación en lo que conozco de los aspectos universitarios. En lo que he recorrido de Facultades y Escuelas en estas últimas semanas he notado dos grandes obstáculos para avanzar en un proceso de reforma universitaria vinculado a la transformación de la educación en su conjunto.

 

La primera dificultad es la desconfianza. La mayoría de la gente en el fondo no cree que esto vaya en serio. No hay teoremas que demuestren que la desconfianza está equivocada. La desconfianza es una profecía que se cumple a sí misma. La única manera de demostrar que está equivocada es como se demuestra que el movimiento existe. Y la demostración seria de que el movimiento existe es caminar, marchar, moverse. En eso estamos.

 

Hay una segunda gran dificultad que por cierto desborda el mundo de la enseñanza. Hace unos diez años cuando salimos a investigar qué piensan los uruguayos sobre nuestras propias capacidades de innovación en sentido amplio, la capacidad de hacer cosas nuevas en cualquier aspecto de las prácticas colectivas, nos encontramos con una evaluación muy distinta de los uruguayos respecto de las capacidades de innovación del país. Previsiblemente alta en lo que tiene que ver con la innovación cultural. Bastante alta en lo que tiene ver con las innovaciones asociativas. No baja como cabría esperar en lo que tiene que ver con la innovación técnico productiva. Y muy baja resultó ser la apreciación promedial de los compatriotas entrevistados respecto de la capacidad de innovación en dos cuestiones: lo institucional y lo educativo.

 

Ahí están nuestros grandes desafíos. Tenemos que mostrar a través del clima espiritual del mundo de la educación, que somos capaces de innovar. Esperamos mucho de este foro, esperamos mucho de lo que venga después. 

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