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Nunca más aquella tragedia de
los años 40, cuando se crearon la
F. Humanidades y el IPA por separado

Doctor Rodrigo Arocena
 

UDELAR y ANEP : dando
pasos juntos para transitar
caminos que no están trazados
de antemano

Prof. Elsa Gatti

UDELAR y ANEP: dando pasos juntos para
transitar caminos que no están trazados de
antemano pero convergen en una utopía

por Prof. Elsa Gatti

Como ustedes saben, no es la primera vez que participo en estos eventos. Como panelista a veces, como ponente, o como simple asistente.  Pero me es muy grato compartir en especial este panel de apertura porque revisando el libro de ponencias del Primer Foro de Innovaciones Educativas, realizado en el año 2001, compruebo que nos estamos reencontrando algunos actores.

 

Cristina, por supuesto, que ha sido motor fundamental de esta movida desde sus inicios. Yo en aquel momento hablaba en nombre de la querida y hoy alicaída cátedra UNESCO de Pedagogía Universitaria, de la Asociación de Universidades de Montevideo. Pero también Rodrigo, que en aquella oportunidad era un comprometido docente de la Facultad de Ciencias, preocupado por los problemas del desarrollo en el campo de la ciencia, la tecnología y la innovación. Luis era entonces decano de la Facultad de Medicina y como yo trabajaba en el Departamento de Educación Médica, tuve la suerte de compartir con él inquietudes y trabajo en comisiones apuntando a la mejora de la formación docente y por ende de la función de la enseñanza en el área de la salud.

 

Estos nuevos y desafiantes tiempos que estamos viviendo nos han colocado en otros lugares de responsabilidad. Pero este reencuentro hoy y aquí, habla, sin embargo y por suerte, de compromisos sostenidos y de una común aspiración a la coherencia entre los discursos que desplegamos en el pasado y las líneas de política educativa que hoy pretendemos impulsar desde nuestros respectivos lugares. Otros juzgarán si lo logramos.

 

En el centro de este foro surgen como imposiciones tres ideas fuerza: una crítica a la “innovomanía”, que apuesta a la actualización continua para no perder el tren y asegurando así un eco a las demandas siempre cambiantes impuestas por el mercado. La afirmación, sin embargo, de que la actitud renovadora es consustancial a la docencia como profesión. Y el reconocimiento de la articulación dialéctica entre continuidad y cambio como condición de viabilidad de cualquier proyecto pedagógico que pretenda tener efectos realmente transformadores de las prácticas instituidas. Relación que fue desconocida en las reformas impuestas desde arriba y desde afuera en los años 90.

 

La experiencia renovadora que viví el año pasado como miembro de la Comisión Organizadora del Debate Educativo (CODE) me reafirmó en esas certezas. Pero también me abrió nuevos horizontes, porque tuve oportunidad de escuchar y leer lo que decían los padres angustiados por el futuro de sus hijos; los docentes abrumados por todo lo que sobre ellos se deposita; pero también los niños que sufren y sueñan en las escuelas y los jóvenes que no se sienten escuchados y terminan descreídos y desarraigados de la institución educativa. Y me pregunto, ¿cuántos docentes, y en especial, cuántos de los que estamos hoy aquí participando de este foro nos hemos sentido motivados a  leer los documentos emanados del debate educativo para repensar las prácticas y las innovaciones que estamos proponiendo. ¿Cuánto nos hemos implicado en el debate?

 

Señala Jacques Ardoino que la raíz latina ‘aplicare´, que en español significa ‘plegar´, ‘doblar´, permite contraponer los verbos ‘explicar´ -mención en general asociada a la función docente, pero que  referiría al acto de desplegar, extender, poner en un plano- e ‘implicar´, que se construye a partir del prefijo in (en, dentro) y estaría designando el movimiento hacia adentro, el repliegue sobre sí mismo. Entonces, dice Ardoino, se puede pensar que la explicación está en el espacio y en la medida -obsesión de algunas líneas pedagógicas hegemónicas hoy-, mientras que la implicación, que no tiene espacio, está en el tiempo, en la temporalidad. En el tiempo de la duración, de la historia, es decir, en el tiempo vivido de lo replegado sobre sí mismo, y no en el tiempo medible o mensurable.

 

Pero -aclara Ardoino- ‘plicare´ viene a su vez de ‘plec´, raíz indoeuropea que significa también plegar pero con la diferencia de que los indoeuropeos no distinguían plegar de trabar. Y por ahí la implicación se abre a la complejidad, que en el campo de la educación es tanto como decir que se abre al abordaje de la multirreferencialidad, sin lo cual el ejercicio de la actividad docente se convierte en un oficio tecno-burocrático, deshumanizado y deshumanizante, que es a lo que nos impulsa el modelo hegemónico.

 

¿Cuánto se alejan nuestras innovaciones de ese modelo? Porque los docentes solemos aferrarnos a nuestro rol tradicional de explicadores y evaluadores y nos parapetamos en todo tipo de escudo teórico, tecnológico o pragmático para defendernos de los cuestionamientos que amenazan nuestras certezas.

 

Defendemos nuestras territorialidades, no animándonos a transitar caminos nuevos de encuentro y cooperación en los que nuestros saberes pueden ser puestos en entredicho y nuestros poderes disputados o compartidos por otros.

Un caso paradigmático fue el clima que se generó en el Congreso Nacional de Educación en torno a la propuesta de que se creara una Universidad Pública Autónoma de Formación Docente. Clima que bloqueó la discusión e impidió incluso dejar instalada una comisión interinstitucional que siguiera analizando el tema.

 

Por supuesto que pasados los arrebatos de ese momento las aguas vuelven a su cauce que son los canales de relación y comunicación que existen de larga data entre UDELAR y ANEP. Yo atribuyo de todos modos un valor simbólico muy especial a este foro universitario ya que si es verdad, como dicen los psicólogos, que los encuadres no son inocuos ni casuales, su realización en el Centro de Capacitación y Perfeccionamiento docente Juan E. Pivel Devoto constituye de por sí una innovación muy alentadora: la del encuentro de la Comisión Sectorial de Enseñanza de UDELAR y la Dirección de Formación y Perfeccionamiento Docente, no sólo pensando sino dando pasos juntos para transitar caminos que no están trazados de antemano pero convergen en una utopía que se construye desde la crítica.

 

Pero la crítica que puede proponer alternativas trabajando en el corazón mismo de la relación institución-sujeto, para redefinir, entre otras cosas, el espacio institucional desde la lucha por el reconocimiento de los deseos de aprender y los poderes de enseñar.

 

Compañeros universitarios, están ustedes en su casa. Les deseo el mayor de los éxitos en estos dos días de trabajo y quedamos a disposición para todo lo que necesiten y esté a nuestro alcance.

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