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Nadie se anima a transformar
al FA en un partido político
por Raúl Legnani*
(15 de abril de 2007)
A pesar de que los cambios que no
fueron traumáticos, el Frente Amplio no logró
desplegar una acción política coherente y
sistemática. El FA dejó de tener, una vez en el
gobierno, la costumbre de hacer política convocando
a la gente, ya sea a la ciudadanía o a sus
militantes.
Si bien la explicación de este
fenómeno se puede justificar porque los principales
dirigentes los más experientes - pasaron a ocupar
cargos de gobierno, estaríamos ante un análisis
demasiado primario.
Una posible explicación es que los
matices y las diferencias se manifestaron en la
fuerza política cuando llegó la hora de gobernar de
forma mucho más aguda que la esperada, trasladando
las resoluciones a la bancada parlamentaria o a las
negociaciones interministeriales entre los líderes
del sector - , donde no pocas veces la última
palabra la tuvo, por vía directa o indirecta, el
Presidente de la República.
Otro aspecto a tener en cuenta es que
algunos de los sectores con más fuerza electoral,
comenzaron a mostrar grietas y diferencias internas,
lo que le dieron inestabilidad al andamiaje general
del FA.
Esta carencia de hacer política con
la gente influyó, aunque no haya sido el aspecto
decisivo, en que los delegados de base a los
distintos organismos de dirección se comenzaron a
transformar en un sector. Por algo se reúnen y
operan al igual que un sector típico - bajo el
nombre G41.
Hoy el FA es un organismo político
donde perviven sectores de larga y nueva data, que
acuerdan y confrontan, lo que provoca un gran
alejamiento de los frenteamplistas de la práctica
política orgánica o relacionada con la fuerza
política.
Por fuera de la estructura, actuando
como picana de la organización política, están
también algunos dirigentes sindicales y algunos
sindicatos que buscan influir sobre las decisiones
políticas del FA, muchas veces vinculados a sectores
que se han mostrado más discrepantes con la
conducción del gobierno.
Esta realidad compleja,
contradictoria, por momentos enfermiza, ha llevado
al vaciamiento de gente en el FA y la reducción de
la vida política interna a la lucha de centros de
poder, provocando pérdida de calidad democrática y
envejecimiento de sus militantes que son capaces de
discutir sobre la pureza de los textos sagrados y de
la sexualidad de los ángeles, mientras los muchachos
se enamoran a través de los mensaje de texto
preocupándose por el sexo de los humanos o los
observan desde el cyber como si los veteranos fueran
piezas de museo.
Seguramente con la intención de
corregir algunos de estos problemas, el presidente
Jorge Brovetto ha hecho inmensos esfuerzos para que
en torno a su investidura, se cree un equipo
presidencial de cinco personas, incluido el
presidente.
Mientras, en verano y bajo los humos
y humores de la semana de Turismo se han dado
conversaciones, algunas reconocidas y otras negadas,
entre dirigentes del FA para ver como se cambia la
situación. Por ahora muchos apuntan a la
simplificación de la interna del Frente, desafío que
hace ya muchos años propuso Líber Seregni y que por
cierto no prosperó. Al contrario: hoy hay más
sectores en el FA que en la década del 90 y las
bases son cada vez menos bases. La expresión de la
izquierda se ejerce más por caminos novedosos en
el plano de la opinión pública, a través de cadenas
de mail, blogs, Internet y llamadas telefónicas a
las radios, que se transforman en otro tipo de
picaneo al gobierno y a la fuerza política.
La revolución política
Era de esperar que una vez en el
gobierno, la política de cambios llegara también a
la fuerza política pero eso no ocurrió. La
dirigencia del Frente Amplio está preocupada por la
situación, pero no arriesga ninguna iniciativa de
envergadura.
Hemos consultado sobre si el camino
no es que el FA se transforme en un partido político
y abandone, en un proceso, su concepción frentista.
Se nos ha respondido: Se podría considerar, pero
hoy por hoy es inviable, porque nadie se anima a
quedar sin los apoyos sectoriales, además de que hay
fuerzas históricas. En la propia respuesta, en la
primera parte de ella, está el cangrejo: los
sectores se han transformado en el protectorado de
los dirigentes quienes temen perder su poder.
Ante la crisis de los sectores, donde
hay dirigentes del Sector A que están más de acuerdo
con algunos dirigentes del Sector Z y no con todos
los suyos, no hay explicación para mantener esta
estructura frentrista, congelada en el tiempo, que
no ayuda a clarificar las ideas, ordenar el debate y
progresar en eficiencia.
Sucede, además, que muchos de los
gobernantes prefieren el relacionamiento con los
integrantes de su entorno, a desarrollar el
intercambio de ideas con los integrantes de su
sector. Esto acentúa los cortes horizontales a los
que hacíamos referencia, pero a la vez genera nuevos
centros de elaboración y de poder, que terminan
discutiendo sobre gestión y muy poco de política.
También pasa hoy que para decidir
algo primero se tienen que reunir las direcciones
sectoriales y el G41, para después intentar acordar
entre ellos, cuando si los dirigentes convivieran en
un mismo organismo las resoluciones se tomarían por
simple mayoría y en una sola reunión.
Además parece impensable que
ciudadanos que no se sienten cómodos en ver y sentir
al FA a través de los sectores, se incorporen a la
fuerza política que ellos quieren transformar. Solo
con el planteo de un partido de nuevo tipo,
democrático, con corrientes y tendencias que se
expresen libremente, puede haber una nueva irrupción
de militantes, aunque hoy ese reclamo no se exprese.
La propuesta de trazar un plan de
transformación del FA en un partido hay poco
tiempo para concretarlo antes de las elecciones -
debe también tener la generosidad de crear espacios
para los más jóvenes, con la perspectiva de que en
tres años la edad promedio de la plantilla de
dirigentes baje a 50 años de edad. Teniendo en
cuenta, además, el imprescindible espacio para las
mujeres.
Hoy por hoy, en una fuerza política
con cultura de frentismo, la idea de la refundación
del FA en un partido parece no tener quien se anime
a ello. Pero los grandes cambios que tiene el país
por delante, que se están realizando en un nuevo
siglo, no se hacen con una fuerza política que tiene
artrosis y que no expresa la realidad de las
distintas corrientes de pensamiento de la izquierda
y el progresismo.
Además hoy la historia le reclama al
FA una nueva mirada de largo aliento en un mundo y
en un Uruguay que no es el de los 70 entre otras
cosas porque ganó la izquierda- y donde la
economía, el mundo, los actores sociales y políticos
no son lo mismo, ni se expresan de la misma manera.
Para mirar lejos, resolviendo el presente, no se
puede hacer a través de los expedientes y sin tomar
en cuenta las enseñanzas de gobernar. Y esa síntesis
parece reclamar la existencia de un partido, al que
nadie se anima a proponer (disparen, saben donde
encontrarme).
* 8 de mayo: Piazza disparó.
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