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Polémica: ¿Transformar
al Frente Amplio en partido?

Ernesto Piazza

Nadie se anima a transformar
al FA en un partido político

Raúl Legnani

Nadie se anima a transformar
al FA en un partido político

por Raúl Legnani*
(15 de abril de 2007)

A pesar de que los cambios que no fueron traumáticos, el Frente Amplio no logró desplegar una acción política coherente y sistemática. El FA dejó de tener, una vez en el gobierno, la costumbre de hacer política convocando a la gente, ya sea a la ciudadanía o a sus militantes.

 

Si bien la explicación de este fenómeno se puede justificar porque los principales dirigentes – los más experientes - pasaron a ocupar cargos de gobierno, estaríamos ante un análisis demasiado primario.

 

Una posible explicación es que los matices y las diferencias se manifestaron en la fuerza política cuando llegó la hora de gobernar de forma mucho más aguda que la esperada, trasladando las resoluciones a la bancada parlamentaria o a las negociaciones interministeriales – entre los líderes del sector - , donde no pocas veces la última palabra la tuvo, por vía directa o indirecta, el Presidente de la República.

 

Otro aspecto a tener en cuenta es que algunos de los sectores con más fuerza electoral, comenzaron a mostrar grietas y diferencias internas, lo que le dieron inestabilidad al andamiaje general del FA.

 

Esta carencia de hacer política con la gente influyó, aunque no haya sido el aspecto decisivo, en que los delegados de base a los distintos organismos de dirección se comenzaron a transformar en un sector. Por algo se reúnen y operan – al igual que un sector típico - bajo el nombre G41.

 

Hoy el FA es un organismo político donde perviven sectores de larga y nueva data, que acuerdan y confrontan, lo que provoca un gran alejamiento de los frenteamplistas de la práctica política orgánica o relacionada con la fuerza política.

 

Por fuera de la estructura, actuando como picana de la organización política, están también algunos dirigentes sindicales y algunos sindicatos que buscan influir sobre las decisiones políticas del FA, muchas veces vinculados a sectores que se han mostrado más discrepantes con la conducción del gobierno.

 

Esta realidad compleja, contradictoria, por momentos enfermiza, ha llevado al vaciamiento de gente en el FA y la reducción de la vida política interna a la lucha de centros de poder, provocando pérdida de calidad democrática y envejecimiento de sus militantes que son capaces de discutir sobre la pureza de los textos sagrados y de la sexualidad de los ángeles, mientras los muchachos se enamoran a través de los mensaje de texto preocupándose por el sexo de los humanos o los observan desde el cyber como si los veteranos fueran piezas de museo.

 

Seguramente con la intención de corregir algunos de estos problemas, el presidente Jorge Brovetto ha hecho inmensos esfuerzos para que en torno a su investidura, se cree un equipo presidencial de cinco personas, incluido el presidente.

 

Mientras, en verano y bajo los humos y humores de la semana de Turismo se  han dado conversaciones, algunas reconocidas y otras negadas, entre dirigentes del FA para ver como se cambia la situación. Por ahora muchos apuntan a la simplificación de la interna del Frente, desafío que hace ya muchos años propuso Líber Seregni y que por cierto no prosperó. Al contrario: hoy hay más sectores en el FA que en la década del 90 y las bases son cada vez menos bases. La expresión de la izquierda se ejerce más por caminos novedosos – en el plano de la opinión pública, a través de cadenas de mail, blogs, Internet y llamadas telefónicas a las radios, que se transforman en otro tipo de picaneo al gobierno y a la fuerza política.

 

La revolución política

 

Era de esperar que una vez en el gobierno, la política de cambios llegara también a la fuerza política pero eso no ocurrió. La dirigencia del Frente Amplio está preocupada por la situación, pero no arriesga ninguna iniciativa de envergadura.

 

Hemos consultado sobre si el camino no es que el FA se transforme en un partido político y abandone, en un proceso, su concepción frentista. Se nos ha respondido: “Se podría considerar, pero hoy por hoy es inviable, porque nadie se anima a quedar sin los apoyos sectoriales, además de que hay fuerzas históricas”.  En la propia respuesta, en la primera parte de ella, está el cangrejo: los sectores se han transformado en el protectorado de los dirigentes quienes temen perder su poder.

 

Ante la crisis de los sectores, donde hay dirigentes del Sector A que están más de acuerdo con algunos dirigentes del Sector Z y no con todos los suyos, no hay explicación para mantener esta estructura frentrista, congelada en el tiempo, que no ayuda a clarificar las ideas, ordenar el debate y progresar en eficiencia.

 

Sucede, además, que muchos de los gobernantes prefieren el relacionamiento con los integrantes de su entorno, a desarrollar el intercambio de ideas con los integrantes de su sector. Esto acentúa los cortes horizontales a los que hacíamos referencia, pero a la vez genera nuevos centros de elaboración y de poder, que terminan discutiendo sobre gestión y muy poco de política.

 

También pasa hoy que para decidir algo primero se tienen que reunir las direcciones sectoriales y el G41, para después intentar acordar entre ellos, cuando si los dirigentes convivieran en un mismo organismo las resoluciones se tomarían por simple mayoría y en una sola reunión.

 

Además parece impensable que ciudadanos que no se sienten cómodos en ver y sentir al FA a través de los sectores, se incorporen a la fuerza política que ellos quieren transformar. Solo con el planteo de un partido de nuevo tipo, democrático, con corrientes y tendencias que se expresen libremente, puede haber una nueva irrupción de militantes, aunque hoy ese reclamo no se exprese.

 

La propuesta de trazar un plan de transformación del FA en un partido – hay poco tiempo para concretarlo antes de las elecciones - debe también tener la generosidad de crear espacios para los más jóvenes, con la perspectiva de que en tres años la edad promedio de la plantilla de dirigentes baje a 50 años de edad. Teniendo en cuenta, además, el imprescindible espacio para las mujeres.

 

Hoy por hoy, en una fuerza política con cultura de frentismo, la idea de la refundación del FA en un partido parece no tener quien se anime a ello. Pero los grandes cambios que tiene el país por delante, que se están realizando en un nuevo siglo, no se hacen con una fuerza política que tiene artrosis y que no expresa la realidad de las distintas corrientes de pensamiento de la izquierda y el progresismo.

 

Además hoy la historia le reclama al FA una nueva mirada de largo aliento en un mundo y en un Uruguay que no es el de los 70 – entre otras cosas porque ganó la izquierda-  y donde la economía, el mundo, los actores sociales y políticos no son lo mismo, ni se expresan de la misma manera. Para mirar lejos, resolviendo el presente, no se puede hacer a través de los expedientes y sin tomar en cuenta las enseñanzas de gobernar. Y esa síntesis parece reclamar la existencia de un partido, al que nadie se anima a proponer (disparen, saben donde encontrarme).

* 8 de mayo: Piazza disparó.

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