El Complejo
Industrial-Militar

Luiz Moniz Bandeira

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Clóvis Rossi
 

El Complejo Industrial-Militar
por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira*

El presidente Dwight Eisenhower, al despedirse del cargo en enero de 1961, denunció la “injustificada influencia, solicitada o no, del que llamó “complejo industrial-militar”, sobre el gobierno de los Estados Unidos. Algunos años después, el senador J. William Fulbright, del Partido Demócrata, hombre íntegro y lúcido, declaró sospechar que alguna fuerza extraña estaba por detrás de los diversos acontecimientos que fomentaban la Guerra Fría e impedían a los Estados Unidos alcanzar un entendimiento con la Unión Soviética.  Alguna cosa “no usual” – comentó él - siempre sucedía toda vez que las dos super-potencias iban a mejorar sus relaciones.

 

El senador Fulbright exceptuó que no podía probar nada, empero, incluso si tales acontecimientos habían constituido una mera coincidencia, fueron aprovechados por aquellos – “todos llamados conservadores” – que creían que los rusos eran la encarnación del mal y que cualquier relación si era con ellos era un pecado mortal. Él recordó a Fulbright que el propio presidente Harry Truman cierta vez había comentado que siempre que comenzaba a darse algún progreso en los entendimientos con la Unión Soviética, “something seemed to happen”.

 

Fulbright calificó los años en que el presidente Ronald Reagan estuvo en el gobierno de los Estados Unidos como una “irresponsible era” (“era irresponsable”) y advirtió que los Estados Unidos iban a emerger de un desastroso período, la culminación de antiguas tendencias para la militarización de ambas, la política y la economía.  Y adujo que el aura de patriotismo paraba el debate, pero lo que los conservadores iban a defender era exactamente la sobre-facturación, tecnología sofisticada muchas veces redundante y algunas veces simplemente sistemas bélicos innecesarios.  Como siempre, con mucha lucidez, el senador Fulbright  denunció que la economía de los Estados Unidos se había tornado militarizada y, proliferado por el involucramiento global militar del país, el complejo industrial-militar se convirtió en una poderosa fuerza para la perpetuación de la carrera armamentista, de la cual obtenía grandes lucros.  Y adujo que la “violencia se tornó la principal industria de la nación. Según comentó el slogan en los Estados Unidos durante la guerra en Vietnam era: “Fuerza! Más dinero para bombas! Más poder! Nosotros debemos ser el número uno”.

 

También Fulbright  advirtió que la militarización de la economía iba a socavar internamente a los Estados Unidos, porque los armamentos no eran reproductivos. En efecto, dedicando una gran participación del poder industrial a los gastos de armamentos improductivos, los Estados Unidos iban a correr el riesgo de erosionar su base económica nacional, especialmente vis-à-vis potencias que concentraban una mayor participación de su renta en inversiones productivas a largo plazo.

 

Durante la Guerra Fría, la “amenaza soviética” había sido  amplificada por los Estados Unidos con el objetivo de obtener apoyo y justificar la intervención política y militar en los asuntos internos de otras naciones y las excesivas dotaciones presupuestarias, a título de defensa. Sin embargo, con la desintegración de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el Pentágono, la CIA y demás servicios de inteligencia, dado que ya no había más otro Estado o bloque de Estados con capacidad de desafiar a los Estados Unidos y poner en riesgo su sistema económico, social y político, el Pentágono, la CIA y otras agencias americanas trataron de identificar nuevas amenazas, tales como el terrorismo y el narcotráfico, para fundamentar la continuidad de los abultados recursos, hasta entonces destinados al complejo industrial-militar.

 

El “terrorismo internacional”, que después de la revolución islámica en Irán había comenzado a configurarse, en el discurso de los gobernantes americanos, como el nuevo enemigo, otra nueva amenaza, sustituyó al “comunismo internacional”.  Y,  a fin de justificar el alto nivel de los gastos en defensa, e incluso aumentarlos, el aparato de seguridad de los Estados Unidos trató de enfatizar aún más esta nueva amenaza: el “peligro verde”, representado por el fundamentalismo islámico, sustituyó al “peligro rojo”,  el comunismo internacional, que la Unión Soviética y el Bloque Socialista habían configurado. Los burócratas del Pentágono, los neocons, CIA y otros órganos de seguridad desarrollaron entonces la nueva demoniología, aumentada por el concepto de rogue states (Estados irresponsables), los nuevos entes malignos. Con tal guerra contra el terrorismo y todavía provocando a Rusia, los años del presidente George W. Bush, en el gobierno de los Estados Unidos, conforman otra era aún más irresponsable que la del presidente Ronald Reagan.

 

Traducido para La ONDA digital  por Cristina Iriarte

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* Luiz Alberto Moniz Bandeira é doutor em ciência política pela USP, professor titular  da UnB (aposentado), doutor-honoris-causa pela UniBrasil – Faculdades Integradas del Paraná e  autor de mais de 20 obras, entre as quais Formação del Império Americano, que lhe valeu ser eleito pela União Brasileira de Escritores Intelectual del Ano 2005, vencedor del Troféu Juca Pato.

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