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¡Quien hubiera dicho que
Torres García tenía dudas!
por el arquitecto Mariano Arana
"Busco concretar mi pintura en una sola
manera y no puedo. Sobre todo veo en mí
dos grandes direcciones bien deslindadas,
ya que una excluye a la otra". ¿Cuál es mi
camino, cuál? Esto me desespera".
En oportunidad de
realizarse el lanzamiento en Montevideo el Libro
"Torres García: utopía y trasgresión" del ingeniero
Mario Gradowczyk. El Arquitecto y ministro Mariano
Arana realizó las reflexiones que siguen sobre la
personalidad de Joaquín Torres García. En el acto
estuvieron como invitados e hicieron uso de la
palabra el autor Mario Gradowczyk, el artista
Hermenegildo Sábat y la directora del Museo Torres
García, Jimena Perera. El libro fue editado por la
Fundación Torres García. Lo que aquí se puede leer,
expresado por el arquitecto Arana, fue tomado por La
ONDA digital, de la versión gravada del evento.
¡Quién
le hubiera dicho a don Joaquín, al maestro, que
algún día se podrían reunir gente joven y otra no
tan joven, en un lugar tan señalable como es éste,
(Museo Torres García) que hoy es reconocido a nivel
universal cuando tantas dificultades tuvo que pasar
en su vida, llena de sinsabores!
En este mismo libro
que recibí días atrás, aunque no me dio el tiempo
para leerlo íntegramente, bastó lo mucho que he
transitado por él para saber hasta qué punto hay que
valorarlo, jerarquizarlo en la medida de sus
auténticos valores.
También otra
reflexión. Las disculpas que recién se hacían aquí
cuando se señalaba al Menchi como un artista
argentino. No, no. Vamos a decir la verdad. Si
hablamos del Menchi Sábat, si hablamos de la China
Zorrilla, de Víctor Hugo Morales, tenemos la
sensación de que son gente que trasciende realmente
los lugares que los vieron nacer: Montevideo para el
caso del Menchi y también para la China Zorrilla,
Cardona para el caso de Víctor Hugo Morales.
Porque vamos a decir
la verdad: tanto lo que ocurrió ahora con Menchi,
como me ocurrió a mí, que un poco me indigné hace
pocos años atrás cuando visitando, creo que fue en
el Museo Thyssen-Bornemisza, donde veo un estupendo
cuadro de Torres y leo "Joaquín Torres García",
(español, 1874-1949). Yo me indigné un poco y estuve
a punto de ir a hablar con alguien de la dirección.
Después dije: bueno, pero si esas figuras al final
de cuentas, más allá de que sería conveniente que al
menos dijeran que nació en Montevideo y también
murió en Montevideo, son personalidades que
trascienden fronteras y son prácticamente
universales.
(Acotación de Sabat:
el maestro era español nacido en Montevideo). Pero
él se fue de muchacho, bien jovencito, y vuelve
cuando es un hombre mayor, vuelve con 60 años pero
felizmente vive 15 años más, del 34 al 49, un año
después de Vilamajó.
Siempre me llamó la
atención que entre dos personalidades tan
trascendentes para la cultura uruguaya no haya
habido que yo sepa, vínculos comunes, más allá de
que el propio Torres García estuvo como docente en
la Universidad y particularmente en la Facultad de
Arquitectura dio clases y conferencias de que
seguramente buena parte se conservan y están
documentadas.
Simplemente algunas
ideas iniciales para ponernos un poco a tono de lo
que para mí fue extraordinariamente estimulante.
Esta obra que insisto no llegué a completar su
lectura por falta de tiempo, pero en los capítulos
que seleccioné para estas primeras incursiones en él
me resultó estimulante y removedora. Y de alguna
manera contribuyó a cambiar o a completar algunas de
las ideas que felizmente comenzamos a tener bastante
antes de ingresar a la Facultad de Arquitectura.
Yo lo decía en una
entrevista que pudimos compartir con Mario en una
audición de radio en la que me permitieron señalar
algunas de las ideas que voy a compartir ahora con
ustedes. Tenían que ver con lo mucho y lo bueno que
también muchos de nosotros fuimos capaces de recibir
gracias a algunos docentes que nos abrieron las
cabezas y los corazones, la sensibilidad y el
razonamiento, para poder captar, yo no digo en
plenitud porque sería de una soberbia inaudita, pero
sí buena parte de un legado impresionante para el
caso del Río de la Plata y muy concretamente para el
caso de Uruguay, un país muy acotado en términos
poblacionales y territoriales. Un legado que nos han
dejado una multitud de creadores muy singulares en
distintos campos de la creación. Ni que hablar los
literarios, los poéticos, los teatrales y muy
particularmente los que tienen que ver con la
arquitectura, con algunas ideas urbanísticas y
fundamentalmente en el ámbito de lo pictórico, que
me parece en el siglo XX particularmente rico.
También
contradictorios. Yo me imagino, simplemente por
algunas de las noticias que he recibido de personas
que conocieron directamente al maestro. En general
la gente es muy parca para hablar de las cosas que
no resultan lo más simpáticas posibles a los ojos de
quienes tratan de consagrar y subrayar el talento
superior que han tenido en su tránsito por el ámbito
creativo en los más diversos terrenos, cuando esas
condiciones no son precisamente las que uno más
aprecia.
Seguramente era un
hombre no sé si irascible pero con su carácter. Me
imagino que habrá tenido una compañera
absolutamente excepcional en Manolita. Así
parece para quien tuvo la oportunidad como nosotros
tuvimos algunos años atrás, de ver estupendas
exposiciones donde uno percibía con qué calidad
hacía muchos de sus dibujos y sus grabados. Creo que
no los siguió haciendo hasta el final, posiblemente
por la presencia muy rotunda de la persona a la que
le dedicó toda su vida más allá de la familia y de
las alegrías y los sinsabores que evidentemente
compartieron juntos.
De ese periplo
permanente en el hacer creativo pero también en el
periplo, estrictamente hablando, de las
trasposiciones geográficas, de un lugar a otro,
buscando siempre nuevos horizontes y nuevas
posibilidades que no resultaron en general fáciles
sino bien difíciles y que viene finalmente a éste
nuestro territorio, así como se dice que llegó
temprano a Barcelona pero quizá tarde a París, ya
prácticamente un movimiento renovador estaba en
marcha con una multitud de ofrecimientos
vanguardistas en materia de lo creativo en lo que a
artes visuales se refiere.
Pero en el caso de
Montevideo, es curioso: llega temprano, quizás
demasiado, donde era muy difícil que se lo
aceptara con el grado de formación, de
consolidación, muy medular, muy estructurada (creo
que es una palabra particularmente apropiada para el
caso de Torres precisamente) en un ámbito que no
estaba propenso para que ese legado tan sustantivo
fuera aceptado. Pero que curiosamente Torres tanto
en lo que realizó en su Cataluña, porque también fue
la de él como la de su padre, en materia
arquitectónica podía estar contrastando esa adhesión
con la bastante apegada a las tradiciones clásicas
en materia arquitectónica, bastante contrastante por
cierto por la actitud absolutamente renovadora,
removedora, intransigente que tuvo para todo cuanto
de mejor o por lo menos más sustantivo y más
original pudo haber propuesto al mundo
latinoamericano y al mundo sin ningún otro epíteto
complementario.
Cuando llega Torres
García es sin duda un removedor en materia de
artes visuales pero desde el punto de vista
arquitectónico, incluso en la casa donde llega a
vivir, es una casa relativamente anodina que si
acaso pudo haber sido deficitaria de aquel
Mon Repós
que hacia 1915 él hace en Tarrasa, donde justamente
esa cultura estuvo muy propicia al movimiento
neocentista catalán, que de alguna manera era la
afirmación propiamente local de un ámbito muy
peculiar.
Yo creo que también
hay que agradecerle a Mario esa facilidad sin
rigores excesivos con que trata de darnos la
especificidad de lo que estaba sucediendo para cada
etapa en sus distintos capítulos. El caso de la
consideración de las maderas él lo señala también
desde el comienzo del libro pero es un capítulo
aparte. Vale la pena también considerarlo como
capítulo aparte porque es una creación que le
permite en los años 20 estar transitando por la no
figuración gracias a ese tipo de modelación en esa
especie de arte por el que Torres transita y maneja
soberbiamente y donde comienza a conjugar todas sus
preocupaciones o las que uno puede considerar como
las más identificatorias con su propia personalidad.
Ahí donde señala
Mario todo lo que tiene que ver con la fragmentación
y la construcción y la abstracción. Pero también
¡qué interesante! digamos para completar la frase en
lo que tiene que ver con la arquitectura, y dejo la
arquitectura de lado. Porque eso me lo hizo notar
Dieste y también Payssé Reyes. Los dos admiradores
absolutos. Porque gracias a ellos y en particular a
Fernando García Esteban, a Florio Parpagnoli y a
Mario Payssé Reyes, que fueron profesores nuestros,
los dos primeros en Historia del Arte y el otro como
profesor de dibujo en los últimos años de
Secundaria, antes de entrar en la Facultad de
Arquitectura. Los tres, personas absolutamente
entusiastas del legado de don Joaquín y señalando
tanto Payssé Reyes como el propio Dieste, que era
admirador extraordinario de la obra de Torres. Por
más que entre la obra de Torres, particularmente
geometrizante y estructuradora no había una afinidad
estrictamente expresiva muy grande con lo que estaba
proponiendo Dieste en lo mejor de su obra, en su
vastísima y excelentísima obra.
Pero había aspectos
que yo trataré de señalar para tratar simplemente de
recordar lo que en este libro se expresa y en lo que
en otros libros el propio Torres García plasma en
ese legado formidable que no se da exclusivamente en
su quehacer estrictamente creativo, en materia de
artes visuales. Esto es también arte que no es
propiamente pintura. Uno acaso se acerca más a la
arquitectura: ese sillón, algunas de sus mesas,
algunos de sus juguetes y los objetos que sus
discípulos conformaron en ese "Taller del Sur" que
él crea en nuestra capital uruguaya.
Esa forma de ser
particularmente avanzado en la creación de artes
visuales cuando de pronto en términos
arquitectónicos, la arquitectura estaba mucho más
avanzada cuando llega a Montevideo en 1934 ya hacía
por lo menos diría yo 15 años, quizá más, que una
pléyade de arquitectos uruguayos se había puesto a
la vanguardia del movimiento latinoamericano, en
conjunción con algunos otros creadores, no todos
argentinos, que también se estaban dando en la
hermana República Argentina.
Dicho lo cual uno
podría preguntarse: ¿hay entonces una contraposición
entre ese apego a cierto clasicismo que él tanto
admiró y tanto se inspiró en él para sentirse cómodo
en ese movimiento de transformación catalana, con
esa admiración tan particular que él tuvo cuando
tempranamente visita en sus primeras incursiones a
París cuando ve las obras de
Puvis de Chavans,
con una clara sugerencia de apropiación de todo el
equilibrio que él pudo percibir en ese autor y que
él traspone en los primeros murales por ejemplo para
Cataluña. Y que después retoma. ¡Qué curioso!
Porque eso lo marca muy bien esta obra que está
magníficamente ilustrada, donde tú mismo señalabas
en entrevistas que algunas de las obras que aparecen
aquí magníficamente reproducidas, es la primera vez
que aparentemente se ponen en conocimiento,
particularmente algunos de los dibujos de París. Por
lo menos no se sabía o no se podía identificar
efectivamente si eran de esta ciudad, una de las
metas de todas las personas, que no solamente
estaban ya comenzando a ser respetadas y aplaudidas
u otras que buscaban justamente ese punto.
Porque allí era el
punto de encuentro de una multiplicidad de
corrientes transformadoras que iban gestando o
estaban tratando de madurar juntas, no siempre
armónicas, a veces generando una polémica que no
siempre fue civilizada sino muy dura., porque se
estaba transformando y se procuraba transformarlo
todo. Algunas de esas corrientes además pretendiendo
trasponer lo que era puramente artes visuales,
aspectos ideológicos y aspectos de una nueva
estructuración del mundo en su globalidad. No
siempre estamos hablando de estructuraciones
vinculadas al mundo de lo progresista y lo de
izquierda. Recuerden que el futurismo italiano, que
tuvo una resonancia muy temprana en el sigo XX,
particularmente el manifiesto de Marineti en 1909 y
que rápidamente en el mismo año se traduce en
España. Y donde ese movimiento por lo menos en un
inicio se vincula muy claramente al fascismo
italiano, o al menos a algunas de las
manifestaciones fascistas antes de que Mussolini
llegara en la marcha del 22 a ser gobierno
autoritario con todo lo que ello trajo para el mundo
europeo y para el mundo sin ningún otro tipo de
calificativos.
Ese hombre entonces
que tempranamente trata de separar la pintura
literaria, a la que él de ninguna manera se siente
apegado, para estar proponiendo la pintura plástica
con sus particulares modalidades, trata de también
de señalar esa especie de polos, supuestamente
antagónicos, entre clasicismo y romanticismo.
Pero qué interesante
que sepamos que ya en Montevideo él insiste en decir
cosas como ésta, por ejemplo: "Pasó la época -y eso
lo dice en la publicación "La Escuela del Sur", en
1935, es decir un año después de afincado aquí, en
su ciudad natal- romántica de lo pintoresco y hoy
se está frente a la época dórica de la forma".
Todavía podemos
recordar que veinte años antes ya había escrito en
Tata Nuña hacia 1913 que "la razón es la ley y que
es también la verdad". Y para una persona -las
personas de prolongada vida y de una extensísima
tarea creativa y reflexiva, no se mantienen
idénticas a sí mismas- es interesantísimo ver cómo
Mario marca esa forma matizada, problemática, con
que el propio maestro a veces está cuestionando o
por lo menos tratando de matizar su propio
pensamiento a través de esa forma continua de
reflexión y de acción, en que la reflexión trata de
ser el sustento de sus creaciones o la explicación
de lo que como necesidad expresiva él siente para
explicar y consolidar desde el punto de vista
teórico, lo que él mismo plasma a través de la obra
creativa.
Es interesantísimo,
por eso me gusta traducir una frase que quisiera
compartir con ustedes porque es una frase en la que
él también se plantea teóricamente la forma de
tratar de traducir en términos plásticos lo que él
entiende una actitud casi misional de su propuesta
artística: "Yo lo veía todo a una medida humana y
era mi sentido de proposición; y él, -dice, ahora yo
les develo el misterio- que era un formidable
romántico, todo lo veía en lo ilimitado". ¿A quién
se refiere? .
A una persona
bastante mayor que él por cierto, que conoce a
principios de siglo -no sé si en 1903 o en 1905-
cuando lo contratan, siendo prácticamente un
muchacho para que lo ayude en todo lo que es la
transformación que este hombre, que es nada menos
que el enorme artista catalán Antonio Gaudí.
Lo llama a Torres como a tantos otros seguramente
para colaborar en toda una serie de aspectos
decorativos en la transformación que hace Gaudí de
la catedral de Palma de Mallorca. Es su primer
contacto, lo que le permite a Torres una admiración
extraordinaria por ese maestro catalán, pero que muy
poca vinculación podía tener de esa obra ilimitada
como el propio Torres señala. Esa obra prácticamente
apasionada, casi sin límites con que Gaudí era
capaz de traducir en términos plásticos,
constructivos, pictóricos, colorísticos, donde
generaba una serie de formas a veces inauditas que
incluso podría uno emparentar con alguna de las
corrientes de vanguardia por más que él en absoluto
se sentía un hombre que pudiera apegarse a lo que se
llamaba vanguardia en la segunda o tercera década
por lo menos de esa Europa tan fermental en materia
creativa.
Esto lo escribía en
1943, avanzada su vida y bien instalado en éste
nuestro Montevideo. Y en una nota -lo digo esto
porque él admiraba muchísimo a Torres más allá de
que las propuestas expresivas eran absolutamente
contradictorias o por lo menos muy divergentes entre
el mundo mucho más estructurado, hasta geometrizante
que mayoritariamente transitó Torres García. Esto es
lo que permite entender también cómo una persona
como Eladio Dieste, cuyas modalidades expresivas y
constructivas no se apegaban en términos
directamente formales con el maestro, sin embargo
había otras aproximaciones que yo también las quiero
aludir porque aparecen más o menos señaladas en las
muchas citas que se hacen en forma permanente del
directo pensamiento de Torres en este libro de
Mario.
Muchos de los
testimonios que hemos tenido el privilegio de tener
con ese amigo extraordinario y ese talento fenomenal
de Dieste -la verdad, ¡qué privilegio haberlo tenido
de alumno, Mario! Además de algún modo revela entre
los grandes esa especie de alumno que efectivamente
le está proporcionando nuevas perspectivas, nuevas
formas de pensamiento y de reflexión. Entonces nos
gustaría compartir también una cita un poco más
prolongada pero sintomática de este pensamiento que
está permanentemente durante un cierto tiempo
bastante prolongado entre lo que podía ser
pensamiento, razón, sentimiento y hasta intuición en
materia creativa. Entre clasicismo y no clasicismo.
Y sentimiento.
El propio Torres -y
ahora es una cita del año 26- creo que está
aceptando algunas de las cosas que Barradas le
sugiere a través de algunas de sus inquietudes y que
a uno le permite percibirlas en algunos de sus sketchs,
en particular aquellos en que movido por esa
realidad tan absolutamente distinta a la europea
genera en Nueva York, en ese tránsito no tan
prolongado, bastante fermental y también
desgraciado, en la imposibilidad de encontrar... en
Barcelona y antes de trasladarse a París muy a pesar
de Manolita -no, a pesar de ella no, porque Manolita
quería ir a París desde largo tiempo atrás, lo
consigna Mario de manera muy acertada y muy
ilustrativa-, le dice en carta a Barradas: "Hace 20
años que busco concretar mi pintura en una sola
manera y no puedo".
Lo digo para saber hasta qué punto
los grandes están condicionados por sus dificultades
y sus dudas. ¡Quien hubiera dicho que Torres
tenía dudas! Pero seguramente las tenía porque
con aquellas personas a las que transmitía con tanta
sinceridad sus inquietudes, su necesidad de tener
un apoyo o una opinión de alguien a quien respetaba.
A otros no les pediría opinión, me imagino, de
ninguna manera. Pero cuando dice
"busco concretar mi pintura en una
sola manera y no puedo. Sobre todo veo en mí dos
grandes direcciones bien deslindadas, ya que una
excluye a la otra".
Dentro de la propia preocupación y
el propio pensamiento problematizado del maestro.
"Para decirlo en términos corrientes, son clasicismo
y romanticismo". A pesar de lo que había dicho en
otros escritos acerca del romanticismo. "Lo
ordenado, sereno, estático, perfecto, bien
proporcionado y bello" y por otra parte, digamos "lo
libre, vibrante, el yo, lo nuevo, lo de ahora, lo
dinámico. Tengo cosas buenas en las dos maneras. Y
esto es lo peor ¿Cuál es mi
camino, cuál? Esto me desespera".
Es maravillosamente
humano. Uno se lo imaginaría si no conociera sus
fotografías y los autorretratos, como también
cuadriculado en términos octogonales. Felizmente
no era así. Más allá de que por algo les puso a
sus hijos nada menos que Augusto, Horacio,
Ifigenia y Olimpia. Una cosa que habla de apego
particularmente fuerte a todo lo que del neocentismo
quedó en lo que él más admiró de la pintura en los
distintos museos europeos.
"He hecho cosas
dentro de lo clásico de una armonía perfecta, de una
serenidad absoluta". Tampoco es tonto, él sabe
valorarse. Sabe que lo que ha hecho en muchísimos
campos está bien, es positivo y es valioso más allá
de que se lo valore o no en su propio momento.
"Y qué pureza", dice
todavía. Tampoco era totalmente modesto,
difícilmente lo son los grandes creadores. "Pero
dentro de lo otro ¡qué vida! ¡Todo es vivo! ¡Qué
expresión, qué belleza extraña y cómo atrae! No
puedo, por esto, resignarme a ahondar ninguna de las
dos maneras. Y ya veo que tendré que seguir así",
dice en 1926...."oscilando de un extremo al otro.
Lo clásico mío de ahora no es académico, es algo
joven y vivo. Tiene por esto el mismo valor de
plasticismo que lo otro". Yo creo que tiene razón.
Pero no es menos interesante que Mario nos permita
conocer estos textos, que yo no recordaba haberlos
leído. Me pareció como una iluminación que tú me
facilitaste hacer.
Él llega a afirmar sin embargo lo
siguiente: "Sólo la razón puede purificarnos en
todos los terrenos. El ARTE debería basarse
también sobre la RAZÓN y no solamente sobre el
instinto. Se debe hacer obra objetiva. La
certeza de la identidad del ser debe reconocer que
esta UNIDAD FUNDAMENTAL está absolutamente de
acuerdo con la RAZÓN". Luego agregaba: "Esto por un
lado, pero también por el otro, la VIDA". Esto lo
escribe poco antes de volver a Montevideo, dos años
antes. Y ya en Montevideo escribe lo siguiente:
"Si me dieran a elegir
entre el sentir o pensar,, me quedaría con el
primero, con el sentir".
Un año antes de
morir llega a escribir: "La razón universal sería
más bien una intuición que abarcaría el cosmos, que
es por esto, tanto sentida como pensada. No es por
esto, nuestra posición, la del racionalista." Creo
que vale la pena señalar esto, porque puede ser un
hombre razonable, que procura el equilibrio pero no
un racionalista a extremos archideshumanizados como
decía, por ejemplo, respecto del arte de los
neoplasticistas holandeses.
De alguna manera uno siente que
vuelve a tomar un pensamiento que 35 años antes
aparecía en las Notas sobre el Arte que publicó en
Barcelona por 1913. "La pintura y la escultura no
deben ser solamente plásticas". Vale la pena
señalar esto porque me parece muy en consonancia con
la intransigencia en la conducta que ha observado
como persona, como maestro y como realmente un
hombre convencido de que su misión en esta tierra -y
hasta qué punto la ha cumplido- es tratar
de tener una fuerte congruencia de
actitud vital y un compromiso muy profundo, muy
sentido. "La pintura y la escultura no deben ser
solamente plásticas, sino que deben tener un sentido
moral profundísimo, y en cierto modo, manifestar el
sentido filosófico que el artista puede tener del
mundo".
Yo no lo conocí a
Torres, lo podía haber conocido porque yo tenía 15
años cuando murió. Pero Dieste hablaba del arte
-porque lo admiraba muchísimo- como "revelación del
misterio del mundo". Un hombre profundamente
religioso como lo era por cierto Gaudí.
¡Qué consonancia tan
importante me parece percibir entre este creador
fallecido hace siete años atrás como es el caso de
Dieste, tan admirador de la obra de Torres, tan
admirador de la obra de Olimpia y de las
características personales que Olimpia tuvo!
Cuando dice Torres
"Lo que debería ser la base de la estructura
artística debería ser también la base de la
estructura del universo". Esa especie de cosmovisión
congruente entre lo que se hace y lo que en la
medida que lo que se haga esté en consonancia con el
mundo que nos rodea. Y esa especie de gran
congruencia para mantenerse firmemente responsable
de sus gestos, de su pensamiento y de su actuación
en tanto artista, es lo que hace grandes a los
grandes. Muchas gracias Mario por habernos permitido
esclarecer esa grandeza.
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