El mundo multipolar y la
integración sudamericana
por Samuel Pinheiro Guimarães

La revista Res Diplomática (RD), del Instituto ISEN- Ministerio de Relaciones Exteriores Argentino, en su Nº 1 de la nueva etapa, tiene como contenido “la Integración, cuestión que atraviesa la política exterior argentina con mucha fuerza durante las últimas décadas”, dice desde el prólogo el canciller argentino Jorge Taina. El articulo que se puede leer a continuación y que integra el contenido de RD, es del vice canciller brasileño Samuel Pinheiro Guimarães.

“Por dimensión y por historia, la apuesta de Brasil por la integración regional tiene en el centro a su relación con Argentina. Un Mercosur fuerte, que atienda a sus asimetrías internas y sus potencialidades externas, es el mejor contexto posible para insertarse en un mundo multipolar marcado por la concentración de poder político en las grandes potencias. Esto requiere de políticas activas de los Estados miembros, tanto en el plano económico y comercial como en la acción política multilateral.

 

La importancia esencial de América del Sur

América del Sur se encuentra, necesaria e inexorablemente, en el centro de la política exterior brasileña. A su vez, el núcleo de la política brasileña en América del Sur está en el Mercosur.

La integración entre Brasil y Argentina y su papel decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más seguro, más constante, más vigoroso de las estrategias políticas y económicas tanto de Brasil como de Argentina. Cualquier intento de establecer diferentes prioridades para la política exterior brasileña, e incluso una aten- ción insuficiente a esos fundamentos, seguramente provocará graves consecuencias y correrá serio riesgo de fracaso.

 

Africa Occidental, con sus 23 Estados ribereños, incluidos los archipiélagos de Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe, es la frontera atlántica de Brasil, continente al que estamos unidos por la historia, por la sangre, por la cultura, por el colonialismo y por la semejanza de desafíos. Asia es un nuevo  centro  dinámico  de  la  economía mundial, fuente de beneficios inagotables para las megaempresas occidentales y destino de una de las mayores migraciones de capital y de tecnología avanzada de la historia. Europa y Estados Unidos son para Brasil, como para cualquier ex colonia y para eventuales aspirantes a colonia, las áreas  tradicionales  de  vinculación  política, económica y cultural. Pero, por más importantes que sean, como además lo son, los vínculos y los intereses actuales y potenciales brasileños con todas esas áreas, y por mejores que sean nuestras relaciones con los Estados que las integran, la política exterior no podrá ser eficaz sino está anclada en la política brasileña en América del Sur.

 

Las características de la situación geopolítica de Brasil, esto es, su territorio, su ubicación  geográfica,  su  población,  sus fronteras, su economía, así como la coyuntura y la estructura del sistema mundial, vuelven la prioridad sudamericana una realidad esencial.

 

El escenario económico mundial se caracteriza por la simultánea globalización y gradual  formación  de  grandes  bloques  de Estados en Europa, América del Norte y Asia; por el acelerado progreso científico y tecnológico, en especial en las áreas de la informática y de la biotecnología, con su vinculación a los gastos y actividades mili- tares; por la concentración del capital y la oligopolización de los mercados, medida por el número de fusiones y adquisiciones que pasaron de 9 mil, por un valor de 850 mil millones de dólares en 1995, a 33 mil, por un valor de casi 4 trillones de dólares en 2006, y por la financiarización de la economía, ya que los activos (acciones, títulos y depósitos) financieros pasaron del 109 por ciento de la producción mundial en 1980 a 316 por ciento en 2005; por la transformación de los mercados de trabajo y por la presión permanente para revertir los derechos de los trabajadores; por la acelerada degradación ambiental; por la inseguridad energética y por las migraciones.

 

El escenario político mundial se caracteriza por la concentración de poder político, mi- litar, económico, tecnológico e ideológico en los países altamente desarrollados; por la arbitrariedad y la violencia de las grandes potencias; por la amenaza real y su utilización oportunista- del terrorismo; por la falta de respeto a los principios de no-intervención y de autodeterminación por parte de las grandes potencias políticas, económicas y militares; por el individualismo de los Estados ricos y la insuficiente y declinante  cooperación  internacional;  por  la emergencia de China como potencia

económica y política, regional y mundial.

 

Los Estados en el centro del sistema mundial, cada vez más ricos y poderosos, puesto que la diferencia de renta entre Estados ricos y pobres pasó de 1 a 4 en 1914 a 1 a 7 en 2000, pero vinculados a las economías periféricas en cuanto a recursos estratégicos y mercados y con una población en declive, buscan, por medio de negociaciones internacionales, definir normas y regímenes que permitan preservar e incluso ampliar su situación privilegiada en el centro del sistema militar, político, económico y tecnológico que es el resultado, por un la- do, de la II Guerra Mundial y de los regímenes coloniales y, por otro lado, del éxito de sus esfuerzos nacionales, en especial en la esfera científica y tecnológica. En ese proceso, su capacidad de articular ideologías y de presentar "soluciones" como benéficas para toda la "comunidad internacional" es extraordinaria  e  importantísima, pues es la base de su estrategia de recluta- miento de Estados y de elites periféricas cooptadas para alcanzar sus objetivos nacionales, recubiertos con una capa de objetivos de la humanidad.

 

En este escenario violento e inestable de grandes bloques, multipolar, hay una tendencia a que los países pequeños y hasta medianos se vean absorbidos, más o menos formalmente,  por  los  grandes  Estados  y economías a los cuales o se encuentran tradicionalmente vinculados por lazos de origen colonial o están en su esfera de influencia histórica, como en el caso América Central; o hayan formado parte de su territorio, como en el caso de los países que forman la Comunidad de Estados  Independientes (CEI); o se vinculan por lazos  étnicos  y culturales,  como  en el caso de la diáspora china en Asia.

 

Los países medianos que constituyen América del Sur se encuentran frente al dilema de o bien unirse y así formar un gran bloque de 17 millones de kilómetros cuadrados y de 400 millones de habitantes  para  defender  sus  intereses  inalienables  de aceleración del desarrollo económico, de preservación de la autonomía política y la identidad cultural, o bien de ser absorbidos como simples periferias de otros grandes bloques, sin derecho a la participación efectiva en la conducción de los destinos económicos y políticos de esos bloques, los cuales son definidos por los países que se encuentran en su centro.

 

 La cuestión fundamental es que las características, la evolución  histórica  y  los  intereses  de  los Estados poderosos que se encuentran en el centro de los esquemas de integración son distintos de aquellos de los países subdesarrollados que se agregan a ellos a través de tratados de libre comercio, o el nombre que tengan, los cuales quedan así sujetos a las consecuencias de las decisiones estratégicas de los países centrales que pueden o no atender sus necesidades históricas. Los desafíos sudamericanos  frente  a  ese dilema, que es decisivo, son enormes: superar  los  obstáculos que  resultan  de  las grandes asimetrías que existen entre los países de la región, ya sean de naturaleza territorial,  demográfica, de recursos naturales, de energía, de niveles de desarrollo político, cultural, agrícola, industrial y de servicios;  enfrentar  con  persistencia  las enormes disparidades sociales que son semejantes en todos esos países; realizar el extraordinario  potencial  económico  de  la región; disolver los resentimientos y las desconfianzas históricas que dificultan su integración.

 

Las asimetrías territoriales son extraordinarias. En América del Sur conviven países como Brasil, con 8,5 millones de kilómetros cuadrados; como Argentina, con sus 3,7 millones de kilómetros cuadrados y seguida por otros diez países, cada uno con un territorio inferior a 1,2 millón de kilómetros cuadrados. Tres de los países de la región se encuentran  volcados  exclusivamente  hacia  el Pacífico, tres se inclinan sobre el Océano Atlántico, cuatro son caribeños y dos son mediterráneos. Brasil tiene 15.735 kilómetros de fronteras con nueve Estados vecinos, mientras que Argentina, Bolivia y Perú tienen fronteras con cinco vecinos.

 

Debido a esas circunstancias geográficas, los puntos de vista geopolíticos de cada país son inicialmente distintos, lo que se agrava por el hecho de que hasta recientemente - incluso hasta hoy- han estado separados los países de la región por la Cordillera, por la selva, por las distancias y por los inmensos vacíos demográficos.

 

Brasil  tiene 190  millones  de  habitantes, que corresponden a cerca del 50 por ciento de la población de América del Sur, mientras que el segundo país en población, que es Colombia, tiene 46 millones de habitantes y el tercero, Argentina, tiene 39 millones. Las tasas de crecimiento demográfico varían de 3 por ciento en Paraguay a 0,7 por ciento en Uruguay. América del Sur vivió en los últimos años un proceso acelerado de urbanización, con el surgimiento de megalópolis que concentran grandes parcelas de la población total de cada país, y que exhiben periferias paupérrimas y violentas.

 

Hay significativas poblaciones de desplazados internos en Perú, como consecuencia de la lucha feroz contra la insurrección de Sendero Luminoso, y de refugiados, como en el caso de colombianos en Venezuela y en Ecuador.

 

En el pasado, las dictaduras y los regímenes militares provocaron el exilio de numerosos militantes políticos, intelectuales, obreros y sindicalistas, con grave perjuicio para el desarrollo político de los países más afectados. Además, durante algunas décadas el reducido ritmo de crecimiento económico provocó movimientos

migratorios significativos de los países de la región en dirección a los Estados Unidos y a Europa Occidental. Hay un millón de uruguayos  viviendo  fuera  de  Uruguay mientras tres millones se encuentran en el país. Hay 400 mil ecuatorianos en España y 4 millones de brasileños en el exterior.

 

Al mismo tiempo, hay grandes espacios despoblados  en  América  del  Sur,  donde  la densidad demográfica es inferior a 1 habitante por kilómetro cuadrado, mientras en las megalópolis la densidad poblacional alcanza a más de 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado. América del Sur presenta índices de concentración de renta y de riqueza, de pobreza y de indigencia, de opulencia y lujo, contrastes espantosos entre riquísimas mansiones y palafitos miserables, entre excelentes hospitales privados y hospitales públicos  decadentes,  entre  escuelas  de  Primer Mundo y edificios escolares arruinados.

 

Con todo, América Latina cuenta con las ventajas de la ausencia de conflictos raciales agudos, aunque haya discriminación racial; con la presencia dominante de idiomas de común origen ibérico, aunque en algunos países existan idiomas indígenas que lograron sobrevivir; con la ausencia de conflictos religiosos y predominio católico junto a la rápida expansión de las iglesias protestantes; con una población numerosa, pero que no es excesiva, como en ciertos países asiáticos. El desafío que representa la emergencia de las poblaciones indígenas históricamente oprimidas y sus efectos para las relaciones políticas entre los países de América del Sur van a exigir especial atención y habilidad.

 

América del Sur es una región extremadamente rica en recursos naturales, que se encuentran distribuidos de forma muy desigual entre los diversos países. Mientras que Brasil tiene las mayores reservas mundiales de mineral de hierro de excelente contenido, Argentina no las tiene en cantidad suficiente. Argentina dispone de tierras cultivables de extraordinaria fertilidad en contraste con Chile. Colombia posee grandes reservas de carbón de buena calidad y Brasil las tiene pocas y pobres. Venezuela tiene la sexta mayor reserva de petróleo y la novena mayor reserva de gas del mundo, mientras que en todos los países del Cono Sur, inclusive en Brasil, son insuficientes para sustentar el ritmo de desarrollo, tal vez del 7 por ciento anual, necesario para la absorción productiva de las reservas históricas de mano de obra desempleada y subempleada

y de los que llegan anualmente al mercado. Bolivia posee yacimientos de gas que representan dos veces los brasileños, pero tiene serias dificultades para ampliar su explotación. Chile explota las mayores reservas conocidas de mineral de cobre del mundo, responsable del  40  por  ciento  de  sus  exportaciones. Paraguay ostenta uno de los mayores potenciales hidroeléctricos del mundo, en especial cuando se calcula per cápita, pero todavía no tuvo éxito en utilizarlo para acelerar su des- arrollo. Surinam tiene la mayor reserva de bauxita del planeta, todavía poco explotada.

 

En América del Sur se encuentra la mayor selva tropical del mundo, un tema central en el debate político sobre el efecto invernadero y sus consecuencias para el clima, y la mayor reserva de biodiversidad del planeta, lo cual es de gran importancia para la renovación de la agricultura y para la industria farmacéutica; una parte importante de las reservas de agua dulce del planeta, recurso cada vez más estratégico y causa ya de conflictos en ciertas regiones del globo, y la mayor napa de aguas subterráneas, el Acuífero Guaraní, que subyace  a  los  territorios  de  Brasil,  Paraguay, Argentina y Uruguay.

 

Las políticas económicas

Los shocks del petróleo (1973 y 1979), el súbito aumento de las importaciones y el endeudamiento excesivo acarrearon crisis y estancamiento económico que contribuye- ron al fin de los regímenes militares en América del Sur, a mediados de la década de los 80. La victoria del neoliberalismo monetarista  en  los  Estados  Unidos  y  el Reino Unido, a partir de Ronald Reagan (1981-1989) y Margaret Thatcher (1979-1990), y la renegociación de la deuda ex- terna (Plan Brady) forzaron a los países subdesarrollados a la adopción de políticas de apertura comercial y financiera, desregulación y privatización, con base en los principios  del  llamado  Consenso  de Washington. Esas políticas llevaron a resultados desastrosos en países que se implica- ron más a fondo con ellas como fueron los casos de Ecuador, Bolivia y Argentina, y dejaron secuelas importantes en países como Brasil, Uruguay y Venezuela.

 

Tales políticas neoliberales agravaron la ya elevada concentración de la renta y la riqueza, ampliaron el desempleo, contribuyeron a la violencia urbana, provocaron la fragilización del Estado y de los servicios públicos, lo que llevó a su vez a la gradual emergencia  de  importantes  movimientos políticos y sociales que pasaron a preconizar (explícita o implícitamente) la revisión del modelo económico y social neoliberal.

 

Los países de América del Sur, como consecuencia de las políticas neoliberales que determinaron una reducción negociada y a veces hasta unilateral de sus aranceles aduaneros, la privatización de sus empresas esta- tales y la liberalización de sus mercados de capital, aumentaron sus importaciones de productos industriales de los países desarrollados y el ingreso descontrolado de capita- les extranjeros. Esas políticas llevaron a la desindustrialización en mayor o menor grado, la mayor afluencia del capital multinacional y la desnacionalización de importantes sectores de sus economías, en especial del sector financiero, con efectos económicos, e inclusive políticos, significativos.

 

Esa mayor integración, pero de naturaleza pasiva, de los países sudamericanos en la economía mundial es radicalmente distinta de la integración en la economía global que ocurre con los países altamente desarrollados o con ciertos países emergentes, como Corea. En estos últimos casos, esa mayor integración se verifica a través de la internacionalización de las actividades de sus grandes empresas de actuación multinacional pero de capital nacional, así como de sus exportaciones de alto contenido tecnológico, mientras que en el caso de los países sudamericanos se verifica a través de la mayor participación de megaempresas multinacionales en sus economías, ya que estos últimos países (salvo raras excepciones) no poseen grandes empresas capaces de internacionalizarse, y de la expansión de sus exportaciones de "commodities".

 

En consecuencia, los países de América del Sur retomaron, voluntaria o involuntariamente, su especialización histórica en la exportación de productos primarios, tradicionales o nuevos, con mayor grado, a veces, de elaboración, para atender la demanda de los  países  altamente  desarrollados  y  de China. Así, grosso modo, su agricultura se sofisticó y pasó a llamársela  agrobusiness; su industria fue comprada o cerró sus puertas en un proceso de desindustrialización/desnacionalización y muchas de sus empresas de servicios, en especial las empresas modernas y las del sector financiero, fueron adquiridas por megaempresas multinacionales.

 

La capacidad de utilizar instrumentos tradicionales  de  promoción  del  desarrollo económico, que por cierto habían sido ampliamente usados por los países hoy desarrollados al principio de su proceso de desarrollo (de su proceso de industrialización), fue abandonada por los países de América del Sur en la Ronda de Uruguay, cuando aceptaron normas sobre disciplina del capital extranjero que prohíben políticas como la nacionalización de insumos, o el establecimiento de metas de exportación y la reinversión de parte de los beneficios, o que establecen normas sobre la propiedad intelectual que amplían los plazos de las patentes y establecen patentes sobre fármacos, dificultando de hecho el desarrollo tecnológico y generando enormes remesas financieras. Este abandono de los instrumentos económicos  tradicionales  de  uso  del Estado, así como la confianza excesiva de esos países en el libre juego de las fuerzas del mercado contribuirían a que viesen su ritmo de crecimiento reducido o estancado.

 

Por  otro lado, la  derrota  ideológica del Estado de Bienestar en los países desarrollados hizo que los países sudamericanos también contrajesen o desarticulasen sus programas  sociales, lo que  contribuyó  a agravar la concentración de la renta y la propiedad y a la pequeña expansión de su mercado interno.

 

De este modo, en gran medida se explican las bajas tasas de crecimiento en América del Sur, en las décadas de los 80 y 90, comparadas con las de algunos países de Asia, y la eventual caída de los gobiernos neoliberales en Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador y  Venezuela. En los últimos años, surgieron en América del Sur gobiernos que tratan de  mantener las políticas de austeridad fiscal y de control inflacionario mientras intentan resucitar al Estado como agente suplementario del desarrollo económico y como agente de reducción de la des- igualdad social, ante las enormes injusticias y las presiones de los segmentos histórica- mente oprimidos en sus sociedades.

 

El bloque sudamericano

La actual experiencia de integración sudamericana tiene distintos orígenes, motivaciones y paralelos históricos. En  primer  lugar,  el trauma  de la desintegración de los Virreinatos del Imperio español a partir de 1810, la desintegración  posterior de la Gran Colombia en 1830, y la supervivencia de la utopía de unidad latinoamericana, preconizada  por el Libertador Simón Bolívar.

 

Segundo, el intento del notable economista argentino Raúl Prebisch, de explicar las razones del desarrollo en América del Norte en contraste con el atraso sudamericano, llevó a la formulación de la teoría  estructuralista por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Prebisch encontró esas razones en las características de las economías primario- exportadoras sudamericanas y en la naturaleza de su proceso de incorporación del progreso tecnológico; en la reducida dimensión y en el aislamiento de cada mercado nacional; en el deterioro secular de los términos de intercambio; en la importancia de la industrialización como estrategia para la transformación económica.

 

En tercer lugar, la percepción de éxito de la experiencia de planeamiento económico y de industrialización acelerada vivida por la Unión Soviética, de la experiencia keynesiana y de la planificación de guerra norteamericana y, finalmente, las políticas de economía mixta y de planeamiento indicativo de los gobiernos socialistas europeos después de la II Guerra Mundial.

 

Cuarto, en la experiencia de construcción  de  la  Comunidad  Económica Europea, fundada en la integración de mercados, en la elaboración de políticas comunes y en el financiamiento por los países más ricos del esfuerzo de reducción de asimetrías entre las economías participantes.

 

Este conjunto de experiencias inspiró los programas  de  desarrollo  económico  con base en la industrialización, en especial en Brasil  durante  el  Gobierno  Juscelino Kubitschek, las propuestas de la CEPAL de constitución de un mercado común latinoamericano,  las  propuestas  argentinas  de creación de un área de libre comercio que reunificase económicamente las partes del antiguo Virreynato del Río de la Plata, y estimuló  la  constitución  en  1960  de  la Asociación  Latinoamericana de  Libre Comercio (ALALC).

 

Naturalmente, en el proceso de integración de América del Sur y del Cono Sur subyacía  latente  la  rivalidad  entre  Brasil  y Argentina por la influencia política en la región del Río de la Plata, los resquicios de un pasado de luchas y el recuerdo del inicial  predominio industrial argentino. Y otros resentimientos resultantes de conflictos y cuasi conflictos pasados, como entre Chile y Argentina; entre Bolivia, Chile y Perú; entre Perú y Ecuador; entre Colombia  y  Venezuela; entre  Bolivia  y Paraguay; entre Brasil y Paraguay; y entre Brasil y Bolivia.

 

La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, creada en 1960, y cuya meta era eliminar todas las barreras al comercio entre los Estados miembros hasta 1980, encontró obstáculos causados por las políticas nacionales de sustitución de importaciones y de industrialización y, más tarde, por las políticas de control de importaciones para enfrentar las súbitas crisis del petróleo que acarrearon inéditos déficits comerciales que alcanzaron  a  los  países  importadores  de energía, en especial a Brasil.

 

A partir de 1965, el  Convenio  de Créditos Recíproco (CCR) entre  los  países de  la  ALALC, más la República Dominicana, posibilita   el comercio sin el uso inmediato de di- visas fuertes, a través de un sistema cuatrimestral de compensación multilateral de créditos que funcionó  con  gran  éxito  sin  que ocurriese ningún caso de "default" hasta  la  década  de 1980,  cuando  fue progresivamente desactivado por los nuevos tecnócratas que vinieron a ocupar los Bancos Centrales de los países de la región, en la estela del período de gobiernos liberales.

 

En 1969, los países andinos celebraron el Pacto Andino (más tarde CAN) como un proyecto más audaz de integración y de planeamiento del desarrollo, previendo inclusive la ubicación espacial de industrias  entre  los  Estados miembros y la elaboración de políticas comunes, inclusive en el campo de la inversión extranjera.

 

En 1980, el estancamiento de las negociaciones comerciales llevó a la sustitución de la ALALC por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). El Tratado de Montevideo (1980) incorporó el "patrimonio" reducciones arancelarias bilaterales, permitió la negociación de acuerdos bilaterales de preferencias, con la perspectiva de su eventual convergencia, e hizo posible la concesión de preferencias bilaterales al amparo de la "enabling clause" del entonces GATT.

 

En 1985, Brasil y Argentina decidieron lanzar un proceso de integración bilateral gradual, con el objetivo central de promover  el  desarrollo  económico,  al  que  se agregaron, en 1991, Paraguay y Uruguay, formándose así el Mercosur. Este último surgió como un proyecto enmarcado en la concepción del Consenso de Washington del libre comercio como instrumento único y suficiente para la promoción del des- arrollo, reducción de las desigualdades sociales y generación de empleos, en la mejor   tradición   de   las   Escuelas   de Manchester y Chicago.

 

Después de la conclusión del NAFTA en 1994,

cuando México de hecho abandonó la ALADI, Estados Unidos, en el contexto de la Cumbre de las Américas, lanzó un proyecto ambicioso de negociación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Ese proyecto, en realidad, más que un área de libre comercio de bienes, crearía un territorio económico único en las Américas, con el libre movimiento de bienes, servicios y capital (pero no de mano de obra o tecnología) y establecería reglas uniformes todavía más restrictivas a la ejecución de políticas nacionales o regionales de desarrollo económico, ya que las propuestas originales eran OMC-plus y NAFTA- plus (y parecen seguir siéndolo, como muestran los textos de los tratados bilaterales de libre comercio celebrados por Estados Unidos).

 

A pesar de las declaraciones diplomáticas hechas en la ocasión -y reiteradas posterior- mente- de que el ALCA no afectaría a los proyectos de integración regional como la Comunidad Andina y el Mercosur, estaba claro que la eventual concreción del ALCA eliminaría de hecho la posibilidad de formación de un bloque económico y político sudamericano.

 

Después del inicio de las negociaciones del ALCA, y frente a la extrema desigualdad de fuerzas políticas y económicas entre los países participantes, la negociación se interrumpió en 2004, después de que Estados Unidos hubiera retirado los temas agrícolas y de defensa comercial (antidumping  y  subsidios), llevándolos  al ámbito de la OMC con el pretexto de ser necesaria una negociación más abarcadora, inclusive con la Unión Europea. En consecuencia y para equilibrar las negociaciones, el Mercosur consideró que los temas  de  inversión,  compras  gubernamentales y servicios deberían también pasar al ámbito de la Ronda de Doha en la OMC y propuso a Estados Unidos la negociación de un acuerdo del tipo 4+1, en el área del comercio de bienes, propuesta hasta hoy sin respuesta, o mejor, cuya res- puesta práctica ha sido la firme actividad norteamericana de negociación de acuerdos bilaterales de libre comercio (en realidad con objetivos mucho más amplios) con  los  países  de  América  Central, Colombia, Perú y (casi) con Ecuador.

 

Paralelamente, el Mercosur emprendió la negociación y celebró acuerdos de libre comercio con Chile (1995), Bolivia (1996), Venezuela, Ecuador y Colombia (2004) y  Perú (2005), que se refieren exclusivamente al comercio de bienes y no incluyen  el  comercio  de  que se pretendería semejante a la Unión Africana, en Africa; a la Unión Europea, en Europa; a la  ASEAN,  en  Asia;  y  a  la MCCA, en América Central. Las negociaciones para concretar la UNASUR han encontrado  tres  resistencias distintas: priservicios, compras gubernamentales, reglas sobre  inversiones, propiedad  intelec- tual, etc.

 

En  2002,  el  Congreso de    Estados Unidos  aprobó  el ATPDEA  (Andean Trade Promotionand Drug  Erradication Act) por el cual con- cederían  unilateral- mente   preferencias comerciales, sin reciprocidad por parte de los beneficiarios, para listas de productos de mero, la de los países que celebraron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos; segundo, la de los  países  que  dan prioridad al fortalecimiento del Mercosur y que creen que Brasil  estaría  "cambiando" el Mercosur por la UNASUR; tercero, la de países que consideran que es necesario una organización más audaz, con base en la solidaridad y en la cooperación y no  en  aquello  que países andinos, a cambio de la ejecución de programas de erradicación de las plantaciones de coca. El resultado de la aplicación durante cinco años de esa ley fue, por un lado, expandir las exportaciones de dichos productos de esos países hacia Estados Unidos y, por otro, propiciar el surgimiento en esos países de

grupos de intereses empresariales locales favorables a la negociación de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos cuando se cerrase el plazo de vigencia de aquella Ley. Posteriormente,  se  lanzó  en  2004,  en Cuzco, el proyecto de formación de una Comunidad  Sudamericana  de  Naciones, hoy denominada UNASUR, organización consideran  que  es  el  individualismo "mercantilista"  de  las  preferencias  comerciales, de los proyectos de inversión y del libre comercio.

 

Argentina y la estrategia de integración brasileña

No existe la menor posibilidad de construcción de un espacio económico y político sudamericano (economicista o solidarista, no importa) sin un amplio programa de construcción y de integración de la infraestructura de transportes, de energía y de comunicaciones de los países de América del Sur. El comercio entre los seis países fundadores de la Comunidad Económica Europea representaba en 1958 cerca del 40 por ciento de su comercio total y hoy supera el 80 por ciento.

 

En contraste, el comercio entre los países de América del Sur representaba en 1960, fecha de inicio de la ALALC,  cerca  del 10 por ciento y todavía  en  2006  no superó  el  17  por ciento del total del comercio   exterior de la región. Ese reducido comercio tiene su causa en la pequeña diversificación industrial  de las  economías  sudamericanas (hoy también un obstáculo, ya que cuanto más   diversificadas son  las  economías mayor es su comercio recíproco), pero también  en  la  pequeña densidad de los sistemas de transporte de aquella época y hasta hoy.

 

Hay un interés vital en conectar los sistemas de transportes nacionales y las dos costas del subcontinente, superando los obstáculos de la selva y la cordillera, como se está haciendo en el norte entre Brasil y Perú, y se procurará hacer en el sur, entre Brasil, Argentina y Chile. La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIR- SA), en 2000, fue un paso de gran importancia en este esfuerzo de planificación, que necesita para concretarse de la palanca regional del financiamiento.

 

Una de las principales dificultades de los países de América del Sur es el acceso a crédito  para  inversiones  en  infraestructura, debido a límites al endeudamiento externo y a la falta de acceso a instrumentos de garantía. Este acceso al mercado internacional  de  capitales es  tanto  más  importante cuanto mayor  sea  la  dificultad de esos países  para  elevar  su ahorro interno, debido a la prioridad concedida al servicio de la deuda in- terna y externa. Brasil ha contribuido al fortalecimiento de la Corporación  

 

Andina de Fomento (CAF), entidad  financiera clasificada como AA en el mercado internacional y volcada a inversiones en infraestructura, y ha participado, de forma positiva y prudente, del proceso de construcción de un Banco del Sur que se desea eficiente. Brasil es uno de los pocos, sino el único país de la región, que dispone de un fuerte banco de desarrollo, cuyos activos son de 87 mil millones de dólares, mayores que los del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (66 mil millones de dólares), que puede prestar recursos para la ejecución de obras de infraestructura en condiciones competitivas con las del mercado internacional y sin condicionar dichos préstamos a "compromisos" de política externa o de ejecución de "reformas" económicas internas. Es parte esencial de la estrategia brasileña de integración proporcionar crédito a los países vecinos para la ejecución de obras de infraestructura y, en el futuro, seguir proporcionando créditos a empresas de esos países en condiciones normales semejantes a las que se exigen a las empresas brasileñas, teniendo en cuenta el interés vital brasileño en el crecimiento y desarrollo de los países vecinos, incluso por razones de interés propio, debido a la gran importancia de sus mercados para las exportaciones brasileñas y, en consecuencia, para el nivel de actividad económica general y de sus empresas.

 

Más allá de la integración de la infraestructura física en términos de carreteras, puentes, ferrovías y de energía, es esencial la integración de las comunicaciones aéreas, por su importancia para la economía y la política, así como de los medios, en especial la televisión, esencial para la formación del imaginario sudamericano, a través del conocimiento de la vida política, económica y social de los países de la región, hoy des- conocida por el gran público y, por tanto, fuente de toda suerte de prejuicios y manipulaciones que envenenan la opinión pública y afectan los discursos, las actividades y las decisiones políticas. La TV Brasil - Canal Integración y la TELESUR son experiencias no hegemónicas de integración de las comunicaciones, así como la iniciativa brasileña de intentar establecer un patrón regional de TV Digital, con la participación de los Estados del Mercosur, inclusive en el proceso industrial.

 

El tema de la seguridad energética es central en la actualidad y en el futuro previsible. La integración energética y la autonomía regional en energía para garantizar la seguridad de abastecimiento energético es prioridad absoluta de la política externa brasileña en América del Sur. No hay posibilidad de crecer al 7 por ciento anual en promedio durante un período largo sin un abastecimiento suficiente, seguro y creciente de energía. Este abastecimiento depende de inversiones de plazo más o menos largo de maduración, como la prospección de yacimientos  de  petróleo, gas y uranio,  la construcción de usinas hidro y termoeléctricas, así como nucleares. América del Sur, como región, tiene un excedente global de energía, pero con grandes superávits actuales y potenciales en ciertos países y con se- veros déficits en otros. En el primer caso se encuentran  Venezuela, Ecuador y Bolivia para el gas y el petróleo.

 

En el caso de la energía hidroeléctrica, hay excedentes extraordinarios en Brasil, Paraguay y Venezuela. Por otro lado, se encuentran países con déficit estructural de energía como Chile y Uruguay y casos intermedios como Perú, Colombia y Argentina. Así, la integración energética de la región permitirá reducir las importaciones extra-regionales y fortalecer la economía de América del Sur.

 

En el esfuerzo de fortalecer y de integrar el sistema energético de la región, Brasil ha financiado la construcción de gasoductos en Argentina y se ha empeñado en la concreción del proyecto del Gran Gasoducto del Sur que deberá vincular los mayores centros productores de energía (Venezuela y Bolivia) a los mayores mercados consumidores (Brasil, Argentina y Chile). Brasil está dispuesto a compartir la tecnología que desarrolló en el área de los biocombustibles, considerando que la crisis energética y ambiental  solamente  se  podrá  enfrentar con eficiencia a partir de una modificación gradual de la matriz energética mundial, de una reducción del consumo y de los residuos en los países altamente desarrollados, principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero.

 

La reducción de las asimetrías es el segundo elemento esencial de la estrategia brasileña de integración. En un proceso de integración en que las asimetrías entre las partes son significativas, se vuelven indispensables programas específicos y ambiciosos para promover su reducción. Es obvio que no se trata aquí de las asimetrías de territorio y de población sino de aquellas asimetrías de naturaleza económica y social. Es indispensable la existencia de un proceso de transferencia de renta bajo la forma de inversiones entre los Estados participantes del esquema de integración como ocurrió y ocurre todavía hoy en la Unión Europea. Ese proceso es aún embrionario en el Mercosur, siendo el Fondo para la Convergencia Estructural y el Fortalecimiento Institucional del Mercosur (FOCEM), sólo un modesto principio.

 

La generosidad de los países más grandes y más desarrollados es siempre mencionada por el Presidente Lula como un tercer elemento esencial para el éxito del proceso de integración del Mercosur y de América del Sur. Esta generosidad debe traducirse a través del tratamiento diferencial, sin exigencia de reciprocidad, en relación a todos los países de América del Sur que estén comprometidos en el proceso de integración regional, en las áreas de comercio de bienes, de servicios, de compras gubernamentales, de propiedad intelectual, etc. Esto es, Brasil debe estar dispuesto a conceder tratamiento más ventajoso sin reciprocidad a todos sus vecinos, en especial a aquellos de menor desarrollo relativo, a los países mediterráneos y a los países de menor PIB per capita. Brasil, a pesar de ser el país más grande de la región, no cree que sea posible des- arrollarse aisladamene sin que toda la región se desarrolle económica y socialmente y se asegure un razonable grado de estabilidad política y de seguridad.

 

Entonces, la solidaridad en los esfuerzos de desarrollo e integración es una idea central en la estrategia brasileña en América del Sur, así como la idea de que este proceso es un proceso entre socios iguales y soberanos, sin hegemonías ni liderazgos.

 

La integración económica de América del Sur ha pasado por un proceso acelerado de expansión, impulsado por la reducción de los aranceles propiciada por los acuerdos comerciales preferenciales. El comercio de bienes intra América del Sur, que era de 10 mil millones de dólares en 1980, pasó a 68 mil millones en 2005. El comercio de servicios, que era prácticamente inexistente en la década de 1960, también se expandió, aunque en menor escala. Los ejemplos más relevantes de expansión podrían ser dados por el sector financiero, con el establecimiento de filiales de bancos, por el sector de los transportes aéreos y también terrestres y por el turismo intraregional. Las inversiones de empresas de la región en terceros países de la propia región se hicieron expresivas, como demuestra la expansión de las empresas chilenas y brasileñas, en especial en Argentina. Finalmente, hubo una considerable expansión de las poblaciones de inmigrantes intraregionales. Todos esos factores contribuyen a la formación de un mercado único sudamericano, ya que, implementados los acuerdos comerciales bilaterales entre países de la región, cerca del 95 por ciento del comercio intraregional será libre de aranceles en 2019.

 

La  reactivación  del  CCR  y  el  establecimiento de una moneda común para transacción entre Brasil y Argentina contribuirán mucho a la expansión del comercio bilateral y regional.

 

La estrategia brasileña en el campo comercial  ha  sido  tratar  de  consolidar  el Mercorsur y promover la formación de un área de libre comercio en América del Sur, tomando debida cuenta de las asimetrías entre los países de la región. La comprensión brasileña respecto de las necesidades de recuperación y fortalecimiento industrial de sus vecinos nos llevó a la negociación  del Mecanismo de Adaptación Competitiva con Argentina, a los esfuerzos de establecimiento de cadenas productivas regionales y a la ejecución del Programa de Sustitución Competitiva de Importaciones, cuyo objetivo es intentar contribuir a la reducción de los extremos y crónicos déficits comerciales bilaterales, casi todos favorables a Brasil.

 

En el campo externo, la estrategia brasileña apunta a ampliar los mercados para las exportaciones del Mercosur a través de la negociación de acuerdos de libre comercio o de preferencias comerciales con países desarrollados, como en el caso de la Unión Europea; y con países en desarrollo como India y Africa del Sur, en busca de la apertura de mercado y de cara a prestigiar y fortalecer el proceso de negociación en conjunto, que no sólo favorece a los socios mayores, sino también a los socios menores del Mercosur, en la medida que obtienen condiciones de acceso que posiblemente no alcanzarían en caso de que negociasen aisladamente.

 

En un sistema mundial cuyo centro acumula cada vez más poder económico, político, militar, tecnológico e ideológico; en que cada vez más aumenta la brecha entre los países desarrollados y los subdesarrollados; en que el peligro ambiental y energético se agrava, y en que este centro procura tejer una red de acuerdos y de normas internacionales que aseguren el gozo de los privilegios que los países centrales adquirieron en el proceso histórico y en que de esas negociaciones participan grandes bloques de países, la actuación individual, aislada, en esas negociaciones no es ventajosa, ni siquiera para un país con las dimensiones de territorio, población y PIB que tiene Brasil. Así, para Brasil es de vital importancia poder  contar  con  los  Estados  vecinos  de América del Sur en las complejas negociaciones internacionales en las  que participa. Pero tal vez todavía sea de mayor importancia para los Estados vecinos la articulación de alianzas entre sí y con Brasil para actuar con mayor eficiencia en la defensa de sus intereses en esas negociaciones.

 

A pesar de las asimetrías de todo tipo que caracterizan a los países de la región, somos todos subdesarrollados y las características centrales del subdesarrrollo son las disparidades sociales, las vulnerabilidades externas y el potencial no explotado de nuestras sociedades. En el caso de las desigualdades sociales, América del Sur se caracteriza como una de las regiones del mundo donde hay una mayor concentración de la renta y de la riqueza y donde hay activos enormes invertidos en el exterior, resultado de "fugas" históricas de capital. Por otro lado, Brasil ha tratado de establecer programas de combate al hambre y a la pobreza, y de naturaleza social en general, que pueden ser objeto de útil intercambio de experiencias. Una de las características de la región es el creciente número de inmigrantes (legales e ilegales), de refugiados y de desplazados cuya situación necesita ser regularizada de forma solidaria y humanitaria, en el sentido que han hecho Argentina y  Venezuela. Brasil tiene como prioridad la cooperación en las áreas de frontera, cada vez más vivas, la promoción de la eliminación de visas y de exigencias burocráticas que dificultan la circulación de mano de obra y la negociación de la concesión de derechos políticos a los ciudadanos sudamericanos en todos los países de la región, comenzando por Brasil. La decisión brasileña de hacer obligatorio el español en la enseñanza secundaria en Brasil contribuirá al proceso de integración social y cultural de América del Sur.

 

En el campo de la política, los mecanismos de integración deben propiciar y estimular la cooperación entre los Estados sudamericanos en los foros, en las disputas y en las negociaciones internacionales, impulsar la solución pacífica de las controversias, sin interferencias de potencias extrarregionales, el respeto absoluto y riguroso a los principios de no intervención y de autodeterminación, no debe ningún Estado y mucho menos Brasil inmiscuirse en los procesos domésticos de los países vecinos ni intentar exportar modelos políticos por más que los valoremos para nuestro uso interno. Brasil tiene, como principio, que mantenerse siempre imparcial frente a disputas que surgen periódicamente entre países vecinos, bastando recordar la resurrección del tema de la mediterraneidad entre Bolivia, Chile y Perú; de la fumigación en la frontera entre Ecuador y Colombia; de las divergencias  ocasionales  entre  Colombia  y Venezuela; del tema de las papeleras entre Argentina y Uruguay. Y Brasil intenta tratar con generosidad y lucidez política, y no con el rigor del economicismo miope, a pesar de las resistencias internas y de los prejuicios de sectores conservadores de la sociedad brasileña, las reivindicaciones económicas, en relación a Brasil, que hacen a veces Bolivia, Paraguay y Uruguay. El Parlamento del Mercosur será el foro para el conocimiento más íntimo de los políticos y de los estadistas de los países de América del Sur, contribuyendo al indispensable ambiente político de un proceso de integración.

 

En  el proceso de integración del Mercosur y de América del Sur y en las relaciones políticas con el mundo multipolar violento y absorbente en que vivimos,  Brasil  y  Argentina  se  encuentran unidos  por  los  objetivos  comunes  de transformar el sistema internacional en el sentido de que las normas que rigen las relaciones entre los Estados y las economías sean de tal naturaleza que los países en  desarrollo  como  Brasil  y  Argentina preserven el espacio necesario para la elaboración y la ejecución de políticas de desarrollo que permitan superar las des- igualdades, vencer las vulnerabilidades y realizar el potencial de sus sociedades.

 

En el mundo arbitrario y violento en que viven Brasil y América del Sur, es indispensable tener fuerzas armadas proporcionales a su territorio y a su población. La estrategia brasileña de defensa ve al continente sudamericano de forma integrada y considera  la  cooperación  militar  entre  las Fuerzas Armadas, inclusive en términos de industria bélica, como un factor de estabilidad y de equilibrio regional a través de la construcción de confianza. La inexistencia de bases extranjeras en el continente sudamericano, a excepción de Manta, es un importante factor político y militar para el  desarrollo  y  la  autonomía  regional.

 

Por otro lado, Brasil rechaza cualquier intervención política, y todavía más militar, de origen extraregional en los asuntos de América del Sur. Los programas de intercambio militar cumplen un importante papel en el proceso de construcción de confianza, así como la participación de efectivos militares de países de la región en operaciones de paz de las Naciones Unidas, en especial en la Minustah.

 

Finalmente,  como  mencionó  el  Ministro Celso Amorim, es necesario promover la integración y el desarrollo económico y social de nuestros países antes que el crimen organizado lo haga en sus diversas facetas: el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de armas.

 

La integración entre Brasil y Argentina y su papel decisivo en América del Sur debe ser el objetivo más seguro, más constante, más vigoroso de las estrategias políticas y económicas tanto de Brasil como de Argentina. Fueron nuestros dos países los que, en la región, lograron alcanzar el más elevado nivel de desarrollo industrial, agrícola, de servicios, científico y tecnológico; aquellos que, considerados como un conjunto, poseen las tierras más fértiles y el subsuelo más rico de la región; aquellos cuya población permite el desarrollo de mercados internos significativos, base necesaria para la actuación firme en el mercado externo siempre sujeto a medidas arbitrarias de proteccionismo agrícola e industrial: somos aquellos países que, por su gran potencial e intereses comunes, son los más capaces de resistir la vorágine absorbente de los intereses comerciales, económicos, financieros y políticos de los países más desarrollados, siempre más preocupados en concentrar  poder  y  preservar  privilegios económicos y políticos, incluso por la fuerza, que en contribuir a la construcción de un orden económico, ambiental y político necesario para el desarrollo de la comunidad internacional como un todo y la preservación del planeta. La coordinación política que tiene lugar entre Argentina y Brasil en la defensa de sus intereses en los foros, en las negociaciones, en los conflictos y en las crisis internacionales alcanzó extraordinaria intensidad y eficiencia y fue esto lo que nos permitió actuar en el ámbito del Consejo de Seguridad, de las negociaciones ambienta- les, de las negociaciones hemisféricas desiguales y de las negociaciones multilaterales económicas de la Ronda de Doha, a través del G-20, de modo de impedir el desequilibrio de sus resultados y de garantizar el espacio necesario a nuestras políticas de des- arrollo económico.

 

Queda mucho por hacer, en especial en los  campos  avanzados  del  desarrollo científico y tecnológico que plasmarán la sociedad del futuro, como las actividades espaciales,  aeronáuticas,  nucleares,  de defensa, de informática y de biotecnología. Es necesario e indispensable que todos los organismos de la estructura burocrática de los Estados brasileño y argentino, todavía muchas veces involucrados en rivalidades, resentimientos y desconfianzas históricas, comprendan el desafío  que  la  Nación  argentina  y  la Nación brasileña enfrentan en este inicio del siglo XXI, comprendan la visión estratégica  de  los  presidentes  Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva y contribuyan, así, para que se realice la faceta  gloriosa  de  la  profecía  de  Juan Domingo Perón: "El siglo XXI nos encontrará unidos o dominados".

 

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