Nueva Ley de Educación un tema
urgente que no admite errores
por José De Lukas

En el Uruguay concreto y real de estos días, nada es más urgente que revisar y repensar la enseñanza y la educación en sus tres niveles. No solo porque no habrá un proyecto de país definido mientras no sepamos que hacer con la enseñanza y la educación desde el Estado, sino porque lo que está funcionando hoy está agotado y herido, especialmente el sector secundario.

 

Que las actuales autoridades de la enseñanza y la educación han hecho esfuerzos por hacer cambios de funcionamiento también es notorio. Que se han mejorado los sueldos y otros beneficios a los docentes y maestros, es un dato de la realidad.

 

Pero lo que nos debe preocupar es ver el tema de la enseñanza y educación de conjunto, integralmente en su gestión y contenidos, vinculado al proyecto de de incluir a nuestros jóvenes en el Uruguay que queremos construir. Por un momento, esto parecía  desprenderse de la idea de este gobierno de llevar adelante una nueva Ley de Educación. Para ello promovió durante el 2006 un Congreso Nacional de la Educación. De allí emanó materia prima para un anteproyecto de la enseñanza y la educación. Surgió también un ámbito donde colectivamente los distintos sectores vinculados al tema podían opinar  y fraguar con el Ejecutivo y el Parlamento la nueva Ley para la educación nacional. De acuerdo a los hechos de las últimas semanas, hoy no está claro que sea el camino que se está recorriendo.

 

Si algo dejaron los procedimientos e intentos de todo tipo de reformular la educación en este país en las últimas décadas, fueron heridas profundas, desconfianzas permanentes  y confusiones varias. De las acciones y consecuencias de esta historia reciente no se salva ninguno de los sectores o gremios involucrados en el tema. Por supuesto sería una ingenuidad atribuirles a todos el mismo grado de responsabilidad. Por eso es tan imprescindible que el gobierno progresista no agregue un solo milímetro de frustración a la hora de comenzar este debate, que si no es con todos los actores y de cara a la sociedad, nuevamente estaremos ante un fracaso.

 

¿Cómo es que desde el propio vértice del Ministerio de Cultura, se genera confusión, con un “borrador” del proyecto de Ley de Educación, que no se termina de asumir como propio, pero que a la vez se defienden sus contenidos?

Se coloca este gran tema y su decisión en momentos en que está culminando el año escolar  y los centros de enseñanza hacen su paréntesis vacacional. ¿Cómo entender estos procedimientos surgidos desde el ámbito del gobierno?

 

Luego vienieron las primeras reacciones desde los gremios de la enseñanza y la educación, los estudiantes de secundaria muy tímidamente se pronunciaron críticamente ante lo trascendido desde el MEC. Las reacciones oficiales fueron el mal humor,  esquivos comentarios, señalamientos formales y pacatos sobre los procedimientos estudiantiles de ocupar algunos centros enseñanza.

 

¿Acaso los temas de fondo para ir al encuentro con esos jóvenes y otros miles, no son justamente los contenido y las formas de gestionar la enseñanza y la educación? ¿Cómo es que el Ministro de Educación al ver que los estudiantes del Instituto de Profesores Artigas  (los futuros docentes) ocupaban su institución preocupados por el contenido y destino de la educación nacional, no fue a su encuentro a dialogar, concensuar y entusiasmarlos con la futura Ley de Educación?

 

¿De que sirven los malos humores, reproches, contabilidades de almacenero, a la hora del desánimo y la deserción alarmante de los jóvenes de los centros de estudio? De nada, es más de lo mismo.

 

El procesamiento de una nueva Ley de Educación para un gobierno progresista, con profundas raíces en la izquierda uruguaya tendría que servir  en primer lugar para entusiasmar en su proyecto a docentes, estudiantes y padres. Para que esto se cumpla  tiene que realizarse con procedimientos transparentes, incluyentes y audaces desde el Estado.

 

La izquierda en Uruguay y su gobierno están obligados a no errarle en los  contenidos y especialmente en los procedimientos al gestar una nueva propuesta para la enseñanza. Lo contrario solo provocara la quiebra más significativa  de la subjetividad  y cultura política de esta fuerza progresista, privando a la sociedad  de un aporte que en distintas etapas de la historia uruguaya supo ser particularmente innovador y democrático.

 

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