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Ética y estética de
un gobierno progresista
II Ser y parecer
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Un
día sí y otro también, en la vida de los hombres,
suele haber en juego aspectos sustantivos a su modo
de ver y encarar la vida, en función de las
circunstancias, las más de las veces, adversas, que
el diario vivir presenta a la resolución de los
humanos asuntos de nuestra existencia.
Pero no son, no
suelen ser las más de las veces, vectores que llegan
hasta nosotros sin que antes hubiere mediado acción
alguna de nuestra parte, sino que, en no menor
medida, son nuestras previas, lejanas y casi siempre
olvidadas acciones en el pasado lejano y reciente,
las que confluyen ante nosotros, con toda la carga
que el paso del tiempo, luego de las derivaciones de
aquellas determinaciones nuestras de otrora, han
traído consigo ante nuestra presencia.
En la actualidad, en
que solemos vivir, quiérase o no, en mayor o en
menor medida, la ideología del presente esa que
dice que todo se sustancia en el hoy, relegando del
pasado y haciendo abstracción del futuro-, el peso
de nuestras acciones pasadas suele tener mayor
incidencia ante la menor preparación con que
nosotros nos enfrentamos ante un nuevo día.
Así, entonces, el
calibrar y sopesar la vastedad de alcances que
nuestras más ínfimas acciones tienen, y ciertamente
tendrán, en nuestro futuro es, convengamos, una
medida precautoria que, nos permitirá, con esta
ínfima partícula de sabiduría, preparar un futuro
más acorde a nuestra voluntad y determinación
expresadas en los hechos de los cuales somos
hacedores en nuestra comunidad.
En este obrar
reflexivo, pues, la atención prestada a cómo
nuestras acciones se compadecen o dejan de
compadecer con premisas básicas al ser ético,
coadyuvará, en lo positivo, en lo afirmativo de un
accionar coherente con un marco en valores sociales
en los que la justeza de un proceder respetuoso con
el otro, con lo diverso, lleve consigo acciones
conducentes a la mejora, tanto en lo privado como en
lo público, de nuestros congéneres.
Mejora que, claro
está, refiere a conducir la vida con dignidad, desde
la creciente accesibilidad de los más y las más
necesitados, al alimento, a la prevención en salud,
a la educación, en la vastedad y profundidad
conceptual, bien como a la asunción tanto de estos
derechos como de las obligaciones inherentes a la
condición ciudadana, en una sociedad que se
mantiene, porque así lo entiende, reflexiona y
quiere, en una actitud democrática en la que la
libertad responsable tiene su asiento y centro.
A todos nos cabe
proceder así, a todos. Pero en los hombres y en las
mujeres de actuación pública, de representatividad
societaria, más aun.
Es lo que a veces, y
ya suele repetirse más de lo deseado, los propios
integrantes del Partido de Gobierno no entienden, o
no quieren entender, del Presidente de la República.
Ya lo dijo el doctor Vázquez
Rosas, allá por diciembre del año 2004, a poco de
ser electo, en entrevista a El Diario Medico[i],
remarcando lo ya expresado en campaña electoral y
que así siguiera haciéndolo hasta el presente más
cercano.
En tal reportaje, se
le formula la siguiente pregunta:
-
Usted se ha definido como un
empleado del pueblo en su rol de Presidente de la
República. ¿Podría aclararnos ese concepto?
-
Ejercer la Presidencia de la República es un
mandato de la ciudadanía, que le confía a una
persona desempeñar determinadas tareas por un
determinado período a nivel del Estado. Pero más
allá de este aspecto formal nada menor, por
cierto-, hay algo sustancial: la ciudadanía está
cansada de gobernantes distantes, encerrados en sus
despachos o rehenes de un protocolo decimonónico
cuando no deciochesco: de gobernantes que en su
pretendida ilustración no dialogan con la gente ni
rinden cuentas al pueblo; de gobernantes que
confunden autoridad con soberbia y
autoritarismo.
Casi al finalizar la
entrevista, el periodista le formula una pregunta
que viene directamente a lo aquí tratado:
-
Cómo define y qué contenido le da a
la corrupción? ¿Es sólo meter la mano en la lata?
-
Lo dije
reiteradamente durante la campaña electoral: la
corrupción es una gangrena que envilece al Estado,
que daña a la economía, que atenta contra la
producción, que desintegra la sociedad, que daña a
la sociedad.
También
dije que la corrupción no es solamente meter la
mano en la lata. Modalidades de corrupción también
son el hacer la vista gorda, el no te metás, el
hacé la tuya, el garrón, la avivada, etc.
En lo que hace
relación a la primera entrega sobre este asunto, me
permití advertir algunas cuestiones, ya en el año
2005, entre las cuales ahora retomaré tres a modo de
introducción al análisis de los hechos que, en
nuestro país, han tenido, tienen y tendrán máxima
atención por parte de nuestra ciudadanía.
Manifestaba, en
aquella primera nota, tres cuestiones, a mi
entender, centrales, entre otras:
1 Toda ética tiene
su estética y, en un gobierno progresista, que
además comenzaba una nueva era en la Nación en más
de un aspecto, esta no es una cuestión menor sino
que es la cuestión;
2 Al recordar al
francés Michel Foucault, reiteraba una premisa cara
a éste y esencial al hombre digno: la ética es la
forma reflexiva que adopta la libertad;
3 Concluía que,
como ciudadanos, esperamos y confiamos en que la
razón prospere y el soberano se eleve pues, no otra
intención estuvo y estará en nuestro ánimo.
Pues bien, si la
ética es la filosofía moral y si, desde tal premisa,
teniendo presente el pensamiento de Immanuel Kant,
la virtud es la fortaleza moral en el cumplimiento
del deber, podríamos concluir en un pensamiento que
uniera la ética y la virtud, de la siguiente forma:
la doctrina de las costumbres que tiene lugar y
consecuencia, es decir el ámbito de una conciencia
que dialoga con su juez interior, luego que propende
a una conciencia moral, tendrá su correlato en las
acciones cotidianas del hombre que así dialogue en
su fuero íntimo, en una relación dialéctica que le
permita evolucionar como persona hacia estadios más
elevados en humanismo y compromiso social.
Que el campo de la
razón práctica, no tiene por qué llevar tan solo y
menos como elementos sustantivos- a imperativos
hipotéticos, es decir, imperativos en beneficio de
la solución de tal o cual beneficio, propio o
grupal, sino y en primer lugar, la razón que
determina las acciones del hombre y de la mujer,
tendrán como umbral y guía, un imperativo categórico
en el que, si recordamos las primeras enseñanzas que
recibiéramos en estas cuestiones, el valor moral de
toda acción, no reside en lo que pretende uno
lograr, luego no está relacionado con la
efectivización del objeto de la acción, sino que
estriba pura y exclusivamente en aquel principio a
través del cual accionamos en base a un corpus
de valores antes que la atención a personales, y
convengamos que las más de las veces, subalternos
deseos o apetencias.
¿Será necesario
reiterar el imperativo categórico que nos legara el
maestro Kant? Pienso que sí, al menos yo necesito
releerlo y convengo que ustedes quizá también. Dice
así: Obra según una máxima tal que puedas
querer al mismo tiempo que se torne ley universal.
Se entiende que las miserias de un ego en pena no
tienen lugar en esta máxima.
La situación local
-
Dicen que puede haber campañas de enchastre,
es cierto, bien que pueden estar en proceso, como ya
advirtiéramos en otros planos, pero de la misma
realidad uruguaya, en el pasado reciente;
-
Que va a recrudecer, lo que también
es altamente posible.
Pero convengamos en
lo siguiente, por favor:
Un momento histórico
como el iniciado por este gobierno -es decir aupado
por el pueblo por la determinación del soberano en
las urnas, junto con su plan de gobierno-, en el
cual no se tenga en cuenta la primera de las
virtudes de un proceder político superior, como lo
es la ética, es y resultará, cada día más gravoso,
sea para el gobierno, sea, lo que es más importante
a la vez, para el pueblo en general.
Y no valen las
argumentaciones respecto de que hay campañas para
opacar o anular o incluso vengar lo actuado, o en
vías de actuar, en lo que a Derechos Humanos se
refiere.
No es de recibo tal
defensa, aunque pueda contar que cuenta,
ciertamente- elementos favorables a su despliegue.
Antes que nada, está
la ética. Antes que nada, como dijera y dice el
Presidente de la República, está el comportamiento
primero y superior de un hombre y de una mujer en y
desde la acción pública, para con el pueblo todo.
Habrán los que reirán
con este tipo de reflexiones, siempre los hay. Son
los vivillos, los astutos, los que en todo invierno
tienen su primavera, siempre con sus consabidas
piruetas para poder caer parados, para vivir del
garrón, para vivir, digámoslo, del bien del otro,
del derecho que al otro le cabe y que esta lacra
humana comercia para un lado como para el otro.
Están también los nostálgicos, de ideologías y de
corporativismos. Pero todo, absolutamente todo eso
se viene al piso como castillo de naipes, ante una
actitud digna, ética y virtuosa en y desde la acción
pública.
El Partido de
Gobierno cometió un trágico error al no dejar, sea a
título expreso, sea por la mera explicitación de lo
no hecho como de lo no permitido o, si lo prefieren,
de lo no favorecido: la plena y libre manifestación
de su Tribunal de Ética.
Ahí no ya comenzó a perder un partido, uno o varios
sectores, sino el Uruguay todo.
No hay excusas para
que no prospere la ética. Y menos si esta misma
ética se esgrimió como la primera y más elevada
bandera de una promesa, de una esperanza que aun,
digámoslo, sigue latiendo en el pecho de muchos.
Y no vale que pro-cónsules
vayan a las autoridades partidarias a alegar por sus
protegidos, ahijados o asociados. Lo que cabe es
guardar la debida distancia y dejar que se indague
el proceder ético de un ciudadano comprometido con
una causa, con una plataforma de gobierno, con una
tarea cara a todo un pueblo.
Por eso hay un nombre
que pronunciado es sinónimo de ética, es sinónimo de
virtud desde un hacer, en la arena pública, con el
que uno podrá o no coincidir en algunos aspectos
pero que dice relación a vergüenza cívica, a sentido
del dignidad y a permanencia en el deber virtuoso de
un hombre público.
Ese nombre tiene tres sílabas y una potencia:
Licandro.
Nombre que ya no
todos desde el Gobierno pueden pronunciar de frente
y en alta voz, a no ser el propio Presidente de la
República quien, permítaseme decirlo, debiera ser
ejemplo para quienes están en el primer y segundo
círculo de la acción pública en el Uruguay.
No endilguemos culpas
a las lacras que operan desde las sombras, bastante
ya tienen con el hedor que desprender de por sí,
pero no le sumemos más liendres al cuerpo social.
Veamos qué podemos
aligerar en nuestras propias prendas para que, más
libre de cuerpo, vayamos por la vida sin el temor a
que nos pasen tal o cual factura.
Y el que haya metido
la mano en la lata, que se baje de la tarima por
haber buscado, lo haya encontrado o no- lo que no
debiera encontrarse en un gobierno que presume,
desde una razón práctica inicial y validada por el
pueblo, de eticidad superior.
A la larga, no sólo
se sabrá sino que, por no haber permitido prosperar
la propia conciencia crítica de la izquierda la que
prosperó y alcanzó el gobierno por miles y miles de
uruguayos y uruguayas que apostaron, como aposté yo,
por una mayor dignidad, luego de tanta rapacidad a
lo largo de lustros y lustros.
El
que vino a hacer lo mismo, y como recién llegado
está hambriento de cosas, que las busque en el reino
del libre mercado y de los acólitos del dogma del
dale que va. Porque a la izquierda la ayudó a
llegar al poder, lo que un dirigente colorado
llamaba la gilada y un dirigente
blanco denominaba la
mersa.
Giles y mersas,
de a pie, codo a codo con hombres y mujeres libres
de etiquetas y dogmas esclavizantes, bregamos por un
Uruguay donde la vergüenza, el coraje y la dignidad
tengan suelo y cielo.
Ojalá que esas
personas, las de antes como las de ahora, que
obtuvieron, obtienen o procuran obtener intereses
por métodos subalternos, puedan mirar la noche sin
luz, como si fuera mediodía.
Como
la mira Licandro y todo aquel que puede hablar con
su conciencia, para luego apoyar la cabeza en la
almohada y dormir, sin pesadillas, sin fantasmas.
[1] La
primer entrega se llevó a cabo en la edición nº 236,
del 17 de mayo de 2005. A continuación, el link para
acceder a la misma:
../201-300/236/Recuadro2.htm
[1]
El Diario Médico, Edición nr 62, 19 de diciembre de
2004, entrevista efectuada por el director de este
medio, profesor Elbio Alvarez, al Primer Mandatario,
páginas 8 y 9, hallable en internet.
LA
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