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Ética y estética
de un
gobierno progresista
III Del Hacer y del Proyectar
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Introducción
En esta faena del
pensar, y del intento consciente de que sea un
pensar crítico, siempre es oportuno, por no decir
imprescindible, recordar al gran humanista Antonio
Gramsci.
Decía el italiano Antonio Gramsci, quien en
defensa de la clase trabajadora y de los derechos a
su vida digna, como la del pleno de la humanidad,
luchó al punto de ofrendar su vida, que es
necesario elaborar la propia concepción del mundo,
consciente y críticamente y, en conexión con esta
actividad mental, elegir la propia esfera de
actividad, participar activamente en la producción
de la historia del mundo, ser guía de uno mismo y no
aceptar pasiva y servilmente que nuestra
personalidad sea moldeada desde afuera.[i]
A su vez, nuestro
Mario Benedetti dice, y dice ciertamente con
gran coherencia de vida en una de sus formidables
reflexiones, que hay muchos grados de riesgo,
muchos de peligro, de coraje, de decisión, pero aun
el último grado del riesgo es un riesgo, y
siempre estará por encima de todas las variantes de
la cobardía.[ii]
Con tales Maestros de
Vida y del Pensar en el umbral de la cuestión que
nos ocupa, nos adentraremos con el talante y el
ánimo de comprensión y aprehensión de una realidad
más profunda que la aparente, a la vez que en la
intención franca de distinguir, con respeto y
ecuanimidad, sin que por ello perdamos un ápice de
espíritu crítico, en qué puede haber más allá de la
línea aparente del horizonte. Ese horizonte que,
desde el sur del país y mirando al este del mundo,
tiene por imagen al río que llamamos mar.
Del Hacer
Lo central y
permanente, a mi modesto entender, para un gobierno
de izquierda, para una real y efectiva política
progresista de Estado, está en dirimir qué hacer y
cómo lidiar con la clase dominante y con el pueblo
en su más amplia concepción y sentido.
No ya de qué lado
estar algo si se quiere innecesario por la propia
concepción que una persona de izquierda tiene, esto
es, de sensibilidad y solidaridad, constructiva y
responsable, para con los más desposeídos, al tiempo
que mitigar el factor de poder en manos de la clase
dominante a niveles de una justicia distributiva de
razonabilidad creciente para el más amplio espectro
social posible, luego la gran mayoría de la
población.
Hacer esto y hacerlo
con equidad y justicia, dentro de un marco ético en
donde siempre prime la democracia representativa es,
a todas luces, el mínimo requerido para un gobierno
que, luego de promediar su mandato, justifique
denominarse de izquierda y además, progresista.
Luego de tres años de
gobierno, el señor Presidente se dispone en estas
horas a efectivizar el primer recambio de ministros
en su Gobierno, que es el gobierno del Frente
Amplio.
Dos aspectos, en
tantos, pero dos de manera saliente, ocupan nuestra
atención: Política económica y política externa.
Es notoria la
influencia, a través de decenios y decenios, de la
clase dominante en nuestro país, como en la región y
en el vasto mundo. Pero al atenernos al ámbito de
nuestra circunstancia de vida, en cómo se relacione
la política de Estado para con este factor del poder
y cómo entonces pueda o no morigerarse grande o
pequeñamente su influencia en los destinos de la
nación está, a mi modesto entender, el quid de la
cuestión en un gobierno progresista.
Es decir: se trata de
ingresar en estados crecientes, como las ondas que
un guijarro al ser lanzado al agua va formando, de
mejora crítica, por tanto prolongada su resultancia
en el largo plazo, en la justicia distributiva y
así, evidentemente, en la generación de factores de
producción real y planificadamente creadores de
mayores ámbitos de distribución de libertad para que
gentes no vinculadas a la clase dominante y sí a la
sociedad en general.
De modo tal que puedan desarrollarse y lograr
autonomía productiva sin que por ello se
desentiendan de los otros y juntos con ellos vayan
generando y recreando una sociedad más igualitaria,
más libre y también, claro está, donde el derecho de
todos no transgreda, no quite aire, al despliegue de
la persona humana, a su libertad individual.
Entramos, claramente
al marco dialéctico entre la libertad positiva y la
libertad negativa pero, al hacerlo, buscamos dotarlo
de una clave de bóveda en la que prime la justicia
social y el interés colectivo, dejando oxígeno para
el individuo pero que éste considere, críticamente,
ser persona, es decir, el ejercer una libertad
responsable en términos tanto personales como
societarios.
En estos tres años ha
habido luces y sombras.
Luces que dicen de
una mayor injerencia del trabajador en los destinos
de su ámbito laboral, otorgándosele o
restituyéndosele una libertad de asociación,
efectiva, que había ido perdiendo a lo largo de los
últimos decenios, así como también avances notorios
en la prevención de delitos, mal que le pese a la
gran prensa, evidentes comienzos en la
dilucidación de oscuros agujeros de un pasado
ignominioso y, con mayor o menor grado de
aproximación, mejoras en otras áreas de lo social.
Asimismo, y en franca
y clara coherencia con el espíritu y la letra de su
programa, que es un aspecto central de un
pensamiento izquierdista y progresista, ha
desarrollado una política exterior que tuvo, en la
persona del señor Reinaldo Gargano, el más firme y
digno representante. Una persona que, con su clásica
sonrisa sin finalizar, supo campear, los peores, por
más malolientes y rastreros, vientos de una cornupia
opositora, plegada una vez más, rodillas al piso,
con el amo del norte, del que son espejo y burda
representación local.
Se va el señor Gargano, con el
dignidad de haber recibido la homologación de una
acción digna, izquierdista y fiel a la mejor
historia del Uruguay. Me refiero a lo expresado por
el presidente del Honorable Directorio del Partido
Nacional, el señor Senador Jorge Larrañaga:
Lamentablemente para el país estos cambios son
tardíos. Se podría haber evitado algunos males, como
por ejemplo en política exterior.[iii]
Huelga el explicar la
diferencia conceptual, tan respetuosa como firme,
que tenemos con el citado Senador, respecto del
vocablo país.
Es clara nuestra
posición en materia de política económica, desde la
secretaría de Estado que se ocupa de su
implementación: contraria, pues nos lo resulta así,
al programa y al espíritu de un gobierno de
izquierda que, además perdió dos preciosos años en
buscar un pacto con el gobierno de los EUA que nunca
especificó cómo y en qué grados iba a beneficiar, en
negocios efectivos, por determinar los sectores
precisos en los que irían a desarrollarse tales
entendimientos comerciales.
De tal siembra, tan
sólo se cosecharon unos pocos arándonos y unas
muchas interrogantes. Pero, nos queda claro, aun
para quien esto escribe, que tal despliegue fue
hecho dentro de la ley y de las normativas vigentes
y que es por tanto merecedor de nuestro respeto así
nos resulta de una refracción casi total. La
libertad se ha hecho para ejercerla y así, podemos
argüir que dos primas forman, también una misma
figura.
Todo esto dicho para
el ámbito nacional, pues otra cosa resultaría ser en
lo municipal y capitalino, algo a lo que huelgo
referirme pues está dirimiéndose, en una de sus
fases, en el ámbito de la Justicia.
Es coherente el señor
Presidente al mantener a capa y espada, una política
económica que es reflejo y vector del sentir,
expresado en beneficios directos, de la clase
dominante, luego de haber implementado una reforma
tributaria que mejora la performance (rentabilidad)
de los grandes contribuyentes, a la vez que intenta
zanjar el dilema de todo gobierno, esto es, si
buscar producir más y mejor, con valor agregado,
desde un espectro socioeconómico amplio (MYPES y
PYMES) o afianzar a un Estado recaudador.
El señor Presidente,
por delegación en su ministro de Economía, optó por
lo segundo y, naturalmente, lo hizo en el ámbito de
sus facultades.
Hoy, promediando el
mes de febrero del 2008, vemos con mayor nitidez que
en los pasados años, el craso error de seguir dando
vida a una política económica que respeta y anticipa
consejos externos y centrales, en vez de marcar
también un matiz local, con el claro ejemplo de lo
hecho en la hermana nación Argentina, donde hoy
cosechan la buena siembra de años anteriores, en
tanto aquí, podemos preciarnos de haber reprogramado
deuda, a decenios y decenios, así como el haber
intentado sin éxito ni claridad, acuerdos con los
EUA, habiendo perdido tiempo y energías en aumentar
lo que hoy es, como lo fue, y seguirá siendo, en
nuestra historia, también económica: la relación
estrecha y prioritaria tanto con la Argentina como
con el Brasil.
Mientras el G7 alerta
de la dureza de la crisis, y los EUA se abocan, por
vía presidencial y homologación del Congreso, a
implementar cuantiosos programas de ayuda estatal
para tratar de frenar el efecto dominó de una
política económica desastrosa llevada a cabo en el
último lustro, particularmente, y mientras el NAFTA,
por vía de lo dicho días pasados por el señor
Alberto Cárdenas, ministro de Agricultura y
Ganadería del gobierno mexicano, respecto a que el
NAFTA (que mal se lo refiere como tratado en tanto
es un acuerdo, cierto que con miles de artículos)
no fue la panacea que los presidentes mexicanos
prometieron.
La terquedad y falta
de diálogo con los sectores sociales y productivos
puede ser y ciertamente lo será, si se mantiene en
el tiempo, por la vía de colocar a un delfín del
señor Astori cuando este sea relevado de su función
actual, será, digo, un funesto error. Pero, como
todo en la vida, demos tiempo al tiempo.
Dijimos Argentina. Y
dijimos bien, como ejemplo de la innecesaria
genuflexión con los parias de los organismos
internacionales.
Procedamos a
explicarnos.
Argentina y sus reservas: El Banco Central de la
Argentina alcanzó el viernes 8 de febrero, la suma
de 48.085 millones de dólares y razonablemente,
terminará el primer trimestre en los 50 mil millones
de dólares, no siendo improbable que a fines del
2008, tenga ya 60 mil millones de dólares.
Tales datos los extraemos de
la excelente nota del periodista Alfredo Zaiat
quien, en artículo que ciertamente invitamos a leer
en su totalidad[iv],
al promediar su reflexión advierte lo siguiente:
(...) Cualquiera que proponga dejar de
comprar reservas lo hace por ignorancia de la
historia de las crisis o por mezquina picardía para
debilitar la economía en función a quién sabe qué
intereses. (...)
Esas
compras, además de acumular reservas, sirven para
evitar una caída del precio del dólar, unos de los
pilares de la actual orientación económica.
Al día siguiente, esto es el domingo 10 de febrero,
el periodista Claudo Scaletta, también en Página 12,
en un extenso y recomendable trabajo intitulado
Salida..:[v],
aduce, en el subtema Continuidad y ruptura, lo
siguiente que creemos refuerza lo anterior y
advierte de la disparidad de criterios, y
resultados, entre lo hecho por la Argentina y por el
Uruguay, en igual período.
Dice
ahí, el señor Scaletta: En los tres años que van de
2000 a 2002 el promedio anual exportado fue de
26.178 millones de dólares, un valor todavía por
encima del promedio más alto de los ´90.
En el último lustro (2003-2007),
dicho promedio saltó a 41.458 millones.
Y continúa, a renglón
seguido, con la siguiente información:
Durante los 18 años bajo análisis, las ventas al
exterior muestran un crecimiento continuo y
prácticamente sin fisuras. Con excepción de 1999,
año de inicio de la contracción de la economía y
también de un piso en la cotización de las
commodities agrarias, y 2002, el cenit de la crisis,
las exportaciones fueron siempre crecientes y
bastante independientes de las turbulencias
internas. La particularidad la brindan los dos
saltos notables concomitantes a los dos ciclos
alcistas de las cotizaciones de las commodities
agrarias. Así, entre 1992 y
1997 se pasó de 12.235 millones exportados a 26.431
millones, una suba del 116 por ciento. Y entre 2002
y 2007 de 25.650 millones a
prácticamente 56 mil millones, que implica un
crecimiento del 118 por ciento.
Aunque los saltos
muestres magnitudes similares, las diferencias son
de grado. En 1997, las exportaciones representaban
el 10 por ciento del PIB y en 2007 el doble, poco
más del 20 por ciento.
Es decir, si bien
esto comprende mayores lecturas, va como un dato, un
dato más, junto con el dato de las reservas de un
estilo de pensar desde el mayor beneficio para la
economía del país, entendido este como la sociedad
toda que lo integra, o la alineación lisa y llana,
simple y serena, a dictámenes y estándares ajenos a
lo nacional.
De regreso a nuestro país
Ciertamente al
Presidente, a su equipo de gobierno y al Partido que
lo sustenta, le caben no pocas y significativas
mejoras en lo social. Sucede que esta contradicción,
que cada vez suena más inarmónica, está dada entre
el real compromiso de un gobierno de izquierda con
la sociedad toda, especialmente con su base más
carenciada, y el pacto de no agresión o simple
comunión de ideas y objetivos, con la clase
dominante.
No caer o no seguir
cayendo en un asistencialismo, nos parece medular,
siendo que debe comenzar ya a intentarse una
compenetración del ciudadano de a pie en lo que es
la esencia de la democracia: el marco de los
derechos, sí, pero de las obligaciones.
Asistir pero hacerlo
creando instancias de independencia de la persona
hoy marginalizada, ayudando por vía de la generación
de esfuerzo propio de los involucrados, a un
aprendizaje del hacer, en la cultura del trabajo, de
la búsqueda franca por un destino mejor, que lo
aleje cada vez más de una asistencia.
Asistencia que sirve
para un primer momento pero que, proyectada en el
largo plazo, no hace sino profundizar su
marginalización y convertir a tal persona, en un
mero individuo, luego en un mero humano para de a
poco dejarlo como un factor de consumo, alienado de
la posibilidad de visitar su humanidad, toda vez que
se priorizó, consciente o inconscientemente, su
sentido animal: la preservación de la vida pero sin
generación de conciencia, de sentido.
Del Proyectar
Al Partido, al
partido de Gobierno, como a todo partido pero
especialmente como fuerza que está ejerciendo el
poder, le cabe la ingente tarea del proyectar.
Ingente porque es ciertamente difícil deslindar
quién estará en la cocina, haciendo, y quién en la
sala, proyectando.
Las más de las veces, a todo partido de Gobierno,
los que hacen son los que quieren no sólo hacer sino
también proyectar, a la vez que los que debieran
proyectar los lleva el facilismo del dejarse llevar
por la estructura a cargo del mando de la cosa
pública.
Este es el problema y hacia su dilucidación iremos,
vía vazferriana mediante, en el sentido de lograr
circunscribir cuál es la cuestión a dilucidar y con
qué palabras acciones- la podremos visualizar,
poner en negro sobre blanco.
Dice bien, por
ejemplo, el señor Mujica cuando pide se le deje
trabajar con las bases, en los barrios. Tanto él
como todo dirigente que se precie de mantener su
corazón abierto y su oreja pegada al piso de lo
social, jamás deben relegar u olvidarse de dialogar,
fermental y críticamente, con los ciudadanos de a
pie.
Ahí hay una tarea
ineludible, y además hermosa para todo ser crítico y
comprometido con lo social: el volver al sindicato,
al barrio, al comité, a plantear, y también a
plantearse, junto a los otros, las grandes
cuestiones que permanecen tiradas en la calle, como
dijera Nietzsche en su obra Aurora.
Esto es, no caer en
la vía rápida de teorizar desde las nubes y hacia el
firmamento sino, del pensar, pisando tierra, pata al
piso, pies desnudos, sintiendo la humedad del suelo,
sus nutrientes, a la vez que nos permitimos mirar
hacia el frente y hacia arriba, de cara al viento, y
sin dejarnos llevar por correntada alguna.
Se trata de dejarnos
llevar por un pensar reflexivo, mientras que al
Gobierno, por esencia, le cabe un pensar calculador,
proyectado hacia la consecución de objetivos, metas,
actividades, etcétera.
Nadie tiene derecho a
dejar de participar activa y responsablemente en la
tarea de un proyectar que lleve, por la vía de una
propuesta coherente con su espíritu e historia, a la
izquierda uruguaya hacia el segundo estadio
(gobierno) que le permita, ahí sí, profundizar
social y críticamente, las transformaciones sociales
que la gente requiere y el Uruguay se debe.
Pero tampoco debe ser
motivo de excusar el alegar, si bien es de relativa
certidumbre, que tres años o cinco son pocos para lo
mucho por hacer. Hacer hay que hacer. Y siempre
sabrá a poco, pero en tanto se haya comenzado a
hacer lo que la izquierda esperó un siglo y el país,
su vida.
Del Presidente al
Ciudadano
Podemos disentir con
el doctor Vázquez Rosas, como así también asentir.
Algo que hoy hacemos en sus dos extremos. Sabemos
también que cuando el ciudadano Vázquez Rosas,
descienda y transite por las baldosas de los
comunes, tendrá mayor aire y tiempo para sopesar lo
actuado, lo vivido y así, en el transcurso de unos
pocos años, convertirlo en conocimiento crítico que,
a la postre será, en su persona y en el Frente
Amplio, capital precioso para volver a ofrendar al
país, a su sociedad.
De todos nosotros
Nosotros también,
aunque a veces cueste creerlo, podemos intentar
mirar más allá de lo inmediato. Pero hoy, lo
inmediato, por cotidiano y crítico, reclama seamos
veraces. Y así juguemos nuestro derecho a opinar de
lo que el hacer y el proyectar tiene o dejan de
tener entre sí y ambos, desde cada plano de acción,
práctica como teórica, para con el sentido de
nuestros desvelos: la mejora en las condiciones de
vida y dignidad del otro.
Y lo que hoy
alcanzamos a entender que estos verbos deben tener
entre sí es coherencia.
Una coherencia
dialéctica, luego generadora de críticas,
ciertamente, pero coherencia con la sensibilidad,
con la razón y también, como siempre, con la
historia.
Y por Historia nos
referimos a la de todos y nunca, ciertamente que
nunca, a la pequeña historia de los inquilinos del
poder, ni la de los aspirantes a los vapores del
mismo. Sean quienes fueren, pero más aun si son o
dicen ser de izquierda.
Hablamos de la
Historia del pueblo uruguayo en particular, como la
de la Humanidad en general. Y a su comprensión y
aprehensión, vamos; dialécticamente.
[1]
La primer entrega se consta en la edición nº
236, del 17 de mayo de 2005. A continuación, el
link para acceder a la misma:
La Onda digital No 236 y
la segunda en la edición nº 367,
del 4 de diciembre de 2007. Su link:
La Onda digital No 367
[1]Gramsci,
Antonio, Il materialismo storico e la
filosofia di Benedetto Croce, Einadi, quinta
edición, 1953, pp. 3-4, citado en el prólogo,
página 7, Literatura y cultura popular, tomo I,
Cuadernos de Cultura Revolucionaria, Buenos
Aires, año 1974.
[1]
Benedetti, Mario, Letras del continente mestizo,
Montevideo, Arca, 2da edición, pág. 26.
[1]
Diario El Observador, Montevideo, página3,
edición del domingo 10 de febrero de 2008.
[1]
Zaiat, Alfredo, Muchas reservas, diario Página
12, Buenos Aires, edición del sábado 9 de
febrero de 2008.
[1]
Scaletta, Claudio, Salida..., diario Página
12, Buenos Aires, edición del domingo 10 de
febrero de 2008.
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