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Cumbre de Río
con buen final
Iberoamérica: cósmica y telúrica
por el profesor
Bernardo Quagliotti de Bellis
En la década de 1930, el Conde
Hermann Keyserling (1880-1946) escribía que esta
América era el
continente del tercer día de la
creación, matriz de hombres telúricos. Desde
México, el historiador y filósofo José Vasconcellos
acuñaba el término de raza cósmica para
identificar a nuestros pueblos.
En el mismo tiempo de definiciones
al juicio de Raúl Haya de la Torre en cuanto a
que Perú vivía a dos velocidades diferentes
(feudalismo agrario e incipiente sector moderno) se
sumaba la voz del escritor y etnólogo José María
Arguedas calificando al país incaico como
país telúrico, artificial y caótico.
El
mundo que nace
Con este
título, el Conde de Keyserling en 1927 nos dejó una
visión plena de lucidez y sabiduría de una etapa
histórica en la que nos debatimos aún (conflicto
reciente entre bolivarianas); visión que recoge los
rasgos más relevantes de pueblos que aun no han
podido desarrollar sus fuerzas para encarar, seria
y responsablemente, el complejo devenir.
El
diferendo entre Ecuador, Colombia y Venezuela
(sumándose como convidado de piedra Nicaragua)
señala que aun le falta a Iberoamérica dirimir con
claridad, la cuestión sobre la identidad política
histórica-cultural en los momentos cuando se
presentan desafíos internos y exógenos. Felizmente
en la reunión del Grupo de Río realizada de
inmediato en República Dominicana, afloró el ideario
de unidad en medio de la diversidad, aquél ideario
que impulsó a mediados del siglo XX, la creación de
la Unión Latinoamericana impulsada por Ugarte,
Palacios, Haya de la Torre, Asturias, Rodó y tantos
exponentes de la Patria Grande.
Hacia
la identidad continental
Entre
otros puntos, en aquel texto se enfatizaba:
Desenvolver en los pueblos latinoamericanos una
nueva conciencia de los intereses nacionales y
continentales, auspiciando toda renovación
ideológica que conduzca al ejercicio
efectivo de la soberanía popular y combatiendo toda
dictadura que obste a las reformas inspiradas por
anhelos de justicia social; orientar las naciones de
la América Latina hacia una Confederación que
garantice su independencia y libertad contra el
imperialismo de los Estados capitalistas
extranjeros, uniformando los principios del Derecho
- público y privado- y promoviendo la creación
sucesiva de entidades jurídica, económicas e
intelectuales de carácter continental.
¡Cuánta
justa coincidencia actual, existe entre aquellas
propuestas y las tendencias neocolonialistas que
algunos países del primer mundo vienen
presentando!. Desarraigo y frustración con una
voluntad aletargada para concretar un satisfactorio
destino histórico dentro del escenario planetario
que en medio de un caos se viene gestando.
Porque
la realidad indica que hablar en nuestro tiempo de
un nuevo mundo o un nuevo orden internacional, lleva
al escepticismo, provocando un dejo de ironía
amarga. Desde Perú, dice Enrique de la Piedra
Alzamora: Las jóvenes generaciones deben
insuflar un soplo de vida al pensamiento frío y
racional de nuestro tiempo y nutrirlo con la fina
percepción del sentimiento y la misteriosa pero
fecunda facultad de la intuición profunda.
¿Qué
dirían los pensadores del siglo XX citados?
Que tal ajuste de cuentas debe presentarse como una
respuesta a la renuencia bicentenaria a dar una
respuesta satisfactoria al desafío de imprimir un
rumbo histórico y consensuado a todo el continente
latinoamericano.
Es que
para atisbar el futuro resulta óptimo leer -o
releer- el sugerente y ameno libro Mujeres
medievales de la profesora inglesa Elileen
Power (1889-1940), donde la autora hace un
exhaustivo estudio del comportamiento de la mujer en
el advenimiento de la Edad Media, cuando ellas
tuvieron que adaptarse a un nuevo estilo de cultural
pues el mundo de Roma había perdido vigencia.
Estados unidos y el Plan Colombia
Toynbee
ha dicho que a toda era de organizaciones
perturbadoras - como es del caso la del
narcoterrorismo colombiano actual- - pueden seguir
tiempos revueltos de múltiples centros de poder;
de una nueva ola cultural que, a diferencia de
dichos tiempos revueltos estarán
interrelacionados procurando construir con los
pueblos una nueva sociedad con dimensión humana.
El nexo
insurgencia-drogas constituye un fenómeno
preocupante. Segmentos de la industria de la cocaína
contribuyen financieramente a fuerzas que, como en
el caso del conflicto reciente, están
desestabilizando sociedades de América Latina,
provocando conflictos regionales.
Tal
situación le ha servido a la política imperial
gobierno de Estados Unidos a fin de controlar los
movimientos que comenzaron a sucederse en
Iberoamérica con el ascenso del Coronel Chávez al
poder. El tema es que Venezuela es el tercer
objetivo mundial del gran capital petrolero
internacional, situación aún más agravada luego del
acercamiento del gobierno de Caracas con Irán. Es
oportuno tener en cuenta que la agresión militar
estadounidense a Irak y su Plan Colombia,
repercutieron políticamente en el eje Fidel-Chávez-
Morales-Correa.
El
Plan Colombia surgió como un proyecto del ex
presidente Andrés Pastrana en su campaña política de
1998 con el propósito de establecer diálogos de
paz para alcanzar acuerdos con los insurgentes y,
posteriormente, implementar programas para eliminar
los cultivos de cocaína y combatir el tráfico de
drogas.
El
fallecido Senador conservador por el Estado de
Georgia -Paul Coverdell- en abril del 2000 propuso
el plan Colombia -no tan solo para la lucha contra
los narcotraficantes, dado que manifestó:
Para controlar a Venezuela es necesario intervenir
militarmente a Colombia, y por ende al
resto del continente sudamericano, fuese a través de
los TLC -luego del rotundo fracaso del ALCA- y con
la instalación de la base militar en el Chaco
paraguayo, además de la masiva compra de tierras en
la Patagonia argentina, chilena y Amazonia.
A juicio
del investigador Bruce Michael Bagle (catedrático de
la Facultad de Estudios Internacionales de la
Universidad de Miami-, la guerra en Colombia va
a durar muchos años, quien considera además que
el Plan Colombia tiene efectos negativos para
los cinco países de la región, pues expande el
cultivo de la coca -por el desplazamiento de los
campesinos- trasladando simultáneamente la
operación de los insurgentes a otras zonas y, por
otra parte, las fumigaciones aéreas deteriorando el
ambiente.
Las FARC no tienen futuro como
guerrilla, aunque los tengan como narcotraficantes.
La inmensa selva colombiana les facilita mantener a
los rehenes que secuestraron en el pasado y usarlos
como su último cartucho político. Las duras
condiciones en que mantienen a éstos evidencian
desmoralización y pérdida de control. Las FARC han
hecho del secuestro, la extorsión y el narcotráfico
sus principales actividades. Son los mayores
secuestradores del planeta. Si Chávez estuviera sólo
ayudando a salvar rehenes sería positivo, pero su
reconocimiento político a las FARC reaviva la
violencia colombiana, le abre las puertas de su país
a la cocaína y lo convierte en protector de unos
crueles narcoterrorista-
expresiones éstas del guerrillero salvadoreño
Joaquín Villalobos al diario El País de Madrid
(16/01/08)
*)
Secretario General Asociación Sudamericana de
Geopolítica
Presidente
Academia Uruguaya de Geopolítica y Estrategia
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