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¿Por qué el Mercosur debe avanzar
en la firma de un Acuerdo de
Asociación Estratégico
con la UE?
por el Dr. Lincoln Bizzozero
En el mes de mayo se
realizará una nueva Cumbre del espacio América
Latina/Caribe Unión Europea, cuyos temas centrales
serán la Pobreza, desigualdad e inclusión y
Desarrollo sustentable, cambio climático, ambiente
y energía. Durante la Cumbre la Unión Europea
concertará mini-cumbres con las distintas
agrupaciones regionales y con los países que no
participan totalmente de ninguna de esas instancias
como lo son Chile y México, en vistas de avanzar
hacia el objetivo de la asociación estratégica.
El objetivo final
para la Unión Europea está articulado con los
específicos que tiene con cada una de las
agrupaciones regionales, entre las cuales se cuenta
el MERCOSUR. La posibilidad de concretar con el
MERCOSUR una asociación estratégica específica se
plantea desde la Unión Europea con renovado ímpetu
político, luego de un estancamiento de las
negociaciones que data de fines del siglo pasado. La
cuestión específica es preguntarse qué es lo
nuevo que amerite avanzar en un acuerdo de
asociación y qué interés podría tener el bloque
regional del MERCOSUR en ello.
En primer lugar, lo
nuevo se encuentra en el mismo desarrollo del siglo
XXI en relación a lo que fuera el inicio de las
negociaciones y su incidencia actual en las
relaciones entre los dos bloques. Las relaciones
entre el MERCOSUR y la Unión Europea se basan en el
Acuerdo Marco de cooperación Interregional firmado
en Madrid en diciembre de 1995. El acuerdo fue el
primero que firmó el MERCOSUR, en tanto bloque
regional con personalidad jurídica, una vez
ratificado el Protocolo de Ouro Preto de 1994. Ello
significó en su momento un reconocimiento al bloque
regional formado por nuestros países y también un
impulso a los objetivos del Tratado de Asunción. Por
otra parte, esa iniciativa constituyó una novedad
en el mapa del comercio mundial, desde el
momento que planteó un acuerdo de libre comercio
entre dos bloques regionales. Es claro que en ese
momento también constituyó una respuesta política a
la iniciativa de conformar un Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas, que en su momento planteó
el Presidente de los Estados Unidos, Clinton, en
diciembre de 1994.
Hacia fines de los
noventa, con el inicio de la crisis regional y de la
Ronda Doha, el proceso de negociaciones con la Unión
Europea se estancó. Los avances y retrocesos en la
Ronda Doha pasaron a ser el eje sobre el cual las
negociaciones específicas bilaterales quedaron
supeditadas. De ahí que en esos primeros años del
siglo, tanto el ALCA como las negociaciones
UE-MERCOSUR constituyeran un resguardo frente a un
posible fracaso, un second best o bien un
vínculo para terminar de arreglar cuestiones o
especificar puntos que se acordaran en la Ronda de
Comercio Internacional. Ello se dio a pesar de que
en la I Cumbre Unión Europea-América Latina/Caribe
que se realizó en 1999 en Río de Janeiro, la
ratificación del Acuerdo Marco Interregional por
parte de ambos bloques posibilitó que se acordara el
inicio de negociaciones para un Acuerdo de
Asociación Estratégico.
Con el inicio del
siglo XXI se modificó el escenario internacional, lo
cual quedó patentado en los temas prioritarios de la
agenda. Esta modificación no se circunscribió a los
atentados del 11 de septiembre, sino que varios
factores y acontecimientos se sucedieron para
mostrar que lo que realmente se está procesando es
una transición de fondo del sistema internacional.
Esa transición se da en distintos niveles y planos y
pone en tela de juego los recursos de poder
tradicionales, ya sea los denominados de alta
política (tecnología militar, armamento, entre
otros), los derivados del peso económico y
comercial, como los no tradicionales que atañen a
las capacidades institucionales, humanas y
ambientales.
Algunos hechos
recientes muestran que el escenario es diferente por
varias razones que dan cuenta de la envergadura de
los cambios. En primer lugar, desde el punto de
vista de las negociaciones internacionales, lo que
atañe al plano institucional, el ALCA ha dejado de
existir como formato impulsor y por otra parte, la
Ronda puede terminar con un acuerdo de mínima (sin
hablar de un fracaso). En segundo lugar, si se
observa la evolución de los intercambios
comerciales, China se ha posicionado en la región
sudamericana y ha incrementado notoriamente los
intercambios con la región en detrimento de Europa.
En tercer orden, los precios de las materias primas
se han incrementado notoriamente y ello ha servido
para que los países del MERCOSUR pudieran tener
excedentes en sus balanzas comerciales, con efectos
positivos para sus políticas económicas y sociales.
Pero es en el nivel de la política
internacional donde los cambios son más relevantes y
donde los nuevos elementos juegan para incentivar o
no a un acuerdo entre las dos regiones. Brasil ha
concertado el año pasado una asociación estratégica
con la Unión Europea en lo que concierne los temas
globales, sobre la base de valores e intereses
fundamentales compartidos,
entre los que cuentan el respeto por el Estado de
Derecho y los derechos humanos, la preocupación
sobre el cambio climático y la búsqueda del
crecimiento económico y de la justicia social. La
energía, el cambio climático y el desarrollo
sustentable han tomado una prioridad estratégica en
la agenda internacional y ello se está trasladando a
los distintos foros. China, India y Rusia (a los
cuales hay que agregar Brasil) han pasado a ser
actores de primer nivel, con el agregado fundamental
que los dos primeros congregan una parte
significativa de la población mundial y continúan
creciendo con la consiguiente repercusión en los
distintos niveles de análisis del sistema.
Si se parte de que
efectivamente el escenario actual es diferente al de
hace algunos años, queda por preguntarse por qué
entonces resulta interesante (e importante) avanzar
en un acuerdo de asociación estratégica por parte
del MERCOSUR. Acá importa plantearse el tema en
función de la visión estratégica, del necesario
puente entre lo que existe hoy y lo que pueda
existir en el futuro, de apostar a una presencia de
la región en el concierto mundial. La importancia
que pueda tener el acuerdo de asociación estratégica
con la Unión Europea se relaciona con los nuevos
temas que hoy comienzan a ser prioritarios en la
agenda y que lo serán cada vez más en un futuro
próximo. Parte del hecho que en Europa se ha
desarrollado una conciencia sobre esos temas en
tanto aprendizaje forzoso y forzado y ya está
aplicando las directivas e indicadores del Protocolo
de Kyoto en las propias residencias del espacio
comunitario. Se trata en definitiva de una
asociación por los valores comunes, que
posibilita compartir las tecnologías y know how en
materia de desarrollo sostenible de Europa con las
posibilidades en recursos humanos y naturales de
nuestros países.
Y acá surge el papel
que puede tener el MERCOSUR para forjar nuevas
modalidades de asociación en consonancia con el
contexto y prioridades diferentes. Si los temas de
la Cumbre Unión Europea América Latina/Caribe
resultan prioritarios en la agenda y buscan generar
instrumentos para financiar proyectos para los
mismos, ¿por qué no integrarlos en las
negociaciones de la Asociación Estratégica? En
definitiva, se trata de avanzar en el Acuerdo de
Asociación integrando las nuevas ideas e iniciativas
y no quedar con el formato que iniciara las
negociaciones y que correspondió a otro contexto. Y
para ello, un avance de esos nuevos formatos que
prioricen el Diálogo Político y la Cooperación
resulta un paso posible y necesario con vistas a
profundizar las relaciones entre ambos bloques. Y
también se podría integrar un acuerdo de mínima en
materia comercial, para que ambas regiones
mantengan un piso de partida en caso de fracasar la
Ronda de Comercio Multilateral.
[1]
Investigador del Programa de Política Internacional
y Relaciones Internacionales de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de la República
en Uruguay. Es Doctor en Ciencia Política por la
Universidad Libre de Bruselas. Se desempeña como
Profesor del Instituto Artigas de Servicio Exterior
del Ministerio de Relaciones Exteriores.
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