¿Paraguay, una
nueva Bolivia?
por el embajador Rubens Barbosa

El día 20, los paraguayos elegirán un nuevo presidente. En la campaña electoral ha prevalecido, en  mayor o menor grado, un sentimiento anti-brasileño, exteriorizado en dos aspectos: la revisión del Tratado de Itaipú y la amenaza a los cerca de 300 mil agricultores brasileños que viven en Paraguay.

 

Disputan la elección el ex-obispo Fernando Lugo, con el apoyo de una coalición de movimientos sociales y partidos de izquierda, Lino Oviedo, general jubilado, y Blanca Ovelar, del Partido Colorado, apoyada por el actual presidente, Nicanor Duarte.

 

Fernando Lugo fue recibido por el presidente Lula la semana pasada. Según el candidato paraguayo, el gobierno brasileño estaría abierto a rediscutir Itaipú, afirmación desmentida por el Palacio del Planalto. A pesar de la negativa, portavoces dicen que no hay agenda prohibida, lo que configura un gesto inédito de apertura hacia la solicitud paraguaya. El PT y el gobernador Requião apoyan la candidatura de Lugo, que está al frente de casi todas las (no siempre confiables) encuestas de opinión pública.

 

La renegociación del Tratado de Itaipú con Brasil ha sido uno de los principales temas de la campaña electoral. De los tres candidatos, Lugo ha sido el más agresivo en lo que tiene que ver con la defensa de la ''soberanía energética'', palabra de orden para la tentativa del aumento significativo del precio pagado por Brasil por la compra de la energía generada por la Hidroeléctrica de Itaipú y que no es consumida por Paraguay y de la venta de esa energía a terceros países.

 

El tratado define las reglas de utilización de la usina, la remuneración de la energía producida, su operación y utilización. Firmado en 1973, el documento tiene un  plazo de validez de 50 años, o sea, sólo podrá ser renegociado en  2023.

 

La prédica de Lugo es repercutida diariamente por los diarios de Asunción y encuentra apoyo en Argentina, en Uruguay y, recientemente, hasta en Chile, donde Ricardo Lagos dijo que Paraguay tiene derecho a esta reivindicación.

 

La demanda Paraguaya debe ser vista dentro de un contexto más amplio. A Fernando Lugo debería recordársele  que a comienzos de la década de 1970:

 

el gobierno brasileño captó abultados recursos (más de U$S 12 mil millones) necesarios para la construcción de la usina Ande; la Eletrobrás Paraguaya, sólo se asoció al emprendimiento porque el Banco do Brasil le financió los U$S 50 millones para el aporte en los U$S 100 millones del capital inicial; cuando las primeras máquinas de Itaipú comenzaron a generar, no había mercado para la energía producida; por esto, y compulsivamente, como preveía y prevé el tratado, las empresas distribuidoras brasileñas fueron obligadas a adquirirla;

 

la energía cara resultó en la insolvencia de estas distribuidoras, que, al no poder pagar más  a Itaipú, tornaron a la binacional también insolvente, con la amortización de los financiamientos externos, garantizados por el Tesoro brasileño, sin gasto para el similar paraguayo. Esta deuda, renegociada en  1996, sólo será saldada en  2023.

 

Paraguay, por el tratado, tiene derecho al 50% de la energía generada por Itaipú, pero su economía sólo absorbe el 10% de este 50%. El restante lo compra Brasil para su propio consumo. Hoy, casi el 20% de la energía consumida por el sudeste brasileño (San Pablo y Río de Janeiro) viene de Itaipú, sin que haya alternativas, al menos a corto plazo, para que este panorama se modifique.

 

Lugo alega que esta energía absorbida por Brasil cuesta cerca de U$S 2,75 el MWh y quiere multiplicar el precio por ocho. Este no es un precio de mercado, corresponde apenas a la compensación adicional que Brasil paga al Paraguay y que debe ser sumado a todos los demás costos que Brasil asume como  consecuencia de las obligaciones previstas en el tratado. El costo verdadero debería tener en cuenta los datos financieros de la empresa.

 

En el 2007, la renta operacional de Itaipú estuvo compuesta por U$S 3,042 mil millones de la Eletrobrás (95,23%) y apenas U$S 145,1millones de la Ande (4,77%). Este es el valor monetario de la energía consumida por cada uno de los dos países.

 

Brasil transfirió en el 2007, por fuerza del tratado, directamente al gobierno de Paraguay o para honrar los compromisos financieros de aquel país en la Itaipú Binacional cerca de U$S 1,5 mil millón, que corresponde al pago de U$S 41,32/MWh por la ''energía paraguaya'' utilizada, o 14,86 veces más de lo que Lugo alega que está siendo pago.

 

Los consumidores brasileños incluso pagan en sus tarifas de luz cerca de U$S 200 millones al año por concepto de royalties a Paraguay. Los royalties pagos por usinas brasileñas - que en Brasil son denominados ''compensación financiera'' - representan valores bien menores que los royalties de Itaipú, evidenciando un costo abusivo de los royalties de la binacional (de 2,5 a 4,1 veces superiores a los pagos por las usinas brasileñas).

 

Cediendo a la presión del gobierno paraguayo, el gobierno Lula aumentó de 4 a 5,1 el coeficiente de cálculo de la energía comprada por Brasil, lo que representó gastos adicionales para el Tesoro de U$S 20 millones más por año.

 

El gobierno Lula ha afirmado que no aceptará ninguna modificación en el Tratado de Itaipú y que va a mantener la misma línea adoptada hasta aquí con el gobierno del presidente Nicanor Duarte.

 

Dada la ambigüedad de algunas declaraciones hechas por portavoces del Planalto después de la visita de Lugo, es necesario que Brasil se posicione de forma clara frente a Paraguay para evitar lo que ocurrió con Bolivia. Se espera que no haya confusión entre los intereses ideológicos del PT y la actitud del gobierno de Brasilia. La energía de Itaipú es una cuestión de seguridad nacional y no admite tergiversación. Esperamos que los intereses superiores de Brasil sean defendidos de manera realmente efectiva, y no con la falta de vigor con que fueron tratados los problemas de la Petrobrás en lo concerniente a la nacionalización de las refinerías y al aumento del precio del gas en Bolivia.

 

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

Rubens Barbosa, consultor, presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la Fiesp,
fue embajador de Brasil en los EE.UU. y en Gran Bretaña. 

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