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España: decálogo de
propuestas sobre inmigración
Documento suscrito por diversas entidades para
reclamar a las autoridades españolas y partidos
políticos un cambio de discurso, semejante a otros
europeos, actualmente polarizado en la represión del
fenómeno migratorio. Ese cambio de discurso tiene
que contemplar la inmigración como algo positivo,
con propuestas concretas que fortalezcan un clima
de convivencia e integración.
El actual modelo de
globalización mundial atraviesa todos los ámbitos
sociales. No solo se han diluido las fronteras para
los intercambios comerciales, el flujo de
información y las relaciones entre los Estados.
También los habitantes de todo el mundo plantean
proyectos vitales en Estados distintos a aquellos
que los han visto nacer. Un fenómeno mundial que en
España estamos descubriendo desde la década de los
90, que se traduce no solo en crecimiento económico
y demográfico, sino también en una mayor diversidad
cultural derivada de la llegada de nuevos ciudadanos
con los que convivimos en nuestra cotidianidad.
Desgraciadamente, en los
últimos años los procedimientos de control de
fronteras y regulación jurídica de los procesos
migratorios en España y la Unión Europea no se
pueden considerar precisamente una apuesta decidida
por la defensa de los derechos fundamentales de los
migrantes: el endurecimiento y externalización del
control de fronteras en países con un currículum más
que dudoso en el respeto de los DDHH, las normativas
y políticas de extranjería cada vez más restrictivas
y centradas en la seguridad en todos los países
comunitarios, han convertido casi en una quimera lo
que supuestamente pretenden conseguir (que los
flujos migratorios se puedan mover por las vías de
la legalidad), han potenciado preocupantes actitudes
sociales racistas y xenófobas y, lo que es más
grave, han costado la vida a cientos de personas en
mares, vallas y desiertos.
De esta forma, el debate
político está hoy menos que nunca en si queremos o
no la llegada de inmigrantes porque la inmigración
es un fenómeno que está entre nosotros. El debate es
cómo conseguir que la inmigración sea para todos los
que residen en España una oportunidad para el
diálogo y la construcción de una convivencia
intercultural democrática, con derechos (y por
supuesto deberes) para todos.
Conseguir este objetivo exige,
sin lugar a dudas, apuestas políticas valientes,
decididas y de gran trascendencia social, formuladas
con visión de futuro, más allá de coyunturas
económicas y partidistas.
a) Gestión de flujos
migratorios:
A este respecto proponemos:
1.- Reforma de la Ley de
Extranjería en al menos tres cuestiones básicas:
Establecimiento de vías
legales efectivas para la regularización de las
personas en situación administrativa irregular. El
actual arraigo laboral se muestra ineficaz para este
objetivo y el plazo de tres años para el llamado
arraigo social condena al limbo jurídico a más de un
millón de personas en nuestro país. La reforma de
estas cuestiones es urgente y prioritaria para
evitar procesos extraordinarios no deseables.
Combatir la explotación
laboral que hace especial mella en el colectivo
inmigrante. Rompiendo así, por un lado, con el abuso
que algunos empresarios hacen respecto a las
personas más vulnerables del colectivo inmigrante y,
por otra parte, impidiendo la explotación laboral de
las personas inmigrantes, que supone una merma de
condiciones y calidad en el empleo para todos los
ciudadanos, autóctonos y extranjeros. En este
sentido, merece especial atención el sector agrícola
y las condiciones de vida de los jornaleros en cada
campaña agrícola.
Acceso al cambio de la
actividad laboral y su ámbito geográfico durante la
duración del primer permiso de trabajo. Se resuelven
así muchas situaciones en las que la persona
extranjera queda sin empleo por despido o
incumplimiento del empresario, siendo requerida en
otro sector o territorio.
2.- Facilitar el acceso legal a
España:
Agilizando la gestión
administrativa de los consulados, asegurando la
transparencia y fiabilidad de los procesos. Se debe
desarrollar, modernizar e incrementar la estructura
administrativa exterior, para gestionar los flujos
migratorios de manera ágil y flexible y canalizar
así adecuadamente las migraciones desde los países
de origen.
Potenciando la contratación
en origen en condiciones de igualdad en los países
emisores, asegurando condiciones adecuadas de
acogida por parte de los empleadores y el
cumplimiento de sus obligaciones, especialmente en
el sector agrícola.
Desarrollando campañas
informativas sobre estas iniciativas en los países
de origen.
3.- Regulación de los CIEs y
política encaminada a su cierre
Eliminar el carácter
penitenciario de los CIEs, de acuerdo con lo
previsto en la ley, regulando por ley el acceso de
los familiares, la comunicación externa, etc.
Investigación de las denuncias formuladas.
Promover el acceso y la
colaboración de las asociaciones locales
especializadas en atención a personas inmigrantes,
con los servicios permanentes tanto sociales como
sanitarios que deben estar en los centros. Se
facilita así la transparencia y legalidad de los
centros de internamiento de extranjeros.
Oposición tajante a la
creación de centros similares en los países de
origen y tránsito, sea con fondos de España o de la
UE.
4.- Refuerzo y agilización de
las oficinas de extranjería de las delegaciones y
subdelegaciones de gobierno.
Dotándolas de más personal
administrativo, traductores y recursos materiales,
lo que permite la agilización de los procesos
administrativos.
b) Ciudadanía y convivencia:
Hace ya bastante más de una
década que España recibe inmigrantes. Se debe evitar
la visión instrumental y utilitarista de las
migraciones, limitada al mercado de trabajo con una
idea de presencia provisional de los migrantes, y
potenciar el concepto de ciudadanía vinculado al
territorio para una necesaria convivencia
intercultural, y el necesario reconocimiento de la
vida en familia de los migrantes. En este sentido y
sabiendo que solo el ejercicio de la ciudadanía
permite la convivencia plena, planteamos:
5.- La normalización de la
atención a la población extranjera.
Potenciando que en los
servicios públicos y su personal se introduzca la
atención normalizada a la población extranjera en
iguales condiciones que la población autóctona. Muy
especialmente en los servicios sanitarios y
educativos. Es necesario trabajar con los gobiernos
autonómicos y locales para su implicación en este
proceso, allí donde estén las competencias
descentralizadas.
Muy especialmente debería
vigilarse la atención que los municipios prestan a
la población extranjera en sus servicios de
empadronamiento recordando que es una obligación
para el ciudadano y también para el ayuntamiento
facilitar este empadronamiento, al margen de la
situación administrativa de la persona que pretende
empadronarse.
La preocupación social por la
violencia de género también debe tener su reflejo en
el trato a las personas inmigrantes. Las mujeres
inmigrantes que han sufrido maltrato deben poder
acceder a todos los recursos y apoyos de la
administración al margen de su situación documental.
Siendo tratadas antes como víctimas que como
inmigrantes.
6.- Acceso al voto en las
elecciones municipales para las personas extranjeras
residentes.
Como mecanismo fundamental de
reconocimiento del papel que en la nueva sociedad
española están jugando las personas inmigrantes. El
hecho de que las personas que residen en un
municipio puedan integrarse en las reflexiones y
debates políticos sobre la gestión de ese municipio,
es fundamental para la construcción colectiva de la
convivencia.
7.- Incremento y mayor control
de los fondos destinados a políticas de integración.
Es necesario mantener estos
presupuestos que están permitiendo a muchos
ayuntamientos generar recursos locales para la
atención a la población extranjera. Pero es urgente
a la par un mayor control sobre su destino final,
especialmente de los recursos para la educación.
Asegurando la formación y
sensibilización hacia todo el alumnado y no
segregadamente a la población inmigrante. En los
municipios es necesario que los fondos se empleen
para atender a la población inmigrante de la forma
más normalizada posible y no sirvan para segregar
aún más su atención o se deriven a reforzar
servicios para la población autóctona.
En este punto debemos
recordar la situación que se vive anualmente en las
comarcas agrícolas en las campañas de recogida de
frutos. Es urgente para facilitar la convivencia
vecinal, lograr que los empresarios cumplan con su
obligación de facilitar alojamiento en condiciones
dignas a todos los trabajadores no residentes en el
ámbito geográfico de la campaña, tal y como recogen
diversos convenios del campo.
C) Aspectos internacionales y
asilo:
Las migraciones, como resultado
que son del flujo de población entre países con muy
distintos niveles económicos, también poseen una
cara internacional y de respeto a los derechos
humanos. Sin trabajar en esta dimensión es imposible
eliminar los aspectos más negativos del actual
modelo de inmigración.
8.- Firma de la Convención de
las Naciones Unidas para garantizar los derechos de
los trabajadores migrantes y sus familias.
La Convención es una
verdadera carta de derechos mínimos de las personas
inmigrantes, que no existe actualmente en ningún
otro tratado internacional. Dicha Convención es
fácilmente asumible en el actual marco legal español
y no encontramos motivos para que el Gobierno
español no la ratifique o se adhiera.
Facilitaría reconocer unos
derechos mínimos que cualquier legislación futura
sobre extranjería debería recoger. Por otro lado, un
documento generado por la misma ONU merece el
respaldo del gobierno español, sea cual sea su signo
político.
9.- Política de cooperación al
desarrollo.
Si bien es deseable que
cualquier persona pueda elegir el país en el que
vive, debemos reconocer que actualmente la mayor
parte de los movimientos migratorios vienen
provocados por la inmensa quiebra económica entre
los países enriquecidos y los países sumidos en la
pobreza.
Ninguna política de
migraciones estará completa si no se facilita el
desarrollo económico de los países de origen. Esto
no significa vincular la cooperación internacional a
acuerdos de repatriación con los países emisores,
sino fomentar y liderar una estrategia internacional
para la mejora de las condiciones de vida en los
países más empobrecidos y en aquellos de los que
vienen las personas inmigrantes, lo que no siempre
coincide. Respetar el derecho a no tener que emigrar
debería ser un objetivo prioritario de la política
internacional española.
Revisar la política de
cooperación bilateral de gobierno a gobierno y
reorientarla a la creación de condiciones materiales
y sociales en los países de África y América Latina
emisores de mano de obra, con el fin de que las
sociedades civiles de allá y acá jueguen un papel
más eficiente en el diseño, ejecución y control de
las prácticas de desarrollo.
Estudiar conjuntamente a la
sociedad civil, las políticas de aplicación de las
remesas y fondos de divisas fuertes para que se
apliquen al desarrollo de las zonas más propensas a
la expulsión de población, impidiendo círculos de
dependencia que puedan crearse.
Afianzar y estimular la
cooperación descentralizada y la implicación de los
poderes locales y ONG para el desarrollo, de forma
que se orienten a impulsar la descentralización del
poder político y la concreción en programas de
desarrollo local.
Influir para que la Unión
Europea revise sus políticas de AOD y los Acuerdos
de Asociación con una amplia visión del desarrollo
de los países destinatarios, más allá del enfoque
economicista de esas políticas.
10.- Defensa del derecho de
asilo:
La normativa de asilo que
reconozca los nuevos tipos de persecución, como los
refugiados medioambientales, y desarrollar la
protección al fenómeno de la apátrida.
Las autoridades deben
garantizar el acceso a la petición de asilo, tanto
en España como en países de tránsito (solicitud vía
diplomática, agilización de trámites, protocolos de
actuación en interceptación de embarcaciones
).
Ante la baja tasa de
reconocimiento del estatuto de refugiado en España y
la tendencia a frenar los flujos migratorios en los
países de tránsito, consideramos que como octava
potencia mundial, España debe asumir un mayor
compromiso con los refugiados, especialmente con los
más vulnerables, asumiendo una cuota anual de
reasentamiento.
Desde la Red Acoge, CEAR, la
APDHA y USO somos muy conscientes de que estas diez
medidas no abarcan la totalidad de las políticas que
se pueden desarrollar en el ámbito de las
migraciones, y que responden a una sensibilidad muy
concreta, la nuestra. Pero también estamos
convencidos de que son perfectamente asumibles por
el nuevo Gobierno y cualquier partido político que
desee encarar el fenómeno migratorio con su doble
perspectiva, la de contribución económica y social a
la sociedad española del siglo XXI y la de respeto a
los derechos de los nuevos miembros de esta
sociedad, que si bien pueden haber nacido en otro
lugar, son ya coprotagonistas de la España actual.
LA
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