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Miró en Montevideo: la genialidad del
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Merthil Manginni

La Niebla, Miró y el Discount Bank en
el Museo Nacional de Artes Visual

Ariel Mastandrea

La Niebla, Miró y el Discount Bank en
el Museo Nacional de Artes Visual

por Ariel Mastandrea

Hay veces que un error de la memoria puede aclarar - y mucho-ciertos temas importantes que tienen que ver con la cultura nacional .Máxime cuando el error personal viene adjunto con el valor irónico del azar y es rubricado por el error ajeno.

 

Sucede que desde hace días estaba muy atento a la invitación del Museo Nacional de Artes Visuales, ante la inminente exposición de Joan Miró, con dibujos y grabados del maestro español.

 

La exposición estaba pautada para el día miércoles 25 de junio del presente año. Yo me equivoqué en medio de la niebla y el frío, creí que era el martes a las 19 horas.

 

Como vivo en el Parque Rodó, no es muy difícil para mi , por más que llueva o truene, atravesar tres cuadras en medio de la niebla . Joan Miró es lo suficiente importante como para dar lugar a los equívocos y arriesgarme en medio del invierno.

 

Así que llegué puntual al Museo de Artes Visuales, pero en el día equivocado. Sin duda que había algo raro en la niebla.

 

Lo primero que me llamó la atención fue el gran dispositivo de seguridad. Inusual en toda exposición de arte. Había policías de particular y uniformados por doquier, autos y camionetas especiales acordonadas alrededor del Museo.

 

Si a esto le agregamos colas de gente elegante que empujaba por entrar, jovencitas atentas y emperifolladas de fiesta que oficiaban como chaperonas y cantidad de secretarios que hacían lo que podían con sus libretas de listas de invitados, algo raro sin duda que flotaba en el ambiente .

 

Como nunca nadie me han pedido invitación para entrar al museo - y además porque fui de gabardina y sombrero- no me fue para nada difícil tener derecho al acceso. Si bien es cierto que era el único hombre que no estaba de traje y corbata, hasta ese momento aún creía que se trata de un evento oficial con marco publicitario especial.

 

Nadie me preguntó nada, nadie me dió ningún tipo de explicaciones, nadie se atrevió .

 

Así que entré.

Lo que sigue después es el espectáculo más arbitrario y demoledor que he visto en años en el marco de la cultura nacional.

 

En medio del resplandor enceguecedor de todas luces encendidas, el espacio físico del Museo estaba dispuesto para una fiesta. ¿No era que había una disposición especial de ahorro de energía para servicios públicos? ¿Que se había dispuesto un horario especial para las exposiciones en horario específico? Pues no, se trataba de una gran fiesta particular de empresa.

 

Había mesas especiales para un buffet colectivo a todo lo largo y ancho de la planta baja, por detrás y por delante de las pinturas y esculturas nacionales. Mesas con toneladas de comida dispuesta en distintos niveles para paladares ejecutivos, Había dispositivos de servicio para flambear carnes y delicatessen exóticas, y por todos lados vinos finos y de todas las marcas .La obra de Hugo Nantes en el centro , con sus jugadores de naipes orejeándolo todo, resultaba irónica en medio de este despliegue pantagruélico . Los paisajes de Carmelo de Arzadoum sobrevivían a los entremeses en forma de torres junto a los arreglos florales y los manteles. Los retratos de Carlos Federico Sáez atisbaban por detrás de las filas de canapés rellenos de salsa agria, atún y fresas, la demoledora presencia de Carlota Ferreira estaba oculta por una fila de hombres uniformados de seguridad y Blanes hacía lo que podía sopesando el valor de una fila compacta de ejecutivos de empresa uniformados con rigurosos trajes Christian Dior.

 

Se trataba de una fiesta privada del Discount Bank. En medio de la sorpresa, pregunto sobre la exposición de pintura del artista Joan Miró. Nadie sabe nada. Nadie puede responder nada. Todo el mundo sonríe y mira en blanco, aparentando afabilidad.

 

Pregunto a un guardia de seguridad por la exposición del Museo de Artes Plásticas. Me responde de  que eso es en otro lugar, que ese es el Museo de Bellas  Artes. Pregunto directamente a una mujer que tiene un listado en la mano, uniformada y sonriente, por Joan Miró.

 

Con cara estupefacta me dice: "-¿Es uno de los directivos?"

Al acercarme a un hombre con presencia ejecutiva cree- o finge- reconocerme, me da una alta copa de algo burbujeante y muy sonriente me dice: "-Estimado amigo , siéntase como en su casa".

 

Entonces miro a la escuálida y dramática figura de la "Niña de cantegril" de Nantes , justo en frente al dispensario de vinos , me encasqueto el sombrero con rabia y salgo rápidamente a toda velocidad en medio del frío.

 

Conclusión.

No se pueden hacer fritangas alrededor de las piezas museísticas del Museo de Artes Visuales, por más que vengan con champignones glaseados a la menta, carnes flambeadas con vinos finos y champagne importado del Discount Bank.

 

No se puede arriesgar el patrimonio nacional a expensas de la ausencia total de una política de preservación de las obras artísticas.

No se puede utilizar el prestigio del arte para adornar las fiestas particulares de empresas . Para eso están los Hoteles cinco estrellas, las casas de fiestas especializadas y los restaurantes elegantes.

 

No se puede negociar - por más desesperados que estén los directivos del Museo por conseguir sponsors que paguen la vuelta - la seguridad, la integridad y el valor histórico de las piezas del museo.

 

No nos confundamos, es cierto que en los países del primer mundo existen lugares dentro de los propios museos que permiten organizar eventos privados, pero éstos se hacen en otros espacios físicos muy distintos que no son los expositivos. Adjuntos pero no cercanos, siempre separados, jamás alrededor de las pinturas. Jamás alrededor de los grabados, esculturas y objetos variados del arte.

 

No se puede confundir la urgencia y la necesidad a expensas del riesgo, el deterioro y la falta absoluta de respeto por el patrimonio nacional.

 

Lo de siempre.

Si no sabemos quiénes somos no llegaremos a ningún lado .Si no sabemos a dónde vamos, vamos a llegar a otro lado. De esta confusión siempre surge una mala, una extraordinaria y pésima gestión del acervo histórico del país.

 

Es el invierno y no se ve nada en medio de la niebla en el Museo de Artes Visuales del Parque Rodó.

 

Aceptar vintenes y humear cuadros con comida sofisticada y el apeñuscamiento de gente elegante no es la opción.

 

Nunca lo será.

Por más sonrientes que salgamos en la foto de las páginas de sociales.

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