|
¿Astori o Mujica?:
el Partido del cambio
en la cruz de los caminos
por Federico Fasano Mertens*
Hoy el partido del
cambio en el poder se encuentra en un cruce
histórico de caminos. Hablamos del gran partido del
cambio uruguayo, el Frente Amplio, al que dedicamos
toda nuestra sangre, músculos y neuronas, un partido
que, no nos equivoquemos, no es el partido del
Estado, sino un partido órgano de la sociedad,
porque en nuestro país ha prevalecido la tradición
del liberalismo político y no la propuesta leninista
del Partido-Estado, no contenida en el programa
frentista.
La encrucijada tiene
signo electoral pero está preñada de matices
ideológicos, que la tornan más compleja. Astori o
Mujica, o quien conduce al pueblo reformista al
segundo mandato de la refundación del nuevo Uruguay.
¿Tabaré dónde estás? Sin Tabaré, sin Seregni, sin
Zelmar Michelini, sin los líderes históricos del
partido del pueblo, es claro que Astori y Mujica,
por orden alfabético, se han ganado el derecho-deber
de asumir la responsabilidad histórica de seguir
construyendo el edificio intelectual y político del
Uruguay del siglo XXI.
Hoy no somos una
Medusa como antaño, donde nos sobraban cabezas y nos
faltaba el poder. Pero cualquiera de los dos o los
dos juntos han probado ser dirigentes de talla, con
vocación de líderes, maestros del sentido común,
jamás fugitivos de la realidad, y de probada lealtad
a la izquierda uruguaya.
Sin embargo son muy
distintos. Y en la vida como en la política, las
diferencias pueden convertirse en complemento
superador o en lastre inmovilizador.
Astori garantiza un
tránsito más lento de la sociedad conservadora hacia
el proyecto humanista y democrático de la izquierda
uruguaya. Dicen que es más realista.
Mujica garantiza un
tránsito más acelerado hacia el compromiso histórico
de la izquierda uruguaya, bañado en democracia más
cerca del socialismo científico que del socialismo
utópico.
Los que prefieren a
Astori afirman que es el único que garantiza los
sufragios de las capas medias y con ellos la
victoria el año que viene. No está científicamente
probado.
Los que prefieren a
Mujica afirman que es el único que arrastrará los
votos de la inmensa mayoría de la población, por su
verba encarnada en la gente, por su sencillez
republicana y por su vida épica e idealista. Tampoco
está científicamente probado que lo logre.
Lo que sí está
científicamente probado es que si no anteponemos los
intereses de un pueblo que construyó pacientemente
durante 40 años esta formidable herramienta
política, ubicándolos por encima de los intereses
sectoriales, fraccionales o personales, cavaremos la
tumba del proyecto histórico que forjamos en la
década del 60 en la fragua del Congreso del Pueblo.
Es la hora de la
generosidad. Es la hora de Líber, de Zelmar, de
Erro, de Alba, y de toda la sangre derramada y
supliciada para que la oportunidad del 2009, tan
imprescindible como fue la del 2004, no se nos
escurra entre los dedos, o porque se nos nubló el
entendimiento o porque la mezquindad ganó nuestros
corazones.
Sería más que un
crimen, sería una estupidez insensata.
Pero tampoco podemos
resolver este cruce de caminos mediante el sencillo
"fair accompli", el no deseado hecho consumado, el
popular madruguete.
La única salida es el
consenso, el diálogo fraterno, la eliminación de los
prejuicios, la búsqueda de los números reales, no
con encuestas digitadas sino con sondeos realizados
en común y con auditoría doble. Resolver con
honestidad intelectual y política con los datos
reales arriba de la mesa fraternal.
Somos un punto en el
universo, pero nos estamos jugando el destino de las
próximas décadas de la historia uruguaya.
Sin un segundo
mandato progresista, la izquierda uruguaya no habrá
matrizado en las entrañas de la sociedad los cambios
culturales y estructurales de este quinquenio.
Y una vez comprobado
quien garantiza más la caricia del poder, sin la
cual la utopía queda en proyecto, debemos respetar
el resultado y sumarnos al elegido, modelando las
garantías que un régimen presidencialista nos obliga
a instrumentar para garantizar el programa, única
tabla de la ley de nuestro compromiso histórico.
Y si el enigma sigue
siendo enigma, si los sondeos no son claros, si no
hay más remedio que apelar al brazo alzado, que
resuelva el Congreso o se apele al sufragio
universal para designar la fórmula, pero dando una
lección de fraternidad, que muestre al mundo
civilizado cómo dirime la izquierda uruguaya sus
diferencias pulsionales, ya que nunca serán, por
definición fundacional, diferencias programáticas.
Pero llegado a ese
extremo, el que pierda, que transforme su derrota en
victoria, acompañando al ganador. No puede haber ni
excusas, ni pretextos, ni negativa alguna.
El que decidió
sacrificar su vida para conducir este proceso no
puede desertar si las mayorías decidieron que fuera
el segundo violín de la orquesta, el papel que
Engels decía que cumplió con orgullo secundando al
genio de Tréveris.
Alentamos aún la
esperanza de no obligarnos a la opción. Que la
realidad sea tan contundente, que el consenso sea
inevitable.
Mientras tanto otras
voces lúcidas, fraternas, generosas, que anteponen
lo colectivo a lo individual, siguen tejiendo sin
esperar a Ulises, el abrigo de la unidad.
Nos referimos a la
sutil propuesta del senador Fernández Huidobro de
formar una lista única al Senado, encabezada por el
Dr. Tabaré Vázquez Rosas, donde se asegure a los
ocho grupos políticos que conforman el Frente
Amplio, una banca en el Senado.
El cemento ideológico
de esa propuesta no sólo apela a la estética de la
unidad sino que está finamente engarzado en la ética
del compromiso con los intereses de un pueblo que no
se merece otra cosa que seguir soñando con un
destino mejor, que no puede ser abruptamente
interrumpido por nuestros propios errores.
Se nos ha dicho que
la fórmula de Fernández Huidobro deja todo colgado
de alfileres. Pero mal será dejar todo colgado de
alfileres, pero peor es sacar los alfileres. Todo se
caería.
Otra crítica que se
ha hecho a la propuesta, es que el Presidente de la
República no puede ser candidato al senado sin
renunciar a la Presidencia.
Nada más falaz. Esa
tesis fue sustentada por el constitucionalista
blanco, Dr. Gonzalo Aguirre, en un extenso artículo
publicado en el diario El País, hace unos años,
cuando afirmó que el Dr. Sanguinetti no podía ser
candidato al senado siendo Presidente de la
República. El constitucionalista José Korzeniak,
antepuso la verdad jurídica a sus simpatías
políticas y afirmó que de acuerdo a nuestra Carta
Magna el presidente Sanguinetti podía aspirar al
senado. Aguirre declaró que siempre iba a discrepar
con Korzeniak, pero días después, advertido de haber
confundido incompatibilidad con inelegibilidad y de
haber ignorado varios artículos de nuestra
Constitución, tuvo que arrepentirse de su errónea
tesis en una escondida carta publicada en el diario
El País.
El próximo domingo en
"La Cosa Vostra" abundaré sobre la legítima
elegibilidad como senador de la República del actual
Presidente Tabaré Vázquez, por ahora sólo cumplo con
consignar el episodio para desalentar a quienes han
señalado que la fórmula de Fernández Huidobro es
inconstitucional.
Mientras tanto
sigamos alertas, estrechando filas, espalda contra
espalda, para impedir que nuestros adversarios
terminen de tejer el sudario con el que pretenden
vanamente envolver el año que viene el cadáver del
nuevo Uruguay que los desalojó del poder.
* Publicado en La República el 3 de agosto de 2008
LA
ONDA®
DIGITAL |