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El poder sirve para
muchas cosas, buenas y malas, pero no es muy
apto para juguetear con el. Es materia
peligrosa porque además de muchos mitos se
sustenta en la vida de la gente. De cómo se
maneja el poder dependen cosas muy
importantes e irrecuperables. Sobre todo el
tiempo. En Uruguay del poder, es decir del
uso del gobierno depende una parte
importante de la vida de 3 millones y medio
de uruguayos durante cinco años.
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Recordemos. Tarea muy
útil para todas las actividades humanas e
imprescindibles para hacer política. Errores
lejanos acumulados y rebozados en otros
errores nos trajeron un país desfondado que
tocó abismos sociales desconocidos. En
miseria, en pobreza, en desocupación, en
deserción de la educación, en la salud, la
alimentación y el estado de ánimo de varios
millones.
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¿Recuerdan?.
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No fue sólo el
resultado de los cinco años del anterior
gobierno, el desastre se construyó durante
un buen tiempo. Ahora salimos de la crisis,
estamos en otro momento, la discusión es
como repartir la riqueza, afrontar otros
horizontes completamente diferentes. Y
tenemos la tendencia a olvidarnos fácilmente
de las tragedias. Los números 2002, 2003 y
2004 los tenemos enterrados en algún cajón
oscuro y forrado de mufa. Ocultos.
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Leí con horror que uno
de mis compañeros, uno importante, que
define, que aportó mucho al triunfo de la
izquierda, le quitó dramatismo a la
posibilidad de que la izquierda pierda las
próximas elecciones. Mala memoria. De lo que
pasó, de las causas y sobre todo de nuestras
propias ideas. Superamos la visión de que el
triunfo sería para siempre, pero no por ello
debemos asumir que la derrota no tiene
importancia.
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Tiene una terrible
importancia para la gente, para los que
quieren seguir aumentando sus salarios y
jubilaciones, mejorando su atención médica y
la educación de sus hijos, los que quieren
más seguridad y sobre todo quieren seguir
creyendo en su país. Incluso para los que
sienten más alejados de la política e
intentan cerrarles las puertas, esta se les
cuela por todas las rendijas de su vida. No
hay salida.
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Por eso mi prioridad
absoluta en este momento político es dentro
de mis limitadas posibilidades contribuir a
las mejores condiciones para que gane la
izquierda y siga gobernando bien. Mucho
mejor que cualquier otro gobierno que yo
haya conocido en mis 45 años de residencia
en este país.
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La izquierda uruguaya
cruzó dos elementos fundamentales en los
momentos justos y necesarios: la realidad
política con sus propuestas programáticas y
humanas. Sin Tabaré Vázquez no hubiéramos
ganado las elecciones del 2004. Con crisis y
todo. Encontramos la personalidad adecuada
en el momento adecuado. Sin Liber Seregni el
Frente Amplio no hubiera nacido y germinado
con tanta fuerza, ni se hubiera recuperado
tan rápidamente de la tragedia de la
dictadura.
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El que no entienda eso,
el que crea en los mitos colectivistas y
organizativos, no entiende nada de este país
y menos de este momento político. Para
seguir ganando necesitamos las figuras
adecuadas. ¿Las tenemos?
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Si. A diferencia de
otros momentos, no se trata de una sola
persona sino de una fórmula, de la
combinación de personalidades, de aportes,
de trayectorias. Hasta en eso la izquierda
uruguaya ha sido sabia e inteligente. No es
una combinación cualquiera, no se trata sólo
de una definición en base a la topografía
política tradicional: izquierda, centro,
derecha. Es mucho más complejo y más
apasionante.
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Tenemos que asegurar
muchas cosas para el próximo gobierno. Un
proyecto nacional más audaz, con cambios
profundos y que pongan el país
definitivamente en una senda de desarrollo y
de justicia social nueva e irreversible.
Necesitamos ejecutividad en el ejercicio del
poder, capacidad de gestión, pero también
sensibilidad en el diálogo con la ciudadanía
y con las fuerzas sociales y políticas.
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Necesitamos un debate
sobre el futuro del país, que todavía no
está definido claramente y no un nuevo
chapuzón que centre todo el debate en el
pasado trágico de los 60 y los años 70. No
sólo para ganar las elecciones, sino para
poner mucho más en movimiento las energías
nacionales para un nuevo proyecto.
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¿Por qué todos los
compañeros deben servir para todas las
cosas? El ejercicio del gobierno nos mostró
que para ocupar cargos importantes en el
poder, - imaginemos el de Presidente de la
República – no todos tienen las aptitudes
necesarias.
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Que en los juegos
pirotécnicos a los que asistimos un
dirigente afirme que Astori tiene una visión
financiera y Mujica una productiva, es
además de una simplificación absoluta, una
falsedad y una agresión contra los dos. ¿Las
condiciones económicas nacionales para que
se hayan creado 160 mil nuevos puestos de
trabajo, son una visión financiera? ¿La
avalancha de inversiones productivas que
están impactando en todos los sectores de la
vida nacional, que son? ¿Acaso Mujica en su
Ministerio no le interesaban ni atendía los
temas financieros y económicos nacionales?
Para mencionar algunos ejemplos
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Si antes de partir ya
asistimos a estas andanadas de los
“papistas” sobre nuestros candidatos, en una
elección interna nos vamos cómoda y
seguramente al tacho de la mano de esas
frases hechas y primitivas que no auguran
ningún debate.
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Por otro lado aparecen
señales positivas, la propuesta de Fernández
Huidobro de formar una lista común al senado
encabezada por Tabaré Vázquez y con los
principales representantes de los siete
grandes grupos que forman el Frente además
de su valor político removedor, es una señal
de unidad, es una convocatoria a las buenas
tradiciones del FA que siempre en los
momentos complejos fue capaz de encontrar
rumbos creativos, valientes y de cara a sus
responsabilidades con la gente.
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La tarea de seguir
cambiando, de construir un país con grandes
posibilidades y perspectivas como las que se
avizoran es tan apasionante, entusiasma e
invita a pensar, a debatir a imaginar que se
merece esas generosidades y otras.
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Si el Frente Amplio se
interroga porque Tabaré Vázquez tiene la
simpatía del 59% de los uruguayos y la
intención de voto manifiesta por el FA del
40%, no debe buscar muy lejos. Que mire el
último plenario y las señales de rencillas y
de disputas menores que proyectamos hacia la
gente y encontrará fácilmente las
explicaciones.
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Sería realmente una
tragedia múltiple que perdiéramos las
elecciones luego de un gran gobierno y que
lo hiciéramos por mirarnos el ombligo y por
disputar entre nosotros por quien es el más
puro de los izquierdistas. Todos – sobre
todo la gente común – tiene mucho para
perder, pero los que se hagan responsables
de esta derrota tienen muchísimo más para
perder. Un capital irrecuperable. No
jugueteemos.