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El consenso se llama Frente
por Esteban Valenti *
El Frente Amplio no
hubiera nacido sin consenso, sin la capacidad de los
principales líderes de la izquierda y de sectores
avanzados de los partidos tradicionales de acordar,
de concertar. Ese fue el principal aprendizaje que
hicimos todos, saliendo de nuestras verdades, de
nuestras identidades, de nuestros prejuicios. Y
acordamos un programa, un discurso común sin perder
identidades, una estructura y un liderazgo.
Ese gran y esforzado
avance cambió el país, cambió a la izquierda
uruguaya y nos cambió a nosotros. Nos enseñó
inclusive que la palabra compañero tenía
connotaciones más profundas y más ricas que el uso
restringido que le habíamos dado hasta ese momento.
Construimos otro compañerismo. No fue un idilio
vegetariano. Donde un toque mágico nos hizo olvidar
diferencias, luchas por espacios, experiencias
históricas y hasta orígenes ideológicos muy
diversos. Lo fuimos construyendo con inteligencia,
con paciencia, y sobre todo tratando de
comprendernos. Lo que siempre desentonó en el frente
fueron los intentos de imponerse por la fuerza de
los "cañones". En una reciente contratapa del
compañero Fernández Huidobro hace referencia a una
frase de Napoleón que expresaba: "Dios está con el
que tiene más cañones". Y agrega "podría decirse,
sin ir tan lejos, que en materia electoral está con
el que tiene más votos".
Si no discutimos
seriamente sobre estos conceptos y otros que los
sostienen me temo que lo que está en peligro es algo
mucho más profundo que el triunfo de 2009, es la
propia existencia y continuidad de la unidad.
Huidobro es un agudo
polemista y sabe perfectamente exponer lo que quiere
y sobre todo el razonamiento en el que sostiene sus
conclusiones. No me voy a dar por aludido sobre su
cita relacionada con un artículo publicado en 1986 y
llamado "Los iluminados de siempre" cuando yo "era
comunista y además intolerante". Si para discutir
sobre temas actuales Huidobro tiene que retroceder
22 años, me siento halagado de su memoria y lamentó
si las heridas son todavía tan vivas. Lo cierto es
que yo no tendría que ir tan atrás para recordar
cosas mucho peores, intolerancias mucho más
dolorosas, no lo voy hacer porque después de todo
eso nos hemos reunido varias veces, hemos tratado de
ayudar a construir avances de la izquierda en forma
conjunta, y creo, a conocernos un poco mejor. Que
siempre entre compañeros vale la pena. La verdad es
que la base del razonamiento de Huidobro sobre los
cañones es una de las argumentaciones más alejadas
de la historia y de la tradición del Frente Amplio
que leí en muchos años. La lógica de "Dios y los
cañones" hubiera destruido al Frente desde hace
mucho tiempo y para regocijo de nuestros adversarios
comunes.
Y no creo en absoluto
que ese sea el más remoto objetivo de Huidobro. Por
eso trato de construir un razonamiento y no acumular
adjetivos, argumentos picantes y ganar discusiones.
No me interesa. Quiero recordar que Seregni no fue
elegido presidente del Frente Amplio porque tuviera
más cañones, creo que además de su prestigio y su
coherencia como militar patriótico no tenía ni un
solo cañón. Pero fue un gesto de inteligencia, de
grandeza y generosidad y un gran acierto aceptar la
propuesta de Zelmar Michelini. Y nuestra historia no
sería la misma sin Seregni. Seríamos políticamente,
pero sobre todo humanamente, mucho más pequeños.
Cuando se eligió a
Crotoggini, D'Elía y Arana a la salida de la
dictadura no contamos los votos ni los cañones. No
lo hicimos cuando se eligió a Tabaré Vázquez para
candidato a la IMM. Quiero recordar que en esa época
yo era comunista e intolerante, pero que el PCU, que
tenía la mayoría absoluta de los delegados al
Congreso y que en esas elecciones obtuvo con la
lista 1001 más del 46% de los votos, no sólo apoyó
con todas sus fuerzas y sus cañones que eran muchos
a Tabaré sino que además llevó a Danilo Astori
primero en su lista (como todos los partidos y
listas) pero con una pequeña diferencia, lo pagó con
sus votos. Cuando Seregni, candidato natural a la
Presidencia de la República en 1994 propuso que
fuera Tabaré, no contó los cañones, sino el objetivo
central de hacer avanzar el proyecto liberador,
progresista. Fue grande, generoso y muy inteligente.
Y tuvo razón. La historia entera del Frente Amplio
podría y debería escribirse desde esa lógica en la
que los cañones-votos no fueron nunca el punto de
referencia. Lo fue la unidad. En 1989 otros creyeron
que eran dueños de los cañones y se fueron. Y así
les fue. Si en esta oportunidad tenemos que medir
los cañones entre nosotros lo haremos, la democracia
tiene sus instrumentos y la izquierda los utilizará.
Nadie se opone. El problema es la lógica y a lo que
estamos asistiendo es a un lento proceso de cambio
de la lógica del Frente. Al menos tenemos que
discutirla.
Ya estamos todos
creciditos como para aceptar historias sobre el
Frente Amplio construidas a la medida. Pero hay una
verdad grande como una casa, los cañones-votos en el
FA no tienen dueño, van y vienen. Recuerden
frenteamplistas, recuerden. El problema es que una
cosa es ser generosos desde el llano y otra cuando
nos ha tocado la varita del poder. Es más difícil,
mucho más complejo. Hay que tener mucho más clara la
estrategia de acumulación, tener una línea y una
idea para consolidar y ampliar el bloque social y
político de los cambios y multiplicar el sentido
crítico. No lo estamos haciendo, el poder nos
enceguece, tenemos un nivel de ferocidad, de
agresividad en las discusiones que mete miedo. Desde
proponer tribunales de conducta política, hasta
insultar al Presidente de la República o a cualquier
compañero. Y Huidobro sabe a qué me refiero.
Mujica dijo una de
sus tantas frases ocurrentes y precisas: lo único
espontáneo es el hipo. Y yo no creo que el hipo es
lo que esté dominando la línea de los compañeros del
MPP, creo que es la lógica de los cañones. Y yo no
la acepto. Seré un intolerante, pero no quiero que
me crucen de pesado, que me impongan paso a paso y
sobre todo sin rumbo alguno ciertas cosas. Hablo en
primera persona porque sólo me represento a mí
mismo. No estoy de acuerdo en que se exhiba como una
virtud la contradicción permanente, la marcha
posible hacia los 360 grados como si eso fuera una
orientación. Y si eso produce cañones, mala suerte,
problema de los que los quieren comprar. Yo creo
todavía en que la izquierda debe tener una
orientación programática, ideas y propuestas serias.
No acepto que me quieran imponer la lógica de que o
voy convencido o me lo imponen por los hechos.
Porque eso me produce muy malos recuerdos. En la
izquierda. Y tengo algo de memoria. No estoy de
acuerdo más con callarme la boca cuando un senador
del oficialismo, el primer senador del oficialismo
se va a entrevistar con el matrimonio K cuando
tenemos contenciosos varios y graves y se desaira al
Presidente y al gobierno uruguayo.
Si eso produce
"cañones" me importa un pito. Lo que está cada día
más demostrado es que por callarnos y andar
cuchicheando broncas y confundiendo eso con la
unidad, algunos compañeros consideran que todo está
permitido. Incluso las "casualidades". No voy hacer
la lista de los sapos y las culebras que me he
tragado en todos estos años, los últimos, ni voy a
borrar ni una letra de lo que he escrito sobre mis
compañeros del MPP, promoviendo su aporte y sus
propuestas. No voy a retroceder a 1986, ni a 1972,
ni a 1971 cuando formamos el Frente Amplio como
opción "pacífica y pacificadora". Yo, frente a la
arrogancia del emperador prefiero recordar la frase
de Taillerand: "Sire, las bayonetas sirven para
todo, menos para sentarse sobre ellas". No me gusta
ni la lógica de los cañones ni de las bayonetas.
* Periodista. Coordinador de Bitácora.
Publicado el sábado 15 de 2008 en La República.
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