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Síndromes y presagios
en la izquierda uruguaya
por Ramón Ramos Trías*
En una nota anterior escribimos
que el FA, muchas veces en su historia recorrió el
camino más largo y tortuoso para finalmente tomar
decisiones y salir unido, pero que el requisito de
éxito frente a su gente, fue siempre que las
discrepancias y el debate endógeno se hiciera con la
participación de la mayoría de sus integrantes.
El que finalmente se resuelva
por la vía que la Constitución prevé de elecciones
internas, el 28 de junio próximo, quien representará
a la fuerza de izquierda, como candidato
presidencial en octubre de 2009, es sin duda una
buena opción, que potenciará su carácter
democrático. Además se puede indicar que es un
camino vinculante a su mejor historia de resolver
con todos sus adherentes los grandes temas incluido
la opción electoral.
Lo nuevo y peligroso es que
desde el principio de la discusión por
“candidaturas,” incluido todo el proceso del
“Congreso”, se le introdujo un componente de
definición ideológico, y no programático,
como hasta hace muy poco tiempo fue práctica de la
izquierda uruguaya, en gran parte de su
autoconstrucción como un Partido de masas, proceso
que le permitió finalmente llegar al gobierno.
El convertir las decisiones
electorales en momentos de definiciones ideológicas
a la interna de las fuerzas de izquierdas es lo que
hasta hace muy poco tiempo hacían estas
organizaciones en la mayoría de los países
sudamericanos, Resultados; se dividían y
subdividían, anulándose en la competencia electoral
con los otros partidos.
Si nos guiamos por lo que
continuó sucediendo con la interna del FA luego del
congreso, cada día se da un paso más en esta
dirección de potenciar lo ideológico sobre lo
programático, dejando además la rica experiencia de
gobierno en curso de lado.
De esto no escapa ninguno de
los Partidos integrantes de la coalición, ni ésta en
general. En el caso de los Partidos, este tipo de
debate los llevó a fuertes divisiones internas, que
en gran medida les esta imposibilitando ahora
pronunciarse por uno de los presidenciables.
Con matices diversos y una gama
muy compleja de razonamientos, empiezan a ser
varios los análisis y comentarios que no descartan
que éste sea el inicio de la división de la
izquierda uruguaya tal como la conocemos hoy.
El lenguaje descalificador y la
transpolación de argumentos que solo buscan
justificar la lucha de personalidades por el poder,
que se extiende como práctica cotidiana de las
principales figuras y de sus equipos electorales al
analizar a sus pares frenteamplistas, presagia
caminos sin retorno, sea cual sean los resultados de
las internas de junio.
Quizás por su cercanía en el
tiempo y por otros factores mediáticos no falta el
razonamiento vinculante de esta realidad, con el
síndrome de división del Partido Comunista.
En defensa de esta forma de
hacer la política dentro de la izquierda se dice que
lo que esta en juego es retroceder en el largo
camino de la acumulación de fuerzas por las
transformaciones y el progresismo. Unos y otros
agregan en estímulos a sus ideas y argumentos, que
el que tienen en frente, se ha pasado “raya”.
Una de las paradojas que deriva
de esta forma de hacer la política, es que parece
que a la izquierda no le preocupa demasiado “pasar
la raya” de retener el gobierno y por lo tanto
ganarles a Blancos y Colorados.
¿Tendrá algo que ver este tipo
de comportamiento político, con las afirmaciones del
presidente Vázquez en Brasil?, cuando dice:
“debemos de una buena vez, no echarle las culpas de
todos nuestros males al imperio de turno. Que las
tiene, la historia lo habla, la historia lo
demuestra, y debemos reconocer con humildad, que en
Latinoamérica y el Caribe, no hemos sido capaces por
omisión, por incapacidad y por corrupción de
elaborar un proyecto latinoamericanista y del
Caribe”
*Sociólogo
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Izquierda: desencuentros sin
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