Códigos de “Barras”
por El Perro Gil
(elperrogil@gmail.com)

A escasos cincuenta y pico de días de las elecciones internas el ambiente se va templando al influjo de los dimes y diretes que se disparan en el fragor de los discursos y las campañas. También es notorio el posicionamiento que van tomando, al impulso de los propios acontecimientos, los referentes de cada partido político. Las benditas encuestas siguen marcando el tono y según los resultados que arrojan, son las lecturas que hacen de las mismas “las barras” que acompañan.

 

Les soy sincero y reconozco que no haré un análisis profundo ni mucho menos, de las encuestas; me atreveré a dar una opinión como lo que soy, un simple votante que tiene la suerte de poder decir lo que piensa y compartirlo con quienes se toman el trabajo de leerlo. Entonces, les cuento lo que pienso de cómo viene la mano en este tema según mi parecer. Es una constante para muchos –salvo para algunos que atreven interpretaciones tan sofisticadas en sus fundamentos  que solo ellos las entienden- el apreciar que las tendencias se mantienen y en muchos casos aumentan las diferencias. Particularmente la interna frenteamplista, (la que un servidor  repara con mayor interés), indica la marcada diferencia que ostenta José Mujica respecto de Danilo Astori y Marcos Carámbula.

 

Al punto que pareciera que las distancias crecen en proporción directa al aumento de la virulencia que emplean en atacar a quien lidera holgadamente. Ataques que no vienen –las más de las veces- por parte del precandidato más cercano, sino de la barra que lo acompaña.

 

Escuchamos decir -antes de largar la carrera por las internas- sobre los temores que inspiraba “la barra del Pepe”. Subestimando a la misma, que es tan valiosa y calificada como la de cualquier compañero precandidato; subestimando al Pepe, por la parte que le tocaba en esa especie de degradación del sector que lo apoyaba;  pero por sobre todo subestimando al frenteamplista que sabe ser dueño de su destino sin necesidad de iluminados vaticinios de quienes asumen un rol que no les cabe ni les pertenece, y que por sobre todas las cosas, integra orgullosamente la barra que desprecian. A los frenteamplistas nos gusta ser parte de las decisiones, porque nos sentimos parte de los cambios, por eso nos gusta integrar la barra, conste.

 

Sin olvidarme que gran parte de esa barra llenó el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo hace pocos días. La integraban prestigiosos intelectuales de las más variadas ramas de actividad, siendo la envidia de muchos y la confirmación de que le están errando fiero.

 

La virulencia que tuvieron, y que mantienen aún algunos, parece de otras tiendas. En los últimos días se le criticó la cita a los Kung-Sang que hiciera Mujica, como si con ella tratara de llevar al Uruguay a la edad de piedra poco menos. Menos mal que quienes saben leer a Pepe son muchos más que esos que así le interpretan. Son esa fuerza militante que no se tuvo en cuenta durante mucho tiempo y que hoy reclama protagonismo. Un protagonismo del que son merecedores por haber logrado la hazaña del primer gobierno del Frente Amplio.

 

Parece ser que todo vale en la lucha por intentar cambiar el rumbo para ganar la interna. Un rumbo que lejos de cambiarse parece confirmarse, sin muestras de reconocer siquiera que se están equivocando. Afirmación esta que hago no sin dolor pues Astori no merece perder votos de esta manera; no lo merece el frenteamplista de raza, ni el compañero responsable de muchos de los logros de nuestro gobierno.

 

Una campaña política debiera dirigirse desde el anonimato siendo el candidato el mediático interlocutor ante la ciudadanía pues es quien se postula para dirigir el destino de un país. Sin embargo es el jefe de campaña, (el publicista Esteban Valenti), quien sale a dar una pelea sucia,  con cierta dosis de soberbia, y tanto o más mediática que la del propio líder. Algo parece no estar andando bien. La campaña del año 2004 fue responsabilidad del mismo publicista, sin embargo no tuvo la alta exposición que está asumiendo en ésta. Seguramente el escenario era otro; también era otro el candidato, claro. Flaco favor le hace a Danilo Astori el accionar tan expuesto de su Jefe de Campaña; lejos de sumar, resta. No lo ve quien no lo quiere ver.

 

El votante frenteamplista no tolera el intentar obtener votos inculcando el miedo, el terror de hacer creer que es este candidato o se pierden las elecciones.  Mucho menos anunciar que se van para la casa, como el vecino dueño de la pelota, al que si no le hacen caso se la lleva...

 

Al otro día de la elección de octubre de 2004, yo mismo vi un pasacalles frente a la sede del Partido Colorado que rezaba: “† Que en paz descanse – Brigada Despertadores”, aludiendo a los cortes televisivos colorados que recordaban el pasado guerrillero de los tupamaros en clara alusión a una práctica política de inculcar el terror. Así les fue.

 

¿No será momento de recuperar los códigos y asumir que las barras somos todos los frenteamplistas y también los que aún sin serlo, adhieren a soñar con un país diferente como el que empezamos a construir en el 2004? Que quiere que le diga, no me gusta la hipocresía. El 29 de junio tenemos que acompañar al próximo Presidente, (porque estoy convencido que los frenteamplistas elegimos al Presidente de los uruguayos el día anterior), y como viene la mano, vayan pensando que en este siglo XXI repetimos otro Pepe para dirigir el destino de los orientales...

 

Eso sí, con la barra completa, como debe ser.

 

el hombre cambiaba códigos de barras en el super,

el perro lo miraba enojado

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