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Yo siempre he escrito sobre
montevideanos…ni la dictadura me
dejó sin mis personajes
Entrevista a Mario Benedetti
HOMENAJE de Eduardo Galeano
a Mario Benedetti
Ha muerto Mario Benedetti, un grande
de nuestra cultura, de dimensión universal, pero que
como nadie, escribió sobre el alma de los
montevideanos. Nos sumamos al homenaje que nuestro
pueblo tributa a este gigante de nuestras letras.
Benedetti, el escritor uruguayo más conocido
internacionalmente, es autor de más de ochenta
libros de poemas, novelas, relatos y ensayos, así
como guiones de cine y canciones, recibió varios
premios internacionales entre ellos el Reina Sofía,
el Méndez Pelayo y el Alba. Recientemente editó
“Testigo de uno mismo” su nuevo libro de poesía.
Lo que sigue es una larga entrevista
realizada a Benedetti en los años noventa
para la TV cable, por Roberto Pereira y Carlos Hakas.
Hoy La ONDA lo publica por considerarlo,
un aporte al conocimiento de la personalidad de
Benedetti. Su origen y trayectoria literaria, sus
juicios críticos, los compromisos políticos y
sociales, el origen de sus personajes, el exilio y
desexilio.
Un gran documento que hoy con la
perspectiva de los años transcurridos le confiere el
carácter de verdadero testimonio sobre esta
destacada personalidad de nuestras letras.
- Benedetti, usted no es nacido en Montevideo y si
embargo la sustancia de parte de su literatura es
montevideana. ¿Qué tiene Montevideo que lo estimula
para esa literatura?
Bueno, yo nací en Paso de los Toros y a los 2 años
mi padre fue a vivir en Tacuarembó y a los 4 años
vinimos a Montevideo. Lo que pasa que en mi
generación todos los montevideanos nacíamos en el
Interior. Ahora se les ha dado por nacer en
Montevideo, pero eso era muy frecuente. La mayor
parte de los escritores de mi generación todos
nacían en el interior, pero sin embargo, la
actividad final la hicieron en Montevideo.
Montevideo genera un atractivo muy especial – a
pesar del deterioro que ha habido a nivel nacional,
no sólo montevideano ¿no? - y no solo para los
montevideanos. Por ejemplo, para la gente que viene
de Europa tiene un atractivo especial porque es una
ciudad un poco provinciana, pero es una ciudad
provinciana que no tiene capital a la que referirse,
pero tiene un estilo de vida provinciana. Y eso
siempre atrae, a los extranjeros les atrae mucho
Montevideo. Además la colocación que tiene frente a
la costa, toda esa costa larga, eso también atrae.
Y la gente nos encuentra muy amables. Los
extranjeros que vienen acá, incluso los españoles,
dicen que el montevideano es muy amable. Lo cual nos
hace pensar, porque cuando yo volví después de mi
largo exilio, me encontré con que la gente era mucho
menos amable que antes. Pero parece que todavía
seguimos siendo más amables que en otros países.
-¿Está cambiando entonces Montevideo?
- Está cambiado, ha cambiado físicamente. Por
ejemplo, cuando volví ver a 18 de Julio sin árboles
me pareció una cosa bastante chocante, aunque estaba
enterado de eso. Y está cambiado porque ha cambiado
la situación económica. En este país siempre hubo
pobres – no vamos a decir lo contrario – pero la
presencia de la mendicidad en las calles hoy era una
cosa que no se conocía. Y ha cambiado también el
aspecto del mendigo. El mendigo antes era un tipo
en harapos – cuando aparecía - y había muy pocos
mendigos. Ahora uno ve por sus ropas que es un
personaje de clase media que ha venido a menos y
que, de repente, está viviendo prácticamente en un
cantegrill o cosa por el estilo. O sea que la
situación económica ha obligado a mucha gente de
clase media a deteriorar su nivel de vida
completamente y su presentación.
- Aquellos montevideanos que en los años 60 daban
sustancia a sus novelas, a su literatura ¿también
entonces ahora, cambian?
- Por supuesto, claro que sí. Ahora he empezado una
novela en donde estoy tratando de meterme en la
psicología del montevideano actual y también
conectándome un poco con el montevideano que vuelve
a Montevideo del exilio. Pero ha cambiado,
evidentemente. Yo creo que hay un legado que nos
dejó la dictadura del cual no nos hemos repuesto
todavía, que es un legado de mezquindad, debido
también no sólo a la represión, sino a la situación
económica, a la sospecha - a la sospecha esa que
metió mucho la dictadura en el alma montevideana. De
modo que eso se nota. Por ejemplo, yo creo que el
montevideano era muy solidario antes y ha disminuido
mucho la solidaridad. Y yo no me refiero sólo en
esto a la solidaridad política, me refiero a la
solidaridad humana. Además, se ha estrechado
muchísimo el espacio del ocio que siempre es una
cosa generadora. Yo recuerdo en mis buenos tiempos
en esta ciudad, las barras de café que había, las
ruedas de intelectuales, de obreros, ruedas de
periodistas, de escribanos, de ingenieros, que se
reunían en los cafés y charlaban sobre el mundo y
sus alrededores. Pero todo eso era un intercambio
necesario, no sólo porque de esas conversaciones
colectivas surgían a veces muy buenas ideas –
surgían del ocio que puede ser estimulante también
cuando es manejado por gente creadora – no sólo por
eso, sino también porque establecían un estilo de
relaciones humanas. Ahora ¿qué tiempo hay para el
ocio? Si la gente, la que trabaja, tiene a veces
tres empleos para poder sobrevivir y, la que no
trabaja, la que está en los niveles de desocupación
que se conocen, no está como para reunirse en los
cafés para charlar sobre el mundo y sus
alrededores. O sea que eso ha desaparecido, el
culto del ocio. Y tiene también un matiz de la
solidaridad, que la gente está mucho menos dispuesta
ahora a ayudar al prójimo.
- ¿Cómo percibe entonces usted la salud cultural del
Uruguay?
- Bueno, yo no creo que sea tan “salutífera”. En
primer término, creo que hay una actitud muy
negativa de parte del Estado con respecto a la
cultura, hay como un desprecio por la cultura.
Cuando el Ministro de Cultura (A. Mercader), en un
reportaje, insulta a toda una generación – a
mí fue al que más insultó, me trató de “dinosaurio”
– pero si el Ministro de Cultura tiene esa falta de
respeto por toda una generación que fue muy
importante en la evolución de la cultura uruguaya –
no digo que sea decisiva ni general - sino que fue
importante como removedores de la cultura, y si el
Ministro de Cultura está en esa actitud, eso ya es
un síntoma de cual es la actitud gubernamental de la
cultura uruguaya. También ese corte que representó
los años de la dictadura entre la cultura de antes
de la dictadura y la cultura que dio después,
todavía no se ha establecido el puente entre esas
dos etapas. Antes todos estábamos acá y todos
participábamos: viejos, jóvenes, maduros, hombres,
mujeres, todos participaban con polémicas, con todo
lo que fuera y en otro estilo, además, bastante más
respetuoso. Pero en una dictadura, la gente que se
quedó, que se pudo quedar en el país, tuvo que
escribir a escondidas o escribir sobre temas muy de
evasión, porque si no los llevaban presos, no los
dejaban publicar. Y los que nos fuimos para el
exterior, en el exterior teníamos la posibilidad de
publicar muchos de nosotros (otros ni siquiera eso)
pero nos faltaba el elemento básico, nos faltaba el
país. O sea que, en un lado y en otro fueron dos
culturas mutiladas, a los que estaban adentro les
faltaba la libertad y a nosotros nos faltaba el
país. O sea que ninguna de esas dos culturas que se
hicieron dentro y fuera del país, tenían que ver con
la plenitud de una cultura nacional. Al integrarse
después de la dictadura, al integrarse estas dos
cosas, había muchas dificultades. Muchos de esos
escritores que empezaron por necesidad escribiendo
temas de evasión, después les gustó, se quedaron en
esos temas de evasión y le dieron un poco la espalda
al país. En cambio los que venimos, venimos también
distintos, encontramos un país distinto porque
nosotros también éramos distintos. Llegamos a veces
en edades en que es difícil emigrar, porque una cosa
es emigrar a los 20 años y otra cosa es emigrar a
los 50 o a los 60.
- Usted ubica una inflexión en ese proceso de los
uruguayos con la dictadura, pero también ¿hay otros
fenómenos a nivel mundial que pueden haber incidido
en esto?
- ¿Por ejemplo cuáles?
- Bueno, la caída de los países socialistas, el
hecho de que las dictaduras en el Cono Sur fueron
cambiadas por otros modelos políticos.
- Bueno, parecería que esto último sí. Fueron
cambiadas por otros modelos políticos pero siempre
componentes a la etapa dictatorial. Si uno ve por
ejemplo en Chile, que hay un sistema democrático
ahora, pero Pinochet sigue siendo el jefe de las
Fuerzas Armadas y que condiciona cualquier actitud
de Aylwin, uno se pregunta ¿hasta dónde eso es
democracia en pleno, la chilena? No hay que olvidar
también que esa buena relación de Aylwin con
Pinochet viene de lejos. Aylwin fue, de alguna
manera, el inspirador del golpe de Pinochet contra
Allende, eso está absolutamente demostrado con
documentos. Entonces, ¿hasta dónde la cosa ha
cambiado así? En Argentina y en Uruguay, uno con el
caso de la Ley de Caducidad y el otro con la Ley de
Obediencia Debida o de Punto Final, donde los
militares salieron perdonados – no perdonados porque
ellos rechazan ese término, rechazan hasta el de
“amnistía” - porque dicen que ellos no se consideran
culpables de nada. De modo que ese cambio fue con
malos argumentos. Y por algo, los militares en la
Argentina, varias veces intentaron golpear el
sistema democrático en la época de Alfonsín, incluso
en la de Menem. Y bueno y acá no ha sido tan dura
la cosa pero están allí presentes y muchas veces
presionan a los poderes políticos. Hoy me he
enterado, con satisfacción, que el nuevo comandante
en jefe del Ejército ha disuelto la OCOA, que hace
mucho que tendría que haber sido disuelta. Pero,
bueno, me parece un buen argumento de este militar
el que si no hay más subversión, no hay porqué tener
un organismo anti-subversivo. Y, según él, el
ejército tiene que darle al país lo que el país
gasta en él. Me parece una buena actitud que son
raras en los jefes militares ¿no? Vamos a ver cómo
sigue esta historia.
- También ellos pueden empezar a cambiar
- ¡Ojalá! ¡Ojalá que cambien! Para peor va a ser
difícil, pero pueden cambiar para mejor y ese es mi
anhelo más profundo, que se integren dentro del
sistema democrático. Yo veo que en Uruguay es más
posible eso que en Argentina o en Chile. Yo veo que
en Chile, hasta que no muera Pinochet, esto va a
seguir igual porque Aylwin no es el más indicado
para frenar los deseos autoritarios de Pinochet. Y
en Argentina, también Menem les hace bastante el
juego a los militares, curándose en salud, pero
bueno…
Benedetti, usted hacía recién referencia a las
definiciones del Ministro de Cultura uruguayo que
los define como “dinosaurios” - a la generación del
45’. Uno de los reproches que le hace el Ministro,
es que ustedes - y usted en particular, propongan
una actitud revolucionaria de los intelectuales que,
según él, eso está perimido. ¿Qué actitud es la que
usted propone?
- Yo no propongo una actitud revolucionaria. Yo
apoyé dos revoluciones en América Latina. Las apoyé
con mis escritos, con mis formas periodísticas que,
evidentemente, eso parece que le molesta mucho al
Ministro. Pero tal vez el ministro se ha olvidado
de que han habido otras revoluciones en el mundo.
Nadie hoy osa descalificar a la Revolución Francesa
y se olvida que su tan admirado EE.UU. nació de una
revolución y que demoró trece años en tener un
gobierno democrático. O sea que parece que ha
habido revoluciones buenas y revoluciones malas.
Entonces, a él no le gustan las de Cuba y Nicaragua,
pero parece que le gustan las otras, las de EE.UU.
Ahora, yo lo que sigo sosteniendo, es que yo sigo
siendo socialista, de mentalidad socialista porque
no estoy afiliado a ningún partido en este momento.
Pero yo creo que el futuro del mundo debe ser
socialista. No un socialismo real, que fue un
socialismo desvirtuado el que pasó en los países del
Este, en Rusia y en los otros países. Y fue un
socialismo desvirtuado porque había falta de
libertades, había dificultades para viajar, había
también una burocracia bastante corrompida. O sea
que todo eso estaba mal. Pero lo que, evidentemente
hoy está demostrándose, no fue solución pasarse al
“paraíso capitalista”. Lo que ha pasado en la Unión
Soviética. Y tenemos que pensar un poquito. Resulta
que Yeltsin es su presidente, da un golpe de estado,
disuelve el parlamento, mete presos a los diputados
y todo el mundo occidental lo apoya. Habría que
poner que cualquier semejanza con Pinochet y el
incendio de La Moneda es mera coincidencia. Y
¿porqué, además, resultaron abominables Fujimori y
Bordaberry dando un golpe y disolviendo los
respectivos parlamentos? Ni siquiera hubo muertos.
Aquí 100 muertos y 500 heridos. Y ¿porqué el golpe
de Yeltsin es magnífico y tiene el apoyo de todo
occidente y porqué Fujimori y Bordaberry no fueron
magníficos? ¿Por qué esa dualidad de la actitud
occidental frente a los distintos golpes de estado?
O eso viene de la doctrina de Reagan que decía que
“hay dictaduras amigas y dictaduras enemigas”.
Parece que la de Yeltsin es una dictadura amiga.
- En este momento se vende un libro en las librerías
que es: “Las perplejidades del fin de siglo”. ¿Estas
son algunas de esas perplejidades?
- A mí lo que más perplejo me deja es la hipocresía
política. Yo vivo parafraseando un viejo libro que
decía que hay que escribir un libro sobre la
hipocresía como una de las “bellas artes”. Porque
fíjese – toda la campaña feroz que hay contra Cuba,
que es un país marxista-leninista, que hay pocos
países marxista-leninistas en este momento. Pero,
¿y China? ¿no es marxista-leninista y todavía hace
ostentación de su doctrina? Pero a Cuba se le
reprocharon esas cinco ejecuciones – y adelanto que
estoy contra la pena de muerte con cualquier
ideología - o sea que también estoy en contra de los
5 fusilamientos que hubo en Cuba. Pero hubo una
feroz campaña internacional contra Cuba por esos
cinco fusilamientos y si se los compara con la “gran
democracia” del norte, hay un condenado a muerte
ejecutado más o menos uno por semana y unos 2200
condenados a muerte que están esperando ser
ejecutados en EE.UU.. Pero si nos referimos sólo a
los países marxista-leninistas, en China, hubo miles
de muertos cuando lo de Tian’anmen y, sin embargo,
los gobernantes occidentales van a China a
negociar. Cuando fue Felipe González a China hace
unos meses, cuando volvió le preguntaron: “¿y usted
no puso el tema de Tian’anmen sobre la mesa?”, “no,
porque no era el momento, fuimos a hablar de
negocios”. Entonces, yo llego a la conclusión de
que el gran defecto de Cuba es tener sólo 10
millones de habitantes y por lo tanto, sólo 10
millones de consumidores, mientras que China tiene
1000 millones de posibles consumidores. Entonces a
China se le perdona cualquier cosa con tal de
acceder a ese gigantesco mercado de consumo.
Entonces, a mí no me cierra y puedo seguir con
varios ejemplos más. Entonces eso, ha deteriorado
realmente a la sociedad. No sólo a la sociedad
directamente involucrada, sino a toda la sociedad.
Saber que ahora no hay índices morales por los que
regirse. Por ejemplo, hoy mismo, escuché
declaraciones del ex presidente Sanguinetti decir
que el político no tiene porqué decir siempre la
verdad. Es bastante sintomático esto, porque ¿cómo
un político destacado, que ha sido presidente de la
República y será, probablemente candidato para la
próxima, reconozca que “el político no tiene porqué
decir siempre la verdad”. Entonces de ahí yo digo
que uno de los graves problemas que hay actualmente
es el abismo que media entre los gobernantes y los
gobernados. El gobernante sólo se acerca a los
gobernados cuando se acercan las elecciones y
entonces, más que escuchar al pueblo – y perdón por
usar ese término tan obsoleto hoy – más que escuchar
al pueblo quiere que lo escuchen a él. Hay una
cierta comunicación, pero conseguir el voto – que es
lo que le interesa, no le interesa saber cuáles son
las necesidades de la gente, sin o conseguir el voto
¡Le importa un comino saber todo lo que prometió! Y
se encierra otra vez en su cápsula de poder y, a lo
mejor, se comunica nada más que con otras cápsulas
de poder, con otros gobernantes que están en su
tendencia. Pero ya no se comunica con ese pueblo que
lo votó, que pasa a ser un “estado archipiélago”.
También está lleno de “islitas” el “estado
archipiélago”, como para que no cunda el
desconcierto.
- Benedetti, ¿cuál es la identidad actual de Europa?
¿Cuál es el rasgo más sobresaliente que usted ha
percibido?
- Yo creo que la hipocresía. Me parece que es un
elemento cohesionador y uno de los pocos en el que
están totalmente de acuerdo. Fíjese, por ejemplo,
tanto hablar del muro de Berlín, que cayó y bien
caído está, pero yo veo que con los escombros, están
construyendo una nueva Europa, para que no entren
los indeseables, para que no entren los que puedan
llegar a molestar esa Europa del bienestar. Para
que no entren los albaneses, los turcos, los
“sudacas”, los africanos, los maoríes, todos los
indeseables. Y, cada vez, se cierran más las
fronteras con ese muro de Europa que se está
construyendo. Tal vez de lo que los europeos no se
den cuenta es de que no van a ser esos inmigrantes
pobres, miserables los que van a destruir a Europa.
Que si Europa, si puede ser destruida - ojalá que
no, nadie quiere que Europa sea destruida – va a ser
por los gérmenes que tienen adentro, por el
neo-nazismo que tienen adentro. En Viena, en la
capital de Austria, ya el partido nazi es el segundo
partido en las últimas elecciones. Yo estuve hace
seis meses, más o menos, en Alemania y mostrando mi
preocupación con alemanes de izquierda sobre el
nazismo. Y me decían: “no si acá son sólo 60.000
inscriptos en el partido nazi”. Pero si hay 60.000
inscriptos ¿cuántos habrá en realidad? Porque yo no
veo a los nazis yendo al registro diciendo: “mire,
yo soy nazi, tome nota”. Entonces ¡me parece que
hay una inconciencia! Salvo la de algunos sectores
pre-claros que hay en Alemania también entre los
intelectuales, incluso ¡hay que ver las cosas que
escribe Gunther Grass!, que son muy, muy valientes.
Pero también hay intelectuales que tuvieron esa
posición y que tuvieron que emigrar, o que
terminaron en los campos de concentración. Y está el
movimiento de Le Penn en Francia. Yo lo que veo es
eso, ¿no? Que hay como una inconciencia en Europa,
de no ver, realmente, dónde están sus verdaderos
enemigos. Entonces, la única solución para no ser
invadidos por el 2° y el 3er. mundo – porque están
siendo invadidos también por el segundo mundo ¿no?,
los de la parte del este – es que ayuden a esos
países. Porque nadie tiene interés en irse de su
país, del país donde nació, donde tiene su familia,
sus amistades, su trabajo, etc. Se van porque se
mueren de hambre. Entonces, ¡ayuden a esos países!
Ellos que pueden ayudar, ellos que tienen dinero y
que tienen montones de cosas. ¡Ayuden a esos
países! Si sos una ayuda técnica y económica para
esos países, ahí tal vez sea más lógico decirles:
“bueno, arréglense ustedes”. Pero hasta, ¿qué
derecho moral? tienen esas potencias colonialistas,
ex-colonialistas y neo-colonialistas en cerrarle las
puertas a toda esa gente que padece los males que
esas potencias provocaron.
- Benedetti, en el plano cultural ¿siguen
consumiendo la literatura latinoamericana?
¿Quiénes?
- Los europeos
- Mucho menos, eh. En Francia, por ejemplo, ha
decaído completamente. Salvo algunos libros. En
Alemania, por ejemplo, las novelas de Isabel Allende
se venden bien, García Márquez también. En Francia
ha subido mucho la literatura española en desmedro
de la latinoamericana. Y en España mismo. Para el
92, hubo como una obsesión de presentar una gran
literatura española, una gran novela española,
porque estaban completamente obnubilados con el 92
del V Centenario. ¿Y qué pasó? Publicaban tanto que
se presentaron las editoriales a pedir una ayuda
gubernamental como le pusieron el logotipo del 5°
Centenario, les compraban no sé si 500 o 1000
ejemplares con los cuales financiaban la edición. Y
eso fue en desmedro de la propia literatura
española. Porque, como se publicaba lo muy bueno, lo
bueno, lo regular y lo malo, salieron perjudicados
los “muy buenos” que pasaron desapercibidos en esa
marea de publicaciones. En cambio en lo mío, en un
descuido, en una actitud negativa con respecto a la
literatura latinoamericana – yo no tengo porqué
quejarme, lo mío siempre funcionó muy bien en España
– pero en general, fue eso. Pasado el 92, han
vuelto otra vez a reclamar autores
latinoamericanos. Muchas veces manejados también
por los agentes literarios. El “boom”, el famoso
“boom” de hace ya unos cuantos años, fue una
creación de un agente literario que tomó 4 autores,
4 buenos autores y los lanzó con una publicidad
tremenda. No fue del todo perjudicial para la
literatura latinoamericana porque puso sobre el
tapete la literatura latinoamericana. Pero bueno,
se limitó a cuatro autores. Después, nos reunimos
editores y dijimos: “¿nada más que estos cuatro hay,
no hay más gente?”
- Benedetti, usted señala que a usted en la
literatura en España le va bien. ¿Qué otras cosas
hace Benedetti allí?
- Allí, de lo que me ocupo, fundamentalmente, hago
periodismo, escribo un artículo mensual – desde
luego quisiera más, pero no me dan más. Y también
escribo para periódicos de América Latina. Desde
España o cuando estoy aquí desde aquí. Y la otra
cosa que yo hago generalmente en España, es trabajar
con universidades. Hay muchas universidades que me
llaman para que de discursos sobre poesía
latinoamericana. Durante tres años lo hice con la
Universidad Complutense de Madrid en los cursos de
internación de verano del Escorial. Ahora hicimos
un gran curso sobre poesía latinoamericana,
financiados por ellos claro, 7 u 8 poetas
latinoamericanos sobre los cuales yo daba una
conferencia sobre cada uno de ellos y después
dialogaba con la gente. Luego dejé porque me daba
un trabajo enorme. Estaba como seis meses metido en
eso aunque los cursos duraban 10 días, ¿no? Pero
también he trabajado en otras universidades pero no
lo hice intensamente. Ahora, tengo que volver en
febrero, para en febrero y marzo tengo cursos sobre
poesía latinoamericana también, en la Universidad de
Valencia y en la de Murcia – diez o quince días en
cada una – y también tengo un seminario en la
Universidad de Alicante – donde ellos querían que
fuera sobre mi propia literatura – entonces, sin
perjuicio de que yo también hablaré un poco de
alguno de mis libros y del contexto social en que se
originaron, pero lo derivé, un poco más que nada, a
presentar también la literatura uruguaya de antes y
después de la dictadura, a hablar de – una de las
clases se va a dedicar al Semanario “Marcha” y a la
figura de Quijano. O sea que siempre tengo trabajo
con las universidades. Además me llaman de
muchísimos lados en España, sobre todo, para dar
conferencias, recitales, de todo un poco.

- ¿Y le parece un símbolo que mientras el Ministro
de Cultura los critica, dos de la generación del 45,
o en torno de ella, vivan hoy en Madrid, usted y
Onetti?
- Bueno, Onetti él dice que es de la generación del
44, que él nació en el nueve y que casi todos
nosotros nacimos en el 20. Los dos casos tienen
explicaciones políticas. Onetti estuvo preso y
sufrió mucho su prisión y se exilió y yo tuve un
ofrecimiento interesante de España. Y Onetti se fue
y no vuelve más. Onetti quedó tan ofendido con lo
que hicieron con él, por haberlo metido preso por
haber integrado un jurado donde incluso él había
puesto objeciones y así y todo lo metieron preso, lo
humillaron. Ahora está muy viejo y ya no se levanta
de la cama, no sale ni a la esquina. ¡Cómo para
venir a Montevideo!
- ¿Es cierto que vive en la cama?
- Y sí, vive en la cama. Cuando estaba aquí y era
joven, todo el tiempo que podía lo pasaba en la
cama. Él siempre dijo: “en la cama se nace, en la
cama se muere, se puede comer, se puede hacer el
amor, se puede leer, se puede escribir, ver la
televisión. Todo se puede hacer desde la cama”.
Pero ahora está debilitado, tiene varios problemas
de salud. Todo ese esfuerzo que hizo por terminar
la última novela – esa novela que ha tenido mucho
éxito, por suerte – y que tenía como un
“testamento”. Pero yo creo que va a seguir
escribiendo a los pocos y editando novelas. Y en el
caso mío también fue por razones políticas. Yo no
estuve preso pero, si no me iba, me pasaba igual que
a Onetti.
-Ustedes han demostrado que no necesariamente hay
que vivir en el país para escribir con las
identidades que ustedes siempre tocaron los temas.
- Sí claro. En mi caso en particular, si. Onetti es
un poco más ambiguo porque tiene esa ciudad Santa
María, que no es ni uruguaya ni argentina, pero
también cuando vivía acá escribía sobre Santa María.
Y en mi caso yo siempre he escrito sobre
montevideanos. Ahora, yo en los primeros años de
mi exilio pensaba: “y bueno, cuando se me borren los
recuerdos, que me quede ya sin recuerdos, que haya
usado todos los recuerdos – mis novelas no son
autobiográficas pero sí se basan en contextos de
tipo psicológico - ¿qué va a pasar? Voy a tener que
ponerme a inventar otras cosas y no estoy seguro
como va a salir. Pero resulta que la dictadura
desparramó montevideanos por todo el mundo. Y yo
viajé mucho, en eso del exilio, por invitaciones
tuve que viajar mucho y en todos lados me
encontraba con los montevideanos exiliados y,
entonces, siguieron siendo mis personajes, los
montevideanos de clase media, siguieron siendo mis
personajes, ubicados en otros países. Hay cuentos
míos, por ejemplo que pasan en Barcelona, que es un
exiliado argentino y una chica, una hija de otro
exiliado uruguayo que viven en Alemania, y cosas
así. Y aparte, por varios lados, en “Geografías”,
aparecen varios cuentos que pasan en un país
europeo, pero son montevideanos de clase media los
que están allí. De modo que la dictadura tiene esa
especie de “intimidad trágica” para mí, que no me
dejó sin mis personajes.
- ¿Cómo le ha ido en el cine, Benedetti, lo hemos
visto como marinero?
- ¡Capitán! ¡No me rebaje! Capitán de un barco
mercante. Bueno, eso fue una broma ¿no? Yo no lo
conocía a Susviela, pero me había gustado mucho su
primera película e integré el jurado en el Festival
San Sebastián, él había escrito donde se presentó
“Hombre mirando al Sudeste” y yo fui una de las
películas que propuse para la terna final y, bueno,
no tuve suerte. Pero en ese mismo Festival le
dieron el premio a la “Ópera Prima”, porque era su
primera película. De modo que, no fue por mi voto
que lo sacó, pero me gusta mucho esa película. Y
después vi también la otra: “Últimas imágenes del
naufragio”, que también me encantó. Entonces un día
vino acá y me dijo que pensaba hacer una película en
cuya estructura, al no ser una película sobre
novelas o cuentos, pensaban incorporar poemas míos y
de Juan Gelman. Entonces me dijo: “no te dejo acá
el guión y vuelvo dentro una semana”. Bueno, volvió
y a mi me pareció fantástico y le di mi
autorización. Y yo estaba contestando aquí en la
máquina una carta de una editorial, la editorial
Köhn de Alemania, que había publicado en alemán una
antología de mis poemas, y entonces, vio eso sobre
la mesa y me dice: “Benedetti, ¿y esto que es, te me
estás volviendo froilen?” Y ¿por qué?” Esto es una
antología mía traducida al alemán. “¿Y lo hiciste
revisar la traducción? No, la revisé yo porque sé
alemán, estoy un poco olvidado pero sé alemán. Fui
al Colegio Alemán, hice la primaria en el Colegio
Alemán antes del nazismo. Y entonces se le prendió
la lamparita, yo vi que se le iluminaron los ojos, y
me dijo: “sería fantástico que vos hicieras un papel
del Capitán de un navío mercante alemán que entrás a
un cabaret de mala muerte de Montevideo y le decís
el poema ese, el poema tuyo en alemán, se lo decís
primero a una puta y después a otra. Y ahí me quedé
pensando y le dije: “bueno mirá, leí tu guión y es
un guión tan delirante que, una de las razones por
las que me gustó es que es un delirio”, que bueno,
esto que me pedís es un delirio y por eso te digo
que sí”. Y fue un muy lindo trabajo, porque se
eligieron tipos muy macanudos. Yo fui a Buenos Aires
porque, el cabaret ese que aparece en Montevideo, se
filmó en Buenos Aires. Es un viejo cabaret, ya en
desuso, que alquilaron por una semana.
- Y fue realmente muy atractivo, muy simpático el
personaje que encarna usted.
- Si, una curiosidad.
- El cine argentino y el cine latinoamericano, en
parte, se ha acercado a su literatura, ¿no?
- Si, como no. En Argentina hicieron tres
largometrajes: “La Tregua”, “Gracias por el Fuego” y
“Las Sorpresas”. En México hicieron “Pedro el
Capitán” y, aparte, han hecho muchos cortos, algunos
de los cuales nunca los he visto.
- Acá dieron uno hecho en España: “Los pocillos de
café”.
- Sí, “Las tazas del café” que después fue “los
pocillos” e hicieron otro corto más en España que se
llama: “Cinco años de vida”, sobre otro cuento mío.
Si y mire, casualmente, uno fue hecho por españoles
y el otro fue hecho por una uruguaya, Mariana
Rodríguez, que es sobrina de “Taco” Larreta. Y los
dos así, un año tras otro, ganaron el premio que
daba el Ayuntamiento de Madrid a un corto de
ficción. Así que tuvieron suerte.
- Ahora, se inspiran en su literatura. ¿Usted nunca
escribió para cine?
- Cómo yo quedé muy desconforme con “La Tregua”,
¿no? – está bien el trabajo de los actores, me
pareció excelente. Pero no quedé contento de que se
sacara de Montevideo en una novela que es tan
montevideana y que pasara en Buenos Aires y, además,
que la cambiaran de época. Entonces, al quitarle el
contexto social, quedó una “Love Story”. Nada más.
Ahora, ¡la gente se emocionó mucho, lloraban en los
cines de Buenos Aires! En aquel momento, en Buenos
Aires, ocupó el segundo puesto, no en recaudación,
sino en espectadores. Después de “La Guerra Gaucha”,
era el segundo puesto. Ahora, parece que “El lado
oscuro del corazón”, pasó a ser la película más
vista. Y entonces en “Las Sorpresas”, yo quería
hacer los guiones. E hice dos guiones de los tres:
“Corazonada” y “Los pocillos”. Pero el otro guión
no lo pude terminar porque me amenazaron las tres A
y me tuve que ir de un día para el otro de Buenos
Aires. Entonces el otro, que era “Cinco años de
vida” lo hizo el director que fue Luis Puenzo que
después ganó el Oscar con “La Historia Oficial”.
Pero sin embargo allí, yo me quedé conforme con lo
que hizo Luis Puenzo porque realizó un trabajo
fantástico que es “Cinco años de vida” que,
originalmente, pasa en el metro de París, también
entre un montevideano con una argentina ¿no?. Yo lo
ubicaba en el metro de Buenos Aires lo cual me
parecía muy bien, pero le quitaba el carácter
fantástico. Por eso se llama “Cinco años de Vida”,
porque es la clave, la frase clave, para que se
transforme en fantástico. En cambio, yo quedé muy
conforme, sobre todo, con “Los pocillos” – puede ser
porque yo hice el libreto ¿no?, pero me gustó “Los
Pocillos” y “Corazonada” también, aunque es un
cuento menor. Y fueron tres directores distintos.
El otro día en la mesa redonda que inauguraron en
Cinemateca dije que, entre las dos cosas que más me
satisfacen a mi de lo que se ha hecho en cine sobre
cosas míos, están “Los Pocillos” y “El lado oscuro
del corazón”, no por mi actuación – que lo hice
adrede – sino por cómo usó los poemas míos Susviela.
A mi me pareció una proeza que pudiera hacer una
película sobre la base de poesía, me pareció genial
y que además, no desentonara, que no quedara como
una cosa retórica. Todo está integrado ahí donde
están los poemas, y las imágenes, y la fotografía
estupenda que tiene la película.
- Benedetti, ha trascendido que está asociado con
otros escritores uruguayos para construir una
novela.
- No, ya está hecha, ya está terminada. Podemos
revelar sólo el nombre, se llama: “La muerte hace
buena letra” y somos varios escritores. ¿Quiere que
se los mencione?
- ¡Sí, como no!
- Aparte de mi mismo, que fui el que hice el primer
capítulo, fueron otros escritores en dos rondas, o
sea que cada uno escribió dos veces.
- ¿Y uno podía corregir al otro? Porque eso de las
dos rondas….
- No, no hemos corregido al otro, hemos seguido.
Cada uno continuó lo que el anterior había hecho.
Cuando me llegó la primera, fui el primero de la
segunda ronda me costó engranar. Estuve como una
semana pensando en cómo seguíamos. Bueno, los
escritores son, en orden alfabético: Mario
Benedetti, Hugo Burel, Miguel Ángel Campodónico,
Enrique Estrázulas, Milton Fornaro, Zuleika Ibáñez,
Silvia Lago, Juan Carlos Mondragón, Teresa
Porczekanski, Omar Prego Gadea y Elbio Rodríguez
Barilari. Y después se repiten otra vez. Hay de
varias generaciones. Yo soy el mayor y creo que el
menor es Rodríguez Barilari, hay tres mujeres. O
sea que es muy hablado, hay muy distintos estilos y
cada uno escribió en su estilo cada capítulo.
- ¿De dónde surgió esta idea?
- Omar Prego Gadea es el editor literario de la
Editorial Trilce y a Barilari le pareció muy bien,
que es el editor. Y nos reunimos por primera vez,
nos juntamos todos hace 15 o 20 días en un almuerzo
que tuvimos y después en una sobremesa larga, para
decidir, estos son 22 capítulos – el capítulo 23,
que era el final, a ver quien era el asesino o todo
eso. Cómo iba a terminar.
- ¿Es una novela policial?
- No sabíamos que iba a ser policial. Pero en el
capítulo yo fui el que inventé al protagonista,
porque fui el primero, el primer escritor. En el
capítulo 8°, Juan Carlos Mondragón, me mató al
protagonista. Entonces había que investigar quien lo
mató. Cada uno fue creando lo que se le antojó y
nadie censuró al anterior. Yo creo que todos nos
divertimos mucho y el hecho de que cada uno haya
conservado su estilo le da un tinte. Es increíble,
porque también es un peligro…..
- Además realmente inaugura un camino de mucha
fertilidad, porque …
- Si, el tema que es de no es de extrañar que
hiciéramos otra (risas)
- Benedetti, en este momento “Las borras del café”
están entre los primeros libros de venta en
Montevideo y en Buenos Aires. ¿Cuáles son los
planes inmediatos en la literatura de Benedetti?
- Empezar una novela que ni sé cómo se va a llamar,
ni la tengo demasiado clara todavía.
- ¿Cómo trabaja Benedetti? ¿Se levanta y empieza a
escribir? ¿Tiene dudas?
- Yo escribo cuando me dejan escribir, ya sea de
mañana, de tarde o de noche. Pero en ocasiones tengo
que estar buscando el espacio. De “Las borras del
café” escribí 25 páginas en los 6 meses que estuve
en Montevideo. Después, en España, me fui a un
balneario en Mallorca, donde no me conoce nadie y
nadie sabía que iba a estar ahí, me fui con mi mujer
ahí, y, ahí, escribí 75 páginas más en tres
semanas. Y después, en agosto, me quedé en Madrid –
que en agosto no hay nadie en Madrid, es un páramo,
una isla, en agosto Madrid queda desierto – y en
agosto escribí 100 páginas más. Pero buscándome yo
desesperadamente los espacios para poder escribir..
Y 95 páginas que las escribí también en ese
balneario en una semana. Eso fue en julio y estamos
en octubre y no he podido escribir una línea más.
- En las últimas horas, en los últimos días ha
muerto un uruguayo de la cultura, Atahualpa del
Cioppo.
- No me olvido de él, fue un “golpazo”. Me avisaron
a mi por teléfono antes de salir por los diarios.
Atahualpa fue un tipo EXCEPCIONAL, un tipo
FENOMENAL. Yo lo conocí muy de cerca, tuve muy
buena relación con él. Él dirigió la versión teatral
de “Pedro y el Capitán”. Nunca tenía muy buena
impresión de mi teatro, con toda razón. Me acuerdo
que una vez cenamos en Buenos Aires con él y otros
amigos del teatro argentino que siempre me
insistieron en que yo escribiera teatro y entonces
le dicen: “Atahualpa, insístale a Benedetti para que
escriba más teatro, porque él dialoga muy bien”. Y
entonces dice Atahualpa: “sabe una cosa, yo no sé,
yo se lo digo a Benedetti porque somos amigos, yo
creo que Mario es mucho más teatral en sus poemas y
en sus cuentos que en su teatro”. (Risas) Pero con
“Pedro y el Capitán”, yo lo empecé a hacer como
novela y se iba a llamar “El Cepo”. Y un día – yo
estaba viviendo en Cuba y vinieron de “El Galpón” a
La Habana y yo les dije que estaba escribiendo una
novela. “¿Y de qué trata?” Y les empecé a decir de
qué trata y me dicen: “¡pero eso no es novela, es
teatro! ¡Pasala al teatro! Y bueno, no me
convencieron mucho pero me dejaron pensando.
Entonces en un momento me preguntaron por la novela
y les dije: “sí la estoy escribiendo”. “Entonces
tenés un compromiso con nosotros. Cuando las
termines te venís para México y nos las leés”. Y
bueno, cuando termíné, fui a México y le leí la
obra. Y yo que, afortunadamente nunca estuve preso,
ni de repente, fui torturado, entonces yo decidí no
referirme a testimonios, a cosas que me habían
contado y, además, dejé la tortura fuera de la
obra. Los 4 actos de la obra son nada más que
conversaciones entre el preso que viene cada vez más
torturado y el otro que viene a ser el “torturador
bueno” ¿no?, que lo convidaba con cigarrillos. La
tortura quedaba afuera, la tortura pasaba en otro
lado. Yánez la iba a dirigir, Beiro iba a ser el
preso y Campodónico iba a ser el capitán. Y me
dicen: “bueno, de todos modos Atahualpa está en
Cuernavaca, lo vamos a llamar y hablamos por
teléfono”. Y se hablaron un fin de semana. Y el
lunes volvió Atahualpa y “ahora la dirijo yo”, dijo.
Parece que por primera vez, le había gustado. Y
dicen que la película tiene un defecto contrario al
de la película argentina, que es demasiado fiel al
original. ¿Usted la vio?
- Sí, a mi me gusta más la versión de teatro.
- De teatro, sí. Sí ha sido criticada como teatro
filmado. Creo que había posibilidades de hacerla más
cinematográfica.
- Sí creo que los exteriores y toda la relación
plástica, tendría que haber sido planteado de otra
manera ¿no?
- Sí, de otra manera, si de otra manera, yo creo. De
acuerdo a mi juicio, en definitiva, está bárbara.
Pero eso es lo que se me trasmitió, lo mismo que me
dice usted ahora.
- Benedetti, ¿cómo imagina usted que debiera ser el
Uruguay?
- Bueno, se me hace un poco difícil, pero trataré de
improvisar. Bueno, en primer lugar quisiera que
fuera, en términos generales, progresista, que fuera
socialista – digamos – aunque ya le dije que no
milito en ningún partido – pero soy militante del
Frente Amplio, como independiente. Pero yo quisiera
que hubiera una ideología socialista que rigiera
esto. Pero lo difícil de que acontezca esto acá es
que son tantas las zancadillas, las trampas, las
maniobras que se le hacen a la izquierda en este
país desde los medios de comunicación. Fíjese, cada
vez que hay elecciones, o un referéndum, o cosa así,
las referencias en la televisión son de 1 a 15.
Aparte que nos cobran carísimo a nosotros los
espacios y a los partidos tradicionales se los dan
prácticamente gratis. Y además, muchas veces cosas
que se presentan, las rechazan los canales. Los
canales comerciales, por supuesto. Entonces ¡es tan
difícil! Es una posición como la que se está
haciendo ahora de la Intendencia, tan llena de
trampas, de mentiras, de pequeñas deformaciones que
tienen, a lo mejor, una semillita de actos mal
deformados, sacados de contexto. Es muy difícil, es
casi una utopía lo que yo propongo. Me gustaría que
fuera un país de ideología socialista pero con más
respeto entre los distintos partidos. Que si se
pierde una elección, que se respete, como lo hemos
respetado nosotros durante más de un siglo en que
han venido ganando los blancos y los colorados. Que
se respete al adversario. Eso por un lado. Por
otro, quisiera un país que fuera más celoso de su
soberanía. Que no se inclinara constantemente a los
designios del Fondo Monetario Internacional, del
Banco Mundial, a los intereses leoninos que nos
cobran por la deuda externa y a la intromisión
descarada, a veces, que tienen los EE.UU. en la
política nuestra. Fíjese que ahora, por ejemplo,
como EE.UU. aplaude a Yeltsin en su golpe de estado,
el parlamento nuestro dice que ahí hay una voz que
no es Satán. Parece que aprobaran el golpe de
estado. Cuando el golpe de estado ha hecho lo que
hizo Bordaberry con el parlamento acá, con varios de
los que todavía son diputados, disolver el
parlamento. Ahora, que el parlamento uruguayo no
haya todavía sacado una declaración, diciendo que es
una cosa anticonstitucional lo que ha hecho Yeltsin
en Rusia, sólo creo que se puede ver como que EEUU
apoya a Yeltsin.
- ¿Y en la cultura qué habría que hacer, Benedetti?
- Habría que hacer una cultura más de “puertas
abiertas”, más de comunicación con los barrios,
acabar con eso de que sólo el ciudadano montevideano
es quien tiene vocación de comunicarse la cultura
viniendo al centro. La cultura también tiene que
ir a los barrios que no implica que vaya por sí
misma, eso significa gastos. Se había pensado y
algo se ha hecho algo con los Centros Comunales
desde el Municipio, pero creo que eso habría que
profundizarlo también y aprendiendo también de la
cosa cultural desde el propio Municipio, de la
Comedia Nacional. Y además que la cultura vaya al
Interior. ¡Hay que ver cuándo uno va al interior –
que muchas veces no hay tiempo para ir todo lo uno
quisiera, pero siempre que puedo voy - cuando uno va
al Interior, hay que ver cómo lo recibe la gente del
Interior! ¿Por qué? Porque no va nadie al Interior.
Los artistas. Es rarísimo que un pintor, que un
poeta que un escritor – los cantantes van un poco
más – pero que vayan. Y se sienten ninguneados, se
sienten abandonados por la Capital, como siempre.
Después nos quejamos, incluso la gente de izquierda,
de que en el Interior, la izquierda no vote bien.
Dejemos un poco la actitud del gobierno, que va a
ser siempre anti-cultural y anti Interior. Pero
desde nuestra propia izquierda, tratar de subsanar
esas cosas, cambiar su actitud. Pero eso tenemos que
ir cambiándolo todos. Y con respecto a la difusión
y al diálogo. No es simplemente ponerse ahí y chau,
me voy. No. Después que uno dice sus cosas,
dialogar con la gente del Interior, que nos planteen
las dudas.
- Muchos de los observadores que tratan estos temas
de cómo hacer un nuevo Uruguay hablan de que, por
ejemplo en el plano cultural, Varela ya no es
vigente, que es necesario otro enfoque de la
educación, donde esté introducido las tendencias de
la computación, de la informática de una visión
distinta del mundo.
- Pero perfectamente, Varela no podía prever que
vinieran las computadoras, me imagino. Pero yo creo
que hay mucho de rescatable en las actitudes de
Varela ¿no?. Si hay que ajustar, a todos se ajusta.
Hay que ajustar a Cristo, a Marx, a Varela, nadie
tiene la bola de cristal para ver cómo va a ser el
mundo dentro de 200 años, 500 años. Entonces yo
creo que, en materia de cultura, hay que rescatar lo
mucho rescatable que tiene Varela y adaptarlo
también a las circunstancias. Pero no siempre
adaptarlo, así, diciendo “amén”. Frente a las
circunstancias también hay que tener una actitud
crítica. Porque el problema mismo de los
ordenadores, de la computación y de todo eso, hay
que adaptarlo en lo que tenga de interesante, de
educativo, de formador. Pero también tiene mucha
cosa deformadora eso. Porque que los tipos estén
nada más que con eso, tampoco puede ser ¿no? Lo
mismo que la televisión. La televisión es un
instrumento maravilloso, mágico, pero, ¿se usa
siempre para el bien de la sociedad o se usa a veces
para volver a la sociedad más agresiva, más volcada
al consumo de drogas, más volcada a la violencia?
Yo escucho que se dice: “la audiencia está siempre
con las cosas negativas, con las películas
violentas”. ¡Y si es verdad! ¿Qué otra opción tiene
esa audiencia para ir formando su gusto.? Y esto no
pasa sólo en Uruguay, eso pasa en todos lados, en
España, en Francia, en todos lados. La violencia de
las películas para televisión que hacen los
norteamericanos, invaden toda la televisión de toda
Europa. Porque, además, generalmente las dan muy
baratas. Conozco gente de Televisión Española que
quisieran a veces tener películas francesas,
alemanas, belgas, y tienen muchos problemas por eso.
-¿Pero entonces al Uruguay es casi imposible
cambiarlo?
- Bueno, siempre es posible, siempre es posible.
Pero el cambio tendría que venir de abajo. De arriba
me parece que no. Vi los comentarios de los
políticos actuales y de los que se van a presentar a
las futuras elecciones y veo que la cosa no ha
cambiado por ahí. Yo creo que un tipo como
Tabaré Vázquez podría cambiar las cosas. Pero es
muy difícil que una figura como él, a pesar del
carisma que tiene, llegue a ganar las elecciones
nacionales. ¡Ojalá! Pero lo veo difícil.
Seguramente que si se presenta otra vez a
Intendente, dada la nueva ley, porque sí, ahí tiene
un muy buen apoyo popular, a pesar de todo lo que
dicen y de las calumnias y de los ataques, se hacen
nuevas encuestas y siempre va primero. Pero también
tiene dificultades con su propio Frente Amplio.
Somos tan – cómo podría decir – tenemos, en general,
el uruguayo tiene una cosa así de crítica
devastadora, un poco destructiva.
- Es lacerante.
- Sí, sí.
- Usted recién hablaba de ajustar a Varela, ajustar
a Cristo…
- Adaptar
- Adaptar. Ve que un católico, un cura uruguayo
quiso adaptar a Cristo.
- Y le pegaron. Es que hay todo un movimiento dentro
de la iglesia, dentro de los sacerdotes, que dice
que “si el cristianismo no se cristianiza, se
pierde”. Y además también, allí hay una hipocresía
de que, por ejemplo, al obispo éste – creo que es
obispo – monseñor Paul Marcinkus.
-
- ¡El del Banco Ambrosiano?
- Y todas esas estafas monumentales en que estuvo
complicada la Santa Sede. Era requerido por la
justicia italiana y el Papa lo protegió, hasta que
al final consiguió que pudiera salir para Chicago.
Lo mandó a una parroquia allí donde estaban los
ciudadanos “gángsters”. Con ese estado, allí, con
la miseria que viven y además viven con ellos
- También Pérez Aguirre es una de las críticas que
hace.
- Claro, claro. Si, yo tengo el libro, lo estaba
hojeando
- La otra es la participación de la mujer
- ¡Qué democracia! ¡Está defendiendo los Derechos
Humanos y no ha firmado en la Santa Sede nunca la
Declaración de los Derechos Humanos! ¡Nunca! Eso por
un lado. Después, ¿qué participación tiene la
mujer? No puede llegar ni siquiera a sacerdote.
¿Cómo se manejan los derechos laborales dentro de la
Santa Sede? ¡Que es un país! Además de ser la
dirección de la iglesia, es un país. Todos los
empleados que trabajan en el Vaticano, no se pueden
sindicar. Está prohibida la sindicación de los
empleados. Y son empleados, no son sacerdotes, son
empleados. ¿Qué sistema democrático es ese en el que
sólo una minoría de la feligresía mundial, que son
los Cardenales, puede tener el derecho de elegir
democráticamente al Papa?
- Le agradecemos mucho esta oportunidad que nos ha
dado de conversar con usted.
- Bueno, gracias a usted y por el tiempo que les
debí llevar.
Retrato: Rodrigo Félix Aquino (Revista Lea)
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