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La cultura al frente (II)
por Lic.
Sergio Navatta
Parte l de
La Cultura al frente
Continuación:
Sobre los medios de
comunicación
En el número anterior
hacíamos un desarrollo de antecedentes y
fundamentación sobre la cultura y sus instituciones,
el rol del Estado, relación Cultura-desarrollo,
identidad y diversidad con propuestas de nuevos
instrumentos hacia una nueva institucionalidad de la
cultura. En el último punto hablábamos de los medios
de comunicación y decíamos que
de la legislación comparada surgen
dos elementos o aspectos básicos como medidas de
protección y promoción de la diversidad de las
expresiones culturales a tener en cuenta: a)
establecimiento de porcentajes mínimos de
programación de producción nacional o regional y b)
incentivos a la producción nacional mediante
exenciones o deducciones fiscales.
Lo que sucede hoy en
el mundo, es que muchos países combinan ambos
elementos poniendo mayor énfasis en uno u otro según
los objetivos a alcanzar. Es indudable, que ambos
elementos son indispensables si pretendemos una
legislación eficaz en el logro de la protección y
promoción de la producción nacional, que le dé
completitud a las normas y no queden solo en las
buenas intenciones.
En diversos países,
se establecen porcentajes mínimos de difusión de
producciones nacionales y regionales, en cine, radio
y televisión, que varían según los Estados.
En Francia, por
ejemplo, se establece para los medios de
comunicación en la difusión de obras
cinematográficas, al menos un 40% de producción
nacional y un 60% de producción europea, en Canadá
no menos del 50% de programación nacional, en España
no menos de un 55% de la programación emitida debe
ser española, en esta legislación se hace una
distinción muy importante en lo que tiene que ver
con la producción nacional, un 15% debe ser de
producción propia del titular de la concesión de los
medios.
En el proyecto de ley
de Radiodifusión Argentina, se propone para la
producción local un 70% para las radios y un 60%
para la televisión. Y así, innumerables ejemplos en
todo el mundo.
Mas allá de la
obligatoriedad en la emisión, se hace fundamental el
literal b) mencionado, de manera de poder contarse
con el material apropiado, sin producción nacional
mal se puede exigir su difusión. En este sentido, es
interesante la propuesta española con respecto a las
producciones propias, como también se deben tener en
cuenta la conformación de fondos para dicho
financiamiento, con incentivos a la inversión en
producción nacional de ficción, que posibilite el
despegue de una industria con perspectiva
exportadora que haga rentable dicha actividad. En
esta línea, los sistemas de reserva realizados por
los propios medios, utilizados en muchos países, son
un ejemplo a observar.
El desarrollo de una
nueva industria con miras a la región, requiere de
inversión, trabajo y tiempo, pero tiene la
potencialidad de una mayor rentabilidad con vocación
exportadora que la “cómoda” actividad conservadora
de importación de productos enlatados, que no
encierra ninguna aspiración emprendedora de
crecimiento y desarrollo en las industrias
culturales, actividades de gran crecimiento en los
últimos años.
Sobre la Formación:
Debería ser también una
prioridad la formación profesional artística y de la
propia gestión cultural. Para lo cual, sería
necesario armonizar recursos para facilitar que los
jóvenes de todo el país puedan acceder a la mejor
formación profesional, creando un sistema
nacional integrado de formación, que partiendo
de los recursos existentes, públicos y privados, se
coordinen de tal manera que permitan al estudiantado
el tránsito continuo y progresivo desde cualquier
punto del país hasta la Universidad.
El mismo debe tender a la integración de
los recursos disponibles a favor de la
“navegabilidad” del estudiante dentro del sistema,
desde una institución privada en el interior del
país hasta la Universidad. Es decir, que existiendo
diversas instituciones estatales y privadas y
docentes le sea posible al alumno realizar una
carrera artística, en donde pueda pasar de una
institución a otra en una continuidad curricular sin
tener que volver a empezar, o modificar conceptos y
contenidos. Pensamos en un nuevo ordenamiento,
organización, coordinación y racionalización que
logre la eficacia en los objetivos planteados y la
optimización de los recursos económicos existentes.
¿A qué nos referimos
cuando pensamos en un sistema planificado y
coordinado?
En primer lugar,
cuando hablamos de sistema de formación artística
nos referimos a la integración de lo público con lo
privado de interés público.
En segundo lugar,
pensamos en elementos interrelacionados,
coordinados, interactuando entre sí, hacia un
objetivo común, en este caso concreto, la formación
artística con la mayor democratización cultural
posible.
Para ofrecer un mejor
servicio a la comunidad, en cantidad y calidad, se
debe recurrir a todos los recursos disponibles
sistematizándolos para su mayor aprovechamiento.
En este sentido, la
propuesta pasa por establecer relaciones
horizontales entre las instituciones de formación
artística, coordinando planes y contenidos
programáticos, lográndose así una complementación
institucional en beneficio del estudiante y también
de los docentes.
Para los docentes, es
claro que permitiría una mayor movilidad laboral,
incrementándose las oportunidades de empleo,
pudiéndose instrumentar cursos de capacitación en
formación pedagógica.
Para los
estudiantes, permitiría una continuidad progresiva
que abarcaría todas las etapas desde la edad escolar
hasta la Universitaria, sin interrupciones o
“lagunas” en su aprendizaje.
Dicha
institucionalización, de primaria al nivel
terciario, podría considerarse como
un sistema de instituciones asociadas.
Sobre Turismo y
Cultura:
Probablemente por la amplitud de conceptos y de su
transversalidad, resulte dificultoso definir con
precisión al turismo, debido al descubrimiento
evolutivo de las interacciones de esta actividad o
sector con todo su entorno social, cultural y
económico. En realidad, ¿el turismo es un sector
como tal o es una actividad que afecta a muchos
sectores.? De ahí la dificultad de
ubicación del turismo en los esquemas organizativos
de la actividad política y económica.
Dada su
naturaleza plural y compleja, el turismo visto desde
la cultura sólo puede ser abordado como actividad
transdisciplinaria, con diversas dimensiones en lo
político, económico, social y cultural.
Este
punto de encuentro entre “turismo” y “cultura” da a
conocer procesos históricos y culturales que se
expresan en diferentes instituciones y prácticas
sociales, que son cambiantes y no un producto
terminado, extractable para turistas consumidores de
exotismo.
Las
comunidades como portadoras de cultura, son sistemas
cognitivo-valorativos diferentes a los del turista,
en donde los sistemas simbólicos forman parte de
este proceso, haciendo del turismo también una
experiencia estética.
Un
concepto que tiene relevancia con relación a la
cultura, es el que trata al turismo como medio de
difusión, que a diferencia de los medios de
comunicación que llevan la noticia al público, éste
acerca el público al hecho cultural y social.
El
turismo visto desde la cultura, debe pensarse en
términos de políticas culturales en el turismo, que
apunte a establecer una agenda de investigación
sobre la promoción de la cultura y el desarrollo del
turismo.
Para ello, la
participación de organizaciones, instituciones y
profesionales en la reflexión y concreción de
propuestas con intereses colectivos, será
fundamental, generándose coordinaciones
intersectoriales para elaborar políticas culturales
para el turismo.
Aquí, un instrumento
propuesto en el programa del Frente Amplio, tendría
un rol fundamental, una comisión sectorial de
cultura en la órbita de la OPP, que tendría un
cometido esencial en políticas de desarrollo y
descentralización, en donde las políticas culturales
en el turismo no pueden estar ausentes.
Deberían conformarse
planes estratégicos dentro del turismo, que
promuevan el conocimiento y la comprensión de la
creatividad y la diversidad cultural y que generen
una amplia integración entre cultura, turismo y
educación, desde aspectos de la educación
patrimonial a programas artísticos que revaloricen
el arte. Como así también, promover programas de
formación de recursos humanos en el ámbito del
turismo y de implementación del fortalecimiento
cultural con acciones de difusión y reflexión sobre
sus significados desde el contexto histórico y
sociopolítico de las comunidades.
El turismo genera
dinámicas sociales que conllevan tensiones que
pueden consolidar o reformular valores culturales y
éticos específicos comunes a diversas zonas
culturales, lo cual lo hace un instrumento inter-cultural
y de apertura, perspectiva que debe ser tenida en
cuenta a la hora de elaborar políticas culturales en
el turismo, como abordar la discusión sobre los
derechos de los creadores con relación al mercado y
la cualidad de mercancía o no de su producción
artístico-cultural.
Los derechos
culturales dentro del contexto que significa el
turismo, deberán estar presentes, siendo obligación
del Estado garantizarlos.
Sobre las relaciones
internacionales culturales:
Este capítulo se
orienta al desarrollo de las relaciones
internacionales del Estado con otros Estados, con
los uruguayos en el exterior, con organismos e
instituciones internacionales en la promoción,
difusión y financiamiento de la actividad cultural y
en su desarrollo, a través de la cooperación y el
intercambio cultural como instrumento de refuerzo
de la paz y el entendimiento mutuo.
El Ministerio de Relaciones
Exteriores asume la principal responsabilidad en
materia exterior en virtud de sus competencias, como
planificar, dirigir, ejecutar y evaluar la política
exterior del Estado, concertar y potenciar sus
relaciones con otros Estados y organizaciones
internacionales, defender los intereses del país y
llevar a cabo una adecuada y eficaz política de
protección de los ciudadanos uruguayos en el
exterior.
Pero
en el área de la cultura se deberá coordinar de
manera estrecha con el Ministerio de Cultura las
relaciones culturales internacionales, la
cooperación internacional para el desarrollo
cultural y la articulación con el resto de los
organismos del Estado que, en el ámbito de sus
competencias, realicen actividades en esta materia.
La implementación de
planes y programas de desarrollo y de cooperación
debe ser una tarea coordinada entre varios
organismos del Estado, aquí también vemos una papel
importante de una comisión sectorial de cultura en
la OPP participando en la elaboración de una
estrategia sectorial de cultura y desarrollo que
asegure la coordinación entre todos los agentes
públicos y privados de la cooperación cultural
internacional, que contribuya al fortalecimiento
institucional en materia de cultura, que apoye el
patrimonio cultural con medidas de investigación y
conservación, que genere capacidades de diálogo
intercultural y que potencie las industrias
culturales apoyando su desarrollo y la presencia en
mercados internacionales.
En los planes y programas de desarrollo y cooperación
debería estar presente el establecimiento de
acuerdos o
convenios con
Estados, organismos y fundaciones para el desarrollo
de la formación artística y de la gestión cultural,
convenios bilaterales entre Estados en el ámbito de
la cultura, tanto de carácter general como de
contenidos específicos para el establecimiento de
centros culturales de cooperación en las distintas
disciplinas artísticas, como así también, programas
de cooperación directa
entre las bibliotecas y museos, en
información, aplicación de las nuevas tecnologías e
intercambio
de especialistas y experiencias en materia de
preservación del patrimonio.
En este contexto, no deben faltar
programas de apoyo a la difusión en el exterior del
arte contemporáneo, tradicional y folclórico,
la realización de
proyectos socio-culturales y convenios con
organizaciones civiles y estatales en el desarrollo
cultural del departamento 20, el impulso a
la participación uruguaya en bienales
internacionales de arte y apoyo a otros eventos
significativos de las artes plásticas.
Entre las prioridades de las
relaciones internacionales culturales, debe estar
presente jerarquizar
en forma más decisiva, la presencia del
Estado uruguayo en los órganos de la Convención de
la UNESCO sobre La Protección y Promoción de la
Diversidad de las Expresiones Culturales, designando
una representación especializada ante dicho
organismo internacional. La participación y diálogo
sobre la cultura en espacios internacionales, que
fomente los encuentros sobre derechos culturales,
que promueva las dinámicas de “diálogo de
civilizaciones” y acuerdos con instancias
multilaterales, contribuye a incrementar la eficacia
de la comunidad internacional en la defensa de la
diversidad cultural.
El principio de la diversidad cultural
implica el reconocimiento de que la cultura es
fundamental para la cohesión social y la identidad,
es la expresión misma de las ideas y los valores de
una sociedad. Es por ello que es necesario que cada
cultura encuentre el lugar que le corresponde tanto
en su propio territorio como en el ámbito
internacional. La promoción y la preservación de la
diversidad cultural requieren que los Estados y
sociedad civil trabajen conjuntamente en apoyo a la
cultura, a través de políticas y programas con
medidas basadas en el respeto a la pluralidad.
Como se establece en la Convención
internacional de la UNESCO sobre la “Protección y
promoción de la diversidad de las expresiones
culturales” no debemos contraer compromisos de
liberación del comercio e inversiones, si éstos
impiden a los Estados adoptar medidas de apoyo a la
cultura, que impliquen el no poderse dar y aplicar
sus propias políticas culturales y que las
comunidades no tengan acceso a su propia cultura.
El desafío cultural que hoy nos
enfrentamos de protección y promoción de la
diversidad cultural, de diálogo entre culturas, de
desarrollo de políticas culturales, es su inclusión
en la agenda política de los Estados, que reafirme
el reconocimiento de la dignidad de las diferentes
culturales.
El camino natural a la integración pasa
por las culturas, no debemos confundir “inclusión”
con “integración”, las políticas de inclusión son un
instrumento de acceso de los individuos al trabajo,
a la salud, a la educación, etc, mientras que la
integración social es el proceso natural de las
culturas integradas. La cultura es sustancial, no
es un instrumento de la política, no es un factor de
la economía, no es un recurso social, es el
significado de nuestra existencia y desarrollo, es
la expresión de nuestra humanidad y su diversidad es
motor y riqueza del desarrollo de la vida humana.
LA
ONDA®
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