Menchaka,
una historia argentina

Eduardo Silveyra

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A modo de prólogo
Desvíos de la izquierda
y psicoanálisis

Un cuento de Eduardo Silveyra
Menchaka, una historia
argentina

La lluvia y la penumbra movediza zumbada por el viento, hacían a esa noche ideal para dar rienda suelta a las pasiones. Este pensamiento y otros no menos afiebrados, rondaron por la mente de Mook, mientras miraba los rostros de los Compañeros del Comité Central. Caras serias, adustas y con cierta patina de buró. Esa era más o menos la esencialidad de esos tipos.

 

Lo miraba a Cornichelli, hombrecito con ojos ambiciosos de cerdito. Corni fue el primero en levantar la mano cuando se decidió comprar acciones de Coca Cola, para equilibrar las finanzas del Partido. ¡Que ortodoxia, ni ortodoxia! ¡Cayó el Muro! ¡Cayó Moscú! ¡Cayó Varsovia! ¡Todo se fue al carajo! Enfático, afirmó su decisión esa vez, El Cerdicelli-Corni. ¡Que nos financie el imperio!

Ja ja ja -sonrió para sus adentros Mook- como me gustaría meterle cosas en el culo a este Cornichelli.

 

Claro, el tanito Cornichelli, cara y culo colorado. El Compañero Contador Cornichelli. Secretario de Finanzas. Otro cerdo capitalista -pensó Mook- cada vez que iba a la casa  de Corni-Cerdi, éste le mostraba la biblioteca.

 

-El Capital, lo fui comprando a medida que lo fui leyendo

-Yo al revés, lo fui leyendo a medida que lo fui comprando.

-Vos sos un humanista…

-¡Corni, no seas pelotudo! –decía Mook.

 

Es que a veces le afloraba ese instinto de hijo de puta y le gustaba humillarlo un poco y verle sonrojar los cachetes.

 

 ¿Y la Compañera Chugarri, con ese aspecto de Madre Superiora? Pero Mook ni quería pensar en la concha de la camarada Chugarri. Las conchas de su deseo peregrinaban por otros lugares.

 

Además, era médica y somos sabedores del sadismo de la ciencia. También podía ser una sádica reventada o una lesbiana encubierta. Porque si algo tenía Chugarri, era su carácter reservado y una manera de ser elusiva. Esto, a veces, la hacia victima de rumores. Podía ser una espía. La Cuarta de la Cuarta Internacional Sección Femenina 4, operaba con unas infiltradas del Partido Obrero Lésbico Argentino. Se las descubría por el tatuaje de Rosa Luxemburgo en el cachete izquierdo del culo. Partes glúteas que han perdido el esplendor.

 

-Solo miraba el verde de los árboles.

-Creí verla leyendo, Compañera Chugarri

-Hace mucho que no leo, Compañero Mook.

-No leyó el análisis del Secretario General.

-Colaboré con él, en la redacción…

 

El Secretario General era el Compañero Orgambide, tenía cara de asexuado y ese trasero semi espeso de los que no cogen o no saben coger. (Igual, antes de hablar, hay que analizar bien el discurso neo-lombrosiano).

 

Tal vez, el deber partidario lo haya llevado a sentar a la Compañera Chugarri en sus rodillas, solo con el fin de bajarle las bombachas. Pero, la Compañera Chugarri, no pasaba más allá –o iba más allá- de mandarse el miembro pequeño del Compañero Orgambide de un sorbo. Lo lamía y chupaba como una puta de verdad, más que nada para desmentir cualquier infundio. Orgambide, se olvidaba de la misión partidaria, porque era un pajero boludo. (Orgambito circulaba por esa categoría) En esa intimidad de viejos chanchos, ella lo llamaba Orgam y él la llamaba Chuga.

 

-¿Te gustó, mi Orgam querido?

 

La pregunta resultaba ambivalente. Pensaba, Orgambide pensaba. Entonces, la cara asexuada se volvía por obra y gracia de la mamada de Chugarri, en un rostro de opacidad libidinosa. Hilos de saliva espesa corrían por la comisura de los labios. Después de peregrinar por ese patetismo de manera inconsciente, Orgambide volvía a ser el sentencioso de siempre.

 

-Usted es un cuadro integral compañera Chugarri.

 

Lo que no se puede saber es si el Orgam/Orgambide, decía aquello incluyendo a la mamada de la Chuga/Chugarri  en la formación política o si simplemente se hacía el boludito.

 

Mientras le decía esa gilada, Orgambide le palmeaba el orto-ortiva, a la Compañera Chugarri, que encendía un cigarrillo y se mandaba un copita de ginebra estilo fondo blanco. ¡Noches de lujuria roja!

 

La reunión establecida se iba a postergar por la ausencia de los compañeros  Gómez, Patitucci y de otro cuyo nombre nadie sabía por cuestiones de seguridad. El tipo era un jodido. Trataba a todos como quien trata a pendejos pelotudos, salidos de los Boys Scout.  Día y noche con anteojos negros. A ojos vista, era la imagen de un duro, de un viejo resabio del stalinismo aferrado a la ortodoxia. Era como un Papa, pero al revés. Hablemos con sinceridad, lo contrario al monstruo es más o menos lo mismo que el monstruo…

 

2

Los otros 3 decidieron ir a cenar juntos, pero Mook desechó la invitación. Un problema familiar de importancia funcionó como excusa creíble. De todas maneras, los  otros no querían que Mook los acompañara. La discusión interna era muy grossa y Mook había escalado posiciones con medios pocos ortodoxos.

 

En esa noche, de luces y reflejos arrastrados por el viento, los designios aberrantes se podían tornar funestos. ¿Aquélla, sería una jornada nocturna de fracaso o las maravillosas aberraciones iluminarían la espesura negra y húmeda?

 

Atravesando las calles con su auto negro, el Compañero Mook, cruzaba la noche de luces opacas y reflejos arrastrados por el viento y en la cual los designios aberrantes se podían tornar funestos. (Ya fue dicho). ¿Aquélla, sería una jornada nocturna de fracaso o las maravillosas aberraciones iluminarían la espesura negra y húmeda?  Surcando calles elusivas con su auto negro, el Compañero Mook se dirigía hacía Constitución, a entregarse a los placeres violentos de la noche clandestina.

 

Las putas dominicanas, peruanas y alguna de la provincia, lo miraban de soslayo. Para ellas, era Elmenchaka. Los travestis rajaban para otro lado. Una vez, uno se le acercó y él lo reventó a trompadas. Aunque lo de Mook tiene algo oculto de mariconada, no le iba la carne de chancho. Para abreviar, el muchacha, quedó tirado al costado del cordón, con la mano metida en un charquito mugriento. Era una imagen patética y desolada de la mala  imitación. Esa mano de albañil feminizada, sumergida en el agua oscura y brillante, tal vez, fuera un símbolo oculto en esa nocturnidad de monstruosa elegancia.

 

Voces. Cuando hacía calor y llevaba el vidrio bajo, las podía escuchar perfectamente. Esas voces chillonas o ásperas convocaban al embeleso perverso. Entonces, el encanto penumbroso comenzaba a fluir.

 

-Viene Elmenchaka.

-¡Elmenchaka! ¡Elmenchaka!.

 

Mook/Elnenchaka! entró en uno de los tugurios a mandarse unas ginebras antes de comenzar la faena. 2 ratis que comían pizza gratis, lo saludaron.

 

-Buenas noches Inspector.

-Buenas noches.

 

Hasta la misma yuta le tenía respeto, para ellos era El Inspector o Elmenchaka. Los saludó con desdén, se podría afirmar que con desprecio. Era una manera de mantenerlos a distancia.

 

Los elementos del lumpenaje allí reunidos, miraban o trataban de mirar para otro lado poniendo cara de boludos. En su interior Mook se había familiarizado con aquellos tipos, alcohólicos y venéreos. Sin embargo, ese vínculo erróneo no le creaba ningún lazo, en cualquiera de sus dos facetas, ya sea en la de pseudo-policía o en la de hombre PC, Mook era enemigo de aquellos animalitos. El desecho de la producción que nunca había producido.  Esos negros de mierda, los categorizada a lo gorila.

 

El único que no se hacía el logi, era el gordo confidente que atendía el mostrador. Una cicatriz le cruzaba la cara. Le decían El Tajo. El apodo no era por esa marca, ganada vaya a uno a saber en cual de las traiciones. Cuando se agachaba se le veía la raya del culo peludo. No hace falta aclararlo, hablamos de un hombre infame, de un desdichado de la vida. Un verdadero caso foucaultiano el gordo ése. Un aliado de Mook/Elmenchaka.

 

Mook salió de ese sucucho graso después de mandarse 2 ginebras -sin pagar- casi de tango y estilo fondo blanco. Le atraía internarse en el peligro y vivir la excitación que la situación envolvía. Con esa audacia, bebía los  placeres aberrantes.

 

Mook/Elmenchaka caminaba como de perfil y mirando de soslayo o al piso. ¡Jeta de hijo de puta! Una, que no lo vio venir porque estaba a la vuelta, fue a la que encaró con su credencial trucha, en la que la palabra POLICIA brillaba impresa en letras rojas Times/Bold. La guacha se cagó en las patas y subió al auto negro sin decir mu. 

Mook/Elmenchaka, rumbeó raudo hacía los terraplenes del Ferrocarril Roca, enfrente del loquero de mujeres. La zona más propicia para la felonía.

 

-No escuché cómo te llamás

-Nicole.

-Todas las putas se llaman Nicole, de ahora en más te vas a llamar PUTA.

-Si, sí. –dijo Nicole ya sin miedo.

 

Mientras decía estás palabras poco edificantes, pero apropiadas para el momento de lujuria perversa –según una clasificación psico- Mook se bajó el cierre y peló su miembro-poronga bien parado.

 

-Tenés que chupar PUTA.

-Chupo-chupo-chupo.

-Así me gusta.

 

Aun no había terminado de estacionar el auto bajo un árbol para entregarse sin sobresaltos a la lascivia enferma y luminosamente oscura, cuando 3 figuras surgidas de las sombras lo rodearon. Al querer dar marcha atrás; 2 gordas -nunca viejas para la profesión más vieja- se lo impidieron. Por un haz de luz furtivo, pudo ver que aquellos 3 no eran más que los Compañeros Cornichelli y Orgambide, liderados por la Compañera Chugarri. Las otras 2 eran Pupi y Mumi, del Sindicato de Putas recientemente adherido a la CGT.

 

La Nicole/PUTA quería seguir su tarea. Como buena puta, a veces trabajaba por amor al arte. Ese detalle fortuito y de amor propio, le hizo perder a Mook un tiempo precioso, que Corni, Orgam y Chuga aprovecharon para secuestrarlo y convertirlo en un monolítico y despreciado Mook para siempre. Lo subieron de apuro al auto del Partido, el apropiado para esos casos.  Partieron rumbo al Comité Central. Pupi y Mumi rescataron a Nicole y se perdieron en las sombras.

 

El aire se cortaba con un cuchillo. No era para menos. Todo ese desmoronamiento de un mundo que eludía al otro, de ahora en más sería único e indivisible y se convertía en una cifra  indecible. De golpe, todo quedaba expuesto a la severidad ideológica de los Compañeros Corni, Orgam y la Chuga.

 

3

Al llegar al Comité Central, la Compañera Chuagrri abrió la puerta maciza, tomado de los brazos por Cornichelli y Orgambide; Mook, con cara de pelotudo o de animal a punto de morir, alzó la vista y con mirada propia de un acorralado, recorrió la escalera de mármol que, inevitablemente lo llevaría escalón tras escalón a una crucifixión trabajada con ahínco de artesano.

 

En ese ascenso sin palabras, el rostro de Mook mudó hacía una expresión atribulada. No era para menos. Lo entraron a la sala de reuniones de Asuntos Internos. El gesto de Mook en ese ámbito fue de pavura silenciosa.

 

El compañero SinNombre, sentado en la silla de la cabecera y apoyadas sus manos en un bastón, miraba al vacío sin mirar. Aunque esto es solo una conjetura. Sentaron a Mook en la otra punta de la mesa. El guacho estaba hecho mierda, pero podía escuchar con claridad  a sus EX a pesar de lo apesadumbrado que puede volverse un tipo en esa situación.

 

-El compañero Mook es una hiena creada por el sistema capitalista. –dijo Cornichelli.

 

El gordo Corni no se olvidaba de ciertos favores de Mook y fue benévolo hasta donde pudo. Cornichelli a pesar de las humillaciones de Mook, no abrigaba resentimiento, solo quería justicia revolucionaria, por primera vez en su vida.

 

-Es el resultado de un Edipo mal resuelto y no tratado científicamente. –afirmó Orgambide.

 

A Orgambide le encantaba la palabra ciencia y sus derivados. Era un socialista científico.

 

-Entonces, deberíamos mandarlo a la isla para un tratamiento especial. –se entusiasmo Cornichelli.

-Es una de las posibilidades.

 

Mook continuaba sin decir palabra, pero se sorprendió al ver que Orgambide tenía una posición contemplativa.

 

.-Es un hijo de puta y sería un descrédito para el Partido. Obremos con dureza, no sé si leninista, pero dureza. –dijo la Chuga.

 

Escucharla no fue sorprendente para Mook, nunca se cayeron bien y ahora se le hacía el campo orégano a la Chugarri, apostadora de posiciones más radicalizadas..

 

-Ni Cuba, ni psicoanálisis. Es un monstruo del sistema capitalista y debemos preservar la moral partidaria.

 

Impasible, pero con la severidad que el caso requería, el Compañero Sin Nombre expreso su parecer lapidario y al terminar de hablar pegó un bastonazo en la mesa.

 

-Antes de tomar cualquier determinación, no nos debemos olvidar de reivindicar a las mujeres.

-¿En cual de sus aspectos?

-En todos Cornichelli.

Esa aclaración de la Chugarri, fue coincidente con lo que pensaba Orgambide.

 

-Es una decisión correcta, deben ser reivindicadas no solo como mujeres, también cómo trabajadoras sexuales…

-Este caso debe analizarse desde varios aspectos… creo yo…

Que Cornichelli no especificara a cuales aspectos se refería y que hablara en ese tono difuso y ambivalente, exacerbaron el ánimo hostil de la Compañera Chugarri.

 

-La moral partidaria no admite esas dudas. Solo un puto pequeño burgués, puede decir una mariconada así.

 

-¿Han dicho puto?

-Sí, Compañero Sin Nombre.

-Entonces el caso debe ser remitido al Súper Comité Central de la…

-Compañero Sin Nombre, no existe más el Súper Comité Central.

-Solo quería saber si estaban actualizados.

 

Que volviera a dar un bastonazo más fuerte que el anterior sobre la mesa, obró de manera tranquilizante sobre Chugarri. Esa energía demostraba que Sin Nombre era su aliado.

 

A esa altura, Mook estaba bastante recobrado del infortunado traspié de degenerado hijo de puta. El guacho de mierda que era, comenzaba a cobrar poder venciendo por momentos al ser atribulado que escuchaba a sus verdugos.

 

-Quiero denunciar un hecho grave, el Compañero Orgambide se hace chupar la poronga por la Compañera Chugarri.

 

Sí ese gesto audaz y botón de Mook, cayó primero como un balde de agua fría, terminó de manera paradójica avivando más las llamas de la moral, pero al tratar de escapar del lugar del acusado, Orgambimde, Chuagarri y Cornichelli se abalanzaron sobre él y lo sentaron violentamente.

 

-Ha sucedido algo muy grave, únicamente las espías de la Cuarta Internacional 4 succionan los miembros  prescindiendo del acto de pija/concha, el cargo es tan grave como el del  Ex Compañero Mook.

Debe haber justicia…Justicia Revolucionaria

SinNombre no jodía, era un duro. Hablaba en serio. Cuando se paró, comenzó a caminar hacía Chugarri, blandiendo el bastón y profiriendo palabras que, reclamaban que la infame condición de espía fuera desmentida con hechos.

 

-Conozco la forma en que trabajan.

-Muy bien

-Usted es el indicado.

-Es una vida de dedicación.

 

La compañera Chugarri deberá chupar el miembro del Compañero Mook y al mismo tiempo la penetrara por detrás el Compañero Orgambide. Después en el segundo acto de Justicia Revolucionaria, sí la Compañera Chugarri es inocente, procederá a violar con este bastón ruso, regalo del Camarada Nikolai al EX Compañero Mook.

 

El Compañero Cornichelli labrará un acta de la sesión extraordinaria. ¡Salvemos el honor del Partido! ¿Alguien tiene algo que decir?

Con ese interrogante severo y drástico, cerró la decisión tomada con la dureza que solo un viejo resabio del estalinismo puede sobrellevar.

 

Compañeros por disciplina partidaria –dijo la Chugarri con estilo konsomol- acataré la decisión del Comité Central, pero soy inocente, chuparé lo que sea solo por disciplina partidaria.

 

El acto de justicia comenzó de inmediato, ni bien Cornichelli volvió de la piecita de al lado con el libro de actas.

 

Mientras la Compañera Chugarri iba y venía, con sus labios y lengua de experta, por la poronga de Mook, éste no sabía si entregarse al placer del presente o pensar en el futuro empalamiento que le esperaba. Decidió entregarse a ese acto abyecto, permitido por la legislación vigente en ese momento de la vida partidaria.

 

El Compañero Orgambide trataba de pelar el falo y bajarle la pollera y la bombacha a la Chuga, pero se movía de la manera en que lo hacen los inexpertos. Estaba ganado por la emoción. SinNombre al ver la torpeza con la que Orgambide trataba de llevar la situación, se levantó los anteojos, para comprobar que la acción aprobada fuera cumplida. Al ver el miembro de Orgam como a un hecho pequeño de la naturaleza, decidió que no era la herramienta adecuada, con la cual debe llevarse adelante un acto de justicia partidaria La falta exigía ser castigada con la magnitud que el asunto requería.

 

Sin entrar en debates, tomó el lugar del Desorgambide, que pasó de ser protagonista de la historia  a un simple vouyer, sin siquiera tener ese espíritu. Fue un hecho dialéctico aceptado sin críticas.

 

AAAAAHHH!!!! Que sorpresa fue ver el porongón descomunal pelado por el SinNombre.  Lo  puso sobre la mesa. Todos quedaron impresionados, la Chuga que había dejado de succionar el aparato de Mook, y tan indiferente y huidiza en su cotidianeidad, no dudo en bajarse la pollera  y dejar al descubierto el tatuaje de Rosa L. en sus nalga izquierda y aceptar el castigo que los saboteadores a la causa se merecen.

 

Al grito matadoril de: ¡A nalga pelada, denle verga! SinNombre se disponía a cumplir las disposiciones votadas por unanimidad. Cornichellí, trataba de plasmar los acontecimientos -con el máximo de rigor posible- en el libro de actas.

 

-Andá y traé vodka, hay una botella en la piecita de al lado. ¡Que sea a la manera rusa!

 

Orgambide obedeció o trató al menos, porque al abrir la puerta en busca de la bebida que eliminara un poco la rigidez dogmática e introducir de esa manera algún elemento dionisiaco, Pupi Y Mumi, las 2 gordas del sindicato, que trataron de secuestrar a Mook en Barracas, se lo impidieron. Enfurecidas, habían tirado la puerta abajo, el embelezo del clamor justiciero y los ánimos encendidos que la justicia despertó, impidieron escuchar cualquier ruido.

 

La compañera Chugarri que se aferraba del miembro de Mook, fue empujada por Pupi cayendo encima de Cornichelli, que pretendía cumplir con la tarea asignada. Mumi lo tomó del cogote a Mook que pretendió zafarse, pero la Chuga  le pegó una patada en los huevos al Estilo Molotov. Con lo que encontraron a mano ataron a Mook a la silla.

 

El compañero SinNombre contemplaba la escena sobándose el pedazo -solo un imparcial puede hacerlo en esa situación- le ordenó a Cornichelli que trajera el vodka de la piecita de al lado. Cornichelli obedeció como de costumbre.

 

Al regresar la situación no había cambiado tanto, salvo que Mumi blandía una navaja, que como toda arma esperaba una muerte o al menos una amputación.

 

Pupi debatía con SinNombre si había que empalarlo con el bastón o con el castigo quirúrgico o con ambos y en que orden. Cornichelli les acercó la botella. Tal vez la bebida que llevaba la esencia de la Rusia esteparia, los condujera por los senderos de la razón y la lógica Pupi se mandó un trago de aquellos y lo mismo hizo SinNombre. Al final llegaron a un acuerdo, primero se le metería el bastón -regalo de Nikolai- en el culo. Este acto de justicia quedaba en manos de la Compañera Chugarri, que había cumplido con su castigo y después, la gorda Mumi procedería a la cirugía con su navaja de Constitución.

 

La lividez de Mook iba en aumento, hubiera querido gritar perdón a los 4 vientos, arrepentirse y cumplir alguna sanción. Algún trabajo comunitario. Pero la Mumi le había sellado los labios con cinta de embalar. Al lado vivía gente y los gritos podían llevar a pensar que estaban en cualquier gilada. Miraba a Chugarri embadurnar el bastón con vaselina o algo parecido y a Gorda Mumi pasar el filo cortante por delante de sus ojos.

 

Cornichelli y Orgambide hicieron una maniobra adecuada que dejó a Mook culo para arriba, el Compañero SinNombre comenzó la cuenta regresiva.

 

Aun no había llegado al 5, cuando una nueva presencia interrumpió el acto de justicia. Eran 5 representantes del Sindicato Policial adherido a la CTA.

 

Compañeros y Compañeras, soy el verdadero Inspector Menchaka, un atroz impostor aquí presente, mancilló mi nombre. Como Policía y Compañero solo vengo a exigir justicia.

 

El Inspector Menchaka auténtico, era igual al Compañero SinNombre, pero no usaba anteojos negros.

-En nombre de la solidaridad proletaria, también reclamamos justicia.

-¡Eso Menchaka, eso!

-¡Justicia Inspector!

-¡Justicia y Solidaridad!

-¡Bien, Compañero Inspector!

 

Los otros 4 delegados aprobaron con gritos encendidos -como surgidos de  calabozos- la petición de Menchaka. Los demás se limitaron a aplaudir. Una nueva ronda de deliberaciones burocráticas comenzaba. En fin, en este país nunca hay justicia.

 

Así está Largentina.

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