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A modo de
prólogo
Desvíos de la izquierda y psicoanálisis
¿Qué nos ayuda a
soportar el drama de la vida sino el humor? y ¿qué
es el humor sino un acto de rebeldía frente al drama
de la existencia? Sigmund Freud, en un breve escrito
de 1927 y oponiéndolo al concepto de chiste que
anteriormente había estudiado, ejemplificaba el
humor en un condenado a muerte un lunes que, ante el
cadalso, expresaba: “¡Bonita manera de empezar la
semana!” y definía: “El humor no resigna, desafía.
Implica no solamente el triunfo del Yo, sino el
principio del placer, que halla en él el medio de
afirmarse, a pesar de las desfavorables realidades
exteriores”. Un proceso similar ocurre en este
cuento de Eduardo Silveyra, en tanto reviste
características biográficas.
Menchaka pertenece al
buró de un partido de izquierda, cuyo funcionamiento
derrama ortodoxia en el orden y la disciplina, en
tanto discurre una doble vida contraria a los
principios enarbolados y llega al paroxismo al
asumir la identidad del enemigo. Parafraseando a
Emile M. Cioran en su escrito sobre la religión
católica, el autor dice: “Hablemos con sinceridad,
lo contrario al monstruo es más o menos lo mismo que
el monstruo…”. La sentencia, que pareciera una
vuelta de rosca de la tristemente contemporánea
teoría de los dos demonios, no es más que una visión
de las tantas facetas de una bestia con cientos de
cabezas y con la capacidad de mostrar, según el
caso, la que convenga a las circunstancias. Ni más
ni menos, un producto acabado del sistema.
Menchaka no es un
cuento “fácil”, su estilo nos remonta a El fiord, de
Osvaldo Lamborghini, con expresiones crudas,
descarnadas, entre las que encontramos un guiño a El
matadero, de Esteban Echeverría: “Al grito matadoril
de: ¡A nalga pelada, denle verga! SinNombre se
disponía a cumplir las disposiciones votadas por
unanimidad”.
Por estas líneas
desfilan políticos, policías y prostitutas y las
instituciones que los contienen. Sindicatos y
centrales obreras no escapan al humor y al sarcasmo.
En definitiva, es un cuento freudiano, ese vienés
tan cercano al filósofo Friedrich Nietsche, quien
escribió: “El hombre sufre tan profundamente que ha
debido inventar la risa”.
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