Qué Inteligencia
queremos y para qué la
queremos, es el desafío
Entrevista a Jorge L. Jouroff

- ¿Como definir que es un Servicio de Inteligencia?

-  Como saben, la palabra “Inteligencia”, tiene tres acepciones, en el sentido que la estamos usando. Por un lado, “inteligencia” es un “producto”; es el resultado de la recopilación de información y de un análisis posterior. En segundo lugar, está la “inteligencia” como “resultado” – o sea – es el resultado de todo eso y el proceso que se deriva de eso. O sea que – en primer lugar – la tenemos como proceso y - en segundo lugar - como resultado, el análisis, ¿verdad? En tercer lugar tenemos la otra acepción que es “inteligencia” como “organización”, que es la parte que me están pidiendo que desarrolle más. Y - allí - entendemos una organización destinada a la búsqueda de la información, a su recopilación y a su análisis. De esa forma, el final de todo eso, el análisis, es lo que se llama un “producto de inteligencia”.

 

 Y el ciclo – también – tiene las tres acepciones. Nosotros nos vamos a referir a la acepción que es una “organización”, o sea: un conjunto de personas, dependiente de un organismo estatal – en este caso – que recopila la información, la archiva, la analiza y todo eso deriva en un producto que es un “informe de inteligencia”, o sea, un conjunto de datos razonados sobre un tema determinado. Conviene no confundir “información” con “inteligencia”. La “información” es una serie de datos, la “inteligencia” supone – dentro del ciclo – el análisis. Quiere decir que se necesita un marco conceptual para entender esa cantidad de datos que aparecen, a veces en forma conexa y a veces inconexa. Es la realidad. Inteligencia supone – sobre todo – análisis, no sólo en la búsqueda de los datos, no sólo en el archivo de los datos, sino su análisis, su interrelación. Entonces, cuando hablamos de “servicios”, hablamos de ese tipo de organización.

 

- ¿Con qué servicios de inteligencia cuenta Uruguay?

- A nivel del Estado uruguayo existen organismos que hacen “inteligencia” en el Ministerio del Interior, en el Ministerio de Defensa; podemos considerar que también en el Ministerio de Relaciones Exteriores hay organismos que recaban información, hay organismos que recaban información financiera. Es decir que son una serie de - yo no utilizaría la palabra “agencia”, utilizaría la palabra “organismo”, legales  - por supuesto – reglamentados y que los llevan a sus respectivos Ministerios. La “inteligencia” la podemos definir – a grandes rasgos, si se efectúa en el interior del país, como “inteligencia interna”. Es – fundamentalmente – la que realiza el Ministerio del Interior. El Ministerio del Interior – como ustedes saben – se compone del ministro, las autoridades ministeriales: sub-secretario y director general, direcciones nacionales y jefaturas. Dentro de las direcciones nacionales, está la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, está INTERPOL, está la Dirección Nacional del Tráfico Ilícito de Drogas – conocida generalmente como la Brigada Antidrogas, pero su nombre ya es una dirección nacional – existen brigadas de investigación en el resto del aparato policial, en la distribución territorial de las jefaturas, que son de investigación y son de información, no son de inteligencia pero – en fin – recopilan información; y algunas otras direcciones que pueden llegar a ser auxiliares, llegado el caso. La Dirección Nacional de Información e Inteligencia depende – directamente – del Ministro del Interior o de quien él designe, o sea, su director responde ante el ministro.  Cuando digo que responde directamente al ministro, quiero decir que informan directamente al ministro, salvo que el ministro disponga que haya una persona que se encargue de ello – su director -. Las demás, todas responden al ministro pero – también – al resto de las jerarquías.

 

- ¿La que está en el Ministerio de Relaciones Exteriores?

- Le estaba hablando de las que están dentro del Ministerio del Interior, no salí aun del Ministerio del Interior.

 

- Sigamos…

- Dentro del Ministerio de Defensa, también tenemos a las autoridades ministeriales y – simplificando, porque no es tan sencillo – tenemos después a las tres armas. Cada una de las tres armas tiene – dentro de su Estado Mayor – una sección que es “inteligencia”. Ellos le llaman “información”, pero cumple los roles de “inteligencia”. De esa forma tenemos: inteligencia naval, inteligencia del ejército e inteligencia de la fuerza aérea, más la inteligencia de la Prefectura Nacional Naval. O sea que – a nivel militar – son cuatro. Los militares deberían hacer inteligencia externa – a mi juicio – es decir, estar al tanto de las capacidades y las intenciones de los posibles adversarios en el caso de la defensa nacional.

 

El Ministerio de Relaciones Exteriores tiene un Departamento de Inteligencia Comercial que recopila datos necesarios para ese manejo. El Banco Central tiene una Unidad de Inteligencia Financiera – la UIF – y hay un Comité de Lavado de Anti-activos que dependía de Presidencia de la República. Y está el caso particular de la DINASIE – la Dirección Nacional de Inteligencia de Estado que – en estos momentos – está en la órbita del Ministerio de Defensa Nacional. La Dinasie tiene una historia que arranca del SID – Servicio de Información para la Defensa – pasa la dictadura con diversos nombres, que nos los vamos a dar para no aburrir, pero son cinco o seis nombres – y por decreto del ex-presidente Sanguinetti al fin de su mandato, pasa a transformarse en Dirección Nacional de Inteligencia del Estado y a ser dependiente – como lo era antes, de todas formas – del Ministerio de Defensa Nacional. La Dinacie tiene entonces dos características: está ubicada dentro del Ministerio de Defensa Nacional pero – al ser Inteligencia del Estado – abarca una serie de temas que salen de lo militar. Notoriamente “terrorismo” e inteligencia interna, lo cual es un punto conflictivo acerca de si debería estar allí o no. Y por último – a principios del primer gobierno frenteamplista de Tabaré – se creó la figura del “coordinador” de los servicios de inteligencia, dependiente de la Presidencia, directamente. Este es un cargo que no fue llenado hasta ahora, hasta el inicio del segundo gobierno, donde sí se nombró un coordinador. No hay mucha más reglamentación al respecto y debe tener dos o tres meses de nombrado en el cargo.

 

- Eso todo converge en el Poder Ejecutivo, en el Presidente…

- Claro, claro, son actividades del Poder Ejecutivo. Si la pregunta viene por los otros poderes, el Poder Legislativo lo que hace – normalmente – es controlar las actividades de inteligencia.

 

- Controlar su funcionamiento, no su producción.

- No. En los países que tienen servicios de inteligencia bastante más desarrollados que el nuestro, con otros medios y con otros presupuestos que no tienen ni comparación – salvo muchos ceros después – lo que existe normalmente es un Comité Parlamentario. El Poder Legislativo controla las actividades del Poder Ejecutivo en materia de inteligencia. Puede controlar – en parte – el producto – y cuando decimos “en parte el producto”, decimos los informes del Estado Mayor.

 

Segunda cosa, controla el presupuesto, en cuanto a los fondos de inteligencia y a la utilización de los fondos de inteligencia. Porque algunos – como usted sabe – son reservados. Pero la estructura de inteligencia requiere cierta financiación y eso sí es lo que controla. Controla sus actividades – dentro de los marcos legales – y, en algunos casos, legisla, porque esa actividad de inteligencia requiere legislar sobre ella: qué límites, qué organización. La Dinacie – como usted sabe - se constituyó mediante un decreto-ley y – aparentemente – se pretende ahora legislar sobre la materia con un acuerdo que además establezca – no sólo la constitución del coordinador, porque en realidad aquí también cabe aclarar que acá el único nombrado es el coordinador, del resto de la estructura no hay nada. No sólo el resto de eso sino las formas de control parlamentario. Entre otras cosas – aparte de los temas que ya mencionamos como presupuesto, etc., el secreto que necesariamente deben guardar los parlamentarios que integran una comisión con respecto a eso, ¿verdad? La reserva.

 

- En el caso de Uruguay, ¿cuál sería – a su criterio – el o los servicios más adecuados que debiera tener?

- No se trata de qué servicios debe tener. Tiene los que tiene. El tema es cómo coordina los que tiene y cómo prioriza alguno sobre otro. O dicho de otra forma, qué tipo de inteligencia debe producir el coordinador, la coordinación de inteligencia o la inteligencia que está ligada a la Presidencia de la República.

 

Porque – nótese – que las otras inteligencias dependen de los ministros. La coordinación de inteligencia depende de la Presidencia de la República, es distinto. Tiene una potestad – yo no diría de supervisión - pero lo que sí tiene es una potestad de coordinación sobre el resto de los servicios.  Entonces no se trata de cuál es el servicio más adecuado, sino de qué tipo de inteligencia estamos hablando. Nosotros hablamos de inteligencia interna, inteligencia externa, inteligencia militar. El coordinador – en principio – o la coordinación, lo que hace es inteligencia estratégica, es decir, se ocupa de temas que atañen a la nación, a la seguridad nacional en su conjunto. Y por lo tanto – yo diría - que resumen su resumen de varias producciones de inteligencia en una. A mi juicio, la inteligencia del estado, la inteligencia estratégica, es – esencialmente – analítica.

 

- La pregunta tenía un sentido que era éste: si el parlamento va a discutir el tema y hasta se menciona la posibilidad de legislar a fondo, quizás el legislador tenga un nuevo proyecto. Por ejemplo – si Uruguay tiene tantos organismos dedicados a cosas afines o parecidas, quizás el legislador piense que algunos de estos servicios son ociosos o son necesarios otros. - Bueno, para empezar, yo le estoy dando una opinión personal, no sé lo que piensan todos los legisladores que están allí, que estén tratando el tema. Conozco algunas opiniones pero – hasta donde yo conozco – no van en ese sentido. Más bien van en el sentido de ver los límites y los controles sobre las entidades de inteligencia. Todas y – en particular – la de la coordinación. Pero no en el sentido de cuáles son necesarias y cuáles no. Porque las inteligencias son específicas. Pongamos como ejemplo la inteligencia dentro del Ministerio de Defensa: una cosa es la inteligencia militar en el Ejército, otra es la de la Fuerza Aérea. La inteligencia militar – en general – lo que estudia y codifica son las capacidades de nuestros posibles adversarios – fundamentalmente - y su intencionalidad. Y la mayoría de los datos está en Internet, no está en otro lado. Quieren saber la composición de sus ejércitos, su doctrina, su armamento, conocer la historia del país. Eso es análisis. Y las especificidades que vienen de cada una: la terrestre con énfasis en los ejércitos, la naval con un posible componente naval, la aérea, etc. etc., ¿verdad? Entonces no es que el número determine si son muchas o pocas. Lo que es clave es lo específicas que son. Tomemos, por ejemplo, el lavado anti-drogas: tiene que tener acceso a un servicio de información económica, por supuesto. Tiene que clasificar el servicio de información. Pero es una información destinada a otra cosa. Eso no tiene nada que ver con el aspecto militar, se refiere a aspectos de seguridad pero financieros. La inteligencia del  Ministerio del Interior es interna, se refiere a aspectos de seguridad, pero interna. Entonces, el tema no es si hay muchas o pocas, sino cuáles hay y cómo trabajamos con el conjunto de ellas. Ese es el problema.

 

- ¿Cómo está Uruguay parado en este tema, con respecto a sus vecinos y al continente?

- Bueno – en general - en el continente, yo no diría que todos los países, pero la mayoría – tienen inteligencias que funcionan dentro del Estado con características similares a las nuestras. En cuanto a números, algunas con muchos más recursos y personal que nosotros. Si hablamos de los dos países vecinos, obviamente Argentina y Brasil. Buen, en Brasil existe la ABI – Agencia Brasileña de Investigaciones – que coordina una serie de agencias dentro de Brasil con muchísimo más personal y capacidad – obviamente – que la que pueda tener Uruguay. Argentina es un caso particular. Como tiene otra composición de sus Fuerzas Armadas, porque tiene fuerzas intermedias, al igual que Brasil. En Argentina es la Gendarmería, en Brasil es la Prefectura y también tienen inteligencias a nivel en ese sentido y tiene un organismo, como la SIDE, que es la que reúne o recopila información. En Argentina con el agregado de que también es operativa. Pero baste pensar en países que son federales, con provincias del tamaño de Uruguay o más grandes, la tarea que es coordinar, por ejemplo, la información interna de ellos, donde tienen órganos de coordinación interna, que deben tenerlos, y es una tarea mucho más compleja que lo que puede tener Uruguay, en ese sentido, que es un país más pequeño. Lo que sí hay que tener en claro – a mi juicio – y eso sirve para desmitificar el tema de inteligencia, son dos cosas: primero, muy buena parte de la información es pública.

 

El problema es analizarla, pero en Internet hay información suficiente sobre esto. En segundo lugar, la inteligencia es una herramienta y – como todas las herramientas – está en función de lo que queremos de ella. Yo creo que ese debería ser el titular más grande. Desmitificar la inteligencia implica entender que la inteligencia – lo que produce – son análisis; que algunos pueden ser reservados, otros no tanto, pero son análisis. La inteligencia estratégica produce análisis para el decisor, para el que toma las decisiones, no elige de por sí. Si usted es el coordinador, usted le da al Presidente dos o tres opciones. Quien toma la decisión es el Presidente de la República. Y – en los casos de los ministerios – ocurre exactamente lo mismo.

 

 En un escalón inmediatamente inferior, las inteligencias producen análisis y da opciones. Quien decide es el ministro. Quizás la característica más notable de la inteligencia estratégica – a mi juicio – puede ser fundamentalmente analítica, no operativa. Cosa que no ocurre lo mismo con el resto de las inteligencias. Pero en todas, el concepto es que la inteligencia es parte del conjunto de las capacidades, es la clave para entender que la inteligencia – de por sí – no resuelve ningún problema, sino que se inserta en un mundo de problemas y ofrece análisis y soluciones sistematizadas. Para eso tiene información y para eso tiene banco de datos, para poder producir inteligencia y análisis en el momento adecuado y en el momento oportuno para quien toma la decisión.

 

- ¿De qué material humano deben nutrirse estos servicios para que tengan ese contexto que usted le da al tema?

- Nosotros decíamos que este es un trabajo en equipo. Nosotros hablábamos que la inteligencia se podría leer como un producto, como un ciclo, como una realización. En el caso de un ciclo, cuando uno estudia más, entiende que el ciclo de inteligencia – o sea – la búsqueda de información, su recopilación, su archivo y su análisis, lo que hacen es reiniciar el ciclo permanentemente. Y – en realidad – en nuestra organización eso se vio reflejado, porque se necesita personal capacitado para la búsqueda de información, se necesita personal para la parte de archivo y se necesitan – sobre todo – analistas, que son los que producen los análisis. No hay ningún grado que sea “analista de inteligencia” diplomado. No, no es así. Las agencias de inteligencia, cuando buscan analistas, los buscan dentro del mundo militar, dentro del mundo policial, civil, universitario, acorde al objeto que hay que analizar. Por eso lo fundamental acá son las definiciones políticas que debe dar el Poder Ejecutivo, acerca del tipo de inteligencia que está pidiendo, que está exigiendo. Porque si son insumos para la toma de decisiones, el primero que tiene que hablar es el que toma las decisiones y tiene que pedir el tipo de información que requiere. En base a eso se empieza a trabajar en equipo y a conformar un equipo más amplio.

 

- Ya que hablamos del material humano – o sea – de quienes pueden participar en una actividad de este tipo, en Uruguay hay un especie de sesgo negativo, tienen mala prensa quien participa en una actividad de este tipo.

- Si, en parte la inteligencia tiene una fama triste, por las actividades de la dictadura, donde se la asocia a una parte oscura, se la asocia también con torturas, con actividades delictivas en cuanto a derechos humanos… Pero acá uno podría hacer un símil: un bisturí en manos de un cirujano, salva vidas, en manos de un asesino, mata. O sea que la culpa no la tiene el bisturí, la tiene la mano que lo utiliza.

 

No hay ningún país en el mundo que prescinda de los servicios de inteligencia. El tema es para qué los queremos, cómo los controlamos, qué producen, qué le pedimos a los servicios de inteligencia. Esa es la clave. Yo creo que Uruguay está en una etapa de madurez, donde se puede hablar de inteligencia como de otras actividades, como se habla en el resto de los países del mundo, donde existen agencias de inteligencia, donde se debe conocer su presupuesto, cuánto gasta, en qué gasta. No se conoce – a veces – la identidad de los agentes, cosa que es lógica, pero algunos analistas, sí. De los productos que el Poder Ejecutivo estime, ¿por qué no? Esas son las condiciones del contralor parlamentario, donde el representante del partido gobernante – obviamente – pero de la oposición también, tienen acceso a la información, tienen potestades como para saber qué es lo que se está haciendo. En ese sentido la inteligencia es una actividad como cualquier otra.

 

-¿Debe Uruguay – en este marco – buscar ayuda de las naciones más desarrolladas, sobre estos temas?

- ¿Qué entendemos por ayuda?

 

- En el sentido – concretamente -  de la calificación del personal, aunque también podría ser – le agrego – de las tecnologías.

- Bueno, por eso le preguntaba qué tipo de ayudas. Sobre las fuentes de información quiero hacer una consideración previa: así como definimos lo que sería el título de que la inteligencia es nada más que una herramienta, el sub-título sería: “¿una herramienta para qué?”. Cada país tiene que definir el tipo de inteligencia que va a hacer. Y eso es definir no sólo qué inteligencia precisa, sino definir ué inteligencia puede hacer. Esas son las dos grandes cosas. Los medios de obtención de la información de inteligencia, pueden ser humanos o pueden ser tecnológicos – para no aburrir, ya que hay muchas formas-. Pero hay tecnologías que para Uruguay – directamente – no son adquiribles. Uruguay no va a acceder a esa tecnología, no es accesible.

 

- ¿Por un tema de costos?

- Por los costos y por el secreto que mantienen quienes la tienen. Por ejemplo, hay tecnologías de satélites que requieren cadenas de satélites que la puede tener un país determinado pero no la podemos tener nosotros. Y cuando digo nosotros me refiero – en general – América Latina. Hay una anécdota de que cuando se inició la Guerra en el Golfo, tuvimos una charla con un general alemán que nos decía que los europeos no estaban de acuerdo con esa guerra. Y le preguntábamos, ¿por qué si no estaban de acuerdo no lo manifestaban? Y nos respondió que “para monitorear la Guerra del Golfo se precisaban 28 o 30 satélites. Estados Unidos tiene 26, nosotros tenemos 1, nuestra opinión no cuenta mucho”. ¿Usted cree que la participación es la misma? Yo creo que hay una discusión que es fútil en nuestro caso, por los cosos, por todo este entramado. Hay que saber – por ejemplo – cómo es la tecnología de la inteligencia en países como Estados Unidos donde – contrariamente a lo que se piensa - la CIA, por ejemplo, no recibe el mayor presupuesto. El mayor presupuesto lo recibe la MCA que es la agencia que se ocupa de la tecnología del espionaje electrónico. ¡Y son cifras que son impensables! Y – aunque tuviéramos el dinero - cosa que no lo tiene América Latina – no tendríamos ni el dominio de la tecnología ni el acceso a ella.

 

Entonces, cuando uno habla de qué inteligencia, uno tiene que pensar de qué tipo de análisis se quiere, qué medios tenemos para eso. Y los medios que tenemos nosotros son – fundamentalmente – humanos, igual que la enorme mayoría del resto de los países de América Latina, hablando de inteligencia a nivel mundial. Nosotros no contamos con los medios necesarios como para decir en una discusión – por ejemplo – “¿copiamos el modelo de los Estados Unidos?”. No, nosotros no podemos copiar el modelo de los Estados Unidos, no tenemos recursos para eso. Y no los tiene Brasil, no los tiene Argentina, no los tiene América Latina. ¿Nos gustaría? ¡Ah, sí! ¡Los juguetes nuevos son preciosos! (risas) Pero no podemos tener ese tipo de inteligencia. Sin embargo nos podemos hacer la siguiente pregunta: “¿cuáles son nuestras necesidades en materia de inteligencia? ¿Podemos producir análisis con la suficiente calidad como para que se pueda auxiliar al gobierno en cuanto a la toma de decisiones?”. ¡Ah, podemos! Pero no nos podemos basar en ese tipo de tecnología, nos tenemos que basar en análisis, en la capacidad humana. Esa sí la tenemos y buena.

 

- ¿Cuál es la diferencia entre “inteligencia” y “espionaje”?

- Como ya lo definimos antes - la “inteligencia” es el “producto” y – en este caso – precisamos de información, archivo y análisis. El “espionaje” se refiere a la obtención de la información, pero cuando yo la obtengo por medios que no son lícitos o que no están legalmente admitidos. Por ejemplo: determinadas informaciones sobre un país, eso es espionaje.

 

- Y en lo interno, ¿también es válido el espionaje?

- ¡No, no, hay reglas muy claras! Por ejemplo, las “escuchas” son formas de espionaje, eso está reglado por ley. No se pueden hacer escuchas o se pueden hacer únicamente por orden del juez. O sea, hay medios. El espionaje se refiere a la obtención de datos, la inteligencia se refiere al producto final que es el análisis. Cuando un país hace espionaje, hace espionaje para obtener datos. Después tiene que analizarlos. Si usted tiene los datos y no los puede analizar, eso no le sirve de nada. De la misma forma que si usted hace los análisis y el decisor – el Presidente de la República, en este caso – no los toma en cuenta, tampoco sirven. De la misma forma que si no le llegan en tiempo, tampoco sirven. Si un país x piensa invadir a otro el lunes y yo le llevo los informes el martes, bueno… Si se los llevo el sábado o el viernes anterior, ¡es una maravilla!, si se los llevo el martes, chau, no sirve (risas). La información no sólo tiene un proceso y un resultado, tiene un tiempo.

 

- Un tema clave en Uruguay a la hora de desarrollar o perfeccionar organismos del Estado es generalmente el tema presupuesto.  ¿Debe el país dedicar un buen presupuesto a este tema?

- Antes de hablar de presupuesto, hay que hablar del proyecto. Antes de saber cuánto voy a gastar en algo, tengo que saber qué quiero. Es decir, yo no hablaría de presupuesto – ahora – porque ni siquiera están explícitos los objetivos, mucho menos puedo saber lo que me van a costar y si es mucho o es poco. Mucho o poco, son conceptos relativos a algo. Yo creo que la seguridad del país y la decisión bien valen. Ahora, ¿de qué estamos hablando? Bueno, eso tiene que decirlo quien debe decirlo. Debe haber un proyecto, con resultados esperados y con costos. Ahí podremos hablar si es mucho, poco, muy barato, muy caro.

 

- De sus razonamientos surge la idea de que a un país – en este caso Uruguay, que es del que estamos hablando – le es muy necesario un instrumento de esta naturaleza. Por lo tanto, la sociedad, a través de sus organismos, debiera dedicarle…

- Si usted me permite, ¿si usted me dice si la inteligencia es necesaria, no si es cara? Yo le diría que sí, que siempre es necesaria, por supuesto. Es más que necesaria. Porque la toma de decisiones al más alto nivel político, al nivel de Estado, requiere información, requiere análisis. Las opciones se hacen después.

 

Pero, ¿sobre qué base se hacen las opciones políticas? ¿Sobre las corazonadas, sobre los pálpitos? ¿O debe existir una provisión de inteligencia? Y, sobre todo, de archivo, ¿verdad?  

 

Yo creo que para cualquier Estado y – en particular – para un país pequeño como el nuestro, es más que necesario. Es un error pensar que porque el país es pequeño no necesita inteligencia. ¡Justamente, porque es pequeño es porque necesita más inteligencia! Necesita saber el entorno mundial, el entorno regional, porque eso lo afecta muchísimo. Afecta a los gigantes de América Latina, como Brasil y Argentina; afecta a Europa. ¿Cómo no va a afectar a un país pequeño? Lo que debemos – a fuerza de ser reiterativo – es determinar qué inteligencia queremos, para qué la queremos. Por eso no podemos copiar modelos a ciegas; tenemos que tener la capacidad de ver cómo funcionan otras inteligencias, con qué medios funcionan, con qué fines y tomar de ellas lo que nos sea útil. Entonces, cuando usted me preguntaba si tenía que haber capacitación, sí, ¡por supuesto que tiene que haber capacitación! ¡Por supuesto que hay que aprender! ¡Por supuesto no hay que olvidar que vivimos en un mundo interrelacionado, donde también se comparten datos de inteligencia! Pero compartir significa que “tu me das, yo te doy”, ¿no? No se comparte con quien no tiene nada o con quien tiene muy poco. Tener inteligencia de buena calidad también va a implicar que  podemos pedir inteligencia de buena calidad. 

 

Jorge L. Jouroff nació en Montevideo, en 1955. Cursó estudios (incompletos) de Ciencias Económicas en la Facultad de Ciencias Económicas y de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de la Republica.  En el área de defensa es egresado del Center for Hemispheric Defense Studies (CHDS), Washington, DC, curso DPRM (Planificación de la defensa y gerenciamiento de recursos, 2003) y del curso para graduados “Formulación de políticas y transformación en defensa”, Asunción del Paraguay, 2004. Ha sido Director General de Secretaría del Ministerio del Interior (ROU) desde el marzo de 2005 al marzo del 2007.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital