Mapa político departamental
en Uruguay: 1925-2010
por Alexandra Lizbona y Miguel Lorenzoni*

Trabajo completo en pdf

 

La  propuesta  en este trabajo es  estudiar  las  elecciones departamentales  en  Uruguay  durante  el período 1925-2010, con el objetivo de indagar acerca de la conformación y el comportamiento de los partidos en los diecinueve departamentos y cuán consecuente fue el cambio de las reglas electorales en cada uno de ellos.

 

En este sentido, es interesante registrar el cambio en la volatilidad electoral para cada departamento y  de  qué  manera  es  la  competencia  local,  como  también  las  tendencias  crecientes  o  decrecientes  que tuvieron los partidos en el marco de las normas que se modificaron

 

En el transcurso de construcción del Uruguay como Estado moderno y su consolidación democrática a  comienzos del siglo  XX, éste  mostró  cambios en su sistema electoral. Un  largo proceso  llevó  a  que  las  elecciones  fueran  el  método  normal  de  decisión  política,  desde  1917 hasta 1925 se produjeron los cambios más importantes respecto a la legislación electoral, por un lado,  el proceso  constituyente  de  1917,  donde  se  establece  la  representación proporcional  y el voto secreto, y por el otro, la Ley de Elecciones de enero de 1925 y la Ley Complementaria de Elecciones del  mismo  año.  Dichas  modificaciones  fueron de  gran  importancia  en el  escenario político   puesto   que   aseguraron   garantías,   legitimidad   y   confiabilidad   en   las   contiendas electorales.

 

Tomando estos acontecimientos políticos como punto de partida, el principal objetivo del siguiente trabajo, es realizar un aporte al estudio del segundo nivel de gobierno del Uruguay y en particular  analizarlo  en  un  periodo  de  largo  plazo  comprendido  entre  las  primeras  elecciones donde las garantías fueron aseguradas (1925) y las últimas elecciones departamentales realizadas en el mes de mayo del año 2010.

 

El presente trabajo, por tanto, se centrará en   estudiar  de qué manera es la competencia local,  como  también  las  tendencias  crecientes  o  decrecientes  que  tuvieron  los  partidos  en  el marco de las normas electorales modificadas.

 

Una  precisión  importante  es  que  esta  investigación está  enmarcada  en una  perspectiva neoinstitucionalista,  considerando  que  las  instituciones  generan  estímulos  y  constreñimientos sobre las acciones de los actores racionales los cuales buscan maximizar sus beneficios. A partir de  ello,  primero,  se  revisa  sucintamente  la  literatura  de  los  distintos  enfoques  teóricos  que  se ocupan de estudiar las relaciones entre sistema electoral y sistema de partidos.

 

En una segunda parte  se  presenta  las  principales  características  en  el  cambio  de  reglas  electorales  que  se produjeron en el Uruguay en dicho período. Siguiendo la misma línea y con el objetivo de hacer una contribución al estudio electoral partidario en Uruguay a nivel departamental, en una tercera sección, se desarrolla en los diecinueve departamentos un análisis exhaustivo de la conformación del sistema partidario y la competencia dentro del mismo.

 

Importancia de las reglas: Consideraciones teóricas acerca de los efectos del sistema electoral sobre el sistema de partidos.

El  proceso  de  redemocratización  de  los  países  de  América  Latina  ha  conducido  al desarrollo  de  varios  estudios  sobre  los  diseños  constitucionales  y  las  consecuencias  de  la elección  institucional.  Tanto  los  académicos  como  los  políticos  han  estado  examinando  desde entonces dos aspectos principales de las estructuras políticas latinoamericanas:

I. El régimen de gobierno, considerando a la estructura y funcionamiento del presidencialismo y la posibilidad de la alternativa parlamentarista.

 

II. El  sistema   electoral  entendido   como   el  régimen   electoral,   sufragio, organización y sistema electoral (en sentido estricto, esto es, el método de trasladar votos en bancas). (Cardarello 2009: 26)

 

Uno  de  los  debates  más  importantes  de  la  Ciencia  Política  se  produce  a  raíz  de  la incidencia  que  las reglas electorales pueden  llegar  a  tener  respecto  a  los sistemas de  partidos. Hay  quienes  consideran  que  el  sistema  electoral  tiene  un  peso  importante  en  el  sistema  de partidos constituyéndose así como  la principal variable explicativa, otros en cambio relativizan esto y la consideran como una variable más entre otras al considerar que también tienen impactos importantes factores de índole coyuntural, social o cultural de las sociedades concretas donde las normativas son aplicadas. Estos últimos consideran que una  misma  legislación electoral puede producir efectos políticos diversos al ser aplicadas en sistemas políticos diferentes y, en sentido contrario,  normas  diferentes  pueden  producir  efectos  similares  al  ser  aplicadas  en  distintos contextos.

 

Partiendo  de  la  noción  que  los  sistemas  electorales  se  definen  como  mecanismos  para transformar los votos en escaños, bancas o cargos para la conformación de un gobierno, y que la forma de escrutinio  orienta a  la  formación de  los sistemas de partidos de un país,  los trabajos más destacados en torno a qué variables institucionales influyen en la estructuración del sistema de partidos, tienen sus raíces en la obra de Maurice Duverger (1957) Los Partidos Políticos. La misma,  determina  dos  leyes  que  establecen  por  un  lado,  que  el  sistema  de  mayoría  simple  o elección de tipo mayoritario tiende a un sistema dualista con alternativas de los grandes partidos independientes y por el otro, que la representación proporcional y el mayoritario de dos vueltas tiende  a  un  sistema  de  partidos  múltiples,  flexibles,  dependientes  y  relativamente  estables. Asimismo, Duverger explica el bipartidismo, apoyándose en que el sufragio mayoritario tiene un “efecto  mecánico”  que  hace  que  los  partidos  perdedores  estén  subrepresentados  y  un  “efecto psicológico”  actuante  sobre  los  votantes  que  no  desean  desperdiciar  sus  votos  al  hacerlo  por quienes perciben como perdedores.

 

Ante los postulados de Duverger, surgieron diversos cuestionamientos, uno de ellos fue por parte de Douglas Rae, quien realiza un estudio comparativo de 121 elecciones en 20 países, de  donde  establece  una  preposición,  la  cual  indica  que  “…:  “Plurality  formulae  are  always associated with two party competition except where strong local minority parties exist, and other formulae are associates with two party competition only where minority elective parties are very weak…”  (1967:124).

 

Siguiendo  la  misma  línea,  Rae  considera  que  la  asociación  entre  la representación proporcional y el multipartidismo  no  es una condición necesaria para que exista un tercer partido, agregando así una variable para explicar los efectos de las reglas electorales en los sistemas de partidos: el tamaño de la circunscripción. Con esto establece otra preposición que afirma que los distritos uninominales tenderían a conducir al bipartidismo.

 

Un tercer autor clásico sobre los sistemas electorales y su influencia en los sistemas de partidos  es  Dietter  Nohlen  (1981),  quien  considera  que  el  sistema  de  partidos  no  es  sólo dependiente de factores institucionales, sino también de factores socioestructurales o históricos. A  partir  de  ello,  construye  nueve  tesis  sobre  los  efectos  de  los  sistemas  electorales,  donde propone evitar razonamientos tautológicos al momento de analizarlos, ya que desde su enfoque, esto no se refiere sólo a la variable numérica del sistema y conviene considerar cuando se habla de estructuración de sistemas de partidos, de su arraigo en una sociedad y del contexto político determinado.

 

Esto  parte  del entendido  que  los  sistemas  electorales  surgen  y  actúan  dentro  de estructuras  sociales  y  políticas  específicas  y  por  tanto,  la  importancia  del  factor  del  sistema electoral es variable y también es cambiante el efecto que ejerce sobre la estructura del sistema de partidos. Siguiendo esta línea, para Nohlen, los sistemas de elección mayoritaria no producen sistemas  bipartidistas,  igual  que  los  sistemas  de  elección  proporcional  no  producen  sistemas multipartidistas, sino que, en todo caso, fortalecen las tendencias sociales y políticas que apuntan es estas direcciones.

 

Por otra parte, Mark Jones (1995) estudia los efectos del sistema electoral en el número efectivo  de  partidos  a  nivel  parlamentario.  El  autor,  asevera  que  con  un  sistema  de  mayoría simple es difícil que existan estímulos para la formación de nuevos partidos, a diferencia de lo que sí ocurre en un sistema de dos vueltas, donde la fragmentación partidaria es más proclive a existir.  

 

Asimismo   afirma   que   la   simultaneidad   de   las   elecciones   presidenciales   con   las legislativas, reduce la fragmentación del sistema de partidos.

 

Por último, last but not least, la más reciente literatura sobre los sistemas electorales y sus efectos en la estructuración partidaria, tuvo un progreso importante a comienzos del siglo XXI con el trabajo de Gary Cox (2004), quien procuró conciliar el paradigma institucionalista con el de  la  sociología  política,  en  razón  de  su  preocupación  por  la  interacción  entre  los  sistemas electorales y los clivajes sociales. En consecuencia, afirma que el número de partidos de un país aumenta  con  la  diversidad  de  la  estructura  social  y  con  la  proporcionalidad  de  la  estructura electoral. “El hecho de aumentar la proporcionalidad de un sistema electoral en una sociedad homogénea  no  multiplica  los  partidos,  pero  sí  lo  hace  en  las  sociedades  heterogéneas.

 

Análogamente, el aumento de la diversidad de la  estructura  social en un  sistema electoral no proporcional no multiplica los partidos, pero sí lo hace en un sistema proporcional” (2004:45). Siguiendo  la misma línea, Cox desarrolla tres etapas claves que corresponde considerar cuando se explica la cantidad de votos o de escaños obtenidos en un gobierno dado. La primera etapa consiste en transformar los clivajes sociales en preferencias partidarias; la segunda consiste en  transformar  las  preferencias  partidarias  en  votos,  y  la  tercera,  en  transformar  los  votos  en escaños.

 

Debate régimen electoral y sistema de partidos, en el escenario uruguayo

Este debate que se plantea en términos generales no es ajeno a la realidad uruguaya y en tal sentido hay analistas que se ubican más cercanos a la idea de que el sistema electoral tiene un peso  importante  en  el sistema  de  partidos  y otros  más  cercanos  a  los  planteos  de  de  Nohlen. Dentro  de la primera  vertiente se ubican Carlos  Real de  Azúa (1988), Luis Eduardo  González (1993), Gerardo Caetano (2003) y José Rilla (2003) entre otros. Real de Azúa considera que “… el caso uruguayo es probable que represente el ejemplo máximo de una determinación jurídica del aparato partidario” (1988:70). En esta misma línea lo hace también el analista Luis Eduardo González  quien  establece  que  la  estabilidad  del  bipartidismo  uruguayo  resulta  de  la  acción combinada  del  marco  institucional  y  de  las  leyes  electorales:  “…la  regla  de  pluralidad  o mayoría relativa de la carrera presidencial, que es el cargo más importante y se elige de forma simultánea  con  los  demás  cargos,  constituyó  el  elemento  activo  que  impulsaba  un  formato bipartidario” (Sotelo, 1999:148). Caetano y Rilla sostienen que la normativa previa a la reforma de 1996 “...ha sido funcional a la permanencia de la estructura partidaria configurad”.

 

En línea con los planteos de Nohlen ubicamos a nivel nacional a Oscar Bottinelli (1998) quien no cree que los sistemas electorales tengan efectos tan contundentes. De este modo ellos serían una variable explicativa dentro de otras y no la variable principal. Bottinelli sostiene que si bien la legislación electoral no tiene efectos neutros no se puede sostener que si esta hubiese sido distinta los partidos tradicionales y el bipartidismo  no hubieran sobrevivido. En sintonía a esta idea Pablo Mieres (1998) sostiene “…las reglas electorales por supuesto que siempre son más  proclives  a  mantener  el  statu  quo,  pero  no  eran  el  factor  decisivo  que  explicaba  ni  la continuidad  de  los  partidos  tradicionales,  ni  la  falta  de  crecimiento  de  terceras  opciones (1998:15)”. 

 

Y  afirma  como   indicadores  empíricos  de  esto  que  sin  haber  cambios  en  la legislación electoral se dio el surgimiento del Frente Amplio en 1971 y su po sterior crecimiento electoral  así  como  también  el  surgimiento  del  Nuevo  Espacio  en  el  año  1989.  Siguiendo  la misma  línea,  quien  también  se  ubica  en  esta  perspectiva  es  Aldo  Solari  quien  sostiene  “…el sistema electoral…no puede impedir que aparezcan fenómenos políticos nuevos, como muchas veces se supuso, cosa que constituye una prueba más de lo relativo de su influencia (1988:147)

 

Importancia del estudio del nivel subnacional

Hacia  fines  del  siglo  XX  las  ciudades  han  adquirido  un  nuevo  protagonismo,  con  u na tendencia cada  vez  mayor a que  sean centro  de decisiones, de estrategias propias, de políticas innovadoras,            artífices          de            relaciones            comerciales  punto            a punto  sin            intermediación de jurisdicciones provinciales o nacionales (Iturburu 2000; 7).

 

En sintonía con este planteo  Carrillo  (1989) destaca  la relevancia de  la política  local al sostener que en los últimos tiempos “las elecciones locales pierden su carácter de meras elecciones administrativas  para  ejercer  una  influencia  significativa  en  las  consultas  de  ámbito  superior;  es decir,  la  política  local se  convierte a  su  vez  en una  variable  independiente respecto  a  la  política nacional.”  (Carrillo 1989: 29).

 

En  lo  que  tiene  que  ver  con  el  estudio  de  unidades  subnacionales  propiamente,  se distinguen dos estrategias de análisis. En primer lugar comparaciones dentro del mismo país, o sea estudio en los que se analizan las unidades subnacionales de un solo país; y en segundo lugar comparaciones que agrupan casos subnacionales de dos o más países.

 

Cada uno de estos abordajes cuenta con ventajas. En las comparaciones que se realizan al interior de un país, las unidades subnacionales se pueden equiparar a menudo más fácilmente en las  dimensiones  culturales,  históricas  y  socioeconómicas  que  cuando  comparamos  unidades nacionales  entre  sí.  Al  ejercer  un  mayor  control  sobre  las  condiciones  no  políticas,  lo  que generalmente es posible en los estudios que comparan unidades nacionales, resultará  más fácil establecer cómo la variación de las instituciones políticas opera sobre la dinámica política. En lo que  tiene  que  ver  con  las  comparaciones  entre  unidades  subnacionales similares  de  diferentes países se posee la ventaja de poder hacer inferencias de mayor alcance que cuando nos limitamos al estudio de subunidades de un mismo país. (Cardarello, 2009: 56)

 

Reseña histórica y características más  destacadas de la legislación electoral

El sistema  electoral que  desde  los  comienzos  del  Uruguay  independiente  rigió  durante casi todo el siglo XIX establecía un sistema mayoritario extremo para la elección de la Cámara de  Representantes  y  un  sistema  mayoritario   indirecto  para  la  elección  de  la  Cámara  de Senadores. El último cuarto del  siglo XIX fue sumamente fructífero en materia de debate sobre el sistema  electoral.  El periodo  entre  1872  y 1897  se  caracterizo  por  dar  inicio  a  la  discusión sobre representación de minorías y representación proporcional y por la propuesta del doble voto simultáneo  aunque  ninguna  tuvo  andamiento  en  ese  momento. 

 

Como  señala  Daniel  Buquet (2003)            la            coyuntura      de 1897, con            la            renovación     del            pacto            de            coparticipación, pero fundamentalmente con la inclusión de la representación de las minorías a nivel legislativo marca el inicio de un período que culminará con la reforma constitucional de 1918. El régimen electoral que se aplicó en nuestro país desde su surgimiento como nación independiente hasta la primera reforma   constitucional   se   fue   modificando   en   la   dirección   de   incorporar   y   ampliar   la representación de las minorías.

 

Son de vital importancia también en lo que respecta a la legislación electoral uruguaya las leyes  de  1924  y 1925.  La  ley 7.690  del 9  de  Enero  de  1924  se  destacó  por  crear  el Registro Cívico  Nacional  y  la  Corte  Electoral  la  cual  tenía  como  función encargarse  de  organizar  los actos  electorales. 

 

El  16  de  Enero  de  1925  se  aprobó  la  Ley  de  Elecciones  (Nº  7812)  que estableció normas “referentes a la clasificación, inscripción y actuación de los partidos políticos en  el  proceso  pre  y  postelectoral”.  Finalmente  el  22  de  Octubre  de  1925  se  dictó  la  Ley Complementaria   de  Elecciones  (Nº   7912)   compuesta   “por  un  conjunto   de  disposiciones referentes            a            la            manera de            determinar     el            número          de            Representantes

Nacionales            que correspondían  a  cada  departamento  de  la  República  y  a  la  forma  de  realizar  los  escrutinios para los diversos cuerpos que se integran, de acuerdo al resultado de las elecciones” (Buquet, 2003:144).

 

Un largo proceso llevó a que las elecciones fueran el método normal de decisión política. Desde  1918  hasta  1925  es  cuando  se  produjeron  los  cambios  más  importantes  respecto  a  la legislación  electoral. 

 

La  Constitución  de  1918  elaboró  un  sistema  electoral  que  combinaba  la representación proporcional para la elección de la Cámara de Representantes, la elección directa y por mayoría simple del Poder Ejecutivo y el doble voto simultáneo,  aunque la representación proporcional ya había sido aplicada para la elección de la Asamblea Constituyente de 1916 y el doble voto simultáneo se había  incorporado 1910. A partir de esto, la elección de 1925 estuvo regida  bajo  las  normas  de  la  Constitución  de  1918,  donde  se  establece  que  el  gobierno  y administración local sería ejercido por una Asamblea Representativa y por uno o más Consejos de administración autónomos, con una duración de tres años. Estos cargos, se mantuviero n hasta la elección de 1931, ya que en la reforma constitucional de 1934, se eliminaron los Concejos de Administración Departamentales y Asambleas Representativas, sustituyéndose, respectivamente, por Intendentes y Juntas Departamentales. Estos nuevos cargos, nuevamente tendrán cambios en la  forma  de  ser  electos,  en  la  reforma  constitucional  de  1942  se  estableció  que  se  votará conjuntamente  en  la  misma  hoja  de  votación  para  Intendente  y Miembros de  las  juntas  y con absoluta  separación  de  las  demás  hojas  de  votación  de  las  elecciones  nacionales. 

 

Esto  no  fue regido para la elección llevada a cabo en ese mismo año, sino para la siguiente, 1946, en la cual surgieron también, agrupaciones accidentales que se presentaron a disputar dichos cargos. Esto fue posible ya que para las elecciones de 1946 y 1950 se permitió el “voto cruzado”, pudiendo así el  elector  votar  por  dos  lemas  distintos  para  la  elección  nacional  y  la  departamental.  Este cambio en las reglas electorales como veremos, derivará en un aumento significativo del número efectivo de partidos.

 

Por  último,  es  importante  destacar  las  características  actuales  del  sistema  electoral uruguayo, por un lado, producto de la reforma constitucional que hubo en 1996, se separan las elecciones nacionales de las departamentales, haciéndose de ese modo posible que el elector vote a partidos diferentes para cada uno de los niveles de gobierno, por el otro, a finales de 2009, se aprobó  la  Ley de  descentralización,  la  cual  creó  un  nuevo  nivel  de  gobierno  –  el  municipio-, surgiendo así, el cargo de alcalde y concejales. Ante esto, debemos aclarar que los efectos de esta ley,  la  cual  se  implementó  en  la  última  elección  de  mayo  2010,  exceden  los  objetivos  y posibilidades de este trabajo.

 

De  esta  manera,  al analizar  en  este  trabajo  las  unidades  subnacionales  de  Uruguay,  se utilizará para observar el cambio en el sistema de partidos dos indicadores principales, el primero es el número efectivo de partidos, tomando la fórmula dada por Laakso y Taagepera (1979), su cálculo  consiste  en  determinar  el  inverso  multiplicativo  de  la  suma  de  los  cuadrados  de  las proporciones de  votos o  bancas en cada uno  de los partidos que se presenta  a en una elección dada.  Esto  se  expresa  con  la  siguiente  fórmula:  1/Spi2.  El segundo  indicador,  es  la  diferencia porcentual entre  el partido  ganador  de  cada  elección  de  cada  departamento  y el  segundo  más votado,  analizando  de  esta  forma,  el  grado  de  competencia  que  se  presenta  dentro  de  la estructuración  partidaria.  A  continuación  se  desarrolla  dicho  análisis  por  departamento.  Es importante  destacar  que  para  el  cálculo  del  Número  Efectivo  de  Partidos  se  utilizaron  los resultados considerando a la totalidad de los partidos. La presentación dada a continuación con la categoría   “otros”   se   utilizo   por   motivos   de   espacio   pero   no   para   realizar   los   cálculos matemáticos.

 

*) Alexandra Lizbona – FCS-ICP Alexandra.lizbona@gmail.com

Miguel Lorenzoni- FCS-ICP- miguelorenzoni@gmail.com

 

Trabajo presentado en el III Congreso Uruguayo de Ciencia Política

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital