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Discurso sobre Irak
desde la Oficina Oval
por el
presidente de EEUU Barack Obama
Alrededor de 100 mil soldados se han retirado de
Irak, como lo había indicado un cronograma
establecido inicialmente por el ex presidente Bush y
el actual presidente Barack Obama desde su campaña
electoral. Con este motivó el jefe de la Casa Blanca
pronunció este discurso.
En su
punto máximo la invasión de EEUU. en Irak, contó con
más de 165.000 soldados estadounidenses. Se calcula
que han pasado por aquel país un millón de hombres
desde el comienzo de la guerra. De ellos, 4.400 han
fallecido y 34.268 han resultado heridas, según el
Pentágono. Las victimas del pueblo irakí se calculan
en más de 100 mil personas. Hoy quedarían alrededor
56.000 soldados y miles de civiles norteamericanos
en misiones especiales.
Hoy
quisiera hablarles acerca del fin de nuestra misión
de combate en Irak, los desafíos de seguridad que
todavía enfrentamos y la necesidad de reconstruir
nuestra nación aquí en casa.
Sé que
esta histórica ocasión viene en momentos de gran
incertidumbre para muchos estadounidenses. Hemos
pasado casi una década en guerra. Hemos soportado
una recesión larga y penosa. Y a veces, en medio de
estas tormentas, el futuro que estamos tratando de
construir para nuestra nación, un futuro de paz y
prosperidad duraderas, parece estar fuera de nuestro
alcance.
Pero
este momento histórico debe servir como recordatorio
para todos los estadounidenses de que el futuro está
en nuestras manos si avanzamos con confianza y
determinación. Y también debe servir como un mensaje
al mundo de que Estados Unidos de América tiene la
intención de retener y afianzar su liderazgo en este
joven siglo.
Desde
este despacho, hace siete años y medio,
el Presidente Bush anunció el inicio de operativos
militares en Irak. Mucho ha cambiado desde esa
noche. Una guerra para desarmar a un estado se
convirtió en una lucha contra la insurgencia. El
terrorismo y la pugna sectaria amenazaron destrozar
a Irak. Miles de estadounidenses perdieron la vida;
decenas de miles fueron heridos. Nuestras relaciones
exteriores se vieron afectadas. Se puso a prueba la
unidad nacional.
Éstas
son las aguas tormentosas que encontramos en el
curso de una de las guerras más largas de Estados
Unidos. Sin embargo, ha habido una constante en esas
mareas cambiantes. En todo momento, los hombres y
mujeres que visten el uniforme de Estados Unidos
prestaron servicios con valentía y determinación.
Como Comandante en Jefe, siento orgullo por los
servicios prestados. Como a todos los
estadounidenses, admiro su sacrificio y los
sacrificios de sus familiares.
Los
estadounidenses que prestaron servicios en Irak
completaron todas las misiones que se les
encargaron. Derrotaron a un régimen que aterrorizaba
a su pueblo. Junto con los iraquíes y los aliados de
la coalición que hicieron sacrificios enormes,
nuestros soldados lucharon calle por calle
para ayudar a que Irak pudiera aprovechar la
oportunidad de un futuro mejor. Cambiaron de táctica
para proteger al pueblo iraquí; capacitaron a las
Fuerzas de Seguridad de Irak, y eliminaron líderes
terroristas. Gracias a nuestros soldados y civiles,
y gracias a la fortaleza del pueblo iraquí, Irak
tiene la oportunidad de aspirar a un nuevo destino,
aunque queden muchos desafíos.
Entonces, esta noche, anuncio que la misión de
combate de Estados Unidos en Irak ha concluido.
La Operación Libertad Iraquí ha terminado, y el
pueblo iraquí ahora tiene la responsabilidad
primordial de la seguridad de su país.
Ésa fue
mi promesa al pueblo estadounidense como candidato a
la presidencia. En febrero pasado, anuncié un plan
para la salida de las brigadas de combate de Irak a
la vez que redoblábamos nuestros esfuerzos para
consolidar a las Fuerzas de Seguridad de Irak y
apoyábamos a su gobierno y a su pueblo. Eso es lo
que hemos hecho. Ya han salido casi 100,000
efectivos estadounidenses de Irak. Hemos cerrado o
trasferido cientos de bases a los iraquíes. Y hemos
trasladado millones de piezas de equipo fuera de
Irak.
Esto
completa la transferencia de responsabilidad a Irak
de su propia seguridad. Las tropas estadounidenses
salieron de las ciudades irakíes el verano pasado, y
las fuerzas de Irak tomaron el mando con
considerable destreza y compromiso para con sus
conciudadanos. Incluso a pesar de que Irak sigue
sufriendo ataques terroristas, el número de los
incidentes de seguridad ha sido entre los más bajos
registrados desde que empezó la guerra. Y las
fuerzas de Irak han llevado la lucha a Al Qaida,
derrotando a muchos de sus líderes en operativos
encabezados por iraquíes.
Este año
también se vio que Irak tuvo elecciones dignas de
crédito que atrajeron a muchos electores. Ahora hay
un gobierno interino mientras los iraquíes forman un
gobierno basado en los resultados de esa elección.
Esta noche, aliento a los líderes de Irak a que
avancen con carácter de urgencia en la formación de
un gobierno inclusivo que sea justo, representativo
y que rinda cuentas ante el pueblo iraquí. Y cuando
el gobierno asuma el mando, no debe caber duda: el
pueblo iraquí tendrá un aliado leal en Estados
Unidos. Nuestra misión de combate ha terminado, pero
no nuestro compromiso con el futuro de Irak.
En meses
próximos, permanecerá en Irak una fuerza de
transición con tropas estadounidenses cuya misión es
diferente: asesorar y ayudar a las Fuerzas de
Seguridad de Irak, apoyar a las tropas iraquíes en
misiones antiterroristas específicas y proteger a
nuestros civiles. Conforme con nuestro acuerdo con
el gobierno de Irak, todas las tropas
estadounidenses partirán para fines del próximo año.
A medida que nuestras tropas transfieren
responsabilidades, nuestros abnegados civiles
diplomáticos, trabajadores de asistencia
humanitaria y asesores asumen el liderazgo para
apoyar a Irak mientras su gobierno se fortalece,
resuelve sus disputas políticas, reubica a los
desplazados por la guerra y forja lazos con la
región y el mundo. Y ése es el mensaje que está
llevando el Vicepresidente Biden al pueblo iraquí
con su visita de hoy allá.
Este
nuevo enfoque refleja nuestra alianza con Irak a
largo plazo, una alianza basada en intereses mutuos
y respeto mutuo. Por supuesto que la violencia
no va a terminar junto con nuestra misión de
combate. Los extremistas continuarán
poniendo bombas, atacando a civiles e intentando
instigar los conflictos sectarios. Pero al final,
estos terroristas no podrán lograr sus metas. Los
irakíes son un pueblo lleno de orgullo. Han
rechazado la lucha sectaria y no están interesados
en destrucción interminable. Comprenden que, a fin
de cuentas, sólo los iraquíes pueden resolver sus
diferencias y patrullar sus calles. Sólo los irakíes
pueden construir una democracia dentro de sus
fronteras. Lo que Estados Unidos puede hacer y hará
es proporcionar apoyo al pueblo iraquí como amigo y
como aliado.
Terminar
esta guerra es de interés no sólo para Irak, sino
también para nosotros. Estados Unidos ha
pagado un enorme precio para poner el futuro
de Irak en las manos de su pueblo. Enviamos a
muchachos y muchachas a que hicieran enormes
sacrificios en Irak, y gastamos vastos recursos en
el extranjero en momentos en que nuestro presupuesto
está ajustado. Hemos perseverado porque compartimos
esta convicción con el pueblo iraquí: la convicción
de que de las cenizas de la guerra puede nacer un
nuevo inicio en esta cuna de la civilización. En
este notable capítulo de la historia de Estados
Unidos e Irak, hemos cumplido con nuestra
responsabilidad.
Ahora es
momento de pasar la página
A medida
que lo hacemos, se que la guerra de Irak ha sido un
tema contencioso en nuestro país. En esto también,
es hora de pasar la página. Esta tarde hablé con el
ex Presidente George W. Bush. Es bien conocida
nuestra discrepancia sobre la guerra desde el
inicio. Sin embargo, nadie pone en duda el apoyo del
Presidente Bush a nuestras tropas, su amor por
nuestro país ni su compromiso con la seguridad. Como
dije, fueron patriotas los que apoyaron esta guerra,
y patriotas los que se opusieron a ella. Y todos
nosotros nos unimos en reconocimiento a nuestros
hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas, y en
nuestra esperanza por el futuro de Irak.
La
grandeza de nuestra democracia se basa en nuestra
capacidad de superar nuestras diferencias y aprender
de nuestras experiencias a medida que les hacemos
frente a los muchos desafíos futuros. Y ningún
desafío es más importante para nuestra seguridad que
nuestra lucha contra Al Qaida.
Estadounidenses de todo el espectro político
apoyaron el uso de la fuerza contra quienes nos
atacaron el 11 septiembre. Ahora que se avecina el
décimo año de combate en Afganistán, hay quienes con
toda razón hacen preguntas difíciles sobre nuestra
misión allá. Pero nunca debemos perder de vista lo
que está en juego. En este preciso momento, Al Qaida
continúa complotando contra nosotros, y sus líderes
siguen apostados en la región fronteriza entre
Afganistán y Pakistán. Combatiremos, desmantelaremos
y venceremos a Al Qaida, y a la vez evitaremos que
Afganistán vuelva a ser base para los terroristas. Y
debido a nuestra menor presencia en Irak, ahora
somos capaces de usar los recursos necesarios para
ponernos a la ofensiva. De hecho, en los últimos 19
meses, casi una docena de líderes de Al Qaida y
cientos de aliados extremistas a Al Qaida han sido
eliminados o capturados en todo el mundo.
Dentro
de Afganistán, he dispuesto la movilización de
soldados adicionales, quienes bajo el mando del
general David Petraeus, están luchando para
restarles impulso a los talibanes. Al igual que con
el aumento de tropas en Irak, estos efectivos
estarán allí por un tiempo limitado para dar cabida
a que los afganos aumenten su capacidad y afiancen
su propio futuro. Pero, como fue el caso en Irak, no
podemos hacer por los afganos lo que, a fin de
cuentas, ellos deben hacer por sí mismos. Por eso
estamos capacitando a las Fuerzas de Seguridad de
Afganistán y apoyando una solución política a los
problemas de Afganistán. Y en julio próximo,
iniciaremos la transición para que los afganos
asuman la responsabilidad. Las condiciones del
terreno determinarán el ritmo de nuestros recortes
de soldados, y nuestro apoyo a Afganistán será
duradero.
Pero que
no quepa la menor duda: esta transición comenzará
pues una guerra ilimitada no nos conviene a nosotros
ni a los afganos.
De
hecho, una de las lecciones de nuestro esfuerzo en
Irak es que la influencia estadounidense en todo el
mundo no es sólo una función del poderío militar.
Debemos usar todos los elementos en nuestras manos
incluida la diplomacia, nuestro poder económico y
el poder del ejemplo que da Estados Unidos para
proteger nuestros intereses y apoyar a nuestros
aliados. Y debemos proyectar la visión de un futuro
que se basa no solamente en nuestros temores, sino
también en nuestras esperanzas, una visión que
reconoce los verdaderos peligros que existen
alrededor del mundo, como también las
posibilidades ilimitadas de nuestros tiempos.
Hoy en
día, viejos adversarios tienen buenas relaciones, y
democracias emergentes son socios potenciales. Hay
nuevos mercados para nuestros productos desde Asia
hasta el continente americano. Mañana se iniciará
aquí la nueva campaña por la paz en el Medio
Oriente. Miles de millones de jóvenes quieren ir más
allá de las cadenas de la pobreza y el conflicto.
Como líder del mundo libre, Estados Unidos hará más
que simplemente vencer en el campo de batalla a
quienes ofrecen odio y destrucción; también seremos
líderes de quienes están dispuestos a trabajar
juntos para expandir la libertad y las oportunidades
para todos los pueblos.
Ese
esfuerzo debe comenzar dentro de nuestras propias
fronteras. Durante toda nuestra historia, Estados
Unidos ha estado dispuesto a asumir la carga de
promover la libertad y la dignidad humana en el
extranjero, pues entendía que están relacionadas con
nuestra propia libertad y seguridad. Pero también
hemos comprendido que la fortaleza e influencia de
nuestro país en el extranjero debe basarse
firmemente en nuestra prosperidad doméstica. Y la
piedra angular de esa prosperidad debe ser una clase
media en aumento.
Lamentablemente, en la década pasada, no hicimos lo
necesario para fortalecer los cimientos de nuestra
propia prosperidad. Hemos gastado más de un
billón de dólares en la guerra y a menudo la
hemos financiado con préstamos del extranjero. Esto,
a su vez, ha reducido las inversiones en nuestro
propio pueblo y ha contribuido a un déficit récord.
Durante demasiado tiempo, hemos pospuesto decisiones
difíciles sobre todo tipo de asuntos, desde nuestra
base industrial hasta nuestra política energética y
la reforma educativa. Como resultado, demasiadas
familias de la clase media encuentran que trabajan
más arduamente por menos, mientras que la
competitividad a largo plazo de nuestra nación está
en peligro.
Y
entonces, en este momento, ahora que la guerra en
Irak llega a su fin, debemos dedicarnos de lleno a
estos desafíos que enfrenta nuestro país con la
misma energía, determinación y reconocimiento del
propósito común que vemos en nuestros hombres y
mujeres de uniforme que prestaron servicios en el
extranjero. Pasaron cada prueba que enfrentaron.
Ahora nos toca a nosotros. Ahora es nuestra
responsabilidad rendirles homenaje al unirnos todos
nosotros y esforzarnos por afianzar el sueño por el
que tantas generaciones han luchado, el sueño de una
vida mejor para todo aquél que está dispuesto a
trabajar por ella y aspirar a ella.
Nuestra
tarea más urgente es nuestra recuperación económica
y hacer que millones de estadounidenses que han
perdido su empleo vuelvan a trabajar. Para darle
solidez a la clase media, debemos darles a todos
nuestros niños la educación que merecen y a todos
nuestros trabajadores la capacitación que necesitan
para competir en la economía mundial. Debemos
impulsar los sectores industriales que generan
empleo y acabar con nuestra dependencia del petróleo
extranjero. Debemos darle rienda suelta a la
innovación que permite que las cadenas de producción
saquen nuevos productos y nutre las ideas que surgen
de nuestros empresarios. Será difícil. Pero en días
futuros, debe ser nuestra misión central como pueblo
y mi responsabilidad principal como Presidente.
Parte de
esa responsabilidad es asegurarnos de cumplir
nuestros compromisos con quienes se pusieron al
servicio de nuestro país con tanto valor. Mientras
sea Presidente, mantendremos la mejor fuerza de
combate que el mundo ha conocido y haremos lo que
sea necesario para atender a nuestros veteranos tan
bien como ellos nos han servido. Es un deber
sagrado. Por eso hemos otorgado uno de los mayores
aumentos de fondos para veteranos en varias décadas.
Estamos tratando las heridas típicas de las guerras
actuales, estrés postraumático y trauma cerebral, a
la vez que ofrecemos la atención de salud y los
beneficios que se merecen todos nuestros veteranos.
Y estamos financiando una ley de beneficios
educativos para militares (GI Bill) posterior al 11
de septiembre que ayuda a nuestros veteranos y sus
familiares a ir en pos del sueño de una educación
superior. Así como la GI Bill ayudó a quienes
lucharon en la Segunda Guerra Mundial, entre ellos
mi abuelo, a convertirse en la columna vertebral de
la clase media, hoy los hombres y mujeres de las
fuerzas armadas deben tener la oportunidad de
aprovechar su talento para que la economía de
Estados Unidos se expanda, pues parte de concluir
una guerra de manera responsable es respaldar a
quienes lucharon.
Hace dos
semanas, la última brigada de combate de Estados
Unidos en Irak la Cuarta Brigada Stryker del
Ejército regresó a casa en la oscuridad que antecede
el amanecer. Miles de soldados y cientos de
vehículos hicieron el recorrido desde Bagdad y el
último de ellos entró a Kuwait temprano en la
mañana. Hace más de siete años, soldados
estadounidenses y aliados de la coalición libraron
batallas en carretera similares, pero esta vez no
hubo disparos. Fue un convoy de valerosos
estadounidenses que regresaban a casa.
Por
supuesto que los soldados dejaron mucho atrás.
Algunos eran adolescentes cuando se inició la
guerra. Muchos tuvieron múltiples periodos de
servicio, lejos de sus familiares, quienes también
aguantaron una carga heroica y la falta del abrazo
de un esposo o el beso de una madre. Lo que fue más
doloroso es que desde el inicio de la guerra, 55
miembros de la Cuarta Brigada Stryker Brigade
hicieron el máximo sacrificio, al igual que
más de 4,400 estadounidenses que dieron la vida en
Irak. Como dijo un sargento primero, Sé que
para mis camaradas de armas que lucharon y murieron,
este día probablemente habría sido muy
significativo.
Esos
estadounidenses dieron la vida por los valores que
han persistido en el corazón de los estadounidenses
durante más de dos siglos. Junto con casi 1.5
millones de estadounidenses que prestaron servicio
en Irak, lucharon en un lugar lejano por
personas que nunca conocieron. Vieron una de las más
funestas creaciones humanas la guerra y ayudaron
al pueblo iraquí a buscar la luz de la paz.
En una
era sin ceremonias de capitulación, debemos ganar la
victoria por medio del éxito de nuestros aliados y
la fortaleza de nuestra propia nación. Todo
estadounidense en las Fuerzas Armadas se suma a una
línea ininterrumpida de héroes que va desde
Lexington hasta Gettysburg; desde Iwo Jima hasta
Inchon; desde Khe Sanh hasta Kandahar;
estadounidenses que lucharon para que la vida de
nuestros hijos fuera mejor que la propia. Nuestros
soldados son el acero en el buque de nuestro Estado.
Y aunque nuestra nación está en un mar agitado, nos
dan la confianza de que nuestro curso es el acertado
y de que tras la oscuridad que precede al amanecer,
vienen días mejores.
Gracias.
Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga a Estados
Unidos de Norteamérica y a todos quienes están a su
servicio.
Consecuencias
En su
punto máximo, hubo simultáneamente en Irak 165.000
soldados estadounidenses. Han pasado por aquel país
un millón de hombres desde el comienzo de la
guerra. De ellos, 4.400 han fallecido y
34.268 han resultado heridas, según el Pentágono.
Tropas
quedan en Irak:
56.000 hasta al 31 de agosto
Quedarán
a partir del 31 de agosto: 50.000 tropas no
combatientes. Se dedicarán a tareas de formación de
las fuerzas de seguridad irakíes.
El
número de tropas
destacadas entre agosto y octubre de 2007; 165.000,
Soldados
norteamericanos
fallecido en Irak: más de 4.400.
Iraquies
muerto
durante la violencia: más 106.700
LA
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