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La “crisis estructural” del Uruguay (y lo que la nueva realidad enseña)
Por Gonzalo Pereira Casas*
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El ingeniero agrónomo Gonzalo Pereira Casas, ex decano de la Facultad de Agronomía, analiza en el siguiente trabajo la crisis estructural del uruguay y algunas de sus consecuencias políticas para contrastarlos con los nuevos acontecimientos, entre ellos la llegada de la izquierda y el progresismo
al gobierno nacional.
Desde hace décadas se formó un consenso en el pensamiento de la izquierda: los graves problemas sociales y económicos que se manifestaron hacia la mitad de la década de los años 50´ no correspondían a una crisis coyuntural clásica del sistema capitalista de producción. Por el contrario, se entendía que estábamos ante una situación específica, de larga duración y sin perspectivas de solución si no ocurría una modificación de determinadas relaciones sociales de producción, es decir, relaciones sociales que complementaban y caracterizaban concretamente al modo capitalista de producción existente en el Uruguay.
Tal interpretación ocurrió hacia mediados de los 50´ en el campo político, con una propuesta de transformaciones que se dieron en llamar “cambios estructurales” en consonancia con una crisis que caracterizaba como estructural. Al agravarse el desempleo y pérdida del salario real tal propuesta caló en el movimiento sindical al punto que a sus reivindicaciones económicas clásicas se comenzó a sumar un programa de transformaciones de contenido similar.
Las grandes movilizaciones sociales que ocurrieron en defensa del salario y el trabajo fueron un insumo indudable - junto a procesos de unidad política en torno a un programa que contenía dichos cambios estructurales - de un proceso largo pero sostenido de desplazamiento de los partidos políticos tradicionales en las simpatías de la población.
La culminación del proceso de acumulación de fuerzas y votos por parte de la izquierda convertida en Frente Amplio - Encuentro Progresista es el triunfo electoral que lleva a la presidencia de la República al Dr. Tabaré Vázquez. Se trata de casi medio siglo de la historia nacional, de tremenda densidad de acontecimientos, incluyendo la instalación y luego la derrota de la dictadura. Entre ellos se encuentra uno interesantísimo: la izquierda y el progresismo en el gobierno nacional y durante ya casi dos períodos no han aplicado las medidas que se entendían “estructurales”. Esto ha decepcionado a una parte de la militancia/1, lo que constituye hoy un ingrediente de los problemas del actual gobierno.
Estas notas está muy lejos de pretender abarcar (y menos aún analizar) tal riqueza de acontecimientos pues se centrará en recordar la visión sobre la crisis estructural y algunas de sus consecuencias políticas para contrastarlos con los nuevos acontecimientos. En particular se sostendrá que fue errónea la caracterización la penosa situación económica de décadas como “crisis estructural” solamente superable mediante las medidas que se planteaban. (…)
La desazón debida al cambio del programa del FA Antes indiqué en el pie de página un ejemplo de frenteamplista que añora las medidas estructurales fundacionales. Es completamente comprensible tal desazón, descreimiento, bronca o como se le quiera llamar a ese estado de ánimo. Cuando convoca al escepticismo reduce la voluntad transformadora y la capacidad de militancia y participación que caracterizó al FA. Pues bien, la principal razón de éstas notas radica en el intento de aportar elementos para mostrar que las tareas han cambiado pero valen la pena.
Todo quien quiera participar en el progreso del país debería mirar los hechos, los que no dependen de la voluntad. Uno de ellos es que el FA en el gobierno ha mostrado logros innegables (y aquí solamente algunos fueron indicados pues no es esa la intención de este trabajo) Y para analizar la opción antes planteada: ¿Medidas estructurales y profundización de la protección o abandonar la compleja y profunda protección que el país había adoptado por décadas? debemos reconocer que en condiciones de altos precios de nuestras exportaciones, con papel positivo de inversiones extranjeras y un nivel salarial 20% mayor que el de 1968, la segunda opción dio resultados.
Ciertamente que se pueden plantear dudas: ¿Qué pasará si ocurre otra crisis de la magnitud de las dos anteriores?, ¿Y si bajan los precios internacionales de nuestras exportaciones y ocurre un reflujo de las inversiones extranjeras ocurridas en industrias y servicios?; ¿Qué pasaría si los futuros aumentos salariales se independizan de la productividad del trabajo? Los éxitos de la inserción internacional del país han sido la clave de los éxitos económicos nacionales, y sucede a la inversa cuando se manifiestan los problemas de inserción internacional. Las coyunturas pueden variar, y variarán. La vacuna contra las circunstancias adversas radica en el desarrollo de la competitividad y la productividad del trabajo, es decir, la competitividad global y la productividad global del trabajo de los uruguayos. Sea para producir productos o servicios ya encarados, sea para emprender las nuevas actividades que las situaciones aconsejen.
Las circunstancias internacionales pueden ser favorables o desfavorables pero para seguir aprovechando las primeras o para encarar las segundas debemos reconocer que hay tareas inconclusas si pensamos en aumentar las capacidades competitivas del país.
Es muy clara la importancia de la Política Económica (algo ya se dijo) pero resulta menos evidente que las dos últimas elecciones dejaron al FA con la responsabilidad de administrar un volumen inmenso de medios de producción y de trabajadores: los bienes y los empleados del Estado, de cuya eficiencia depende en gran medida el bienestar público y el potencial de toda la economía nacional. Dirigir la actividad de decenas de miles de trabajadores del estado en las áreas de educación, salud, servicios, seguridad, cultura, convivencia, infraestructura, etc. tiene una importancia vital para el desarrollo de la competitividad global del país. Tal gestión aún no está bien resuelta.
Puede ejercerse desde el gobierno del FA (y con acuerdos con los otros partidos) pero es imprescindible el apoyo del partido político FA. Lo hemos comprobado pues no ha sucedido así: los dos gobiernos del FA han tenido más dificultades con el partido FA que con la oposición debido en primer lugar a que los temas que he expuesto no están laudados. Si los hechos, el análisis y la discusión correspondiente los resolvieran, el gobierno del FA tendría un escenario mucho más favorable para cumplir sus metas.
Además, los uruguayos miran con atención las acciones del gobierno frentista en lo que refiere al costo y la calidad de los servicios públicos y a la gestión de los entes. La continuidad del proyecto popular, nacional, democrático y progresista depende en gran medida del juicio que recibamos sobre esta tarea. ¿No convoca esto a la militancia? Si se entiende, seguramente que sí. Párrafo aparte requieren los compañeros con nostalgia, no ya de las medidas fundacionales del FA, sino además, del “socialismo real”. Son una fracción minúscula de los frentistas pero han demostrado su entrega y capacidad de militancia hacia una meta.
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*El presente trabajo fue preparado para participar en un conjunto de actividades referidas a los 40 años del golpe y la huelga general y los 30 años del 1º de Mayo de 1983 y la formación del PIT. Reedita y desarrolla los 6 artículos publicados en http://vadenuevo.com.uy como serie "Si quedamos en la administración del capitalismo perdemos la batalla"
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*Ingeniero agrónomo, ex decano de la Facultad de Agronomía.
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