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La Facultad de Ciencias con nuevo
Decano y nuevos acentos
Diálogo
con el Dr. Juan Cristina
-
¿Cuándo se inicio su decanato?
- Estoy desde el 7 de
julio, hace un mes y medio, más o menos.
- ¿Cómo encontró la
Facultad al ingresar en esta responsabilidad?
- Yo ya la conocía
bastante porque hacía muchos años que era miembro
del Consejo de la Facultad. Obviamente que es un
honor para mí que mis compañeros me hayan propuesto
y que haya sido elegido por unanimidad. Encuentro
que estamos en un momento muy esperanzador en la
Universidad. Es un momento en el cual hay grandes
líneas trazadas, en las cuales creo que nosotros –
como Universidad del Estado, dado que somos la
Universidad pública por excelencia – tenemos varias
líneas muy esperanzadoras en cuanto a grandes
transformaciones de la Universidad. Esto ha cambiado
– en mi opinión – para bien en los últimos años. Le
puedo mencionar desde el proceso de
descentralización de la universidad hacia el
Interior del país, que estimo que es algo capital
para nuestra institución y en lo cual nuestra
Facultad va a estar muy comprometida. De hecho, ya
viene trabajando fuerte en ese sentido, de pasar a
ser lo que dice nuestro nombre: la Universidad de la
República, que es lo que pretendemos. Un proceso de
crecimiento efectivo y necesario para la sociedad a
la cual nosotros nos debemos.
Creo que ha habido
transformaciones - en los últimos años – en cuanto a
los temas relacionados con la investigación – por
ejemplo - con la creación de una Agencia Nacional de
Investigación, por primera vez. Hay varias
cuestiones a nivel general en este sentido que
incidirán en la Facultad. Lo que nosotros estamos
tratando de hacer ahora es que la Facultad realmente
tenga un papel, al contrario de lo que había pasado
en los últimos años, tenga un papel muy activo.
- ¿Usted tiene un
proyecto propio a desarrollar en su periodo como
Decano?
- De hecho yo elaboré
una propuesta de lo que pienso hacer, donde están
todos los rubros. En este sentido por primera vez
estamos elaborando un Plan de Desarrollo Estratégico
que parte de la propuesta que hice para el Decanato,
pero que involucra a todos los actores de la
Facultad.
Este Plan de
Desarrollo con metas a dos y cuatro años, que es lo
que pretende la Facultad. Brevemente, tiene varios
de los programas de investigación, los programas de
enseñanza, los programas de extensión universitaria,
los programas de relacionamiento con el sector
productivo y muchos otros. Si usted me pregunta
¿cuál es el acento?, yo le diría que la Facultad –
por sí sola – tiene el 20% de los investigadores que
están catalogados en el Sistema Nacional de
Investigadores. Es decir, que como institución sola
tiene un peso muy importante en un programa en el
cual los investigadores han sido catalogados por
comisiones – incluso externas – al país. Yo tengo
una gran confianza, una tremenda fe en las
posibilidades y en la fuerza que tiene esta
Facultad, con vocación de estar al servicio del país
y de la sociedad que – dicho sea de paso – es la que
también apuesta a nosotros con sus impuestos. Cuando
a la Facultad se le critica – y no digo que seamos
perfectos, ni mucho menos – pero le puedo asegurar
que, si hay algo que sobra en la Universidad, son
discusiones, si hay algo que nos caracteriza – le
puedo asegurar – que es discutir. Acá no hay ninguna
complacencia. A veces creo que discutimos de más.
Fíjese que en el
Anuario (que recientemente imprimimos) usted tiene
hasta dónde yo he firmado y hasta dónde se ha
invertido el último peso que la sociedad nos ha
dado. Cuáles son los programas, cuánto dinero lleva
cada uno, quiénes somos, quién hace qué cosa. Y me
parece que eso es una obligación moral que uno
tiene. De decir, bueno, “nosotros recibimos ciertos
dineros, con esos dineros, ¿qué se ha hecho?” Usted
tiene ahí absolutamente todo, está toda la
información. El Anuario es de distribución libre. O
sea que nosotros sí rendimos cuenta hacia la
sociedad.
En cuanto a los temas
que más me preocupan o dónde yo haría el hincapié
más grande o dónde yo pondría más el acento es en lo
vinculado a los temas de enseñanza y la enseñanza de
grado en particular. Estos temas son relevantes en
una institución que tiene hoy 1.500 estudiantes,
aproximadamente entre 360 o 390 docentes y unos 105
funcionarios, y un edificio con 18.000 m2
que debe ser atendido. Estos datos pueden dar la
proporción de lo que estamos manejando.
- ¿Cuando usted habla
de poner el acento en la enseñanza, en la enseñanza
de grado, está hablando de calidad?
- La calidad nuestra
es buena en las asignaturas que nosotros damos y
quiero decirle porqué. Porque tengo conocimiento de
decenas de estudiantes – tanto los míos como los de
otras ramas, cualquier rama del conocimiento –
cuando se van al exterior, les va bien. Quiere decir
que algo hemos hecho. Porque cuando uno sale del
país y va a otro lado, no reciben a cualquiera.
- ¿Esto es una forma
de medir calidad?
- Ahí se mide. Yo le
puedo contar de estudiantes míos, que no eran ni
recibidos, o que hicieron toda la formación conmigo,
que ahora son profesores en el College Medicine de
Estados Unidos, otros en universidades de Canadá y
así puedo dar varios ejemplos. Hay otros que están
provisoriamente. Por ejemplo, en la Universidad de
California Berkeley. Creo que la formación que damos
es buena. Con eso no quiero decir que el mundo
espera por nosotros. Sería una complacencia. Yo creo
que tenemos problemas que tienen que ver – algunos –
con el sistema educativo en general que tiene
nuestro país, otros que son más particulares. En
este sentido tenemos que poner un acento en la
formación de grado, en cuanto a que el mundo ha
cambiado y que – evidentemente - exige nuevas formas
de formación, exige cambios en lo que uno necesita
conocer para tener una formación básica que le
permita desarrollarse en las disciplinas
científicas.
Pensemos que hoy
estamos en la sociedad del conocimiento, que vino
para quedarse. Si usted se fija que el poder en
el mundo, el dominio en el mundo, ya no está
relacionado con materias primas, ya no está más
relacionado con tener capitales, los capitales van y
vienen. Los uruguayos tenemos plena experiencia de
que hoy – en el mundo – las cosas son muy rápidas y
– básicamente – los países desarrollados basan su
predominio y el bienestar de sus pueblos en el
conocimiento científico tecnológico. Para que usted
tenga una idea: si nosotros pensamos que un país
desarrollado tiene el 2% de la población
económicamente activa dedicada a lo que hoy se llama
I + D (que quiere decir Investigación + Desarrollo),
es decir, el área de las ciencias y las tecnologías
de un país. Ellos tienen el 2% y en el sistema
internacional de investigadores debemos ser unos
1400 – supongamos – nosotros llegamos, con suerte,
al 1 x 1000 de la población económicamente activa.
Entonces, eso habla de la necesidad de lo que
realmente necesitamos formar. Esa es nuestra
gran preocupación y es nuestra responsabilidad
como institución que tiene –hasta el honor – de
estar en la Constitución de la República.
- ¿Y ustedes – además
– se llaman la Facultad de Ciencias? O sea que
tienen preponderancia en las ciencias básicas,
debieran ser en el universo de la sociedad – los
primeros.
- Pienso que nosotros
hacemos lo que nos corresponde hacer, aunque
compartimos también con otras facultades, muchas
áreas, como debe ser. Y quizás deberíamos compartir
más, incluso con otros estamentos del Estado con los
que tenemos intereses comunes.
- Decano, existe en
las últimas décadas en el Uruguay y en estos días en
particular un discurso, desde el Estado, donde se
hace mucho énfasis en la necesidad de las ciencias,
de la innovación, del desarrollo científico. ¿Usted
y esta Facultad piensan que están dando repuesta a
esos requerimientos?
- Ciertamente sí, a
pesar de que nuestro Estado – quizás – no sea un
Estado que tome decisiones rápidas. Si usted toma la
evolución de los últimos años, aparecen datos que
nos permiten conocer que – realmente – hay una idea.
En el Estado en general; se va tomando conciencia y
también en la sociedad en general. Porque – en
definitiva – las estructuras políticas representan –
también – el sentir de una sociedad en un momento
histórico determinado. Yo tuve la oportunidad de
asistir a la reunión que tuvimos en el departamento
de Tacuarembó con el presidente de la República y el
señor vice-presidente, allí me parece que ellos lo
dicen muy claramente. Por parte del gobierno,
también se va generando un sentimiento de que la
ciencia y la tecnología – en el Uruguay del Siglo
XXI – deben jugar un papel muy distinto del que
jugaban antes y de que eso es capital. Porque –
indudablemente – no es un tema sólo del Uruguay.
Hoy, el valor más grande que pueda tener un pueblo,
es la formación de su gente. Porque cuando hay
buenas ideas, los capitales aparecen. Nuestra
obligación moral es preparar – efectivamente – a las
nuevas generaciones y para eso estamos acá. Porque
estos muchachos que hoy son estudiantes son quienes
efectivamente nos reemplazarán.
- ¿Cuál es su opinión
sobre la solicitud de un 6% del PBI para la
educación?
- Creo que si lo
miramos históricamente, nosotros pasamos en un
período de gobierno a que la Universidad (si
recuerdo bien las cifras) pasara a tener un 0.8 del
PBI… Eso ha permitido transformaciones –
cualitativamente – muy importantes. Tal como le dije
– por ejemplo – el proceso de descentralización no
hubiera sido posible sin esos guarismos. En realidad
ahora lo que estamos pidiendo, es pasar – en el
período de gobierno – (es una opinión mía personal
como miembro del Consejo Directivo Central) es pasar
del 0,8 – en este nuevo período y siguiendo la misma
estrategia, al 1% del PBI, lo cual parecería un
presupuesto razonable para una Universidad del
tamaño de la que hoy tenemos. Obviamente, pienso
que muchas veces nosotros nos basamos en el asunto
de mirar los números. Pero también debemos recordar
que muchos de nosotros – incluso públicamente –
también hemos pedido una reforma de la Ley Orgánica
que permita ser más efectivos, no sólo en la
ejecución sino en los logros finales de los
programas que nosotros impartimos.
- En referencia a la
Ley Orgánica; ¿Por qué piensa que hay que
reformarla?
- Creo que usted no
me puede pedir efectividad, cuando yo estoy regido
por una ley de cuando yo tenía dos años. O sea, creo
que pedir efectividad, con una ley cuyos valores
permanecen, pero cuya organización académica es de
1958. ¡Ese mundo no existe! Imagínese las
otras empresas del Estado.
Imagínese usted una empresa telefónica hoy con una
ley que la rija creada 1958. ¿Usted podría pedirle
efectividad?. Ahora bien, nosotros no cambiamos las
leyes. Las leyes las cambia el Parlamento Nacional,
¿verdad? Entonces – desde mi punto de vista personal
– creo que los valores que dieron lugar a esa ley,
van a prevalecer, pero creo que con una relectura de
cómo esos valores universitarios que nosotros
consideramos muy buenos,
pueden tener una lectura adaptada al
siglo XXI.
En la medida en que
usted tiene grupos de investigadores muy buenos,
incluso investigadores uruguayos que hay que traer
del exterior. Tener en cuenta que atrás de ellos,
vienen las empresas, las grandes farmacéuticas, etc,
etc. Pero si para traer a alguien se precisan dos
millones de dólares, y se dice; ¡eso es un
disparate! ¡Son casi cuatro o cinco kilómetros de
carretera!. Esto debe ser contextualizado bien –
para que el común de nuestro pueblo – no pueda
parecerle que es demasiado.
Fíjese que en el
Interior, en Paysandú – un pueblo agroalimentario
–hemos comprado tecnología de punta que nos salió
500 mil dólares. Usted dirá que es mucho. Sin
embargo yo creo que es poco, pero depende de las
metas que usted quiera tener. Estamos tratando de
instalar un laboratorio de bioseguridad en Salto, de
los cuales en el Uruguay no existe ninguno – no es
que esté en la Universidad, sino que no existe
ninguno - y eso le va a salir entre 400 y 500 mil
dólares. ¿Eso es mucho? No sé. Cuando usted tenga
una epidemia de aftosa, me dirá sí es barato o es
caro. Se lo digo como un ejemplo.
Obviamente que el
Estado tiene muchas necesidades y las comprendemos,
pero también el tema del Estado uruguayo no es sólo
si invierte o no invierte una cantidad determinada
de dinero, sino que hay que trabajar también en ver
si podemos ser efectivos.
- ¿Sobre este tema en
el ámbito de la Universidad se ha avanzado?
- Si, creo que hemos
avanzado y creo que existe un consenso muy
importante. Pero ahora llegó el momento de
concretar.
- ¿Como se están
desarrollando las instancias que Udelar y su
Facultad están teniendo de cursos en el Interior?
- La Universidad de
la República, se ha descentralizado - en principio –
en tres sedes que son regionales, al norte involucra
a Salto, Paysandú, parte de Río Negro, parte de
Artigas; una regional noreste con sede en Rivera,
que abarca Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo y estamos
construyendo el edificio para la instalación de la
Universidad en Maldonado a la que le llamamos
Regional Este. Ese proceso de descentralización
lleva a que las distintas sedes también tengan una
especie de ejes temáticos prioritarios. La idea es
no repetir lo de Montevideo, aunque – por supuesto –
puede haber carreras que se den en más de una sede.
- ¿Ustedes
participan en los tres regionales?
- Nuestra Facultad
está en las tres regionales y apostamos a estar
mucho más, todavía.
- ¿Y qué están
haciendo allí?
- Por ejemplo en este
proceso, la Facultad está apostando tanto a nivel
docente, como de investigación. Por ejemplo: tenemos
ahora una relación muy fuerte con el centro
universitario de la Regional Este – en el que una
cantidad muy importante de colegas - creo que un muy
buen grupo de investigación - se van a trasladar a
la Facultad de Maldonado, para trabajar en el área
de ciencias ambientales, ecología – para decirlo de
una forma bien acotada.
- ¿Vinculada con el
medio, en este caso?
- Si, vinculada con
el medio. En realidad, el CDC define ejes temáticos
que atienden a las demandas regionales. Porque una
de las cosas importantes de los procesos de
regionalización, es que usted empieza a trabajar en
las temáticas del lugar, en las temáticas que
demanda la sociedad. Obviamente, los municipios
demandan de acuerdo a las necesidades locales y –
entonces – se empieza a hacer también investigación
en temas que – quizás – nosotros, aquí en
Montevideo, no los vemos. En la Regional Nordeste,
con sede en Rivera, tuvimos una experiencia muy
buena en una Tecnicatura de Recursos Naturales, cómo
se gestionan, cómo se preservan, etc. Y nos ha ido
tan bien que ahora la hemos pasado a Licenciatura.
Este es un ejemplo. En la Regional Norte, instalamos
un laboratorio de biología molecular – no había
ningún laboratorio de biología en el Uruguay que
hiciera investigación por fuera del Santa Lucía.
Instalamos un laboratorio en Salto con docentes que
están – recién – investigando. Entonces – por
ejemplo – hay virosis emergentes que
están en la zona norte del país y que –
indudablemente – se pueden atacar. De hecho estamos
trabajando – si bien es un laboratorio universitario
– junto con otros estamentos del Estado – que
comprenden el Ministerio de Salud Pública – para
intentar crear este laboratorio de bioseguridad que
pretende atacar tanto enfermedades humanas, zoonosis
y todo ese tipo de cosas. En esta oportunidad la
Universidad, en el presupuesto que envía al
Parlamento, prevé una partida - que yo diría que
tiene cifras nunca vistas – es la primera vez que la
Universidad apuesta a dar una partida de dinero muy
importante, exclusivamente para la Universidad en el
interior del país.
- ¿O sea que van a
dedicarse recursos específicos para los centros del
interior?
- Si, en el período
anterior también lo hemos hecho, pero ahora se va a
reforzar.
- ¿Y cómo encuentra
la disposición de los docentes y los investigadores
a trasladarse?
- En nuestra Facultad
ha habido una vocación de apostar a este proceso.
Creo que en los docentes jóvenes que – en realidad –
es lo importante, tener gente de futuro y con
fuerza, ha sido importante. Nuestra Facultad,
además, – por las disciplinas que cultivamos – tiene
gran plasticidad para adaptarse a las demandas de
investigación regionales. Veo con mucha esperanza,
para muchos de nuestros docentes jóvenes, esta nueva
etapa. Pienso que augura cambios importantes. De
hecho – personalmente – en mis conversaciones con
los docentes jóvenes lo recomiendo altamente, dado
que es un proceso que el Uruguay lo necesita
imperiosamente.
- Usted ha mencionado
en este diálogo que pretende colocar algunos
“acentos” en la vida de esta facultad durante los
próximos cuatro años de su decanato.
- Si, la enseñanza de
grado, tenemos que hacer ahí transformaciones que
nos permitan –no sólo – colocarnos como una
enseñanza universitaria moderna. Por ejemplo hay
procesos de horizontalidad. Históricamente nuestra
Universidad está organizada como bloques
monolíticos. Nosotros estamos tratando – por un lado
– hacer que esa formación tenga más capacidad para
el estudiante, dentro de ciertos carriles, porque
nos corresponde a nosotros, como sus mayores,
guiarlos, hacer procesos que sean horizontales. Por
ejemplo, en materia científico-tecnológica. Hoy un
muchacho que tiene 18 años no sabe si entre las
ciencias le gustan las matemáticas, pero también la
física o la química, o quizás la ingeniería.
Entonces creo que hay que romper esos compartimentos
estancos.
- ¿Hay una
disposición que ahora permite cambiarse durante el
primer año?,
- Si. Estamos yendo a
que el estudiante no entre “encasillado” sino a que
– cada vez – tenemos que avanzar en que sea una
enseñanza que permita converger con distintas
formaciones y que el estudiante sea cada vez más un
estudiante de la Universidad (si usted quiere dentro
un área de la Universidad) y no de esa educación
monolítica que no permitía canjes. Por ejemplo,
necesitamos que todas nuestras carreras estén
“creditizadas” y estamos trabajando en ese sentido.
Creditizar, abrir nueva formación. Por ejemplo,
ahora estamos abriendo formaciones que ya tienen
mucho que ver directamente con toda el área de lo
que es la gestión – incluso de emprendimientos
productivos – pero con un enfoque de sustentabilidad;
o carreras que tienen que ver con las ciencias
ambientales, con los recursos naturales que – como
usted sabe – en el país en todos esos temas, la
población tiene experiencia directa de la
importancia que tienen esas formaciones por hechos
recientes.
Hay todo un sector de
formaciones que están relacionadas con la
biotecnología que el Uruguay necesita desarrollar
imperiosamente; tenemos la Maestría en
Biotecnología; hay toda un área que – en mi opinión
personal – va a tener un impacto tremendo que es …
(para que lo pueda entender, en realidad le tengo
que pedir perdón a mis colegas) De la unión de las
ciencias biológicas y la informática, salen nuevas
disciplinas que van a crear un impacto
impresionante.
Nosotros tenemos en
el Uruguay, en la Facultad – junto con otros
estamentos – el potencial, ya hoy, de dar
formaciones que – incluso – se reconoce la calidad
de nuestra gente en el exterior. En el Uruguay, la
bioinformática y todo lo que está alrededor de ese
conjunto, en la genómica, tenemos la posibilidad de
dar un salto cualitativo muy grande.
Uno de los problemas
que más me preocupa son los temas relacionados con
la deserción de los primeros años de los
estudiantes.
- ¿Es alta en su
Facultad?
- Es alta. Mi
vocación me lleva a plantearme que quisiera una
deserción mínima, porque uno aspira a formar gente.
Creo que ese es uno de los problemas que tenemos que
abordar.
- ¿Es ascendente, o
es un fenómeno que tiene una cierta estabilidad, la
deserción?
- Varia con los años.
Pero si hablamos de porcentajes, me parece que aun
es un porcentaje importante. Dicho con el mayor de
los respetos, yo creo que el “talón de Aquiles” del
sistema educativo uruguayo – por múltiples razones y
no estoy echándole la culpa a nadie – es la
enseñanza de las ciencias. Fíjese lo que es la
enseñanza de las matemáticas, de la física, de la
química…
- Usted se refiere a
la enseñanza media.
- Si, exactamente. En
la enseñanza media. Entonces considero que –
obviamente – ese cambio para los muchachos de la
enseñanza media a una Facultad, es un cambio
radical. No obedece sólo a estas causas – creo - el
proceso de deserción que nosotros lo estamos
estudiando en detalle ya que no es la única Facultad
en la que esto pasa. En ese sentido, nosotros
estamos en condiciones y pretendemos contribuir con
las autoridades de ANEP en utilizar nuestros cuadros
para contribuir a estos hechos. Aquí existe una gran
vocación, una gran preocupación del cuerpo docente
de la institución, por contribuir con las
autoridades de la enseñanza media en estos temas.
Estos temas hay que hablarlos claramente. Yo –
sinceramente – pienso que hay indicios reales de que
las ciencias básicas son un talón de Aquiles y
nosotros tenemos la obligación de atender este
fenómeno.
Existen otras causas
que sería largo hablar y que también influyen en los
jóvenes de hoy. Como sus mayores que somos – primero
tenemos la obligación de entenderlos, son de otra
generación, que vivieron otra historia, con cambios
a nivel mundial de todo tipo y que a mí me produce
una honda preocupación, porque yo quiero que los
estudiantes sigan.
Me parece que –
además de estudiar ciencias (no sólo por lo que
hablamos de lo que la ciencia significa a nivel
social, sino por lo que a uno cuando tiene la
vocación, le implica a nivel personal) – la ciencia
es la oportunidad de aprender más, la oportunidad de
aprender a pensar y tiene mucho que ver con la
construcción de ciudadanía, de la libertad, del
libre pensamiento. Y tiene muchas más cosas que uno
lo ve en la tarea que nosotros estamos haciendo y
con la cual nosotros contribuimos con el resto del
sistema con nuestro granito de arena.
Le puedo mencionar –
como ejemplo - que hemos contribuido – en parte y
con el sistema escolar – reproduciendo ecosistemas
del Uruguay, donde las maestras pueden venir y tener
a disposición libros didácticos con los que pueden
enseñar sobre el ciclo del agua, pueden ver los
planetas y temas de astronomía, pueden aprender
muchas cosas sobre ecología, ciencias ambientales.
Ya más o menos – en este programa – nos visitan
3.000 escolares por año y esperamos – en este
período – llegar a 6.000. Trabajamos con las
escuelas de la zona – que usted sabe que estamos en
un barrio muy especial – tratando de llevar la
ciencia hacia la sociedad.
En cuanto a los
estudiantes, yo diría que esa es una gran
preocupación. En este periodo el acento del Decanato
va a estar en la parte de enseñanza. Creo que hay
otras cosas, pero me parece que es nuestra
obligación el intentar comprender a una generación.
Yo ahora tengo
también el honor de participar y de dar cursos de
1er año a muchachos que llegan recién salidos de
preparatorios y se encuentran con nosotros. También
ahora la nueva Ley de Educación abre nuevas
posibilidades para el abordaje de estos temas.
-
¿Es significativa la emigración desde su Facultad?
- Emigran más de los
que desearíamos, si bien ha habido ahora – en los
últimos tiempos – la creación de la ANII con becas
de Maestría, becas de Doctorado y otros programas;
el Sistema Nacional de Investigadores les da un
subsidio a los investigadores, todas esas cosas, han
permitido cambios cualitativos muy significativos.
- Pero sigue habiendo
emigración…
- Quizás no tan
acentuada. Son muchachos jóvenes, que se van a
estudiar al exterior, a alguna universidad famosa
europea o norteamericana, eso no es una pérdida.
Usted me puede decir: “¡pero, ustedes los formaron,
toda la plata. !” No. El tema no es que se
vayan, el tema es – después – recuperarlos.
Eso es lo que tenemos que hacer. Yo le puedo dar una
lista de personas, como ejemplo, sin dar nombres.
- Usted mismo,
trabajó afuera y volvió.
- ¡Estuve muchos años
fuera del país! Quizás demasiados.
- Y volvió.
- Si. También uno
vuelve por distintas razones. Pero mi época no tiene
nada que ver con ésta. Yo pienso que ésta época no
es lo mismo para los muchachos que lo que fue para
mí. Incluso cuando volví. Cuando volví no había
nada, yo tuve que empezar de cero.
- La emigración de
profesionales de la ciencia hoy, ¿se debe a las
deficiencias como país, de la academia, del aparato
productivo que no les da oportunidades, o a los
atractivos más fuertes que tiene en otras partes del
mundo?
- Yo creo que el
atractivo juega un rol fundamental.
- ¿No es
responsabilidad sólo nuestra?
- Muchos de nuestros
amigos que están en Europa o en Estados Unidos,
trabajando en primera línea, son científicos
uruguayos. Yo creo que todo el mundo quiere volver.
Eso sólo lo comprende el que ha vivido mucho tiempo
afuera. Uno empieza – a veces – hasta a idealizar
cosas y uno quiere volver, porque somos gente
apegada a la tierra, a las tradiciones, a un
sentimiento de familia, a una serie de cosas. Todos
los países tienen sus cosas. Pero, ¿cuál es el
problema? Que todo eso – sin inversión – no se puede
hacer. Le menciono dos casos, sin decir los nombres:
uno estaba trabajando muy exitosamente en temas que
son de investigación básica, pero que están
relacionados con Alzheimer y con autismo; otra
colega estaba trabajando en Malaria. El mercado de
lo que usted puede hacer para Malaria, es un mercado
mundial; lo que usted puede hacer para Alzheimer,
cuando usted instala grupos fuertes que – obviamente
– requieren una inversión, ellos son los atraen a
las inversiones de empresas de gran porte. Porque
por algo están ahí. ¿Por qué están ahí? Porque
recogen de las universidades a la gente que –
realmente – les hace la diferencia. Entonces creo
que va un poco por ahí. Obviamente, la Facultad – de
por sí – no puede crear 400 cargos más nuevos,
porque eso es impensable en un país de estas
dimensiones. Pero puede hacer otras cosas. Ahora,
eso también va a depender de cuánto queramos
invertir y apostar a esas cosas. Todavía hoy creo
que - en muchas áreas - tenemos mucho por hacer y la
prueba está en que nuestros colegas triunfan en el
exterior, o sea que algo debe haber, ¿no?
- Generalmente se
maneja una cierta discusión crítica sobre la
Universidad con el sector productivo. En el caso
concreto de ustedes, ¿cómo es en este sentido?
- Nosotros tenemos
proyectos de relacionamiento con el sector
productivo y – ojalá – pudiéramos tener más. Con
respecto a lo que usted dice, hay cuestiones
históricas que se dieron no sólo aquí. En Europa –
en su momento – había períodos en los que existía un
divorcio entre la academia y la industria. Eso hoy
no existe más. Tanto en Europa, el Instituto
“Pasteur” francés – un Instituto académico por
excelencia – tiene incluso en algunas sedes (por
ejemplo “Pasteur Melièu”, que es una empresa
privada) – empresas que hacen y venden vacunas. Es
decir, hay cosas que yo creo que se han superado.
Necesitamos – ambas partes – superar cuestiones
culturales, tanto los empresarios como la academia.
Le cuento –básicamente - una experiencia mía
personal. Yo trabajaba en los Institutos Nacionales
de Salud de Estados Unidos y – alrededor de donde
está el edificio nuestro – es una de las
concentraciones más grandes de empresas de
biotecnología del mundo. No había ninguna necesidad
de estar ahí. Es lo mismo que el Silicon Valley. ¿A
quién se le ocurre querer montar eso en un pedazo de
arena, en un desierto y porqué se montó ahí? Está
ahí porque está en Stanford.
Nosotros ahora aquí
tenemos en el mismo predio universitario instalado
el Instituto “Pasteur” – por ejemplo – que es el
único Instituto “Pasteur” de América Latina.
Nosotros tenemos la ocasión, tanto en el sector
productivo público como en el privado. Evidentemente
esto es algo que tenemos que trabajar, porque
también creo que – en el mundo de hoy – las empresas
exitosas tienen un sector de I + D. Eso también
significó un cambio cultural en la empresa y creo
que es inevitable – en el mundo de hoy – tender a
ese esquema.
Por nuestra parte –
por el contrario – tenemos una vocación de
relacionamiento con el sector productivo, público y
privado, nacional y – de hecho – lo hacemos. También
tenemos Núcleos de Alta Tecnología que brindan
servicios externos, hay varios laboratorios que
brindan servicios externos a la industria y tenemos
la vocación de hacerlo de una manera más efectiva.
Hay planes de instalación de un Parque Científico
Tecnológico junto con otros estamentos del Estado
aquí en esta zona de la Facultad, tenemos también
ahora una relación muy estrecha con el Instituto “Pasteur”.
Entonces creo que ese es el camino, porque en la
medida que uno también inserta en las empresas
públicas y privadas gente con una formación y una
visión científico-tecnológica, logra también un
cambio cultural y genera empleos genuinos. Fíjese
que incluso en los países desarrollados, el sector
de las Biotecnologías, es uno de los sectores que
crea más puestos de trabajo genuinos. Y creo que – a
nivel nacional – se tiende hacia el mismo esquema.
- En los últimos
meses casi todas las facultades de la Udelar han
designado nuevos Decanos, una primera percepción
estaría mostrando que han accedido a estos cargos
una nueva generación de profesores.
- Si. Evidentemente
hay – por lo menos en nuestra Facultad – uno
pertenece a otra generación. Y efectivamente varios
colegas más – afortunadamente – han sido nombrados
ahora con esta responsabilidad.
- ¿Esto puede dar
lugar a una nueva impronta a la Universidad?
- Estamos apostando a
eso y no sólo los Decanos, sino las autoridades
centrales. Pienso que sí, en la medida que
propulsemos cambios que permitan que nuestra
Institución tenga un marco adecuado al siglo XXI,
podremos hacer significativas contribuciones.
- ¿Los políticos los
llaman? ¿Los parlamentarios les han pedido para
visitar la Facultad? ¿Se han interesado por la
Facultad?
- Este es un país
pequeño. No sólo están todos invitados sino que –
por las propias disposiciones universitarias – una
de las funciones de la Universidad es asesorar a los
poderes públicos.
- Yo me refería si le
han pedido para dialogar con usted, para visitarlo,
para conocer la Facultad en esta etapa.
- Algunos lo han
pedido. Nos gustaría que fueran muchísimos más y
confío en que esas instancias se van a dar. A mi me
parece importante porque – en definitiva – nuestros
representantes nacionales, son también algo a lo que
nosotros nos debemos y son los que hacen las leyes
que nos rigen y ya ve que en una cantidad de temas
en los que hay una necesidad muy importante de que
el sistema político uruguayo tome cartas en el
asunto, que no depende sólo de nosotros.
- Dentro de la
Facultad, ¿qué es lo que usted tiene que resolver
con más urgencia en estos días?
- Sobre lo que tengo
una gran preocupación son algunos problemas de
infraestructura.
- ¡Pero
ustedes están en el edificio más nuevo de la
Universidad!
- Es un error eso.
- Pero fue el último
que se construyó
- Es inexacto. Lo que
sí son los Anexos que usted ve. Eso sí, tiene razón.
Si usted quita la Torre (los 18 pisos que tenemos
aquí), el resto sí es cierto que se construyó a un
esquema. El problema de la Torre es que es un
edificio que ya estaba aquí cuando yo era niño. Yo
soy del barrio. La Torre iba a ser un hogar
estudiantil. Entonces, si bien es un edificio
reformado, luego de estos 20 años empieza a tener
sus problemas. Tenemos una Facultad de Ciencias en
un edificio de apartamentos, lo cual no es bueno
para los laboratorios que hacen investigación
experimental. Estamos tratando de solucionar esos
problemas, sobre todo por razones de seguridad. Me
refiero no a los sectores de la Facultad que hacen
investigación teórica, porque para eso está perfecto
el edificio, sino a los laboratorios que hacen
ciencia experimental. Usted va a ver que son bajos,
no tienen más de dos pisos y son a lo largo,
horizontales. La Facultad sí tiene un edificio nuevo
y yo no estoy haciendo una crítica. La División
Arquitectura de la Universidad hizo lo que pudo,
¿verdad? No es culpa de ellos. Pero hay que poner
las cosas en su justo término. Cualquiera que tenga
mi edad y que sea e barrio, sabe que este esqueleto
está acá desde tiempos inmemoriales. Y empieza a
tener problemas. Por eso se rajan las baldosas, etc.
Si usted me pregunta por los temas urgentes que me
preocupan, la Torre por un tema de seguridad. Usted
puede pensar que es un tema menor, pero eso es
depende de cómo lo mire, ¿no?
Otro tema importante
que tengo en agenda, es la Extensión
Universitaria. Estoy trabajando con el
Claustro, tenemos nuevos programas que permiten a
los estudiantes utilizar las tareas de
relacionamiento con el medio, como una herramienta
más en su formación. Y la tarea - quizás - más
importante que tengo este próximo mes es que la
Facultad está en un proceso de discusión, desde su
plan de desarrollo a cuatro años. Esa es mi tarea
más importante, donde va a haber una discusión en
todos los ámbitos y que termina en una gran Jornada
de Discusión en donde todos los estamentos de la
Facultad se ponen de acuerdo en las líneas maestras
que la Facultad va a seguir en los próximos cuatro
años. Esa es mi preocupación fundamental, pero como
usted ve, tengo otras preocupaciones más mundanas
pero no menos importantes.
- ¿Por el Decano de
una Facultad pasan todos los temas de una
institución como esta?
- Todos, todos. Es
nuestra obligación, ¿verdad? Obviamente que hay una
parte que lo maneja el Consejo, donde todos los
compañeros lo ayudan. Sería imposible. Esto no es
una obra de un solo hombre o de una sola mujer (en
el caso de mis amigas Decanas). Uno tiene un grupo
de asistentes académicos y tiene sus compañeros del
Consejo de su Facultad. Tenemos un Consejo
gobernado, con representación de los estudiantes, de
los docentes y de los egresados de la Facultad. O
sea, pienso que el Consejo es la autoridad máxima de
la Institución. De hecho yo – hoy – no tengo más que
palabras de agradecimiento al Consejo y al Claustro
de la Facultad y a los funcionarios, sin los cuales
sería imposible sacar esto adelante.
- Decano, ¿queda algo
que usted quiera subraya, enfatizar y que nuestras
preguntas no hayan abordado?
- Lo que desearía
dejarles como un mensaje general, es que tenemos que
preocuparnos mucho por la educación de nuestros
muchachos. Tenemos que poner un énfasis en que
ellos son nuestra razón de ser y creo que son una
generación capital para el éxito o el fracaso del
Uruguay de nuestros nietos. Y este no es un mensaje
como docente nada más; me parece que ahí está el
quid del asunto y ahí está la apuesta y – realmente
– yo tengo una gran preocupación y quisiera
trasmitirla. Nosotros no somos genios, simplemente
somos hijos de ese sistema público. Yo nací en una
familia humilde, fui a la escuela de aquí del barrio
y me serví de ese sistema público que me permitió
estudiar y me considero un privilegiado, en ese
sentido. Por supuesto que no me regalaron nada, le
puedo asegurar. Entonces hay que tener una gran
preocupación porque, o formamos bien a esta
generación o perdemos el tren del futuro del
Uruguay. Realmente, yo creo que depende de lo que
nosotros hagamos con esta generación: si nos sale
bien, yo creo que – es más – no nos bajamos del
tren. Pero no podemos cometer ningún error. Esta es
– globalmente – mi gran preocupación.
El Dr. Juan Cristina tiene 53 años; es Licenciado
en Ciencias Biológicas por la Universidad de la
República y se doctoró en Biología Molecular en la
Universidad Autónoma de Madrid. Postdoctorado en el
Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades
Infecciosas del National Institute of Health en
Estados Unidos. Además es consultor del Organismo
Internacional de Energía Atómica, investigador Nivel
III de la Agencia Nacional de Investigación e
Innovación, y docente Gº 5 del Programa de
Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA),
LA
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